Este año 2009, cuando estamos en vísperas de la Feria más emblemática de nuestra historia, la del “Tercer Centenario”, va a estar presidida por una crisis económica sin precedentes, según cuentan, en los últimos cincuenta años.

Ello, sin lugar a duda, tendrá que influir de alguna manera en esa cultura consumista que nos invade últimamente, basada en el despilfarro desmedido, insolidario e insostenible, consumo que, en los diez días de nuestra feria septembrina, se ve incrementado de forma alarmante y preocupante.

Considero que esta situación de crisis económica puede ser una de las claves que nos devuelva a la celebración de una feria basada en otros valores y otra cultura que nada tiene que ver con el gasto desmedido y, mucho menos, con ese consumo irracional. En esta Feria de 2009 tenemos que apostar por criterios de participación, de estrechar las elaciones familiares y de amistad, en definitiva, podemos poner en práctica iniciativas que nos permitan vivir la feria y la fiesta aprovechando los actos y acontecimientos que nos brinda la programación de la misma sin necesidad de hacer grandes excesos de gasto.

Estoy seguro de que la imaginación, la iniciativa y las ganas de divertirnos, de participar y de vivir nuestra feria, no están en crisis, y que la ciudadanía dará una vez mas muestra de su madurez y responsabilidad recuperando un estilo en la forma de vivir la feria alejada del gasto excesivo, ya que ello no garantiza mas disfrute de la misma, más bien en muchas ocasiones constituye frustración.

La Feria de Albacete es una feria abierta, espléndida, con cantidad de actos y actividades culturales, deportivas y recreativas libres y gratuitas que propician el ambiente adecuado para la diversión sin que nadie se sienta discriminado, permitiendo que todos, sin hacer grandes de-sembolsos económicos, podamos vivir y disfrutar de la feria y sin que la crisis tenga necesariamente que notarse entre los colectivos que con mayor crudeza están viviendo la misma.

Pero lo manifestado anteriormente, como podremos observar durante el desarrollo de la Feria, no será obstáculo para que el balance económico de la misma no se vea resentido, ya que en esta situación de crisis hay una buena parte de la ciudadanía que no esta afectada por la misma, las crisis siempre las sufren los mismos. Esto se pone de manifiesto comprobando el mantenimiento en el ritmo de vida, de consumo y de costumbres de cantidad de ciudadanos a los largo de todo el año, y que durante la feria seguirán manteniéndolo. Ambas situaciones son perfectamente compatibles, aunque lógicamente resultan injustas e insolidarias.

Esto que acabo de comentar tendremos la oportunidad de poderlo observar, pues existen acontecimientos en el trascurso de esta Feria de 2009 que arrastrarán hasta nuestra ciudad a miles de ciudadanos de otras provincias, comunidades de nuestro País, y me atrevería a decir que de otros países, dispuestos a pagar y gastar importantes cantidades de dinero para acceder a los mismos. Esta es la grandeza de nuestra feria, a diferencia de las de otros lugares donde solo se tiene acceso a disfrutar de la misma pagando y en algunas de ellas ni pagando. La nuestra actualmente es una feria abierta, acogedora, en la que a todos se nos permite participar y disfrutar a través de una programación amplia y diversa en la que tienen cabida todos los colectivos sin discriminación.

Si algo positivo se vislumbra de esta situación de crisis que estamos viviendo, en mi opinión, es que los consumidores empezamos a tomar conciencia de que, quienes han provocado esta situación, son los grandes beneficiarios de la misma, ya que siguen haciendo negocio a costa de ella, explotando y abusando en muchos casos de los afectados por esa crisis. Por ello, es el momento de actuar mostrando nuestra propia capacidad para obrar en consecuencia sancionando productos y establecimientos que incrementan injustificadamente sus precios, pasando de consumirlos y comprobando que no son necesarios para divertirnos y pasarlo bien. Los consumidores tenemos un poder que no estamos ejerciendo y esta feria puede ser un buen momento para llevarlo a la práctica.

Hechas estas reflexiones, cabe hacer un llamamiento a colectivos y profesionales que regentan establecimientos en el recinto ferial y sus aledaños, para que en esta situación de crisis los precios de los productos mas elementales, alimentación, atracciones infantiles y juguetes, entre otros, moderen sus precios. Entiendo que, por el volumen de visitantes y de ventas que se producen, permite sobradamente esa moderación y reducción en el precio. Sin que ello repercuta en un buen resultado económico.

El Ayuntamiento tiene el deber y la obligación, pese al respeto que merece la libre economía de mercado, de velar porque la feria esté al alcance de todos, no permitiendo que en las actuales circunstancias de crisis ésta se convierta, como ya ocurrió en otros tiempos ya muy pasados, en una feria clasista para pudientes (en este caso para no afectados por la crisis). Entiendo que en aquellos lugares que son concesiones municipales sí que se podría intervenir para establecer en las mismas un limite en el precio, controlando además e impidiendo los subarriendos especulativos que se producen en algunas de estas concesiones que terminan con el lógico encarecimiento de los productos.