Manuel Amador Correas, una vida dedicada al

Manuel Amador Correas ha sido un torero poderoso, con arte y clase, que continúa siéndolo, como él mismo reconoce, “el que nace torero muere torero, es un gusano que se lleva en el interior que no sabes cómo y de qué manera te sale y creo que nos vamos a morir siendo toreros”, asegura.

Para Manuel Amador, torear es un arte y, como tal, precisa de la ayuda del toro para crear, comparándolo con la inspiración que ilumina al artista cuando pinta un cuadro: “Para ser un buen lidiador, primero hay que poder al toro y luego cada uno desarrolla su personalidad delante de él expresando el sentimiento que lleva dentro, que es lo que transmite al público. De manera que hay toreros que no llegan al público y otros que, exteriorizando lo que llevan en su interior, emocionan como el pintor que hace un cuadro y tiene ese momento de inspiración”, teoriza, para precisar que si un artista no tiene un material enfrente que le ayude a ejecutar es mucho más complicado que aquel torero que está acostumbrado al tremendismo, que es fácil conseguirlo con cualquier toro, pero “lidiar un toro bien y crear arte es mucho más difícil”, defiende.

Casado y padre de dos hijos, una hija que le ha dado tres nietos y un hijo soltero, esta gran figura del toreo, a pesar de tener el orgullo de ser el padre de un matador igualmente destacable, el actual Manuel Amador, afirma tajantemente que no le gustaría que hubiese más toreros en la familia por el sufrimiento que conlleva una profesión en la que además “hay que tener muchísima suerte y si no la tienes te quedas a media carrera, lo que es una pena”, estima, expresando el deseo de que ninguno de sus nietos elija este camino, aunque uno de ellos, hijo del rejoneador Antonio Correas, ya siente una inclinación por la misma profesión que su padre.

Manuel Amador cree que lo único que ha transmitido a su hijo es la profesionalidad en el toreo porque “cada uno tiene su personalidad, mientras yo era un torero más de mente que podía con los toros, mi hijo es un torero de arte, que inspira, por lo que necesita al toro mucho más de lo que lo necesitaba yo para que le ayude a poder crear lo que él lleva dentro”, opina.

El volumen actual del toro le resta movilidad

Bajo el punto de vista de Manuel Amador, en su época los toros tenían más movilidad y menos peso debido, quizá, a que se lidiaban toros de tres años y los que eran cuatreños eran cuidadosamente seleccionados, mientras que en la actualidad existe un gusto por el toro grande, con cuatro años para cinco, lo que al Matador le parece un error ya que el toro bravo, como animal selecto, “tiene que estar bien hecho y ser fino, porque no es un buey”, establece, para añadir que carece de importancia que tenga pocos o muchos pitones, puesto que el que tiene pocos pitones cuando sale malo es muy certero y pega las cornadas antes que el que tiene muchos pitones, que es un toro que impresiona a un público que asocia más este tipo de toro con el espectáculo.

Sin embargo, para Manuel Amador, lo realmente importante es que el toro se mueva y transmita, que es lo que permite al torero crear y al público disfrutar del arte del toreo.

De cualquier forma, un hecho innegable es que actualmente los toros se caen más que antes, lo que no sólo se debe al mayor volumen del toro y a esa falta de movilidad a la que alude Manuel Amador en los cuatreños, sino que también puede atribuirse a otras causas, entre las que señala la consanguinidad o el pienso.

Tampoco hay que olvidar el concepto de bravura, distinguiendo ésta del genio, la maldad y la mala intención: “El toro bravo es el que mete el morro en el suelo, el noble, el que coge la muleta y termina, humilla, lleva largueza, repite y sigue embistiendo sin cansarse, ayudando al torero a crear; mientras que el toro con genio es el que dispara, el que no pasa como tiene que pasar y quiere comer”, analiza, para aclarar que no todo el público aprecia esta distinción.

Importancia de la selección en las ganaderías

Actualmente, a pesar de que abundan muchas ganaderías, en opinión de Manuel Amador, no todos los ganaderos se preocupan por la selección, citando algunas ganaderías de antaño como Anastasio Fernández, Samuel Flores, Conde de La Corte o Carlos Núñez, en las que a través de selecciones exhaustivas se cortaba la cabeza a muchas vacas.

Sin embargo, hoy en día, aunque hay ganaderos que seleccionan muy bien, también hay muchos que, no teniendo mucha noción del mundo de la ganadería, compran una buena reata pero lo difícil es conservarla, cree Manuel Amador, señalando también la existencia de muchas ganaderías de gran nombre cuyos promotores ya murieron y los ganaderos que han continuado con ellas no han podido mantener la misma calidad, teniendo en cuenta que “la ganadería, una vez que se te va, es muy difícil volver a recuperarla, ya que la crianza de un toro lleva muchos años. Desde la selección de eralas hasta que se puede constatar si una cría ha ligado pueden pasar seis años”, apunta.

“Cuando toreaba Pedrés me emocionaba y sentía sus triunfos y fracasos como si fueran míos”

Manuel Amador, desde niño, tuvo una cierta relación con el mundo taurino por una estrecha convivencia de vecindad con el torero Pedro Martínez “Pedrés”, cuya trayectoria profesional era seguida por el pequeño Manuel Amador con interés: “Cuando él toreaba yo me emocionaba sentía sus triunfos y sus fracasos como si fueran míos”, recuerda. Sin pensar todavía en convertirse en torero, empezó a frecuentar con amigos la plaza de toros hasta que una mañana cogió un capote y, observando que ya nacía en él una cierta afición, empezó a entrenar junto a su primo Juan Correas.

La primera vez que toreó una becerra fue en familia como diversión. Como a Manuel y a Juan les hacía ilusión torear, alquilaron una becerra a un ganadero llamado Risoto por 25 pesetas y pidieron al torero Juan Montero, por la gran amistad que los unía a él, que les acompañase. Manuel Amador recuerda “aquella mañana espléndida, en la que cuajé la becerra muy bien y en aquel momento me sentí torero. Me dio un arañazo en el muslo y yo creía que era la medalla de honor que me habían puesto: en ese momento fue cuando realmente surgió en mí la verdadera afición”, asegura el Matador.

Tras su debut en La Gineta como novillero sin caballos en 1956, Manuel Amador empezó a torear sobre unas 15 corridas cada año, destacando su presentación en la plaza de toros de Albacete en 1957, en la que actuó varias tardes con resultados sobresalientes, hasta que el 15 de agosto de 1959 hizo su debut con caballos en Cartagena, cortando tres orejas y un rabo y saliendo a hombros. Desde entonces y hasta que tomara la alternativa cinco años después, recorrió toda la geografía taurina en calidad de novillero de la mano de afamados apoderados.

Partidario de mantener la actual plaza de toros

Aunque en Albacete había una plaza de toros desde 1829, el actual coso taurino de la ciudad fue construido en 1917 y diseñado por los arquitecto Julio Carrilero y Manuel Sáiz de Vicuña. La plaza de Albacete, con detalles de tipo neo-musulmán, arcos apuntados y todo un repertorio historicista, es muy parecida a la plaza de Madrid, dado que sirvió de modelo para la construcción de Las Ventas, obra también de Julio Carrilero.

A pesar de que nuestro coso taurino ha sufrido, a lo largo de casi un siglo de existencia, diversas remodelaciones, como la reforma de los tendidos de 1918, en los que se colocó la piedra de Novelda que tiene actualmente, el cambio de la cubierta en 1921 y la ampliación del aforo hace unos veinte años, que es el que permanece actualmente en 10.000 personas, se está estudiando la posibilidad de crear una nueva plaza de toros dentro de un palacio multiusos, una propuesta que ha levantado polémica en el sector taurino de la ciudad.

Ante las dos opciones existentes, construir un nuevo edificio para espectáculos taurinos o el mantenimiento de la actual plaza de toros de Albacete, Manuel Amador se muestra firmemente partidario de la segunda opción por diversas razones, entre las que destaca su ubicación y su diseño, siempre y cuando sea posible desde el punto de vista técnico una ampliación.

Para mejorarla en lo que respecta a sus condiciones de comodidad y adecuarla a los tiempos actuales, el maestro propone, si es viable, levantar un piso más con palcos y lo demás dejarlo tendido con asientos más amplios, de manera que “las plazas que se perdieran abajo se agregarían en la parte superior, quedando así la misma plaza, con una calidad similar y ubicada en el mismo lugar pero más cómoda”, sugiere.

La Escuela Taurina de Albacete, referente nacional

Desde su creación, la Escuela Taurina de Albacete se ocupa de dotar a los aspirantes a toreros de los medios técnicos y didácticos para el aprendizaje de esta profesión. Como director y profesor de la Escuela Taurina de Albacete durante algunos años, Manuel Amador considera muy importante la labor didáctica que hoy se realiza en las escuelas taurinas, donde “se les enseña a torear intentando verle la personalidad a cada hombre para respetarla, porque una vez que aprenden a colocarse y a ser profesionales, cada torero debe tener su idiosincrasia”, defiende.

Manuel Amador, reconociendo que la escuela de su época no era otra que acudir a la plaza para observar y fijarse en los grandes del momento como Pedro Martínez “Pedrés” o Juan Montero, sabe apreciar el valor que tienen en la formación de los futuros novilleros las enseñanzas de los profesionales de las escuelas taurinas, añadiendo otras actividades que hoy en día también ayudan a los jóvenes a abrirse camino, como el Concurso de Puerta Grande, en el que se elige al mejor matador de toros de Castilla-La Mancha y que, bajo su punto de vista, es un acierto extraordinario porque “ofrece una gran oportunidad a esos muchachos a los que les cuesta tanto trabajo que se les abra una brecha”, significa el torero albaceteño Manuel Amador.

En apoyo de los toreros locales

Manuel Amador no duda en afirmar que la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, en cuanto a categoría, hoy día es la primera plaza del mundo, “sobre todo porque es la que te abre las puertas de todas las demás, mientras que la Maestranza de Sevilla te da la categoría de gran torero”, matiza, enumerando otras plazas que considera importantes, entre las que se encuentra también la plaza de toros de Albacete y su Feria Taurina, en la que se ofrece una magnífica oportunidad a los toreros de Albacete, aunque cree que es muy importante realizar una selección de los mismos, tanto por el propio torero, al que si no está preparado se le puede hundir, como por el prestigio de la Feria.

Por otra parte, para el Matador, los toros que se están trayendo a nuestra feria son grandes y desfasados, lo que no ayuda mucho al impulso de los toreros locales, “incluso hay grandes figuras del toreo que no quieren venir a Albacete alegando que es una plaza de segunda con toros de primera”, apunta, manifestando su convencimiento de que este año habrá unos carteles excepcionales y acordes con el tipo de corrida que pide Albacete.

Por experiencia propia, Manuel Amador cree que, aunque en Albacete siempre se ha intentado apoyar a los toreros de la tierra cuando empiezan, una vez que éstos ya están posicionados se les exige muchísimo y “venimos a Albacete con un miedo espantoso, con una responsabilidad grandísima y dando más que en ningún otro sitio”, subraya.

Albacete, una ciudad de arraigada afición taurina

A pesar de que Albacete es una tierra excepcionalmente taurina, en la que existe una gran afición, en opinión de Manuel Amador, actualmente y no sólo en Albacete sino también en muchos sitios de España, las corridas de toros han quedado reducidas al ámbito de las ferias, en las que existe un importante peso social y en las que no todo el mundo que acude a la plaza lo hace por afición.

El verdadero aficionado, continúa, es el que sabe qué clase de torero va a ver y qué clase de toro tiene enfrente de él para ejecutar aquello que le está exigiendo a un torero o a otro, ya que en el toreo, como arte que es, cada aficionado tiene su gusto, hay quien prefiere al torero artista mientras que a otros les atrae más el torero tremendista, pero “lo que hay que valorar es que en ese momento el torero esté dando todo aquello que él tiene”, estima, destacando la presencia en el panorama taurino actual de importantes figuras, desde los más jóvenes que están saliendo con gran fuerza como Sebastián Castella, que este año está consolidando definitivamente su carrera, o el Juli, que se viene manteniendo de una forma excepcional, hasta toreros veteranos como Enrique Ponce o José Tomás, quien con su regreso a los ruedos ha creado este año una gran expectación.

En cualquier caso, Manuel Amador reitera que la afición taurina albaceteña es bastante grande, prueba de ello es la expectación que despiertan las corridas de toros que se emiten en Televisión Castilla-La Mancha, que está realizando “una labor taurina extraordinaria que beneficia tanto al espectador como al ámbito taurino”, concluye el torero albaceteño, Manuel Amador.

Manuel Amador se retiró definitivamente de los ruedos en Madrid, en el año 1980

Manuel Amador tomó la alternativa en mayo de 1964 en la Maestranza de Sevilla, con Curro Romero de padrino, Carlos Corbacho de testigo y toros de Buendía de Santa Coloma. Al año siguiente, confirmó la alternativa en Madrid con Manuel Benítez “El Cordobés” y Curro Romero en el cartel de esta corrida que fue televisada y de la que los tres salieron por la puerta grande.

En 1965, Manuel Amador toreó 50 corridas entre España y América, en las que sufrió tres cogidas pero también cosechó importantes éxitos. Sin embargo, una cogida de pronóstico grave en la plaza de toros de Barcelona en 1967 le incapacitó para el ejercicio de su profesión durante bastante tiempo, ya que le obligó a estar año y medio escayolado con el húmero roto.

Después de este paréntesis y con una placa y seis tornillos, Manuel Amador volvía a los ruedos, no sin el esfuerzo que conlleva retomar la profesión. Resentido todavía por la cogida de Barcelona, en 1972 se retiró en Sevilla aunque en 1978 volvió otra vez al mundo del toreo, retirándose definitivamente en 1980 en Madrid, hecho que Manuel Amador lamenta profundamente, más que por él mismo, por sus admiradores, ya que en su opinión, “cuando hay un torero que está en activo y tiene aceptación, es una pena privar al público de verlo”.