Tras ver, leer y observar lo que está pasando en Cataluña y las declaraciones de unos y otros, lo que está claro es que Puigdemont y sus correligionarios han actuado con una gravedad e irresponsabilidad extrema. Si lo que realmente querían era realizar un “pulso al Estado” se tenían que haber cerciorado antes de con qué apoyos nacionales e internacionales contaban. No se puede llevar a las “masas”, cual Flautista de Hamelin, a tirarse a un precipicio.

¿No consultaron antes a los organismos internacionales? ¿No tuvieron en cuenta la opinión de los empresarios? ¿Qué pensaban que estaban jugando al Mus? ¿No tenían o no tienen en sus filas tecnócratas económicos que les dijeran que jugar a las bravas al independentismo podría suponer la ruina de Cataluña y un daño enorme al resto del Estado español? ¿O es que les daba igual pasara lo que pasara? ¿Era y es solo una cuestión de salir de España por rencor y odio exacerbado ante todo lo que suene a español? ¿Cómo se puede adoctrinar en el independentismo y el odio a los niños desde la infancia? Cuantas preguntas sin respuestas.

Ahora cómo les van a explicar a esas “masas” que todo era un “pulso al Estado” y que no era más que un intento de broma pesada. Esto solo puede pasar en un Estado Democrático sólido y afianzado como el español, por ahí les vale. Si la Democracia Española en vez de ser la del año 2017 hubiera sido la de los años 80 ya hubiéramos visto… mejor así.

Ha sido enorme el daño económico, social, político y de imagen internacional que han causado Puigdemont y compañía al pueblo español, de unas proporciones que será difícil de calcular, y lo más preocupante ha sido el daño social; rencillas y heridas que se empezaban, a no olvidar, pero si ir cicatrizando, han sido reavivadas con el daño que todo ello podría haber conllevado.

Esperemos que todo siga, al menos, como antes de esta “revuelta” y pronto podamos olvidar esta pesadilla que, en todo caso, solo podrá ser validada mediante las Elecciones del 21 de Diciembre (legales) del año en curso. Esas Elecciones sí podrán determinar en qué situación se encuentra actualmente Cataluña a nivel ideológico y será a partir de ahí, y en función del resultado, cuando habrá que hablar, escuchar y cambiar lo que haga falta si es necesario.

En todo caso, el daño producido ya no hay quien lo remedie y, hablando en términos económicos, las cerca de dos mil empresas que se han llevado su razón social fuera de Cataluña será muy difícil de convencer para que vuelvan, más si la llama del independentismo sigue especialmente viva tras las Elecciones del 21D. Y no nos olvidemos, nos guste o no, que lo único que es capaz de mover la Economía y el Estado de Bienestar de un país es su capacidad de producción y de generar trabajo de calidad. Con ella pagamos todos los tributos que nos sirven para desarrollar nuestros territorios. Otra cosa es que algunos pretendan hacer de una economía de libre mercado una de economía cerrada e intervenida, aunque realmente conociendo un poco al soberanismo nacionalista catalán no lo creo.

Pienso, posiblemente me equivoque, que tras las últimas palabras de Puigdemont de que “hay otras alternativas a la independencia”, esas alternativas pueden ser vía financiación autonómica con todas las variables y connotaciones tributarias que ello puede conllevar. ¡Veremos…!