Pocas localidades de interior, no sólo en Castilla-La Mancha, sino en España, reúnen la combinación de atractivos que individualiza Almonacid de Zorita, en Guadalajara. Las aguas del río Tajo, detenidas en Bolarque, o las del Guadiela, que llega a la villa alcarreña después de haberse remansado en Buendía, transmite paz e inspiración al viajero contemplativo. Son el paraíso para quienes gustan de la fotografía, plena de color en cualquier época del año, o para quienes practican entre otros los deportes acuáticos.

Adentrarse en las aguas de Bolarque es hacerlo en un embalse pintoresco. La proa del barco, que puede alquilarse en el Club Naútico, surca las aguas del Tajo rodeada de altos murallones de rocas, desde Almonacid hasta las proximidades de Sacedón, mientras el viajero puede contemplar en la superficie, por ejemplo, las torres y almenas del castillo de Anguix, el desierto de Bolarque o la vegetación típica de la , reflejada en el espejo cristalino que ofrece el río.

La Villa está rodeada de una naturaleza impresionante, que la contextualiza, pero además, es heredera de un pasado que ha dejado bellísimas huellas en sus calles. Situada en la Baja Alcarria, estuvo ocupada por los árabes desde el año 712 al 1085. Tras la reconquista, Almonacid quedó en poder directo del rey, bajo la tutela del castillo de Zorita, siendo gobernador del mismo Alvar , primo del Cid. En 1152 el Almonacid al Conde don Ponce de Cabrera, pero el castillo y lugar de Zorita quedó en propiedad real, alentando su repoblación con un Fuero muy favorable. Posteriormente pasó a manos de don , cuya mujer, Doña Sancha Martínez en 1176, donó la aldea a la , entonces recién fundada. Doña Ana de la Cerda, princesa de Eboli, dueña de Pastrana, Sayatón y Escopete, intentó también comprar Almonacid, pero no contaba con el firme propósito de sus vecinos de continuar siendo vasallos de tan sólo el Rey, y por tanto, de seguir adscritos al Señorío de la Orden de Calatrava. Se consiguió que el emperador diera un privilegio en el que reconocía que Almonacid seguiría por siempre perteneciendo a la Orden de Calatrava, y siendo por tanto de señorío real, sin poder ser enajenada a particular alguno. Para ello el pueblo se comprometía a pagar dos millones de maravedíes (unos cinco mil ducados). Todos los periodos históricos han dejado huella en el casco urbano de Almonacid. La Villa almorcileña estuvo completamente amurallada, el trazado de la muralla todavía puede seguirse y aún se ven sus restos entre las casas. De las cuatro puertas que tuvo, se conservan dos: al Este la de Santa María de la Cabeza, y al Oeste la de Zorita. Pasando a su través, el visitante inicia un viaje en el tiempo. La piedra arenisca, sabiamente labrada, le sorprenderá a cada paso, dejando testimonio de la historia que encierra la Villa.

Parada obligada es la de la Plaza donde el Ayuntamiento preside un bello conjunto urbano con sus soportales acompañando a la Torre del Reloj. La se asienta sobre las antiguas dependencias del Pósito Municipal. En su interior se puede encontrar un importante archivo histórico, un arcón renacentista de los tres claveros, la maquinaria del antiguo reloj de la torre perfectamente restaurado, y las obras ganadoras del concurso nacional de pintura, que tras 33 años se viene celebrando en la localidad.

La Torre del Reloj eleva su silueta para servir de guía a las horas y faenas de los habitantes del pueblo, mediante el tañer de sus campanas. Visible desde decenas de kilómetros de distancia, identifica Almonacid de Zorita. En su fachada, a media altura, tiene una placa de piedra tallada que exhibe las armas de Castilla y una leyenda que expresa la construcción de la torre en 1590, por Don Juan Céspedes, gobernador de la provincia de Calatrava de Zorita.

A poca distancia se encuentra la Iglesia Parroquial de . Tan hermosa por fuera, como sorprendente y llena de tesoros por dentro. Se trata de un edificio del siglo XV, testigo de la transición entre los estilos arquitectónicos del gótico isabelino y renacentista. En su interior se conserva El Cristo de la , pieza gótica del siglo XIV, y un retrato de San Martín, dos obras de gran calidad.

El Convento de Los Jesuitas es un bello conjunto barroco que alberga varios edificios: la ermita de la Virgen de la Luz, el centro Cultural ‘Condes de Saceda’ y las antiguas escuelas hoy día Centro de Mayores. Todo el conjunto constituye el foco cultural de la vida de Almonacid. En el interior de la Ermita, de estilo barroco, destacan: los escudos heráldicos de Goyeneche y marqueses de Belzunce, protectores que fueron del convento y colegio jesuítico, los frescos del presbiterio y los cuatro lienzos de los arcángeles en las pechinas.

Quizá estas sean las visitas imprescindibles, pero hay muchos otros edificios de interés, como la antigua Ermita Virgen de la Luz (actualmente restaurada como centro de exposiciones y actos culturales), la Casa Palacio de la Condesa de , el Convento de la Concepción, el Antiguo Humilladero del siglo XVI, que se utilizaba como punto final de oración y meditación de las procesiones del Vía Crucis, el palacio gótico Casa del Comendador, la Plaza del Coso, el Rollo o picota y la antigua farmacia en la que ejerció su profesión de boticario el poeta Felipe, y que se encuentra perfectamente conservada.

El entorno natural, la historia de una villa orgullosa y el patrimonio arquitectónico, están, todos ellos, rodeados de leyendas y bellas tradiciones. Tanto en el Archivo parroquial como en el Municipal se conservan los libros de algunas de las cofradías y hermandades que hubo en Almonacid. En la actualidad destaca la del Santísimo , que ya existía en 1540, y que desde su fundación, y con dos breves periodos de inactividad, (uno en el siglo XIX y el forzado de la guerra civil de 1936-39), sigue activa. En la actualidad todos los terceros domingos de mes, al finalizar la misa se sigue celebrando la Minerva.

En el calendario anual festivo almorcileño, destacan entre otros los Mayos junto con la festividad del . Este día por la mañana se adornan las calles de la Villa por donde pasa la procesión, con alfombras hechas con serrín tintado de diversos colores, lo que da un enorme realce a la festividad, declarada de Interés Turístico Provincial al igual que la procesión Marinera en honor de la virgen del Carmen que tiene lugar en el mes de julio.

La fiesta patronal se celebra el día 8 de septiembre bajo la advocación de Nuestra Señora de la Luz. El novenario, misa solemne y procesión con la imagen de la Virgen, forman parte de la celebración junto con otros de carácter profano, como verbenas, corridas de toros (en su magnífica plaza cerrada construida a finales del siglo XX), y que se cierran con la romería a la Ermita de San Antón en plena sierra, donde se venera a la Virgen de los Desamparados.