La actual situación económica por la que estamos atravesando nos plantea varias interrogantes a los consumidores acerca de hacia dónde va el consumo o cuál es el futuro inmediato que nos depara la económica así como ¿cuándo veremos el final de la misma?. Estos son algunos de los principales interrogantes que se nos plantea y que intentaré ir dando respuesta a lo largo de este artículo de opinión.

En primer lugar cabe destacar que la actual crisis económica que estamos atravesando ha puesto en cuestión el sistema financiero por el que se rige el conjunto de los países europeos y me atrevería a afirmar que la práctica totalidad de los países del mundo. Es evidente que han cambiado los comportamientos de las entidades de crédito en sus relaciones con los ciudadanos a la hora de tramitar bien un crédito hipotecario o personal al consumo.

Esta nueva situación que constituye la relación entidad de crédito-usuario está influyendo de forma muy especial en el comportamiento que el ciudadano en su condición de consumidor tiene a la hora de afrontar sus compras diarias, así como en la forma que éste tiene de relacionarse con las empresas en las que realiza las mismas, viéndose incluso modificados los hábitos de consumo así como el orden de las prioridades que se adoptan a la hora de gastar dinero.

Podría afirmarse que esta nueva etapa de fuerte crisis económica, con importantes recortes salariales, y un paro que pese a la llegada del verano y los planes de empleo, no deja de ser preocupante; además de los incrementos de precios en servicios esenciales, como por ejemplo el sector eléctrico, que sin contemplarse la subida prevista para Julio, ya que al parecer no se va a aplicar, “según un estudio realizado recientemente por la Unión de Consumidores de España, UCE, la factura eléctrica de los hogares españoles se ha incrementado en los últimos años cinco veces más que en el resto de los países de la Unión Europea”, llegando a situarnos en el ranking de los precios más elevados del entorno. Hoy, cuando ha trascurrido un año de la entrada en vigor de la liberalización del sector, podemos asegurar que las ofertas recibidas hasta la fecha, por las más de 27 empresas con las que se puede contratar (todas ellas dependientes de las cuatro grandes compañías que han venido operando en nuestro país y que siguen controlando el sector), están siendo irrisorias.

Si a esta situación le agregamos el incremento que acaba de producirse de forma generalizada en los tipos del IVA, el resultado o conclusión deriva en una clara incertidumbre que embarga la vida de los ciudadanos, de forma especial de los más desfavorecidos. Y esta incertidumbre, a mi modo de ver, no sólo está motivada por el aspecto económico, sino también, y no menos importante, en lo que tiene que ver con el nuevo modelo de sociedad hacia el que irremediablemente nos dirigimos.

Es evidente que en esta nueva andadura que hemos iniciado tras la crisis financiera hay que encontrar el aspecto positivo y éste considero que lo podemos centrar en lo que se están percibiendo ya como nuevas tendencias y nuevos modelos socioeconómicos que se afianzarán en el tiempo y en los que el consumidor tendrá un nuevo protagonismo.

Basta comprobar cómo el índice de confianza de los consumidores se ha convertido en noticia de portada en los principales diarios, y no sólo de los de corte económico. Los grandes distribuidores comerciales han comenzado una guerra de precios anunciando a bombo y platillo un descuento equivalente al IVA, coincidiendo con la fecha de entrada en vigor del incremento de este impuesto, con el objetivo de fidelizar a sus clientes. Considerando además que un buen número de consumidores están apostado por incluir en la cesta de la compra las “marcas blancas” frente a las marcas de fabricante con el objetivo de obtener un abaratamiento de la misma, necesario por otro lado para ir ajustándose al nuevo modelo de consumo que las circunstancias actuales de crisis económica exigen.

Este contexto pone en evidencia un hecho claro: la relevancia que el consumidor va a tener en el modelo económico que se avecina. Estamos ante un consumidor informado, muy sensible a los cambios en las condiciones del mercado, usuario de las nuevas tecnologías que permiten, entre otras cosas, eliminar intermediarios en el proceso de compra, un consumidor que compara precios y experiencias de compra, en definitiva, un consumidor exigente.

Las asociaciones de consumidores debemos de responder a este nuevo modelo de consumo, exigiendo también un mayor protagonismo en las cuestiones que afectan al mercado y en las decisiones de carácter económico.

Finalmente considero que la salida de la crisis va a depender mucho de este cambio de actitud de los consumidores frente a los sistemas productivos y de distribución: con los nuevos modelos y actitudes de compra; eliminando una buena parte de los intermediarios, como factor de encarecimiento y apostando por las nuevas tecnologías y la sostenibilidad del Planeta, optimizando los recursos naturales generadores de empleo y acabando con esa lacra que supone las altas tasas de paro.