El Rey ha llamado este domingo a los diputados electos del a emprender un camino que no lleve “de nuevo al enfrentamiento o a la exclusión”, sino a recuperar “la serenidad, la estabilidad y el respeto mutuo”.

En su tradicional Mensaje de Navidad a los españoles, ha hecho alusión a las elecciones autonómicas celebradas en Cataluña el pasado jueves, que arrojaron una victoria del bloque independentista aunque Ciudadanos fue el partido más votado, para recordar a los parlamentarios que “ahora deben afrontar los problemas que afectan a todos los catalanes, respetando la pluralidad y pensando con responsabilidad en el bien común de todos”.

En una alusión a todo lo sucedido desde el referéndum ilegal del 1 de octubre, el Rey ha señalado que ya se ha visto que apostar por el enfrentamiento y la exclusión solo genera “discordia, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento moral, cívico y, por supuesto, económico de toda una sociedad”.

Por eso, ha llamado a tomar una vía que conduzca a que “la convivencia en el seno de la sociedad catalana, tan diversa y plural como es, recupere la serenidad, la estabilidad y el respeto mutuo” y “las ideas no distancien ni separen a las familias y a los amigos”.

Ese camino, ha añadido, también debe conducir a que “renazca la confianza, el prestigio y la mejor imagen de Cataluña” y a reafirmar sus mejores valores: “su capacidad de liderazgo y de esfuerzo, su espíritu creativo y vocación de apertura, su voluntad de compromiso, y su sentido de la responsabilidad”.

Desde el salón de audiencias del Palacio de la Zarzuela, el Rey ha mencionado ya al inicio de su mensaje la situación en Cataluña como acontecimiento que ha “marcado” un 2017 “difícil” para la vida “en común de los españoles”, un mensaje en el que ha hecho además una reivindicación de los 40 años de democracia española.

Y es que, ha destacado el monarca, España es hoy “una democracia madura, donde cualquier ciudadano puede pensar, defender y contrastar, libre y democráticamente, sus opiniones y sus ideas” pero no “imponer las ideas propias frente a los derechos de los demás”.

SI LOS PRINCIPIOS DE LA DEMOCRACIA SE QUIEBRAN, LA CONVIVENCIA ES INVIABLE

De hecho, ha remarcado que respetar y preservar los principios y valores del social y democrático de Derecho es imprescindible para una convivencia en “la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político”, tal como dice, textualmente, la Constitución española. “Cuando estos principios básicos se quiebran, la convivencia primero se deteriora y luego se hace inviable”, ha advertido.

Eso sí, Don Felipe también ha valorado que en 2017 se ha comprobado el “compromiso muy sentido, firme y sincero de los españoles con la España democrática” y que los valores de respeto y diálogo están muy arraigados en los españoles. “Mucho más de lo que nos podíamos imaginar”, ha asegurado.

En vísperas del año en que se celebrará el 40 aniversario de la Constitución española, ha subrayado que en cuatro décadas se ha hecho realidad un país moderno, entre los más avanzados del mundo, y con una democracia asentada “definitivamente” que incluso superó “hace décadas un intento de involución”.

Y ha añadido que todo ello “ha sido posible gracias a “una España abierta y solidaria, no encerrada en sí misma”, que reconoce y respeta las diferencias, la pluralidad y la diversidad de los españoles con un “espíritu integrador”, una “España inspirada en una irrenunciable voluntad de concordia” que es “un gran triunfo de todos los españoles”.

“NO TODO HAN SIDO ACIERTOS” PERO EL BALANCE ES POSITIVO

Pese a reconocer que “no todo han sido aciertos” y que persisten situaciones difíciles que “hay que corregir” con el compromiso de todos, el Rey considera que “el balance tan positivo de todos estos años es innegable” y que los españoles se merecen “apreciarlo y valorarlo”.

Para el Rey, no debemos “renunciar” a esa España sino que es un proyecto que debe “ilusionar” para seguir construyéndola, “mejorándola, actualizándola, sobre la base sólida de los principios democráticos y los valores cívicos de respeto y de diálogo”.

Y se ha mostrado convencido de que “nadie desea una España paralizada o conformista, sino moderna y atractiva, que ilusione; una España serena, pero en movimiento y dispuesta a evolucionar y a adaptarse a los nuevos tiempos”.

De hecho, el Rey ha finalizado sus palabras con un mensaje de optimismo, llamando a los españoles a que estén “sin complejos, orgullosos” de todo lo conseguido y a confiar en lo que pueden “alcanzar juntos”.

DESEMPLEO, TERRORISMO, CORRUPCIÓN Y VIOLENCIA DE GÉNERO

Con todo también ha avisado de que resolver el problema surgido en Cataluña no puede hacer olvidar otros desafíos importantes, empezando por la creación de empleo “estable”, pese a que la situación económica haya mejorado, y el afrontar “la desigualdad y las diferencias sociales” sobre todo tras una crisis “que tanto daño ha hecho a no pocas familias, y ha afectado tanto al futuro de muchos jóvenes”.

Además, ha recordado la obligación de afrontar el terrorismo yihadista, que hace pocos meses atacó y , así como la experiencia española de que es posible vencer al terrorismo con “unidad democrática, la firmeza del Estado de Derecho, y la eficacia de la cooperación internacional”, y teniendo presente el recuerdo de las víctimas.

En tercer lugar, ha advertido de que la corrupción se mantiene como una de las principales preocupaciones de la sociedad, que demanda que sigan tomándose “medidas para su completa erradicación”.

Además de llamar a España a “recuperar su protagonismo” en una UE que no puede mostrar “debilidad o división” ante los retos que enfrenta, Don Felipe ha puesto en valor los retos del cambio climático y la violencia de género.

Del primero, ha avisado de que no se trata de un problema menor, sino que sus riesgos y efectos ya se están sufriendo y España debe “mantenerse firme en sus compromisos” ante un problema que requiere soluciones globales y urgentes.

Y sobre la violencia de género ha recalcado que es una “lacra inadmisible” y que “avergüenza e indigna” y pide mantener “la firmeza y el apoyo político para ayudar y defender a las víctimas” y concienciar a toda la sociedad contra una violencia “criminal y cobarde” que degrada la convivencia.

Como es habitual, Don Felipe ha finalizado su discurso, de apenas 12 minutos de duración, felicitando la Navidad en todas las lenguas cooficiales españolas.

Mensaje íntegro

B​uenas noches,

Me dirijo a todos vosotros para felicitaros la Navidad y transmitiros junto a la Reina, la Princesa de y la Infanta nuestros mejores deseos para el año 2018.

Y os agradezco que en esta noche de encuentro de familias y de seres queridos, me permitáis acompañaros unos minutos para compartir con vosotros algunas reflexiones cuando estamos ya a punto de terminar el año.

2017 ha sido en España, sin duda, un año difícil para nuestra vida en común; un año marcado, sobre todo, por la situación en Cataluña, a la que luego me referiré.

Pero también ha sido un año en el que hemos comprobado el compromiso muy sentido, firme y sincero de los españoles con la España democrática que juntos hemos construido.

Porque lo largo de los últimos 40 años, hemos conseguido hacer realidad un país nuevo y moderno, un país entre los más avanzados del mundo:

Hemos asentado definitivamente la democracia, incluso superando hace décadas un intento de involución de nuestras libertades y derechos.

Somos una parte esencial de una Unión Europea con la que compartimos objetivos y una misma visión del mundo.

Frente al terrorismo hemos conseguido hacer prevalecer la vida, la dignidad y la libertad de las personas con la fuerza de nuestras convicciones democráticas.

Y hemos llevado a cabo, en fin, la transformación más profunda de nuestra historia en muchos ámbitos de nuestra vida: en educación y en cultura, en sanidad y en servicios sociales, en infraestructuras y en comunicaciones, o en defensa y seguridad ciudadana.

En definitiva, a lo largo de todos estos años de convivencia democrática, los derechos y libertades, el progreso y la modernización de España, y también su proyección y relevancia internacional, han ido de la mano.

Y todo ese gran cambio, todo ese gran salto sin precedentes en nuestra historia, ha sido posible gracias a una España abierta y solidaria, no encerrada en sí misma; una España que reconoce y respeta nuestras diferencias, nuestra pluralidad y nuestra diversidad, con un espíritu integrador; una España inspirada en una irrenunciable voluntad de concordia.

En el camino que hemos recorrido, desde luego, hay que reconocer que no todo han sido aciertos; que persisten situaciones difíciles y complejas que hay que corregir, y que requieren de un compromiso de toda la sociedad para superarlas.

A pesar de todo ello, el balance tan positivo de todos estos años es innegable. Tenemos que apreciarlo y valorarlo. Merece la pena y nos lo merecemos como país y como sociedad.

Porque la historia de la España que juntos hemos construido es la historia de un gran triunfo de todos los españoles. Una España a la que no debemos renunciar, que debe ilusionar y motivarnos, y que debemos seguir construyendo, mejorándola, actualizándola, sobre la base sólida de los principios democráticos y los valores cívicos de respeto y de diálogo que fundamentan nuestra convivencia.

Unos principios y valores que, como hemos comprobado incluso en este año 2017, están profundamente arraigados en nuestra sociedad, en la vida diaria de nuestros ciudadanos, y tienen raíces muy hondas en las conciencias y en los sentimientos de los españoles. Mucho más de lo que nos podíamos imaginar.

España es hoy una democracia madura, donde cualquier ciudadano puede pensar, defender y contrastar, libre y democráticamente, sus opiniones y sus ideas; pero no imponer las ideas propias frente a los derechos de los demás.

Respetar y preservar los principios y valores de nuestro Estado social y democrático de Derecho es imprescindible para garantizar una convivencia que asegure “la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político”, tal y como señala nuestra Constitución. Porque cuando estos principios básicos se quiebran, la convivencia primero se deteriora y luego se hace inviable.

Hace unos días, los ciudadanos de Cataluña han votado para elegir a sus representantes en el Parlament, que ahora deben afrontar los problemas que afectan a todos los catalanes, respetando la pluralidad y pensando con responsabilidad en el bien común de todos.

El camino no puede llevar de nuevo al enfrentamiento o a la exclusión, que –como sabemos ya– solo generan discordia, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento moral, cívico y –por supuesto– económico de toda una sociedad.

Un camino que, en cambio, sí debe conducir a que la convivencia en el seno de la sociedad catalana –tan diversa y plural como es– recupere la serenidad, la estabilidad y el respeto mutuo; de manera que las ideas no distancien ni separen a las familias y a los amigos. Un camino que debe conducir también a que renazca la confianza, el prestigio y la mejor imagen de Cataluña; y a que se afirmen los valores que la han caracterizado siempre en su propia personalidad y le han dado los mejores momentos de su historia: su capacidad de liderazgo y de esfuerzo, su espíritu creativo y vocación de apertura, su voluntad de compromiso, y su sentido de la responsabilidad.

Pero superar los problemas de convivencia que ha generado esta situación no nos puede hacer olvidar, por supuesto, otras serias preocupaciones y desafíos de la sociedad española, que también condicionan nuestro futuro y a los que me voy a referir muy brevemente:

Nuestra economía y el empleo han mejorado sustancialmente, pero la creación de puestos de trabajo estables tiene que ser siempre un objetivo esencial y prioritario. Como igualmente no puede caer en el olvido la obligación y la responsabilidad de afrontar la desigualdad y las diferencias sociales, sobre todo tras las consecuencias generadas por la reciente crisis económica, que tanto daño ha hecho a no pocas familias, y ha afectado tanto al futuro de muchos jóvenes.

El terrorismo yihadista sigue siendo una amenaza mundial y este año nosotros lo hemos sufrido directamente en Barcelona y Cambrils. Los españoles sabemos muy bien que solo desde la unidad democrática, la firmeza del Estado de Derecho, y la eficacia de la cooperación internacional, podremos vencerlo y derrotarlo. Y así lo haremos, teniendo siempre muy presentes el recuerdo y el respeto permanente a sus víctimas.

La corrupción se mantiene también como una de las principales preocupaciones de la sociedad, que demanda que sigan tomándose las medidas necesarias para su completa erradicación y que los ciudadanos puedan confiar plenamente en la correcta administración del dinero público.

Por otra parte somos Europa, y Europa se encuentra en estos momentos en una encrucijada histórica. España debe recuperar su protagonismo en un proyecto europeo que ahora requiere una mayor vitalidad e impulso. Europa –y España con ella– tiene que hacer frente a unos retos que son globales y ante los que no cabe la debilidad o la división sino la fortaleza de la unión.

La defensa del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático no son problemas menores ni secundarios por la dimensión y los riesgos que acarrean y que ya estamos sufriendo. Debemos ser muy conscientes de ello, e implicarnos todos mucho más. Y España debe mantenerse firme en sus compromisos ante un problema que afecta a todo el planeta y que requiere soluciones no sólo globales, sino verdaderamente urgentes.

Tenemos otras muchas preocupaciones –desde luego– pero esta noche no quiero olvidarme de las mujeres que, en un silencio tantas veces impuesto por el miedo, sufren la violencia de género. Una lacra inadmisible que nos hiere en nuestros sentimientos más profundos y nos avergüenza e indigna. Mantengamos la firmeza y el apoyo político para ayudar y defender a las víctimas y concienciemos a toda la sociedad contra esa violencia, criminal y cobarde, que degrada nuestra convivencia.

2018 nos espera en unos días y debemos seguir construyendo nuestro país, porque la historia no se detiene. Y no hemos llegado hasta aquí para temer al futuro sino para crearlo.

Y estoy seguro de que nadie desea una España paralizada o conformista, sino moderna y atractiva, que ilusione; una España serena, pero en movimiento y dispuesta a evolucionar y a adaptarse a los nuevos tiempos.

Sintámonos, sin complejos, orgullosos de todo lo que hemos conseguido porque es mérito de todos; confiemos en lo que siempre nos ha unido, en lo que somos, tal y como somos, y sobre todo en lo que podemos alcanzar juntos con una fe firme en nuestras convicciones y en nuestras capacidades. Si seguimos por ese camino, si lo hacemos así, y con todas nuestras energías, yo estoy convencido de que el año que viene –y los que vendrán después– serán mucho mejores. Sin duda.

Ese es mi deseo para todos en esta noche tan especial.

Muchas gracias. Feliz Navidad, Eguberri on, Bon Nadal y Boas festas.

Buenas noches. Y Feliz y próspero año 2018.