La presencia de litiasis o piedras en la vejiga urinaria ha acompañado al hombre desde la Prehistoria y ya en los antiguos escritos médicos del siglo V a.C. el médico y “padre de la medicina”, Hipócrates, describe la enfermedad ocasionada por las “piedras homicidas”. Durante siglos se pusieron en marcha procedimientos varios para la extracción de la piedra vesical sin contar ni con la anestesia ni con los tratamientos para la infección. Aquellos antepasados de los actuales urólogos precisaban de una enorme habilidad para realizar una operación muy difícil y peligrosa para los pacientes y para la reputación de quien la practicaba. A pesar de ello muchos enfermos fueron salvados del sufrimiento y de una muerte terrible y segura.

Tres son los procedimientos quirúrgicos para la extracción de la piedra vesical : el primero cortando el tejido hasta la vejiga urinaria a través de la zona situada entre el ano y los testículos (periné); el segundo es el paso de instrumentos a través de la uretra para llegar a la vejiga y allí poder aplastar y romper la piedra en pequeños fragmentos expulsivos de forma natural; y finalmente abriendo la vejiga urinaria a través del abdomen. Cada uno de estos procedimientos tiene una larga historia acompañada de éxitos y de fracasos hasta llegar a nuestros días.

El objetivo de la operación (litotomía) era liberar al paciente de sus síntomas dolorosos llegando hasta la vejiga y extrayendo el cálculo lo más rápidamente posible con el menor daño de los tejidos y con el mínimo riesgo para el paciente. Sin anestesia y sin antisepsia y con solo algunos mínimos instrumentos era necesaria una especial habilidad, de la que solo algunos litotomistas dispusieron disminuyendo la hemorragia, las fístulas de orina, las lesiones del intestino y las infecciones de la herida y de la propia vejiga urinaria.

El abrir la vejiga urinaria a través del periné para extraer una piedra vesical, litotomía (litos, piedra, otomy, hacer una incisión en ) fue practicada por los antiguos cirujanos hindúes, griegos, romanos y árabes.

Alejandría, a la muerte de Alejandro Magno (325 a.C.) y en la época de los Ptolomeos se convirtió en la capital intelectual del mundo helenístico. Ammonius de Alejandría (260 a.C.) extrae las piedras vesicales a través del periné y para aquellas que son demasiado voluminosas las fragmenta a través de la incisión con un instrumento en forma de tijera que atrapa la piedra y la fragmenta golpeando desde fuera con un martillo de madera, recalcando que no debe lesionarse ni el cordón espermático ni el recto.

El enciclopedista romano CELSO (25 a.C.- 50 d.C.) vivió en el siglo I de nuestra era, bajo el reinado de Augusto, y marcó una importante etapa en la historia de la enfermedad calculosa vesical. Sus escritos tienen una elegancia especial, por lo que mereció ser llamado el nombre de Cicerón de la medicina. Describe la intervención quirúrgica de la litotomía perineal tal como la practicaban los egipcios y los griegos y toma su nombre. La talla celsiana, que consiste en la incisión de los planos perineales encima del cálculo desplazado superficialmente por medio de los dedos introducidos en el recto, tal y como había recomendado el hindú Susruta, se mantuvo durante siglos como la soberana en el tratamiento cruento de la piedra en la vejiga.

Esta sencilla operación, que no precisaba de instrumentos especiales, solo un cuchillo y un par de pinzas o ganchos para extraer la piedra, se conoció como operación menor o “de apparatus minor”.

Anatómicamente se realizaba la apertura de la base vesical inmediatamente por encima de la próstata y por esta razón la operación solo se practicaba en muchachos jóvenes, ya que en ellos la próstata es pequeña.

Después de Celso y en la Roma de Marco Aurelio ( siglo II d.C. ), Galeno de Pérgamo, nacido en Asia Menor en el año 128 d.C., describe y seguramente practica el “corte de la piedra” a la manera de Celso y describe los factores de riesgo en la formación calculosa: dieta, alcohol, gota, reumatismo, etc., y atribuye las enfermedades a la alteración de los órganos y no a los humores en el sentido hipocrático. Su doctrina duraría más de quince siglos.

Del siglo II hasta el VII, se encuentran algunos hábiles operadores. Antillas modifica afortunadamente la talla de Celso y recomienda hacer la incisión sobre el cuello vesical mejor que en el propio cuerpo de la vejiga para lograr una mejor cicatrización. Philagrius dejó una amplia descripción de los cálculos de los riñones y de la vejiga. Aetius, fiel, como todos los cirujanos de su época, a la talla celsiana, diseña un bisturí especial para la incisión de los órganos profundos. Finalmente, Pablo de Egina, uno de los últimos discípulos de la Escuela de Alejandría, en lugar de la incisión superficial transversal de Celso, aconseja una incisión longitudinal oblicua, hacia la izquierda de la línea media del periné con la intención de aumentar las indicaciones de la operación a los adultos y a los viejos, ya que hasta entonces estaba prácticamente reservada para los niños.