En un momento de la política donde todo se teoriza y se filosofiza, cabe preguntarse dónde queda la práctica, la realidad de las situaciones que son capaces de sustentar dichas teorías.

Las ideas, los dogmas, el ideario en general de la mayoría de nuestros políticos está basado en la retórica (más o menos elegante según quién) de sus programas electorales de partido de manera reiterativa, con ellas se pretende “seducir” a los ciudadanos, primero, para conseguir, después, su avenencia y posteriormente su voto.

Los ciudadanos de a pie (no políticos ni sumidos en los “dogmas de fe” de los distintos partidos políticos) llevan tiempo hastiados de tanta retórica política, de tanto discurso vacío de contenido real, de palabras sin alma, de observar cómo más allá de mirar la realidad cotidiana en la que la inmensa mayoría de los “mortales” vivimos, se recrean en sus teorías y pensamientos que para sí quisieran Platón, Aristóteles, Sócrates, etc., etc.

La realidad social requiere que nuestros políticos bajen al “ruedo” de la vida cotidiana, la palpen, la vivan y sobre todo la sientan y padezcan con sus penurias, el desempleo, los problemas de falta de vivienda, de sanidad, de educación, de más y mejor ayuda a las personas más vulnerables y necesitadas… y así un largo etcétera.

Difícilmente se puede teorizar, intentando sentar cátedra sobre ello, sabiendo lo que se dice, si antes no se ha experimentado ni probado lo que decimos y comprobado sus resultados.

La vida de nuestras sociedades está llena de múltiples variables -que conforman complejas ecuaciones- que inciden de manera sustancial en nuestro quehacer diario y que, por tanto, influyen directamente en nuestra forma de pensar y de relacionarnos con nuestros semejantes y, por tanto, de poco valen la mayoría de las veces las teorías puras que reflejan los doctrinarios de los partidos políticos si no son validadas desde los resultados que pueden arrojar esas variables tras ser despejadas en esas complejas ecuaciones.

Cuando nuestros políticos teorizan sobre lo que a ellos les interesa, sin pensar ni mirar por los que los han votado, y mucho menos bajar al “ruedo” de la vida real, lo que hacen es demostrar su falta de compromiso y de visión social desde abajo, desde la perspectiva de la realidad que todos padecemos a diario, más allá de la política que se observa desde el “tendido” de los escaños que estos políticos ocupan.

Resulta difícil de entender cómo es posible que la clase política dirigente pueda teorizar, y además recrearse en la retórica de cualquiera de los muchos temas que preocupan a los españoles, sin haber experimentado jamás, la mayoría de ellos, lo que cuesta realmente “llevar el pan” a las casas, lo que es no llegar a final de mes, lo que cuesta calentarse y poder pagar el recibo de la electricidad, lo que cuesta pagar las hipotecas o los alquileres de las viviendas cuando en las casas entran (cuando entran) sueldos bajos y nada seguros, etc., etc.

Con buenos sueldos, que pagamos todos los españoles con el esfuerzo de nuestro trabajo, nuestros políticos se permiten el lujo de teorizar sobre todo, e igualmente de aportar soluciones a todos nuestros males. Eso sí, lo hacen, vuelvo a repetir, desde el “tendido” de sus escaños, sin bajar al “ruedo” de la vida real y con unos ingresos mensuales que superan varias veces lo que gana cualquier trabajador normal en cualquier punto de la geografía española. ¡Qué fácil resulta teorizar teniendo las “espaldas” cubiertas!

Grandes teorías, grandes ideas, grandes pensamientos filosóficos sobre todo y para todo, pero la inmensa mayoría de las veces vacías de contenido y de alma que puedan ser llevadas a la práctica real y que repercutan de manera positiva en los ciudadanos, al menos no en la medida que se debiera.

Nuestros políticos deberían de hacer políticas de Estado que pudieran ser llevadas a la práctica y para beneficio de todos los ciudadanos. Pero para que eso pueda ser posible se requiere conocer de primera mano las dificultades de esos ciudadanos desde la realidad del día a día, y eso nuestros políticos (siempre con excepciones) no lo suelen hacer. No conocen la realidad del pueblo que les ha votado, y si la conocen procuran no sentirla demasiado no vaya a ser que sientan complejo de culpabilidad.

Nuestros políticos lo juzgan todo, lo enjuician todo, lo critican todo, lo rechazan todo, no les gusta nada de lo que hace el contrario, en definitiva, no están dispuestos a empatizar con nadie que no comulgue con sus ideas de partido y sus “dogmas de fe” que intentan imponer contra viento y marea caiga quien caiga. A algunos los encauzan desde muy jóvenes, en sus respectivas juventudes de los distintos partidos políticos, inculcándoles unas doctrinas e ideologías partidistas que llevarán como estandarte de esas teorías e ideas y que defenderán hasta la saciedad a lo largo de sus vidas. Ni saben de qué hablan (bajo el punto de vista de la realidad) ni tampoco se lo plantean, solo les importa la disciplina de partido y las lecciones que les han enseñado.

España necesita de políticos que bajen al “ruedo” de la vida, que sepan y asuman como suyas las dificultades que pasan muchos españoles; políticos que vayan más allá de las teorías y doctrinas de partido, que no se refugien en el “tendido” de sus escaños y en los sillones de las Instituciones para filosofar una y mil veces sobre planteamientos para mayor gloria de sus lobbys mediático políticos y de los jefes que los secundan.

La clase dirigente política actual vive muy alejada de la realidad del Pueblo que les ha votado y es necesario que los ciudadanos vean en ellos a esas personas capaces de resolverles sus problemas, y sobre todo que vean que son conocedores de sus realidades del día a día, más allá de las teorías.

Oír hablar a muchos de nuestros políticos de generar riqueza y empleo cuando no han trabajado en su vida, más allá del esfuerzo que realizan al transmitir las teorías políticas que les han enseñado resulta, además de una falta de respeto, un atrevimiento por su parte.

Las hemerotecas de los medios de comunicación están repletas de promesas incumplidas por parte de muchos de nuestros políticos a los que les fue fácil teorizar pero imposible de cumplir lo teorizado. ¡Al Pueblo no se le puede engañar, no se le debe engañar! No se debe teorizar sobre lo que no se puede cumplir solo por un puñado de votos, no todo vale en política por mucho que se empeñara.

Se necesitan buenos gestores políticos que aúnen teoría y practica, que sean capaces de desarrollar Presupuestos basados en la realidad del País, alejados del exceso económico que genera la actual burocracia institucional y política, y que el dinero del Pueblo vaya para el Pueblo y no para que algunos puedan vivir a cuerpo de rey a espaldas y expensas de los “españolitos” de a pie.

Grandes teorías, buenas exposiciones filosóficas pero poco bajar al “ruedo” de la vida real, la de la inmensa mayoría de los ciudadanos.