Las centrales nucleares españolas están envejecidas y agotando su vida útil, y el caso de la de Cofrentes es una de las mejores pruebas de ello que tenemos en el país. Cofrentes entró en funcionamiento en octubre de 1984 y llegó a plena capacidad de producción en enero de 1985. Esta central, diseñada a finales de la década de 1960 y con permiso de producción otorgado por el Ministerio de Industria en 1972, obtuvo una autorización de funcionamiento por un período de 25 años, que en marzo de 2011 se prorrogó por 1O años más, hasta el año 2021. En esa fecha, la central nuclear de Cofrentes habrá llegado a los 37 años de funcionamiento; un período muy superior a la edad media de cierre de las centrales nucleares europeas, que la Agencia Internacional de Energía sitúa en los 25 años.

Las centrales nucleares antiguas son las más peligrosas, tal y como se demostró en el caso de Fukushima, la más antigua de Japón. En el caso de la Central Nuclear de Cofrentes, su modelo de reactor BWR pone de manifiesto su obsolescencia. Por este motivo es necesario que de manera urgente se apruebe un Plan Estatal de cierre de las centrales nucleares, y su sustitución progresiva por fuentes de energías limpias y renovables. Las centrales nucleares generan residuos muy tóxicos y peligrosos que permanecen activos durante miles de años. Además, comportan un alto riesgo de contaminación radiactiva, persistente durante siglos, en caso de accidentes, como los ocurridos en las centrales de Harrisburg, Chernóbil o Fukushima. La responsabilidad intergeneracional nos obliga a dejar de producir residuos radiactivos que permanecerán activos durante miles de años y que contienen el 95% de la radioactividad del combustible original.

Desde el año 2001 hasta el 10 de marzo de 2011, la central nuclear de Cofrentes ha sufrido 25 paradas no programadas y 102 sucesos de seguridad notificados por el , de los cuales 2 han sido de Nivel 1 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares (INES). En 2007 la central tuvo que sustituir, en varias fases, todos estos sistemas hidráulicos por un problema de corrosión, que se calificó como de origen desconocido y del que nunca se dio cumplida explicación pública. Una operación que solo se ha llevado a cabo en el reactor de Cofrentes entre todos los del mundo, y que no estaba contemplada en el diseño de este reactor. El 31 de octubre del pasado año 2017, la Central Nuclear sufrió una parada no programada para inspeccionar las líneas y las válvulas del lazo A del sistema de agua de alimentación por la rotura de una de las válvulas del sistema de refrigeración. El fallo, que inicialmente fue calificado de nivel O, fue reclasificado a nivel 1 mes y medio después de producirse, mantuvo la Central parada 2 meses. El 5 de enero realizó una parada “programada” para realizar actividades de mantenimiento en el sistema hidráulico de accionamiento de barras de control de una semana de duración, apenas 25 días después de la última parada para mantenimiento y recarga de combustible, con la participación de 1.100 trabajadores adicionales. En realidad, esa parada se debió a una fuga en el sistema hidráulico de los accionadores de las barras de control, que tiene como función introducir dentro del núcleo del reactor los componentes necesarios para frenar, o parar si fuese necesario, la reacción nuclear. El pasado sábado 13 de enero, la central sufrió la desconexión de la red exterior producida por la parada automática de la turbina por alta vibración en uno de sus cojinetes. Nuevamente tuvieron que activarse los mecanismos de emergencia para solventarlo.

La Central de Cofrentes es, además, absolutamente prescindible en el sector energético español: La capacidad de generación eléctrica en España es de más de 100 GW, de los que aproximadamente la mitad son de origen renovable. Frente a estos datos, la potencia de la Central Nuclear de Cofrentes es de apenas 1,1 GW. Las subastas de renovables del pasado 2017 han adjudicado unos 8 GW (entre eólica y fotovoltaica) que no tardarán mucho tiempo en estar disponibles y que podrán compensar el cierre no sólo de Cofrentes, sino de todo el parque nuclear español incluso, que suma 7,6 GW.

Por otra parte, el almacén temporal individualizado (ATI) propuesto para acoger los residuos nucleares de la central nuclear de Cofrentes se ha revelado como una palpable demostración del fracaso en la gestión de los residuos nucleares en nuestro país. De hecho, es innecesario ya que la propia Central ya que la central dispone de capacidad de almacenaje suficiente hasta su fecha de cierre en 2021.

Por eso, , senadora por del Grupo Parlamentario de Unidos Podemos – En Comú Podem – En Marea ha presentado en la Comisión de Energía, Turismo y Agenda Digital de la Cámara Alta una moción para instar al Gobierno a proceder al cierre y posterior desmantelamiento de la central nuclear de Cofrentes cuando finalice el actual período de prórroga de funcionamiento (marzo de 2021) y a no autorizar la construcción del almacén temporal individualizado de residuos radioactivos dentro de los terrenos de la central nuclear de Cofrentes por ser innecesario, ya que la central dispone de capacidad de almacenaje suficiente hasta su fecha de cierre en 2021.

Y es que, tal y como afirma Jiménez, “Cofrentes es una central innecesaria para el sistema. No podemos seguir asumiendo los graves riesgos que comporta una central con tantos años de vida. A la vista de los últimos incidentes registrados, se trata de riesgos reales y son inasumibles. Nos parece una irresponsabilidad por parte del Ministerio competente ampliar el rango de vida una central con tan malo historial de incidentes temiendo en cuenta, además, que las recomendaciones del AIE especifican los peligros que conlleva el funcionamiento de centrales con una tecnología tan obsoleta”.