• ​ Los datos de Contabilidad Nacional del primer trimestre revelan síntomas muy preocupantes: se desacelera la inversión, el crecimiento de la industria y la creación de empleo (con el agravante de que éste sigue siendo muy precario y con derechos labores menguantes).
  • Los salarios continúan prácticamente congelados (la remuneración por asalariado aumenta solo a un ritmo del 0,4%) mientras el excedente de las empresas continúa creciendo de manera muy importante (un 4,8%)

  • Es preciso cambiar las políticas para sentar las bases de un crecimiento más equilibrado sólido y sostenible, tanto social como medioambientalmente.

  • UGT exige revertir las reformas laborales de 2010 y 2012, aumentar los salarios nítidamente para que los trabajadores ganen poder de compra, implementar una política industrial eficaz que fomente el empleo de calidad y reforzar la red de protección social de nuestro país.

Los datos de la Contabilidad Nacional Trimestral del primer trimestre de 2018, publicados hoy por el INE, recogen un aumento trimestral del PIB del 0,7% y del 3% en términos anuales, una décima menor que en los tres trimestres anteriores. Continúa, pues, el crecimiento económico a un ritmo muy notable. Esta es la primera conclusión: que la fase expansiva de nuestra economía continúa, y que abarca ya diecisiete trimestres consecutivos. Pero de los datos se derivan también algunos síntomas preocupantes, que ponen en cuestión el modelo de crecimiento que se está construyendo, y que entrañan debilidades presentes y riesgos futuros que tienen consecuencias muy negativas para una mayoría de nuestra sociedad, que no se está beneficiando como debiera de esta fase de bonanza de la actividad que dura ya cuatro años.

Entre estos rasgos preocupantes cabe destacar cuatro:

  1. El crecimiento de la inversión, motor de la actividad productiva futura, se desacelera del 5,6% al 3,5%, debido sobre todo a la ralentización de la inversión en bienes de equipo, que constituye una de las columnas centrales de la capacidad competitiva de nuestras empresas y de la generación de valor añadido, al pasar de crecer el 7,9% anual al 2,3%, la menor desde el tercer trimestre de 2014.

  2. Desde el lado de la oferta (y relacionado con la caída de la inversión mencionada), la industria, el sector que aporta una mayor estabilidad y calidad a la producción del país, frena su crecimiento de manera muy importante, pasando de crecer el 4,6% en el trimestre anterior a hacerlo el 2,8% ahora. También es la cifra más baja desde el tercer trimestre de 2014.

  3. En línea con la información ofrecida por la Encuesta de Población Activa del primer trimestre del año, conocida hace poco más de mes, la Contabilidad Nacional ratifica también que la creación de empleo se está desacelerando. En el primer trimestre ha pasado de crecer el 2,9% anual al 2,6%. Pero, siendo esto importante, lo peor es que el empleo que se crea sigue siendo de baja calidad, precario y con derechos laborales menguantes. Una circunstancia que, por sí sola, debería conllevar un replanteamiento global de la política económica practicada, porque la penosa situación del mercado laboral es una de las causas fundamentales de la preocupante situación de pobreza y desigualdad que sufre nuestro país.

  4. Un trimestre más, la Contabilidad Nacional muestra la situación de práctica congelación de los salarios, mientras los beneficios de las empresas crecen de manera muy importante. La remuneración por asalariado aumenta solo a un ritmo del 0,4%, y los costes laborales unitarios, que determinan cuánto le cuesta a las empresas producir una unidad de producto, un 0,1%. Mientras, el excedente de las empresas crece un 4,8%. Es decir, que las únicas beneficiadas de la expansión económica están siendo las empresas, mientras las asalariadas y los asalariados ven cómo su sueldo permanece bajo mínimos, tras la fuerte devaluación que sufrieron en el período 2008-2013.

Por todo ello, para UGT es preciso cambiar las políticas para generar las bases de un crecimiento económico más equilibrado, sólido y sostenible, tanto social como medioambientalmente.

Ello requiere que se potencie la creación de empleo estable y con derechos, lo que pasa por revertir las reformas laborales de 2010 y, sobre todo, 2012; aumentar los salarios nítidamente, de manera que los trabajadores y las trabajadoras ganen poder de compra y puedan sostener el consumo y mejorar la calidad de vida de la mayoría de los hogares; implementar una política industrial que potencie nuestras capacidades productivas y que ponga el acento en los factores que más valor añadido aportan y que más potencial tienen para generar riqueza y empleo de calidad; y reforzar la red de protección social de nuestro país, como actuación necesaria para reducir los intolerables niveles de desigualdad y pobreza que ha alcanzado España por las políticas aplicadas desde 2010.