Su declaración inicial ha sido la siguiente:

“Desde el PSOE entendemos que la respuesta del señor Puigdemont no ha contestado, una vez más, a la pregunta que se le hizo sobre lo que ocurrió en el Parlament català. Ha sido poco claro una vez más.

Sin embargo, algunas cuestiones nos han quedado claras en el escrito:

  • Uno, que proponen un diálogo pero siempre para hablar sobre la desconexión de España, apelando a los resultados de un referéndum sin garantías ni controles, basado en una ley declarada ya inconstitucional, en el que por sus propias cifras obtuvo el 38% de los votos del censo, lo que obviamente no es una mayoría de catalanes. Piénsese que cuando se aprobó la Constitución Española en Cataluña, se obtuvo el 62% de votos afirmativos del censo, eso sí fue una importante mayoría, que es justamente lo que no se está respetando.

  • En segundo lugar, en el escrito se afirma que en España existe una represión política.

  • Y la tercera cuestión que nos queda clara es que amenaza con votar en el Parlament la independencia que ha sido suspendida, en el caso de que el Estado reaccione ante su incumplimiento.

Los socialistas queremos subrayar que la democracia y el Estado de Derecho no pueden ceder ante esta inadmisible amenaza. La única responsabilidad del deterioro de las instituciones de autogobierno en Cataluña es responsabilidad del señor de Puigdemont. Es el único responsable.

Y a partir de ahí, queremos agregar algunas cosas. La primera es que no podemos aceptar de ningún modo la existencia de represión política en España, como tampoco nos atreveríamos a decir que existe represión política en Cataluña, ni la hubo. España es una democracia consolidada, donde funciona el Estado de derecho y la separación de poderes.

También queremos denunciar la tramposa oferta de diálogo del señor Puigdemont. La carta dice que es fruto de las presiones que ha recibido tanto él como el presidente del Gobierno. Por lo tanto, digamos que ha sido un fruto tardío la idea del diálogo; ha sido consecuencia de las presiones, seguramente no lo pensó antes, lo piensa a partir de las presiones, que es lo que en definitiva le llevó en el primer escrito a ofrecer esa vía de diálogo. Diálogo que hemos dicho que para el señor Puigdemont no es tal, sino que a lo único que se avienen es a intentar negociar las condiciones de la secesión de Cataluña respecto de España. Ese marco de diálogo nosotros no lo podemos aceptar.

Además, en estos días hemos visto claramente cómo se evidenciaba este sentido del diálogo. En el Congreso representantes del independentismo se han manifestado claramente en que lo único que hay que dialogar es sobre la marcha de Cataluña de España. Lo han expresado claramente, pero, además, lo han demostrado también renunciando a intervenir cualquier espacio de diálogo político que hemos ofrecido y, particularmente, a instancias del PSOE.

Decir que no van a participar en la Comisión de Evaluación del Estado Autonómico es tanto como decir que no les interesa el estado autonómico, ni ningún modelo de descentralización que permita mantener la integridad territorial de España. No les interesa ese marco. Es más, tampoco les interesa siquiera hablar de una reforma constitucional, que es tanto como decir la reforma del pacto político que regula la convivencia entre todos los españoles y en todos sus territorios.

Han renunciado clara y expresamente a ese tipo de diálogo: al diálogo dentro del marco de la legalidad y al diálogo en el espacio institucional. Por lo tanto, ¿de qué diálogo estamos hablando? Pues de lo que han expresado claramente: de la negociación bilateral, y una cosa y la otra no la podemos aceptar. No se negocia la integridad territorial de España y no asumimos la bilateralidad entre el Estado y un pretendiente a mini estado.

Dicho todo lo cual, es importante que acabemos con esta serie tan agónica, donde lo único que se proyecta es una imagen de debilidad institucional que este país no puede asumir. El nivel de desgaste, de desasosiego, de intranquilidad, de inseguridad que se está generando, no es bueno para la convivencia, no es bueno para las expectativas de este país, no es bueno para su imagen.

Y, por lo tanto, la responsabilidad de los representantes político es poner fin a esta situación y, como siempre, ponerle fin desde el ámbito de la legalidad, desde la institucionalidad, teniendo claro siempre el bienestar y el futuro de los españoles y los catalanes. Esta debe ser la premisa.

Por lo tanto, nuestro compromiso es recuperar la normalidad lo antes posible para frenar el enorme deterioro de la convivencia que se está produciendo en Cataluña, y que está afectando claramente en el sistema institucional español. La ciudadanía espera de nosotros, de los responsables políticos, actitudes y mensajes de tranquilidad, mensajes de certidumbre. Por lo tanto, debemos poner fin a esta etapa, que efectivamente está llena de deslealtad y de insinceridad.

A partir de aquí es al Gobierno al que le corresponde tomar la iniciativa para recuperar la legalidad y la normalidad democrática. Como siempre, este es el objetivo: recuperar la normalidad, recuperar la convivencia democrática y pacífica y, especialmente, recuperar el autogobierno de Cataluña, en estos momentos absolutamente despreciado por quien tendría que ser su mayor garante, el señor Puigdemont”.