Muchos se rasgan las vestiduras criticando la Transición de la dictadura a la democracia en España e incluso la trasladan al problema catalán.

¡Qué bien se ven los toros desde la barrera y qué falta de responsabilidad. Qué fácil resulta hablar sin analizar y hacer una buena reflexión al respecto de lo hablado. Qué fácil nos resulta a los españoles hacer juicios de valor sobre todo. Qué difícil nos va a resultar levantar un País donde hay más papistas que el papa. Qué difícil es pensar en la España del futuro cuando nos corroe la envidia, el odio y el rencor!

¡Cuánto me duele España!, como decía D. Miguel de Unamuno

Cómo se nota que los que critican y censuran tan alegremente esta época (la Transición) de nuestra historia contemporánea no vivieron, ni en sus carnes ni en la de sus familiares ni allegados, los años posteriores al golpe de estado (1936) que sumió a España en una Guerra Civil de vergüenza que originó cientos de miles de pérdidas de vidas humanas, exilio, torturas, pobreza, vejaciones y un calvario especialmente para los “perdedores”.

En un momento donde las “fuerzas vivas” franquistas y con el beneplácito de los militares (con la mentalidad de la época) no tenían nada claro eso de la Democracia, por mucho que desde Europa se les exigiera, ¿qué más se podía hacer? ¿tirar de la cuerda hasta romperla?

Pero es que, además, intentan extrapolar éste, para ellos, problema inacabado de la Transición, en una de las llamas que avivan el independentismo en Cataluña.

Cuando la teoría (y los ideales) es exprimida al máximo ante las masas sociales sin tener en cuenta para nada la realidad y la convivencia surgida de una simple teoría, puede ocurrir, llegado el caso, que se tenga que afrontar un problema que, por mucho que se haya balbuceado, no haya tenido en cuenta que tras los ideales está la supervivencia de las personas: comer, trabajar, estudiar, acceso a la sanidad, etc, etc..

¿Explican los independentistas que tras la proclamación de un estado sus gobernantes deben de ser capaces de ofrecer unos pilares básicos de calidad de vida a su ciudadanos?

¿Explican los independentistas, por mal que les pueda pesar a los llamados anticapitalistas, que sin empresas es imposible dar trabajo a los ciudadanos? ¿que sin empresas no hay trabajadores, y que sin unos y sin otros no hay tributos capaces de desarrollar un país?

¿O es que los independentistas, tras la proclamación de su estado independiente, piensan aplicar una economía cerrada y de carácter público/estatal e intervenida al 100%? Y si así fuera, ¿piensan nacionalizar cualquier atisbo de economía de libre mercado? y, en todo caso, ¿han pensado quiénes les comprarían esos productos surgidos de esa “economía”?

¡Ay qué pena, cuanto daño ha hecho, y seguirá haciendo, el nacionalismo intransigente y fascista a la humanidad, y lo más preocupante, cuánto daño hace la ignorancia cuando es dirigida por unos iluminados que más allá de su fanatismo son capaces de arrastrar a las masas cual si flautistas de Hamelin se tratara!