Presidenta, miembros de la Asamblea, permítanme empezar mi intervención agradeciendo a la Federación Nacional de Asociaciones de Autónomos su invitación a hablar hoy aquí y felicitar a su presidente Lorenzo Amor por la tarea desempeñada en la defensa de un nervio clave del tejido productivo español: los trabajadores autónomos.

Hoy, aquí, entiendo que venimos todos a hablar de creación de empleo y de cómo recuperar, entre todos también, la senda del crecimiento por la que transitó España hasta hace bien poco. Pero hoy preside nuestra reunión el último dato de paro publicado por el Gobierno: más de 150.000 personas, 154.058 exactamente, han perdido su puesto de trabajo en el pasado mes de febrero.

El Presidente del Gobierno se ha limitado a decir que es un dato mejor que el de enero. Pero la realidad objetiva es que estamos ante el peor dato de la historia en un mes de febrero y que llevamos once meses consecutivos de destrucción acelerada de empleo como nunca había ocurrido en nuestro país. El problema adicional que tenemos es que para el Presidente del Gobierno estos datos solo merecen ese vacuo comentario. En mi opinión, esa falta de sentido de la gravedad de la situación demuestra que el Gobierno padece una preocupante insensibilidad social, al no prestar atención a que tras esos dígitos rojos se encuentran demasiados sueños rotos.

Hoy, en esta Asamblea, se reúnen los representantes de más de 3.250.000 españoles que decidieron emprender una actividad por cuenta propia. Las medianas empresas, las pequeñas y las microempresas, en su gran mayoría formadas por autónomos, son el nervio de nuestra economía y representan muchísimo en nuestro país. No me cansaré de repetirlo, ellos, es decir, ustedes, habéis sido los grandes protagonistas del largo periodo de crecimiento que hemos tenido y sobre ustedes recae hoy en gran medida el coste del ajuste que sufre nuestra economía. Esta es la realidad y así hay que relatarla.

Decía Lorenzo Amor en su intervención que hoy hay 300.000 autónomos en la cuerda floja que necesitan inmediatamente liquidez. También es cierto que 134.600 autónomos se han dado de baja en el último año: 72.000 en la construcción, 22.000 en el comercio y 13.000 en la agricultura. Un autónomo solo se da de baja como último recurso, aguanta antes lo que haga falta y eso es lo que están haciendo todos ellos: aguantar todo lo que les es posible.

Como ha señalado Lorenzo Amor, los autónomos se enfrentan hoy a una economía en la que cae la demanda y el consumo, en la que el crédito se desacelera y se encarecen las tarifas eléctricas y en la que el Gobierno se muestra incapaz de adaptar un marco institucional inadecuado para las nuevas circunstancias.

Queridos amigos,

No puedo entender todavía que el Presidente del Gobierno no se haya dignado a reunirse con los representantes de varios millones de trabajadores españoles. Por eso, hoy aquí y en la medida en que os pueda ser útil, como líder de la oposición en España me permito pedir al Presidente del Gobierno que abra las puertas de la Moncloa a los trabajadores autónomos de España. No se trata de hacerse una foto más, se trata de escuchar la voz de millones de emprendedores sin cuyo testimonio resulta imposible entender que está pasando en nuestra sociedad y en nuestra economía. Hay que pegar la oreja a la calle y escuchar el latido del cuerpo social que representan los trabajadores autónomos de España.

El modelo de sociedad en el que yo creo no puede permitir que el ajuste de la economía española recaiga únicamente en los parados, las PYMES y los autónomos. Esto no es solo profundamente injusto sino que además resulta de una ineficiencia tal que ahuyenta cualquier atisbo de confianza en el futuro de nuestra economía. Así no se recupera la senda del crecimiento, así no.

Pero pasemos de los versos a la prosa. Para apoyar a los autónomos se necesitan dos cosas: en primer lugar que la economía prospere: sin un buen clima económico, sin inversión, sin consumo y sin financiación no es posible que nuestras empresas más pequeñas puedan sobrevivir primero y prosperar después.

En segundo lugar hay que atender los problemas de los autónomos y de las PYMES con legislación y políticas propias, con medidas específicas. En este capítulo el Gobierno ha sido generoso en anuncios y muy tacaño en hechos y realidades.

Para cumplir con el primer punto, que la economía prospere, es oportuno recordar algo de nuestra historia reciente. El camino que nos llevó hace pocos años a crecer, a crear empleo, riqueza y bienestar no fue fácil. A nuestro país, a esas generaciones de españoles que nos han precedido, nadie le regaló nada. Ha sido todo fruto de su esfuerzo, de su trabajo, de sus largas jornadas, de ahorrar el céntimo, de invertir con visión e ilusión, y de desarrollar un noble deseo de prosperar. Esos son los valores que conducen a la prosperidad y esos son los valores que demandan un plan de rescate urgente en nuestra sociedad.

La historia nos demuestra que la mejora de los niveles de vida de los españoles ha distado mucho de ser un camino recto. Tras años de avances, han venido momentos de crisis, momentos difíciles que nos hacían dudar de nosotros mismos.

Vivimos hoy uno de esos momentos. No es el primero, ni seguramente será el último. En el pasado hemos superado todas las crisis, ahora nos toca a nosotros estar a la altura. Está demostrado que los españoles, cuando la historia nos ha empujado al suelo, hemos sabido levantarnos y volver a caminar con esperanza e ilusión por el futuro. Debemos tener confianza en nosotros mismos, no caer en el fatalismo y no olvidar nunca que ya hicimos lo que toca hacer hoy.

Siempre se dice que se aprende más de los fracasos que de los éxitos. Y esto lo podemos decir tanto de las personas como de las sociedades. Los españoles hemos aprendido mucho de las crisis anteriores. Y los que tenemos alguna responsabilidad pública debemos retener en el disco duro esas enseñanzas de la crisis. Aunque lo cierto es que primero hay que tener es el disco duro

Dentro de la política económica hay una serie de enseñanzas fundamentales que no debemos olvidar. Señalo alguna de ellas:

En primer lugar, la estabilidad macroeconómica es siempre un prerrequisito a todos los periodos de recuperación económica de nuestro país. Todo periodo de crecimiento prolongado requiere una política de control del gasto público, reducción del déficit y control de la inflación. Solo en un ambiente de estabilidad puede volver a recuperarse la confianza perdida.

En segundo lugar, España necesita un buen nombre en los mercados financieros internacionales. Las inversiones y la financiación del exterior han sido siempre necesarias para nuestro desarrollo y crecimiento. Todos los periodos de expansión han venido acompañados por altos niveles de inversión extranjera y más favorables condiciones financieras.

En este aspecto debemos tener presente que aún pesa en el ánimo de los inversores internacionales la historia pasada de España de devaluaciones y bruscos cambios de ciclo. Debemos ser especialmente diligentes en cuidar nuestra imagen internacional.

En tercer lugar, el paro es la principal amenaza económica y social para nuestro país. En épocas de crisis la destrucción de empleo en nuestro país es masiva, mucho mayor que las de los países de nuestro entorno. Son necesarios cambios institucionales en nuestro mercado de trabajo para que esto no vuelva a ocurrir.

En cuarto lugar, en todas las crisis anteriores el exceso de endeudamiento nacional y los altos déficit exteriores han resultado factores determinantes que condujeron a la recesión. Las recuperaciones posteriores siempre fueron precedidas por devaluaciones de la moneda, lo que permitía corregir rápidamente los déficits exteriores. Hoy, todos sabemos que eso ya no es posible.

En quinto lugar, la economía española no solo necesita estabilizar sus desequilibrios macroeconómicos para volver a crecer, necesita también -como se hizo a lo largo de muchos años- realizar reformas estructurales que supongan una liberalización interna de sus mercados y una apertura a los mercados internacionales. Son los procesos de liberalización y apertura al exterior los que a largo plazo han mejorado los niveles de vida de los españoles en estas décadas.

En sexto lugar, las crisis económicas siempre han venido precedidas por un clima social contrario a la economía productiva. Anteriormente a la crisis de 1993 se hablaba de la “cultura del pelotazo” y algo de similar naturaleza ha ocurrido en los años anteriores a esta crisis.

Y por último, pero no por ello menos importante. De las crisis no se sale por las buenas. Es necesario actuar con contundencia, tomando decisiones por difíciles que sean. Para eso están los gobiernos. Es más, cuanto más se retrase la terapia más dolorosa y costosa resultará la recuperación. Esto hay que decirlo así, porque a los trabajadores autónomos igual que al resto de españoles, se merecen que se les hable con madurez y seriedad.

El Presidente del Gobierno prefiere ignorar todo esto. Para él, la crisis es un fenómeno internacional fruto de la avaricia de los dirigentes empresariales de los Estados Unidos, y de una ola de pesimismo que provoca una barrera psicológica a los españoles a la hora de consumir. Era además algo imprevisible y que hoy no tiene otra solución que esperar a que escampe. Eso sí, los factores son exógenos pero España crea las dos terceras partes de parados de la UE.

Como única línea de actuación en política económica el Gobierno plantea un crecimiento del gasto público sin precedentes y un aumento de la deuda pública como nunca se ha visto en nuestro país.

Alguien le ha dicho al Sr. Rodríguez Zapatero que se puede salir de las crisis por el camino fácil. Que basta con gastar más y endeudarse. Y él ha preferido creerlo. El prefiere pensar en las siguientes elecciones y lo que un hombre de estado debe hacer es actuar pensando en las siguientes generaciones.

España tiene un problema de endeudamiento: nuestras familias están muy endeudas al igual que nuestras empresas. De cada cien euros que producimos y vendemos en nuestro país, necesitamos pedir prestados diez. Esto es el déficit exterior, la necesidad de financiar nuestra economía con ahorro proveniente del exterior.

Y nos hemos hecho muy dependientes del ahorro externo, tanto que la crisis internacional, que es esencialmente una crisis financiera ha impactado en mucha mayor medida en nuestro país que en el resto del mundo.

Mi formación política ha presentado un sinfín de medidas anticrisis que han sido rechazadas. Son tantas las medidas que hemos presentado que no puedo enumerárselas a ustedes, pero sí pueden sintetizarse en los siguientes impulsos. Cuando una familia o una pequeña empresa tiene demasiada deuda, y le cuesta pagar los plazos de amortización, hace tres cosas:

Primero: Intenta renegociar en la medida de lo posible el préstamo, alargando plazos y estableciendo nuevos calendarios de pago, para ello, a la vez, debe mostrar imagen de garantía y seriedad a sus acreedores.

Segundo: Se aprieta el cinturón. Se eliminan los gastos superfluos y se aplazan los gastos menos perentorios.

Tercero: busca más ingresos, trata de aumentar las ventas, o en el caso de la familia hace más horas extras o trata de buscar un mejor empleo.

Eso mismo tiene que hacer hoy la economía española. La economía de un país es algo mucho más parecido a una empresa o a una economía doméstica de lo que piensa el Gobierno. Por ello, tenemos que seguir dando seguridad a los mercados financieros internacionales de que la deuda española es buena. Y eso sólo se consigue con una imagen de seriedad. Con unas políticas, a todos los niveles, comprometidas con salir de la crisis económica.

Por desgracia, los recientes acontecimientos nos muestran que llevamos el camino contrario. España ha bajado a la segunda división financiera internacional con la pérdida de la calificación de triple A de nuestra deuda pública. Costó mucho obtenerla, y muy pocos países, sólo los más prestigiosos la tienen, y ahora la hemos perdido. Lo mismo nos demuestra el diferencial de coste de la deuda pública española respecto a la alemana que ya está en 120 puntos básicos. La mayor diferencia desde que España entró en el euro y sólo superada por Grecia, Italia y Portugal.

Y esto ocurre porque ganar la credibilidad y la confianza dentro y fuera de nuestras fronteras no es fácil. Se ha de mostrar un compromiso firme con la estabilidad y con la contención del gasto y de la deuda pública y se debe, además, estar dispuesto a mantener ese compromiso. Y nada de esto vemos en la política que hoy se practica en España.

La contención del gasto ha de empezar por las Administraciones. Los hogares, las empresas, los autónomos, todos nos estamos ajustando, pero las Administraciones han de ser las más austeras. Para dar ejemplo y porque ello no sólo contribuye a reducir el endeudamiento sino que hace posible aplicar la medida que más nos puede ayudar a salir cuanto antes de la crisis: la rebaja de impuestos.

Se han de reducir los impuestos con el objetivo de fomentar la inversión, la creación de empleo, la apertura de nuevas empresas, la innovación, en definitiva, hay que acometer reformas fiscales para aumentar la competitividad. Ya lo dije desde hace más de un año, el dinero está mejor en el bolsillo del contribuyente que en manos del Gobierno.

De forma inmediata se deben rebajar los impuestos a las PYMES para que puedan autofinanciarse más fácilmente. Rebajar, también, las cotizaciones sociales, en la parte que no financia las pensiones, e incluso suspender su pago de forma temporal en los sectores más afectados por la crisis.

Podemos ayudar a las familias más endeudadas con rebajas en el IRPF o ayudar a las PYMES que tienen problemas de impagos de sus clientes con rebajas fiscales. Ese es uno de los grandes problemas: la dificultad de pagar y la dificultad para cobrar. España no puede ser un país donde no se paguen las deudas.

Las reducciones fiscales ayudan a mejorar los ingresos, a mejorar la competitividad y a la postre a aumentar las exportaciones que son los ingresos de un país. Junto a ellas hay que realizar grandes reformas estructurales, en muchos ámbitos: la energía, el mercado laboral, la unidad de mercado, la justicia, la formación, la educación, los transportes. En definitiva hacer más flexible a la economía para que el ajuste sea menos duro y se aproveche mejor la recuperación.

Pero además de estas medidas generales hay que atender los problemas de las PYMES y de los autónomos.

En el Partido Popular siempre hemos creído en el papel fundamental que los autónomos han de jugar en nuestra actividad económica. Vuestro Presidente, Lorenzo Amor, ha señalado los avances que se produjeron en el pasado y a los que contribuimos desde nuestra acción de Gobierno.

Y en apoyo a los autónomos hemos presentado las siguientes iniciativas:

El aumento del porcentaje de la capitalización de la prestación por desempleo. (Medida aceptada y puesta en marcha por el Gobierno)

La elevación del 5% al 8% del porcentaje de provisiones y gastos de difícil justificación.

La reducción a la mitad del plazo para poder recuperar el IVA de los créditos incobrables. (Medida aceptada por el Gobierno)

La igualación del trato a las trabajadoras por cuenta propia al de las trabajadoras por cuenta ajena, proponiendo que al interrumpir su actividad por maternidad y haber disfrutado del periodo de descanso correspondiente, vuelvan a incorporarse a una actividad por cuenta propia disfrutando del derecho a percibir una bonificación del 100% de la cuota por contingencias comunes durante un periodo de 48 meses.

El aumento, de la dotación de las ayudas y subvención para la promoción del empleo autónomo dirigida en especial al autoempleo para mujeres.

La reposición de las ayudas al autoempleo en Ceuta, Melilla y el País Vasco que han sido eliminadas por el Gobierno en estos presupuestos.

La reducción de la cotización a la Seguridad Social para los autónomos que se dedican a la venta ambulante conforme a lo dispuesto en la Ley del Estatuto del Trabajo autónomo.

Yo creo que con estas propuestas y, sobre todo, recuperando la confianza, se pueden hacer muchas cosas.

Amigas y amigos, la economía -como tantas cosas en la vida- al final acaba siendo fundamentalmente un problema de confianza. Y yo creo que para recuperar la confianza hay que adoptar tres o cuatro cosas. Y luego adoptar medidas.

Lo primero que hay que hacer es decir la verdad a la gente. Hemos perdido mucho tiempo diciendo que no había crisis, que el origen estaba en EEUU, que éramos los mejor preparados del mundo.

En segundo lugar, austeridad, porque eso genera confianza, da ejemplo, indica que se camina en la buena dirección. Es disparatado. 3,8 de déficit publico el año pasado, un país que llego a estar en un 2% de superávit. Y vamos a unas cifras muy preocupantes para el próximo año.

Tercero, la rebaja de impuestos, que da confianza. Es decirle a la sociedad yo confío en usted. Y ya se sabe que hay muchas cosas que no puede hacer un gobierno o que no puede hacer en un momento concreto y determinado, que hay que esperar. Pero dar pasos en la buena dirección, fijar objetivos y establecer claramente la senda por la que se va a transitar da mucha credibilidad y confianza.

En cuarto lugar hay que hacer un esfuerzo en el tema de liquidez. Toda la Cámara ha apoyado las medidas para evitar que se produjera un caos en el sistema financiero. Pero todos hemos dicho allí que, además de ayudar a las entidades financieras, deberían hacer un esfuerzo para trasladar crédito a las pequeñas y medianas empresas y a los trabajadores autónomos se han aprobado muchas líneas de crédito, pero no funcionan. Y yo se lo he dicho al presidente del Gobierno en las Cortes. Los demás hemos apoyado sus decisiones y algunos nos han criticado, pero el que gobierna es usted. Y usted es el que tiene que preocuparse de que los instrumentos que se aprueban en las Cortes generales funcionen, porque para eso los hemos aprobado, para que funcionen, no para que se queden en papel mojado en el BOE.

Hemos solicitado una línea de crédito a los ayuntamientos, finalista, para que se paguen la deuda de las corporaciones locales con muchas pequeñas y medianas empresas. Ver a una persona amenazándose con quemarse a lo bonzo como hemos visto hace dos o tres meses puede resultar una anécdota, pero es revelador de algo que también se está convirtiendo en categoría.

Hay que hacer también reformas estructurales. Si ya sabemos que reforma del mercado laboral, la de la formación o la de la justicia no producen efecto en media hora, pero sí generan confianza, porque se ve que se dan pasos en la buena dirección. Si la vida es confianza, horizontes, es decir puedo arriesgarme porque las cosas van a ir bien, porque va a haber un buen marco. A fin de cuentas el que monta una empresa corre un riesgo. Pero si las condiciones son buenas y las expectativas son buenas y si desaparecen las incertidumbres y hay credibilidad en quien les está diciendo las cosas, tendrá la sensación de que corre un riesgo menor.

No puede decirnos el vicepresidente económico del Gobierno que siente envidia -lo diga en serio o lo diga en broma- de que un señor ministro tenga hoy la condición de ex. Porque eso afecta mucho a la confianza de la economía española. Y afecta a la credibilidad y a la certidumbre a la que tienen derecho los agentes económicos y sociales.

Yo he tenido bastantes reuniones a lo largo de estas fechas -primero porque era mi obligación uy segundo porque quería hacerlo y me ha sido de una enorme utilidad- y quiero que sepan que nosotros somos conocedores de lo que está pasando en España y de las dificultades que tiene mucha gente. Somos conocedores. Nosotros tampoco tenemos una varita mágica ni somos más listos que nadie. Pero yo les digo una cosa. Se puede hacer infinitamente mejor. Y a pesar del tiempo perdido -que ha sido mucho- se puede hacer infinitamente mejor. Hoy ya no debatimos si estamos en crisis o no porque todos sabemos donde estamos. Hoy lo que debatimos es cuándo vamos a salir y con qué coste. En España hemos salido de muchas crisis, hemos vivido algunas muy duras, como la del 75 al 85, la del 91 a 94, la de la burbuja tecnológica de 2001 -que la aguantamos muy bien-.

Yo estoy absolutamente convencido de que las cosas se pueden hacer infinitamente mejor y yo he ofrecido en nombre de mi partido -como han hecho otras fuerzas políticas- respaldo al Gobierno, pero de lo que se trata es de respaldar políticas económicas que generen confianza y que sean útiles, porque si no uno se convierte en cómplice de algo que, en opinión de uno, es disparatado. Y eso no se le puede pedir a nadie.

Pero no duden ustedes que el Partido Popular para construir y para apoyar a nuestros emprendedores estará siempre dispuesto.

Muchísimas gracias.