20 de septiembre de 2019. Las agencias de calificación internacionales S&P y DBRS han mejorado, respectivamente, la calificación y la perspectiva crediticia del Reino de España. S&P ha elevado el rating de nuestro país, de A- a A con perspectiva estable. DBRS, por su parte, mantiene el rating de España en A y mejora su perspectiva de estable a positiva.

En el informe en el que ha hecho pública su revisión al alza, S&P destaca el mayor crecimiento de nuestra economía frente a la zona euro, estimando que se podría mantener en los próximos tres años. Considera que España se encuentra mejor posicionada para afrontar retos externos como el Brexit o la desaceleración económica europea. En este sentido destaca las ganancias de competitividad, que se están traduciendo en superávits por cuenta corriente en los últimos años.

S&P recalca el avance en la consolidación fiscal, lo que permitirá que el déficit se sitúe en 2019 en el entorno del 2%, el más bajo desde 2007. Asimismo, pone de manifiesto que el crecimiento económico más equilibrado y la mejora de la posición fiscal están permitiendo una reducción más firme de la ratio deuda/PIB.

S&P prevé un mayor descenso del déficit y de la deuda pública respecto a su informe anterior.

DBRS destaca el sólido crecimiento económico

Por su parte, DBRS ha reafirmado el rating de España en A, mejorando la perspectiva de estable a positiva.

La calificación de la agencia canadiense se basa en la fortaleza y diversificación de la economía española, que cuenta con un sector exterior competitivo y una mejora sostenida de las finanzas públicas. Todo ello está permitiendo mantener un sólido crecimiento, con un modelo más equilibrado. DBRS señala que los principales riesgos para la economía española son externos, entre ellos, el Brexit, el proteccionismo, la desaceleración europea o la subida del petróleo.

DBRS considera que la ratio deuda/PIB seguirá reduciéndose en los próximos años gracias a los superávits primarios, los bajos tipos de interés y el crecimiento económico. Resalta la labor realizada por el Tesoro para diversificar la base inversora y extender la vida media de la cartera, lo que junto con la política monetaria reducen las vulnerabilidades de la deuda pública española.

Finalmente, subraya el fortalecimiento del sector financiero, en términos de reducción de activos problemáticos, mayor capitalización de las entidades y mantenimiento de la rentabilidad.