La caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo VII modifica el mundo cultural, y la cirugía, como las otras ramas de todas las ciencias, pasa a manos de los Árabes. A pesar de ello Serapión el viejo y el joven ejercen en la Península Itálica. En España la medicina visigoda se recoge en las “Etimologías” de San Isidoro de Sevilla en las que se cita cómo el rey Recesvinto afecto de litiasis realizó una cura hidromineral en Baños de Cerrato (Palencia) erigiendo agradecido las ermita de San Juan Bautista.

La medicina árabe se encuentra impregnada por las doctrinas de la medicina griega y de la Escuela de Alejandría, no olvidando nunca las enseñanzas de los latinos. Rhazes (865-932) es el “galeno hipocratizado” de la época que estudia, a pesar de que los conocimientos químicos son muy rudimentarios en este momento, la naturaleza y composición de los cálculos urinarios. Describe el cuadro clínico de la enfermedad insistiendo sobre las fiebres esporádicas ligadas a la ulceración de los riñones y resalta el valor de la observación directa de la orina (uroscopia). Una de las obras médicas más influyentes fue el “Canon de la medicina” escrita por el persa Ali ibn Sina o Avicena (981-1038), médico del califa. El texto fue de uso obligado en todo Occidente y en él se recoge el uso de soluciones disolventes de la piedra a base de cenizas de vidrio, de escorpión, de raíz de berza común, de liebre, de piedra de esponja, de sangre de macho cabrío, cáscara de huevo, etc. Hali-Abbas, en su “Almaleki”, menciona el empleo de las aguas minerales en el tratamiento de la litiasis urinaria.

También en el califato de Occidente hubo médicos de gran prestigio al llegar la cultura islámica a la Península Ibérica en el siglo X prosperando la escuela de Al-Andalus con el sevillano Avenzoar (1113-1162) y su obra “Kitab al Iztisad” donde refiere el uso de un estilete con un diamante en la punta para ser usado en el caso de litiasis impactadas en la uretra. Su discípulo Averroes “el Aristóteles árabe“ (1126-1198), con su obra “Colliget”, fue tenido por el hombre más sabio de España. Merece especial atención en este asunto la obra del cordobés Abul Quasim al-Zahrawi, llamado Albucasis, nacido en Medina Azahara en el año 932 bajo el califato de los Omeyas de Abderramán III (912-916) debiendo morir hacia el año 1013.

Este hispano-cordobés escribió una gran enciclopedia médica, “Al-Tesrif”, compuesta por más de treinta libros que sería posteriormente traducida al latín en Toledo y su Escuela de Traductores bajo Gerardo de Cremona. La obra quirúrgica tendría una enorme vigencia durante toda la Edad Media para la enseñanza de la cirugía ampliando los conocimientos de Celso y de Pablo de Egina con numerosas descripciones de instrumentos quirúrgicos como sondas, curetas, tenazas, garfios, jeringas, etc. En relación con la cirugía de la piedra vesical se lamenta de la falta de conocimientos anatómicos de los cirujanos haciendo sufrir los más grandes peligros a sus pacientes, arrancando, así como él lo ha visto, una parte de la vejiga intentando extraer un cálculo, por lo que el hombre murió al tercer día. “Se me había pedido a mí que extirpase la piedra, pero me negué dados el tamaño y el estado del paciente”. Finalmente indica cómo practicar la operación en la mujer y deplora la prohibición islámica de realizar la operación por los hombres abandonando la operación en manos de “matronas ignorantes”.

También en el Occidente no musulmán y entre los siglos VII al XV la cirugía se practica por laicos, empíricos y charlatanes sin formación médica ni anatómica en contraposición a los cirujanos universitarios. Los textos médicos son repetición de las obras de Hipócrates y Galeno hasta que progresivamente consiguen unirse las tradiciones greco-islámicas con las aportaciones originales de los maestros de Salerno, Montpellier y Bolonia. La integración con el enfoque propio intelectual de los hombres de esta etapa histórica configura “el sentido escolástico” de la época.

La operación para la piedra de la vejiga mantiene toda su importancia, ya que con frecuencia afecta tanto al pueblo como a los altos estamentos de la sociedad. A pesar de ello la cirugía de la enfermedad es habitualmente realizada por charlatanes y “cortadores de la piedra” itinerantes, y solo algunos cirujanos emprenden este camino. Sin embargo durante los siglos XI al XIII tiene su momento más glorioso la escuela médica de Salerno, conservadora de las tradiciones científicas latinas, enriquecidas por los conocimientos de los árabes, rehabilitando la cirugía que había sido reducida a la habilidad manual menospreciada bajo el dominio árabe. Cuando se combinó la habilidad manual y la indudable competencia técnica de estos curanderos con los conocimientos procedentes de Grecia y Oriente, empezó a desarrollarse una cirugía sensata. Salerno fue la cuna de la moderna cirugía occidental. Roger de Salerno compuso la”Chirurgia magistri Rogeri”, sentando las bases de la enseñanza de la cirugía. Su discípulo Rolando de Parma añadió un suplemento propio siendo los máximos exponentes de toda la cirugía del siglo XIII.

La decadencia de Salerno después de Roger y sus discípulos permitió que la vanguardia médica se trasladara a Bolonia, donde había una importante universidad con su facultad de medicina fundada hacia 1160 por Hugo de Lucca y seguido por su discípulo Teodorico. A esta escuela perteneció Guillermo de Saliceto (¿1210-1280?). Su “Cyrurgia” fue una suerte de testamento quirúrgico escrito para su hijo. El libro, junto con el de Roger de Salerno, acabaría por convertirse en el más importante texto quirúrgico del Renacimiento.

Finalmente tres grandes médicos fundaron la cirugía en Francia durante la Edad Media. Lanfranc de Milán (+1315), discípulo de Guillermo de Saliceto, escribió la “Chirurgia Parva” y “Chirurgia Magna” con gran difusión. En Montpellier destacó el cirujano Henry de Mondeville, nacido en 1260 y autor de su “Chirurgie”, que convirtió a Francia en el país más adelantado en esta especialidad. El tercer gran cirujano de la Francia medieval fue Guy de Chauliac, cuya obra “La grande Chirurgie” fue aceptada durante siglos como autoridad indiscutible. Todos estos cirujanos medievales se muestran partidarios de la operación por piedra vesical a la manera de Celso, aunque con algunas modificaciones que hicieron que el procedimiento del “pequeño aparato” se conociera como “litotomía guidoniana”.