Los pueblos americanos precolombinos se fueron configurando por migraciones asiáticas sucesivas a través del estrecho de Bering entre 24000 y 5000 años a.C., sobre las que después actuaron variaciones genéticas y factores ecológicos. A pesar de esta circunstancia se acepta que las manifestaciones culturales más importantes, y entre ellas la Medicina, fueron el resultado de observaciones propias y un natural proceso intelectual.

Es posible que las ideas médicas adoptaron su propia personalidad al mismo tiempo que se inició la agricultura en el nordeste y noreste de México y en la costa norte del Perú alrededor del año 3000 a.C. Más tarde, entre 1200 y 400 años a.C, es cuando debieron aparecer en las civilizaciones americanas clásicas un concepto más elaborado de la Medicina y de los médicos junto a la adquisición de ideas sobre la estructura del universo en que basaron los sistemas del cómputo del tiempo, fundamentales para las prácticas agrícolas. Al mismo tiempo se concentró el poder en determinados grupos sociales, se formaron los sistemas religiosos, aumentó en esplendor la arquitectura monumental y se inició la escritura.

Al ocurrir el descubrimiento del Nuevo Mundo por los europeos se encontraron tres grandes civilizaciones: la azteca, la maya y la inca. En estos avanzados grupos americanos precolombinos se repite la idea de la enfermedad como un castigo de poderes sobrenaturales, la superioridad intelectual del curandero que es el intermediario entre el enfermo y los poderes sobrenaturales, y el tratamiento mágico de la enfermedad donde se combinan los métodos físicos con los metafísicos. El hombre americano primitivo sobrevivió inicialmente con técnicas paleolíticas de caza, pesca y recolección de moluscos, hasta que finalmente en Mesoamérica y en los Andes los cultivos de productos vegetales permitieron el desarrollo de la agricultura.

A la cultura maya y a sus componentes se les ha llamado “los griegos de América” por su alto nivel y cualificación. Los antepasados neolíticos de la civilización maya comenzaron a poblar la península de Yucatán y la zona montañosa del altiplano de Guatemala durante el tercer milenio a.C. El florecimiento cultural del llamado Período Clásico ocurrió a partir del siglo IV de nuestra era, con una etapa intermedia a partir del año 987 d.C (invasión de los pueblos Itzá). Con la expulsión de los invasores en 1204 d.C., se inició el Período Neoclásico hasta cerrarse con la conquista española en 1539.

La mitología médica maya evolucionó de forma paralela a los fenómenos naturales que regían tanto el ciclo agrícola como la salud y la enfermedad. En la teogonía maya el ser supremo creador del mundo era Hunab-Ku y su hijo Itzamná, señor del cielo o dios solar, era dios y hombre simultáneamente, considerado padre de la Medicina y en cuya fiesta se invocaba el favor anual de la salud y la inspiración para los curadores. Su esposa era Ixchel, mujer arco iris, abogada de la maternidad, curadora de la esterilidad y facilitadora del futuro parto a través de las ofrendas florales. Otro compañero en las deidades mayas de la medicina era Citbolontun encargado de prodigar los dones salutíferos y protector de la salud en general.

En relación con la enfermedad, cada dios maya tenía atribuciones específicas. Zuhuykak e Ixtlitón anunciaban la salud de los niños y de las niñas respectivamente. Kinich-Ahau, el rostro del sol, quemaba al demonio de la enfermedad en un concepto tan actual como la fototerapia y la termoterapia. Kukulkan era el encargado de curar las fiebres. Tzapotlá-Tenan era la abuela de la terapéutica, habiendo descubierto la resina del Oxitl u ocote (trementina) para la cicatrización de las bubas y demás llagas cutáneas. Temazcalteci, abuela de los baños de vapor para el reumatismo, las enfermedades nerviosas y de la piel. Finalmente, Yun-Cimil, señor de la muerte, paseaba su blanco esqueleto junto a la casa de los enfermos y, asociado al tecolote o lechuza, robaba la vida del agonizante a quien sólo le quedaba el recurso de convencer al señor de la muerte con especiales ofrendas colocadas en los árboles cercanos al domicilio. El dios a veces aceptaba el regalo y se retiraba sin servir el elixir mortal.

La escritura jeroglífica maya en los monumentos arqueológicos, estelas y, especialmente en los escasos códices mayas conocidos, no ha sido descifrada. Se ha conocido el lenguaje maya escrito fonéticamente con el alfabeto latino por los sacerdotes mayas después de la Conquista. La “biblia” maya-quiché de Guatemala, el Popol-Vuh, contiene abundantes datos médicos, siendo posible identificar más de 200 síndromes patológicos (en especial las infecciones intestinales, los síndromes mentales, las enfermedades contagiosas y tropicales).

La belleza de las incrustaciones dentales entre los mayas alcanzó gran perfección debido a su técnica de fresado y a la excelente cualidad y poder adhesivo de los cementos en la fijación de los empastes.

Finalmente el empleo de preparaciones medicinales hechas en su mayor parte de plantas constituía uno de los aspectos más interesantes de la terapéutica maya, habiéndose recogido más de 400 recetas en los textos indígenas. Las fórmulas en estos textos están ordenadas por enfermedades y el médico recibía instrucciones de cómo recolectar las plantas, la preparación de las recetas y el modo de aplicarlas al enfermo.

En resumen, la suma de todos los conocimientos teóricos y prácticos, explicables o no, utilizados para el diagnóstico, prevención y supresión de trastornos físicos, mentales o sociales, basados exclusivamente en la experiencia y la observación, y transmitidos verbalmente o por escrito de una generación a otra constituye la medicina tradicional, nativa, aborigen, indígena o etnomedicina incluida en lo que hoy se conoce como etnociencia.