Sinopsis:

Un contador de cuentos se ve obligado a vender chucherías para de esta manera atraer publico a quien contar sus historias.

Apasionado por el cuento de garbancito –de alguna forma el cuento le aporta esperanza a su propia existencia de la que el mismo piensa que es insignificante- siente además una enorme curiosidad de lo que le pudo haber ocurrido a Garbancito dentro de la barriga del buey.

Una vaquera a la que encuentra en el camino de un pueblo a otro conoce esa parte de la historia.

El Pequeño Espectador

Llegamos tarde a la representación de Garbancito en la barriga del buey, ¡ay! Cuando nos aposentamos en el incandescente suelo de la Plaza de España de Villanueva de la Cañada los actores-músicos ya están en escena… El buey-bicicleta-tambor también. Mi pequeño espectador de 9 años ve a los actores y dice “Mamá, esto es para pequeños”, se levanta y se va. ¡Definitivamente no hemos empezado con buen pie! Yo miro a los actores y pienso que el calor también les está afectando… Falta algo de tempo y salero en escena. ¡Y nosotros que nos habíamos desplazado hasta aquí para ver el galardonado como mejor espectáculo de tíretes de los Premios FETEN 2017! Pero los FETEN no se equivocan. Ellos habían galardonado a los títeres y, en cuanto a parecen, traen con ellos la magia. Entonces todo me cuadra… ¡es que los actores no son actores! ¡son titiriteros!

Garbancito en la barriga del buey, narra la historia de un cuentacuentos que repite una y otra vez, de forma incansable, su cuento favorito: “Garbancito”. Pero su vida cambia el día que se cruza con otra narradora que conoce una parte “secreta” de la historia: qué pasó cuando el protagonista cayó en la barriga del buey. Algo demasiado grande, demasiado rico, demasiado complejo para ser contado “solo” por actores.

Con toda la vida por oficio (exactamente toda mi vida pues llevan “titiriteando” desde mi año de nacimiento, 1981, ¡ahí es nada!), La Gotera en Lazotea derrochan oficio. Y digo derrochan, porque rozan lo inverosímil en su práctica. Mi niño mayor vuelve enseguida a su sitio en cuanto comprueba que, para contar la historia de Garbancito dentro de la tripa del buey, se nos presentan multitud de personajes. ¡Multitud, sí, multitud! Porque hay solo dos titiriteros pero, en ocasiones, hasta cuatro títeres en escena.

Y, ¡a una distancia entre ellos increíble solo para dos cuerpos! El texto de la obra fluye, lleno de gracejo y poesía; siendo original de Juan Manuel Benito tiene ecos de los títeres “de cachiporra”, de la albahaca y la Rosalinda de Lorca y Valle Inclán. Y son tan exquisitamente osados que hasta se atreven a dejar una mano sin títere en escena y, por lo tanto, a un titiritero huérfano. ¡Metateatralidad, volià! Garbancito, el protagonista, se convierte en un simple muñeco sin vida porque la reina malvada que colecciona mentiras le cose la apertura de la mano. ¿Tendrá esta enorme ruptura de la ficción, de la fantasía, solución?

La Gotera de Lazotea salpica además, la más pura tradición titiritera con mucha contemporaneidad; con guiños, no poco adultos, a nuestra situación económica o política. Es perfecto, por otro lado, ver esa obra sentados en una plaza. Tal y como sucedía cuando los titiriteros recorrían con sus carros los pueblos. La Gotera continua esta tradición itinerante (no hay más que seguirles en su twitter para ver que cada día están en una punta de España, o del extranjero…) solo que ellos en vez de en carro, ¡van en furgoneta! Mis tres pequeños espectadores disfrutan de la obra de principio a fin. Disfrutan de la cachiporra y del lirismo, de la tradición y de las rupturas. Y, naturalmente, disfrutan de la escatológica y bellísima salida de Garbancito de la tripa del buey. No desvelo el porqué de esta aparente paradoja para no aguar la sorpresa a ninguno. Aprovechen el paso de La Gotera de Lazotea por su pueblo o su ciudad y véanlo ustedes mismos. Si no han pasado aún es cuestión de tiempo. No los dejen escapar