José Luis Fernández Liz. (Nota autobiográfica)

Dicen de mí que nunca se sabe si bajo o subo la escalera y que siempre dudo entre lo blanco y lo negro para terminar inclinándome por lo contrario. Según parece es algo que no se arregla con los años porque viene con los genes; me pasa por ser gallego. Tal vez eso sea lo único realmente destacable de mi currículum. Bueno, eso y que nací con una cámara al hombro, que no es muy frecuente. Además, aseguran que se parece a mí, que también es muy gallega: lo mira todo, escucha atenta y calla. Después, al anochecer, rodeados de silencio, me desvela lo que ha visto su mirada: cruceiros con memoria, lágrimas de rabia, cuentos de sirenas, gentes extrañas, miserias de todo tipo con toda clase de hazañas. Disfruto escuchando lo que dice y gracias a ella sé que estoy aprendiendo a ver.

Un día emigré. Como mis padres, como todos los gallegos. Dejé mi natal para irme a hacer Preu a y de paso tantear otros rumbos. No los he encontrado jamás ni tampoco el camino de vuelta, aunque los sigo buscando. Mientras tanto me he ido ganando el sustento como catedrático de . Me gusta beberme la vida sin trampas, dedicar algún tiempo a escribir y confieso que en ocasiones, en medio de la fotografía, tengo la sensación de que estoy vivo.