Lamentablemente ni España ni los españoles tenemos mucho arreglo en cuanto a vivir de manera pacífica y en pro del desarrollo y bienestar social de toda la sociedad. No hacemos más que mirarnos, todos, el ombligo de manera constante y por y para nuestros intereses. Somos capaces de lo más genial y de lo más ruín y vil. Somos eso y nada más. Y por si alguno piensa que exagero que se dé una vuelta por la historia de los últimos siglos y lo verá.

Yo creo que, efectivamente, más allá de República y Monarquía (que también, por supuesto), el problema reside en la propia genética del Pueblo español. Somos capaces de lo mejor y de lo peor. De odiar y amar de manera extrema. Nos falta el concepto bien entendido de “luchar” y trabajar como Pueblo por la colectividad y no por uno mismo. Algo nos pasa que no terminamos de cuajar, de creernos que, al igual que los demás países, tenemos que aportar a la colectividad para desarrollarnos como País. Nuestras diferencias (para mal), en todo, se alejan cada vez más del resto de países europeos (más paro, peor educación, menos investigación, menos apoyo a la cultura, menos conciencia de país, mucha peor productividad, etc, etc, etc).

Y ya no hablar de nuestra clase política actual o de la sobredimensión estructural del Estado español… mejor no entro ahí (de momento).

No, el problema República o Monarquía no es lo esencial (aunque sí desde el punto de la Soberanía Nacional y de que el poder debe de residir en el Pueblo que elige a sus dirigentes), siempre contentaría a unos y no tanto a otros. Y por cierto, todavía hay rescoldos muy vivos de los “carlistas”…

Un valor fundamental que tienen todos los países que se precian de serlo es el de sentimiento de País (pero de País en tanto pueblo unido) y eso en España no existe. Y si un Pueblo no tiene ese sentimiento, nos guste o no, no puede avanzar. Como ejemplo claro diré que, si en una empresa que tiene un único objetivo, unos tiran para un lado y otros para otro, la empresa se va al carajo. Pues eso queridos paisanos, pues eso… no es cuestión de banderas, no, pero sí de trabajar todos bajo un mismo paraguas para bien de la colectividad. Así se trabaja y se hace política (con mejor o peor acierto) en todos los países del mundo que se llaman civilizados (aunque eso sería otro capítulo aparte).

Hay una frase muy popular últimamente en las redes sociales y en la prensa sobre España que, quizás erróneamente le sea atribuida a Otto Von Bismark: “España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido”.

No sé si es auténtica, pero clava la realidad de nuestra historia como país. Basta examinar lo que ha pasado en España en los dos últimos siglos para concluir que los españoles se están esforzando de nuevo por destruirse.

Cuando Bismarck dijo su supuesta frase, España había vivido uno de los siglos más violentos de su historia: guerra de independencia, guerras de sucesión, golpes de estado, intentonas, sublevaciones. asonadas, rebeliones cantonales, guerras civiles, además de caída de la monarquía y asesinato de dos presidentes de gobierno.

Y la cosa siguió a peor: a principios del siglo XX se asesinaron a dos jefes de gobierno más. Hemos superado a EEUU en número de presidentes asesinados.

Ellos tienen cuatro: , Garfield, McKinley y Kennedy. Nosotros tenemos cinco: Prim, Cánovas, Canalejas, Dato y Carrero.

En guerras civiles, pocos países nos ganan. Creo que es el país de Europa con más guerras civiles desde principios del siglo XIX. Una guerra civil, comparada con una guerra externa, causa una división profunda y larvada de los ciudadanos. Se transmite de generación en generación.

La peor, sin duda, fue la Guerra Civil. Todavía está presente en la memoria.

Ahora no hay un ambiente de guerra civil porque el país, por mal que nos parezca, cuenta con un bienestar que no quiere dinamitar. Pero sí existe un de desmoronamiento general. Hay mucha rabia. Mucho deseo de autodestrucción.

La frase de Bismarck la estamos compartiendo porque coincide con esa impresión autodestructiva. No sabemos si la dijo de verdad. Pero como si la hubiera dicho. Es la cruda verdad.

España y los españoles ante sus propios miedos y vergüenzas; de una historia en la que fuimos todo y nada; de una concepción de País donde a algunos les da pudor pronunciar la palabra “español”; donde todavía se habla de fachas y rojos; donde nuestra Cultura y Raíces históricas otros quieren llevar al ostracismo más absoluto (quizás para ayudar a mermar nuestra identidad como españoles); donde, en definitiva, aún nos queda mucho tiempo más (si antes no nos destruimos, ya lo hemos intentado varias veces) para tener identidad y pensamiento colectivo de País, más allá de banderas y colores.

Bueno, pues para quien quiera entender estas, mis palabras, dicho queda: República, Monarquía… españoles, ¡País!…

¡Y también dos huevos duros!, como diría Groucho Mark.