La presencia de “piedras” en la vejiga urinaria ha acompañado al hombre desde etapas prehistóricas y la búsqueda de tratamientos útiles ha sido preocupación de los cirujanos de todos los tiempos. Hoy la frecuencia de la enfermedad ha disminuido notablemente pero se mantiene en los países del Tercer Mundo y especialmente en Tailandia, India, Pakistán donde sigue presentando su carácter endémico como litiasis, cálculos o “piedras” vesicales primarias.

Durante siglos y hasta la actualidad el único tratamiento para este padecimiento es el quirúrgico constituyendo junto con la operación de circuncisión y de trepanación del cráneo las cirugías más antiguas, pero en este caso sin ningún carácter mítico-religioso sino para se aplicada como tratamiento a un enfermo que sufre del “mal de piedra”. Pero ¿por donde extraer la piedra vesical? En tiempos en los que no existía la anestesia ni los medios para combatir la infección el camino rápido era llegar a la vejiga urinaria a través del espacio llamado perineal (entre los márgenes del ano y las bolsas testiculares) y un cirujano hábil no tardaba más de un minuto en practicar la intervención (litotomía o talla perineal, de litos, piedra y tomía, cortar). Posteriormente aparecería el acceso quirúrgico a la vejiga urinaria a través de la pared abdominal inmediatamente por detrás del hueso púbico (litotomía suprapúbica) pero, con el riesgo de la lesión de la capa peritoneal, no ocuparía su lugar hasta mediados del siglo XIX con los nuevos métodos anestésicos y antisépticos.

Pero el sueño de los cirujanos durante siglos fue la eliminación/extracción de la “piedra” vesical por procedimientos incruentos y por lo tanto por un camino natural ya establecido, es decir, a través del conducto uretral. Algún instrumento debería ser pasado por esta vía hasta alcanzar la “piedra” en la vejiga urinaria y proceder a su eliminación, bien por extracción directa o pulverización en pequeños fragmentos que posteriormente podrían ser expulsados de forma natural. Este proceder se llamaría litotricia (de litos, piedra, y tricia, triturar). El procedimiento no alcanzaría su eficacia hasta los inicios del siglo XIX.

Un largo camino histórico el del pensamiento científico de la litotricia, pero las analogías encontradas en el pasado parecen evidentes. Entre los antiguos documentos existe la referencia como en el siglo III a.C, Ammonius de Alejandría, efectuaba la trituración de los cálculos vesicales cuando estos eran demasiado grandes para ser extraídos a través de la incisión del periné (litotricia perineal). Las fuentes árabes, y en especial Abulcasis de Córdoba, en el siglo X de nuestra era recogen el uso de una sonda para la uretra dotada de un trozo de diamante en la punta para limar progresivamente la litiasis. La idea es atribuida nada menos que a Aristóteles.

En 1625, Sanctorius, intenta la extracción de la piedra de forma electiva y fuera del carácter de urgencia de algunos de sus predecesores. Para el procedimiento construye una sonda de tres ramas que abiertas en la vejiga llena es capaz de atrapar la “piedra” y extraerla junto con la sonda. Con esta misma idea, Fabricio de Hilden, utiliza el extractor de balas diseñado por Ambrosio Paré; quizá sólo trataba de sacar los cálculos uretrales. Existen datos concretos sobre enfermos capaces de pasarse una gruesa sonda a la vejiga y progresivamente ir limando su “piedra”. La sonda de tres ramas y sus modificaciones no trataban de triturar la piedra sino de extraerla directamente por lo que no se trataba de auténticas litotricias.

La litotricia es un descubrimiento del siglo XIX formando parte de una de las más espectaculares conquistas de la cirugía. Sin embargo fue encontrada sin buscarla. En efecto, el descubrimiento de la química moderna y los estudios sobre la composición de los cálculos urinarios suscitaron, entre 1800 a 1820, numerosos esfuerzos buscando la disolución de los cálculos de la vejiga urinaria.

Era necesario disponer de instrumentos destinados a poner directamente en contacto el cálculo con su disolvente en el interior de la vejiga. Gruithuisen de Salzburgo, en 1813, intentaba destruir la “piedra” vesical por medio de disolventes químicos sin plantearse la posibilidad de destrucción instrumental o mecánica del cálculo.

La idea de la destrucción mecánica o instrumental del cálculo vesical hay que atribuirsela a Fournier de Lempdes, nacido en 1783, antiguo jefe de clínica en Montpellier. En 1812 se hizo fabricar por Larose, Reverdier y Margaride, joyeros en Clermont-Ferrand, una pinza de cinco ramas que salía a través de un tubo de acero en cuyo interior se alojaba una lima capaz de fragmentar el cálculo. El instrumento se llamó litholepto o “agarrapiedras”. Los cálculos blandos podían ser triturados por simple presión, mientras que para los duros era necesaria la lima hasta la pulverización. A diferencia de su contemporáneo, Gruithuisen, el cirujano de Clermont usó sus instrumentos en el vivo.

A partir de 1818 aparecen tres jóvenes cirujanos franceses, Amussat, Civiale y Leroy d,Etiolles, que hacen de la litotricia transuretral un método seguro y práctico.