Haddad, que ha inaugurado hoy el acto de presentación en España del Informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2017”, ha resaltado la importancia internacional de este estudio, que se publica desde 1999, y el prestigio y competencia profesional de las tres Agencias de las Naciones Unidas que han participado en su elaboración como la para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Un informe al que este año se han incorporado como colaboradores para su elaboración el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la (OMS). Una colaboración, ha señalado el subsecretario, que dota al informe de una perspectiva más amplia, al permitir examinar en mayor profundidad las cuestiones derivadas de las diversas formas de malnutrición, incluyendo las tendencias y situaciones vinculadas con la desnutrición infantil, el sobrepeso en niños y la obesidad en adultos así como la lactancia y la anemia de las mujeres.

Incremento de la subalimentación crónica

En relación con las conclusiones del estudio, Haddad ha resaltado como dato más relevante y preocupante, el hecho de que, por primera vez desde el año 2003, se invierte la tendencia que se venía observando hasta la fecha, de una progresiva disminución del número de personas con subalimentación crónica en el mundo.

Concretamente, ha indicado el subsecretario, se constata un incremento de los 777 millones de personas afectadas por la subalimentación crónica en el año 2015 a 815 millones en 2016, lo que, junto con los aumentos de los índices de sobrepeso y obesidad, dificultan la consecución de metas de la Agenda 2030 vinculadas con la seguridad alimentaria y la nutrición y del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, que consiste en “poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible”.

En este retroceso de la seguridad alimentaria y la nutrición, Haddad ha apuntado la influencia del cambio climático, los conflictos bélicos y las situaciones de crisis prolongadas. Una situación que, según advierte el propio informe, crea dificultades para lograr el objetivo de un mundo sin hambre ni malnutrición para 2030.

Para conseguir los compromisos derivados de la Agenda 2030 y lograr la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el subsecretario ha señalado que será necesario renovar los esfuerzos mediante nuevos métodos de trabajo, que en todo caso requerirán el esfuerzo coordinado de todos los actores implicados, ya sean instituciones públicas, organismos internacionales y entidades del sector empresarial o de la sociedad civil.

En definitiva, ha señalado, la aspiración contemplada en la Agenda de alcanzar un mundo mejor para todos en el horizonte temporal del año 2030, va a requerir adecuar nuestras conductas a esas premisas de sostenibilidad económica, social y ambiental, en todos los ámbitos de nuestras actuaciones. Para ello contamos con herramientas que suministran una información indispensable como este informe, que define bien el problema, y con una determinación firme para erradicarlo, ha concluido Hadad.