En mayo de 1998, Pastor tuvo la oportunidad de publicar un libro titulado Cuentos Policíacos, con el apoyo del Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Albacete, dentro de su colección: Serie Negra. Un compendio de relatos cortos que habían sido reproducidos en el periódico La Tribuna de Albacete durante los años precedentes. Relatos explicando vivencias, algunas trágicas, acaecidas en nuestra querida ciudad de Albacete, y, además, aprovechando la coartada para enviar mensajes preventivos sobre determinadas infracciones penales, con especial referencia a timos y hurtos, denominados descuidos, auténtico objetivo personal y profesional del autor, que siempre ha buscado la divulgación como medio de formar a los ciudadanos para mejorar su autoprotección. La venta fue fulgurante y se agotó. Está pendiente otra nueva edición, cuando sea posible.

En diciembre de 2005, emprendió su segunda aventura, que tituló: Retazos de vida oscura. Esta vez, con la ayuda inestimable de buenos amigos, porque no encontró el respaldo institucional. Los tiempos, personas y circunstancias cambian y hacen diferente lo similar o igual lo contrapuesto, desgraciadamente.

Contenía la reproducción de relatos ya publicados, semanalmente, en La Tribuna de Albacete, entre 1998 y 2005, con la pretensión de entretener y formar informando, premisas que resumen la mejor intención periodística, verdadera devoción que nunca desmintió el autor.

La buena acogida de su primera edición, por iniciativa privada y tirada limitada, supuso la resuelta determinación de intentar una distribución nacional, oportunidad que hacía conveniente el cambio de título e imagen del libro. Aspecto exterior adecuado para llamar la atención de gentes de toda España tratando de buscar en las estanterías un entretenimiento con el que dejar transcurrir sus minutos.

Con esa vocación, en julio de 2006, nace Vacunas para el delito, verdadera segunda edición, mejorada, de Retazos de vida oscura, que aspira a ser eficaz para las potenciales víctimas, primando la explicación de los engaños -modo recurrente de sacar dinero-, y la protección de todo tipo de colectivos, aunque dejando un lugar privilegiado para los mayores, como afectados más habituales.

El libro quiere ser útil para todos e inmunizar a la mayoría de los que pudieran verse afectados por la enfermedad del delito. Garantiza una lectura rápida, amena, preventiva y curativa. Y pretende constituirse en un detonante inquieto para irradiar información hacia todo tipo de personas.

Para los mayores, sujetos pasivos de pícaros tradicionales -las novedades de Internet no les alcanza, por el momento-, que los buscan para cambiarles las estampitas, hacer negocios con los cupones de la ONCE, tramitar atrasos de la pensión, pedirles ayuda para desfavorecidos, dejarles pasar para mirar el gas, medir la casa para el catastro, reparar la máquina de coser, esperar a una vecina, presentarse como falsos emisores de familiares en apuros, llevarlos de viaje para venderles cosas innecesarias… En fin todo un desfile de personajes perversos frente a seres humanos con un perfil repetido: buena gente que presupone un buen corazón generalizado, incapaz de hacer el mal, que abren su casa a cualquier desconocido o firman papeles sin reparos quedando en manos de los que buscan su dinero. Timadores que, en principio, no generan más riesgo que una resta en el bolsillo.

Para los que tienen negocios, cuentas corrientes, capitales variados, auténticos chollos para el delincuente, porque sus víctimas utilizan páginas comerciales de Internet, trabajan con tarjetas de crédito, pagan con documentos mercantiles, firman escrituras, arriesgan grandes cantidades de dinero.

Para los que salen de marcha, porque beben, olvidan, dejan la chaqueta en cualquier parte, llevan el teléfono móvil o la cartera a flor de piel, trasnochan o madrugan con quién no deben, cantan y bailan con denuedo. También sacan dinero del cajero, dejan el coche con aspectos inadecuados, desconocidas velan sus sueños…

Para los profesionales dedicados a la atención de colectivos más débiles o poco informados, a los tienen la oportunidad de asesorar y orientar para no ser víctimas sencillas.

Para los jóvenes que aspiran a convertirse en policías, porque les introduce en el mundo del delito, sus modalidades y actitudes.

Para los policías que están en periodo de formación, porque será un complemento de sus contenidos teórico-operativos, aportando datos prácticos, que se consideran imprescindibles, y que podrán aprovechar en su futuro profesional, ya sea para facilitar esa información a los ciudadanos, como para aplicar antes, durante o después de la infracción: prevención, intervención e investigación.

Para los que ya son policías, hayan o no intervenido en situaciones parecidas, porque les proporcionará ideas y sugerencias con las que alcanzar el objetivo final de su función, que es ser servidores públicos de calidad.

Pero Vacunas para el delito no versa sólo de timos. Repasa toda una variedad de situaciones en las que podríamos vernos complicados. Comportamientos cotidianos en los que no reparamos en riesgos o facilidades para los amigos de lo ajeno, ya sea a la hora de salir de casa, cerrar la puerta, ir a la piscina, viajar en coche, esperar en la estación de autobuses, subir al tren, tomar el sol y bañarte en la playa, ocupar un apartamento, dejar el coche, aparcar la motocicleta, buscar trabajo, comprar por correspondencia, atender a concursos o rifas, comprar papeletas de navidad, salir de baile a la discoteca, tomar una cerveza con los amigos, dejar la cazadora en una percha, completar formularios para el banco a través de Internet, sacar dinero del cajero automático, pagar con tarjeta, cobrar con sofisticados instrumentos, vender productos aplazando el cobro, etc. Retahíla de modalidades delictivas infinita.