Una gran parte de los recursos disponibles para invertir se han dirigido a lo largo de la última década a producir, en el mejor de los casos, activos que aumentan el potencial de crecimiento de la economía española (viviendas) y, en el peor, a especular con el precio de la vivienda.

Si en 1995 de cada cien euros que se invertían, 20,3 se dirigían a la construcción de viviendas, en 2007 se destinaron 30,1 euros. Este aumento del peso de la inversión en vivienda se logra a costa de la pérdida de importancia de la inversión en “productos metálicos y maquinaria”, donde se pasa a invertir 20,3 euros en 1995 a 17,2 euros en 2007, y en infraestructuras, 36,9 euros en 1995 a 27,8 euros en 2007.

El comportamiento responsable de los salarios

El aumento de los precios no ha temido durante la etapa de crecimiento a los salarios como su principal impulsor, sino a los beneficios empresariales. El incremento de estos se explicó en el pasado, fundamentalmente, por el aumento espectacular del precio de la vivienda. Ahora viene impulsado por el aumento de las materias primas y la energía, al igual que el aumento de la remuneración de los asalariados. Sin embargo, mientras que los trabajadores pagan esas subidas aumentando la productividad y rebajando el empleo, los empresarios las trasladan completamente a los consumidores incrementando los precios.

Si se compara la variación del salario pactado en los convenios (coste por trabajador) con la evolución de la productividad nominal por hora (ingreso por trabajador) se observa que los incrementos pactados no agotan todo el margen ofrecido por el crecimiento de la productividad para el conjunto de la economía a lo largo del periodo 2001-2007.