La frecuencia de la litiasis durante siglos en Occidente estimuló la imaginación de los cirujanos para diseñar procedimientos e instrumentos capaces de eliminar estas “piedras homicidas”. Las técnicas cruentas, sin anestesia y sin medios para luchar contra la infección, dejaron muertes y secuelas a pesar del beneficio para otros más afortunados. El viejo sueño quirúrgico era el de extraer o eliminar las “piedras” vesicales por medios incruentos y a través de vías naturales, es decir transuretralmente (litotricia). Pero habría que esperar a los inicios del siglo XIX.

Tres jóvenes cirujanos franceses apenas finalizados sus estudios, Amussat, Civiale y Leroy d,Etiolles hicieron practicable y eficaz el procedimiento de la litotricia (litos, , y tricia, triturar). La polémica ante las Sociedades Científicas estaba abierta en una lucha sin descanso durante años para reivindicar la prioridad de los principios y de los instrumentos. La litotricia tuvo que ganarse su lugar en la cirugía frente a los procedimientos consagrados y tutelados por las Sociedades encargadas de supervisar las nuevas técnicas. El triunfo se conseguiría a mediados del siglo XIX siendo aceptada por la mayoría de los cirujanos europeos y norteamericanos. Gracias a Civiale, y su práctica en el Necker de París, se puede considerar como uno de los máximos contribuyentes al éxito de la operación.

Jean Civiale, nacido en 1796, llegaría a París en 1817 con una modesta formación para comenzar bastante tarde medicina. Pero con espíritu inventivo, y después de escuchar una lección de Dupuytren sobre los instrumentos de Gruithuisen, concibió el proyecto de curar a los calculosos vesicales sin operación sangrante. Para aplicar su método al mayor número de pacientes y darle a conocer, solicitó a la Asistencia pública algunas camas en un hospital y, para evitar las objeciones de financiación, ofreció una suma de dinero considerable que fue aceptada. Tal es el origen del servicio de vías urinarias del Hospital Necker de París. En 1818 presenta a la Sociedad ded la Facultad de Medicina un aparato destinado a producir la disolución de la “piedra” en la vejiga. Civiale insiste en que el fracaso de los disolventes utilizados era debido a su uso al azar ya que la composición del cálculo no era bien conocida. Por ello parecía necesario en principio recoger los fragmentos del cálculo para su análisis preciso, después emplear soluciones fuertes evitando el contacto con las paredes vesicales. Tal fue la idea que guió las primeras investigaciones de Civiale. El instrumento diseñado se llamó trilabo o modelo de tres ramas retenidas en un tubo y capaces de abrirse en la vejiga. Entre las tres ramas se situaba una fresa movida en rotación. La “piedra” retenida por las tres ramas era limada por el estilete-fresa y los fragmentos extraidos para su análisis. Civiale no aporta nada original pero fue capaz de aunar varios principios establecidos anteriormente : posibilidad de cateterizar la uretra con instrumentos rectilíneos (Amussat), y de un voluminoso calibre (dilatación uretral previa), pinza de tres ramas (Sanctorius), fresa dotada de un movimiento de rotación (Fournier y Gruithuisen). Una vez establecida la composición química del cálculo, y unos días más tarde, se introducía otros instrumento dotado de una especie de saco, a través de la uretra con la intención de atrapar el cálculo e inyectar en él un disolvente concentrado sin contacto con las paredes vesicales. Este segundo instrumento diseñado nunca llegó a utilizarse. Civiale se dedicó a perfeccionar su primer instrumento intuyendo que sólo él era necesario para pulverizar la “piedra” y lo presentó a la Academia en 1823 siendo totalmente aceptado. A pesar de las controversias y polémicas, Civiale siguió una carrera brillante hasta su muerte en 1867.

James Leroy d,Etiolles (1798- 1860), siendo aún estudiante presentó sus primeros ensayos con la litotricia. Siempre sería más inventor que clínico pero siempre reivindicaría sus descubrimientos en numerosos artículos en contra de sus numerosos detractores y enemigos contra los que siempre ejerció su pasión por la discusión. Su instrumento litotritor ( el litopriono ) está formado por una sonda recta por cuya extremidad pueden salir cuatro ramas formando una especie de cesta donde la piedra es atrapada; una fresa sale de la extremidad de la sonda en dirección a la cesta y, animada por un movimiento de rotación, perfora la piedra ( se trata del principio de Fournier ). La semejanza con el trilabo de Civiale enfrentó a ambos durante muchos años.

Otro cirujano de la misma época, Jean Zulema Amussat,(1796- 1852), sus estudios sobre la anatomía uretral le condujeron a demostrar la posibilidad del cateterismo recto, diseña un instrumento totalmente diferente : dotado de dos ramas puede atrapar el cálculo entre ellas y la presión ejercida desde fuera lo puede fragmentar . Este instrumento sería pronto abandonado, pero el principio sobre el que se basa sería retomado por Heurteloup.

Heurteloup (1793- 1864) capaz de plantear siempre, frente a sus rivales, argumentos sólidos, atrayentes y a menudo irrefutables. Este inventor tiene el mérito de construir un instrumento en cuyo principio se basaron el resto de los aparatos litotritores. Este principio fue tan importante como los enunciados por Civiale. El percutor curvo con martillo dotado de dos ramas, una de las cuales recibo los golpes del martillo destinados a demoler y luego pulverizar la “piedra”. La operación la denomina litotripsia ( lithos, piedra, tripsia, triturar ). Una de las críticas que se hizo a este instrumento fue que las ramas incrustradas de restos calculosos lesionaban la uretra al retirarlo. Para ello Gabriel Guillon añadió al instrumento una lengüeta de acero que salía entre las ramas para vaciarlas de fragmentos litiásicos.

A pesar de todas las maniobras para atrapar el cálculo a ciegas y proceder a su trituración, lo que prolongaba la duración de las operaciones era necesario construir un instrumento ligero, móvil, susceptible de transmitir a la mano las mínimas sensaciones de contacto, y de esta forma pulverizar rápidamente el cálculo previamente atrapado. Leroy reivindicó la invención, pero es probable que fuera Charriere el verdadero inventor.