Un diagnóstico precoz y la adopción de una serie de hábitos son fundamentales para paliar los efectos del Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta con deterioro cognitivo y trastornos de la conducta.

Según estimaciones del servicio de Neurología del , el número total de afectados en nuestra provincia podría ascender a 2.000, y actualmente alrededor de mil personas están diagnosticadas y en tratamiento.

Con motivo de la conmemoración del Día Mundial del Alzheimer, desde este servicio recuerdan que aunque esta enfermedad tiene un importante componente genético que no se puede evitar, sí es posible actuar frente a otros factores de riesgo como “la diabetes y la hipertensión arterial”, y realizar ejercicio físico moderado.

Asimismo, señala el jefe de Neurología del , , resultan “muy importantes” prácticas de estimulación cognitiva, “como leer, participar en debates, realizar crucigramas, sopas de letras o ejercicios de memoria, que aumentan el número de conexiones entre neuronas, que es lo que nos da las facultades cognitivas”.

Según el doctor Yusta, es fundamental el trabajo de los neurólogos en la detección de la enfermedad, que a veces puede confundirse con otros problemas, como la ansiedad, “que genera baja capacidad de concentración del individuo, lo que lleva a no encontrar las palabras y a olvidos” o cuadros depresivos, en los que el mayor se muestra “tan inhibido que puede llevar a confundirse con deterioro cognitivo, cuando no es tal”.

Un síntoma fundamental de la demencia, subraya Antonio Yusta, es la incapacidad para desarrollar actividades habituales y para adquirir nuevos conocimientos.

Aunque no existe a día de hoy una cura para el Alzheimer, se busca la mejora de la calidad de vida de los pacientes y cuidadores, y hacer más lento el avance de la enfermedad.

Los fármacos actuales se basan en aumentar una sustancia cerebral llamada acetilcolina implicada en procesos cognitivos como la atención, el aprendizaje, la memoria a corto plazo y la toma de decisiones.

Asimismo, se están llevando a cabo ensayos clínicos con medicación intravenosa para tratar de deshacer acumulaciones de la proteína Beta-Amiloide, que se relaciona con la formación de placas del Alzheimer, para así evitar la destrucción de neuronas y detener el avance de la enfermedad en sus etapas iniciales.

El doctor Yusta también pone el acento en las investigaciones y los progresos experimentados desde el punto de vista del diagnóstico precoz, para evitar diagnósticos dudosos y así tratar la enfermedad con prontitud.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia y aparece con mayor frecuencia en mayores de 65 años, aunque existen casos en los que ha podido aparecer desde los 40. Curiosamente, la prevalencia de la enfermedad disminuye a partir de los 90 años, lo que se achaca a que se trata de personas “genéticamente mejor equipadas” frente al Alzheimer.

El síntoma inicial es la incapacidad para adquirir nuevos recuerdos y según avanza la enfermedad aparecen confusión mental, irritabilidad, agresividad y cambios de humor, trastornos de lenguaje, pérdida de memoria a corto plazo y tendencia al aislamiento. Finalmente, se produce una pérdida de las funciones biológicas, que conduce a la muerte del paciente.