El médico flamenco Andrés Vesalio, nacido el año 1514 - día de San Silvestre - en Bruselas, fue, a los veintitrés años, catedrático de Cirugía y Anatomía en la Universidad de Padua. Allí analizó con infatigable tesón toda la anatomía del ser humano. Sus hallazgos se opusieron a los del gran Galeno, quien dominara la Medicina y la Anatomía desde sus inicios en el siglo II d.C. Vesalio manifestó que Galeno jamás había hecho la disección de un cadáver humano, y que su sacrosanta autoridad se basaba en la anatomía de cerdos, monos, perros y machos cabríos. Al cabo de cinco años Vesalio concluyó su monumental obra, De humani corporis fábrica. Todo cuanto vio y describió de las numerosas autopsias - aún era difícil conseguir cadáveres -, nos la narra su compatriota y colaborador Johann Stephan Kalcar. El 1 de agosto de 1542 dio fin al manuscrito. En junio de 1543, la editorial basilense Oporinus publicó el grandioso texto. Éste tenía seiscientos sesenta y tres folios, con más de trescientas ilustraciones. Al cumplir los veintiocho años, Vesalio alcanzó el punto culminante de su carrera.

La introducción de esta obra es una apasionada protesta contra la decadencia de la Medicina. Se abandona la dietética a los cocineros, la medicación a los boticarios, la cirugía a los barberos. Pero lo más deplorable es el estado de la Anatomía. “Las detestables modalidades pedagógicas de nuestro tiempo requieren que alguien - usualmente un quirúrgico o un barbero - diseque el cuerpo humano, mientras que el catedrático, guiándose por los textos aprendidos, describe de forma exhaustiva diversos órganos. Así pues, el hombre se yergue altanero sobre su podio y, adoptando una actitud evidentemente despreciativa, imparte doctrinas sobre hechos consumados acerca de los cuales no sabe nada por experiencia propia, sino a través de libros cuyo texto retiene en la memoria o simplemente lee de las páginas abiertas ante él. Por otra parte, quienes efectúan la disección son tan indoctos que no pueden mostrar ni explicar sus manipulaciones a los estudiantes; como el profesor jamás toca un cadáver y el disector desconoce los nombres latinos, lo cual le impide seguir el curso de la lección, resulta que cada cual hace su propia composición de lugar. Así, la enseñanza es pésima, se pierde un día tras otro con preguntas absurdas, y en esta confusión el estudiante aprende menos de lo que un matarife podría enseñar al profesor”.

Vesalio fundó la Anatomía moderna. El hecho de que su texto anatómico contuviera todavía algunos errores no le resta ningún mérito. Los coetáneos y sucesores de Vesalio prosiguieron su trabajo y fue entonces cuando se comenzó a descubrir metódicamente el cuerpo humano. Se ha dicho con razón que el siglo XVI es la cumbre de la Anatomía en la historia médica. Al cabo de poco tiempo, la disección fue para los médicos una tarea rutinaria. Había triunfado el pensamiento anatómico: sin un conocimiento cabal de la constitución física normal, es imposible reconocer y tratar las alteraciones orgánicas al sobrevenir la enfermedad.

Desalentado por los ataques de sus detractores, Vesalio renunció a la investigación anatómica, quemando incluso numerosos apuntes científicos, e ingresó, como su padre, en el servicio médico imperial, primero con Carlos V y después bajo Felipe II. No han llegado hasta nosotros pormenores sobre su muerte. Cuando, el año 1564, regresaba de un peregrinaje a Jerusalén, murió ahogado, o tal vez falleció en la isla jónica de Zante.

El mismo año en que apareció el revelador texto de Vesalio (1543) se publicó la obra de otro médico, que desencadenó igualmente una revolución en el pensamiento científico. El canónigo de Frauenburg (Prusia Oriental) Nicolás Copérnico (1473-1543), médico, astrónomo y teólogo, opuso su sistema heliocéntrico al geocéntrico de Ptolomeo (siglo II d.C): el centro del Universo no lo ocupa la tierra sino el sol.

Ambos, Vesalio y Copérnico, estudiaron en la famosa Universidad de Padua, y ambos rompieron las cadenas de una filosofía impuesta por la tradición y se enfrentaron a antiguas autoridades. En el siglo XIII había despertado ya tímidamente un nuevo realismo que se fortaleció con el tiempo hasta que, hacia principios del siglo XVI, dominaba ya toda la escena. El primer corolario de una crítica más afectiva fue la nueva Anatomía de Vesalio. El concepto “renacimiento” no fue, en rigor, aplicable a la Medicina hasta que Vesalio escribió su Fábrica. Toda modificación de la Medicina acaecida en las décadas subsiguientes debe ser vista como un efecto de aquella revolución natural que caminó libre de los prejuicios y las creencias autoritarias. El objetivo era una ciencia sin fisuras que descansara sobre las leyes de la Naturaleza.