El primer circo llegó a España en el año 1830, cuando abrió sus puertas el Circo Olímpico. Desde entonces han discurrido casi dos siglos en los cuales el circo ha reflejado los vaivenes propios de nuestra historia. A menudo, este arte se convirtió en un espejo social y en el reducto donde se expresaban los sentimientos que latían dentro de cada uno de los españoles. No es de extrañar que los payasos salieran a la calle cuando las bombas caían del cielo. Ese era el objetivo que tenían: poner una sonrisa en mitad de dolor.

En la Roma Imperial ya se organizaban grandes espectáculos: combates de gladiadores, carreras de cuadrigas, luchas de fieras, representaciones teatrales, náuticas,… Este divertimento y la distribución de alimentos de manera gratuita se convirtieron en las dos grandes herramientas de control social. Es lo que se ha llamado tradicionalmente la política del “pan y circo” para el pueblo.

Carles Puigdemont y siete de sus ex consellers protagonizaron este 31 de octubre en un espectáculo circense para el “pueblo internacional” de tintes y filosofía que ni el propio pensó cuando escribió su famosa obra ‘El Príncipe’. de Prensa Internacional de la ciudad belga dio cabida a esa puesta en escena, de una obra muy estudiada y ensayada llamada “Secesionismo contra todo y contra todos” cuyo fin principal fue darla a conocer (de acuerdo a su versión original) ante la prensa internacional con el propósito esencial de “calumnia, que algo queda”.

Sin embargo a Puigdemont le ha salido el tiro por la culata dado que la prensa internacional ha tachado de “espectáculo circense” lo ocurrido este martes, 31 de octubre, en la capital belga. Una rueda de prensa que pasará a la historia como “uno de los mayores espectáculos del mundo” hablando en símil circense.

Es obvio que la pretensión del expresidente de la Generalitat es remover mediáticamente ante la opinión pública internacional su paranoia recubierta de victimismo crónico, y que abre a la Psicología una nueva página científica de hasta dónde puede llegar esta ‘enfermedad’ si no es tratada debidamente por ‘especialistas en la materia’.

Puigdemont y sus acólitos independentistas llevaron a escena, disfrazados de “payasos” (con todo el respeto para los de verdad), una representación teatral donde, más allá de la ausencia de trampolines, trapecios, malabaristas, cuadrigas y otros elementos propios de los circos de antes, los de ahora y de la Roma Imperial, sí tuvo su punto de maniobra para intentar desviar ante la prensa internacional la atención del problema principal que los propios secesionistas han originado en Cataluña, que no ha sido otro que un golpe de estado a la Democracia y al Estado de Derecho en España, por mucho que él se empeñe en transmitir otra cosa distinta, y que sin la menor duda tendrá su réplica legal por la Justicia española.

El circo montado por Puigdemont en el de la ciudad belga fue de auténtica vergüenza ajena para el sentimiento español y de sonrojo al ver a tantos medios de comunicación internacionales esperando asistir a un comunicado (el de Puigdemont) que fue más de lo mismo y cuya insistencia, por más que se repita, lejos de convencer lo que hacer es repudiar por la total falta de argumentos coherentes cuando de un Estado Democrático de Derecho se trata como es el español (y todo ello a sabiendas de que nos falta mucho por construir, e incluso modificar). Habló e insistió, hasta en cuatro idiomas, de que en España hay un Estado “opresor y represivo” y de que se había trasladado a Bruselas a realizar esa rueda de prensa porque no se garantizaba su “libertad y su seguridad”. Resulta curioso que sea él el que hable de esa falta de libertad y seguridad y que sin embargo no explicara cómo es posible que las de los otros miembros del Gobierno catalán que siguen en no corran esos mismos riesgos que el teme en su persona.

Además, Puigdemont se repite una y mil veces al reiterarse en que el referéndum ilegal que él y los suyos montaron el día 1 de octubre tiene validez para poder argumentar y defender que Cataluña entera quiere la independencia. lejos de la realidad, ni aquello fue un referéndum (desde luego en contra de la legalidad vigente), ni nada que se parezca a un acto democrático donde todas las partes jueguen su papel de manera libre, pactada y consensuada. En ese referéndum ilegal votó quien quiso, cuando quiso, como quiso y cuantas veces quiso; es más, algunas urnas fueron llevadas a los colegios electorales ya cargadas con los “votos interesados” para sumar a más en la cuenta de los partidarios de la separación de España. Una vergüenza e irresponsabilidad, la realizada ese 1 de octubre, que sin embargo se quiere mostrar al mundo (por parte de los secesionistas) como ejemplo de Democracia, libertad de expresión y derechos humanos.

Desfachatez, risión, irresponsabilidad, desvergüenza, hipocresía, cinismo… paranoia, faltarían calificativos para describir el circo mediático de Puigdemont en Bruselas.

En su discurso ante la prensa internacional dejó bien claro que acataría la Justicia y también el resultado de las próximas elecciones en Cataluña que se celebrarán el día 21 de Diciembre de 2017; matizó que espera que también el respete el resultado que salga de las mismas. Por lo oído, transmitido e intuido de las declaraciones del expresidente catalán y por sus seguidores, estas elecciones pretenden (los secesionistas) que sean más un plebiscito del sí o no a la independencia en Cataluña que unas elecciones autonómicas.

Mientras tanto la jueza de la ha admitido este martes, 31 de octubre, la querella de la Fiscalía General por rebelión, sedición y malversación de caudales públicos contra el expresidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont y los 13 consejeros de su Gobierno, a los que cita a declarar como investigados para los próximos 2 y 3 de noviembre a las nueve de la mañana para fijar las medidas cautelares pertinentes contra ellos. No sabemos si se presentará o no Puigdemont, pero eso será objeto de otro artículo y otro nuevo capítulo de esta novela por entregas de la sinrazón al más puro estilo fascista, xenófobo, radical y contrario a todo lo que suene a España y los españoles.

No debemos olvidar que Carles Puigdemont, según la Enciclopedia Catalana Digital (www.enciclopedia.cat), ha estado vinculado desde muy joven al soberanismo, fue activista de la Llamada a la Solidaridad en Defensa de la Lengua, la Cultura y la Nación Catalanas, y los primeros años ochenta fue cofundador de la Juventud Nacionalista de Cataluña en las comarcas de Girona.

Inició estudios de filología catalana y de periodismo, pero se decantó finalmente por esta última profesión. En 1981 comenzó a trabajar en El Punt. Publicó reportajes y crónicas de temática diversa en este diario y en la revista Presencia, aunque siempre con un predominio de la preocupación nacional: desde 1988 se dedicó a reunir las referencias de la prensa internacional sobre Cataluña, y fruto de esta actividad la 1994 publicó el libro “Cata … qué? Cataluña vista por la prensa internacional”.

La defensa a ultranza del soberanismo y nacionalismo catalán ha estado impregnada, desde siempre, en el quehacer diario y en la forma de ser y de hacer de Carles Puigdemont. Una defensa que puede llegar a ser peligrosa cuando se pone por delante de los intereses de la colectividad social mayoritaria y legalmente constituida en España (España es una Democracia, aunque sea imperfecta) y en cualquier país del mundo. Veremos que nos depara el futuro de esta, muy presente historia, que tiene más de cómic que de real, y que habrá que escribir en capítulos cortos y de manera constante dado que los acontecimientos van muy rápidos y, además, no parece ser que vaya a terminar en un corto espacio de tiempo. En todo caso, como ya he comentado en algún otro artículo, el ‘lucro cesante’ originado por esta puesta en escena circense que ha, está y costará a todos los españoles muchos millones de euros, tendría que intentar cuantificarse y que sus responsables pagaran por ello.

El daño que se le está haciendo a España (y obviamente a Cataluña) por este intento de secesión llevado a extremo contra toda la legalidad nacional e internacional vigente, supone el más grave atentado a la Democracia española desde la Transición (sin olvidarnos del otro ya triste famoso golpe de estado del 23F del año 1981). No solo se ha puesto en grave riesgo la imagen democrática de España ante el mundo con todo lo que nos está costando conseguir, sino que además se han reabierto “viejas heridas políticas” y enfrentado, de nuevo, a los hombres y mujeres españoles en cuestiones que, si bien es cierto que no se deben olvidar, tampoco lo es menos que el odio, el rencor y la mirada atrás permanente en busca de culpables no hace sino impedir el avanzar y el realizarnos como ciudadanos sensatos y coherentes, y como Pueblo civilizado en busca del consenso, la igualdad y la justicia social.