• El lo reconoce. Las ganancias de competitividad en España se han basado en el ajuste de los costes laborales, cosa que no ha ocurrido en otros países de la UE.
  • Son los elevados márgenes empresariales los que están restando competitividad a las propias empresas, que se descapitalizan por no invertir en procesos tecnológicos, I+D o capital humano (formación)
  • UGT reclama que aumenten los salarios, una cuestión que además de beneficiar a la economía, es de justicia y la derogación de la reforma laboral que ha alimentado la actual situación de avaricia empresarial. De lo contrario, la respuesta será la movilización creciente.

El Banco de España confirma en su informe Anual de 2017 lo que los sindicatos venimos reiterando: que las ganancias de competitividad de los últimos años frente al resto de países del área euro se han debido al ajuste de los costes laborales, mientras que los márgenes empresariales no han descendido. Desde 2007, los costes laborales por unidad de producto han caído 17 puntos porcentuales, mientras que los beneficios unitarios de las empresas han aumentado 5 puntos.

Es decir, que el esfuerzo de los trabajadores y las trabajadoras en los años de la pasada crisis, que se ha traducido en la pérdida de millones de empleos y en la fuerte caída de sus salarios, no se ha visto correspondido por un comportamiento igualmente responsable en las empresas, que han aumentado sus beneficios.

Son la ausencia de reinversión de los elevados márgenes empresariales los que están restando competitividad a las propias empresas. La avaricia de los empresarios y de sus directivos -que han mantenido, incluso durante la crisis, un reparto de dividendos muy elevado y han aumentado las remuneraciones de consejeros y altos directivos- es una de las responsables de que nuestras empresas no ganen más cuota competitiva en el exterior. En lugar de invertir en procesos tecnológicos, I+D y capital humano (formación), una gran parte de las empresas tienen como objetivo central la maximización desaforada del dividendo, lo que a la larga está descapitalizando las propias empresas.

El problema no son los costes laborales, como repiten machaconamente las empresas para evitar fijar salarios dignos, sino su afán desmedido por elevar cada vez más el trozo de tarta que se quedan los propietarios y ejecutivos de las empresas. Aprovechando la ultraflexibilidad creada por la reforma laboral de 2012, y el desequilibrio de fuerzas que provocó en la negociación colectiva a favor de las empresas, lo que se está produciendo es un incremento irracional de los beneficios a costa de las rentas de las trabajadoras y los trabajadores.

En esta nueva fase expansiva se puede y se debe aumentar los salarios, porque hay margen para ello, porque eso es necesario para reforzar el consumo de los hogares -que se están quedando sin ahorros-, y porque es de justicia, tras la pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos años.