La obra científica de Juan Valverde de Amusco (1525-1588)
Juan Valverde de Amusco nació en la villa de este nombre en la provincia de Palencia y su existencia se prolongó hasta 1588, año en que se supone que muere en Italia. Su obra anatómica constituye la culminación del esfuerzo español durante el Renacimiento para conocer la estructura del cuerpo humano. Los modestos tratados de Anatomía de la primera mitad del siglo XVI de autor peninsular culminarán, bajo el influjo vesaliano, en la brillante obra de Valverde de Amusco. A pesar de la importancia de su obra, son sin embargo muy escasas las noticias que han llegado sobre el autor castellano.
Se sabe que Valverde hizo sus estudios generales de Filosofía y Humanidades en la Universidad de Valladolid, desde donde rápidamente marchó a Italia a estudiar Anatomía bajo el magisterio de Realdo Colombo, sucesor de Vesalio en la cátedra de Anatomía de Padua y con quien permanece hasta 1545. Dos o tres años más tarde se encuentra en Roma ya de forma independiente; allí permanecerá durante gran parte de su existencia y es donde debió morir hacia 1588. Las relaciones del anatomista con las altas figuras de la Iglesia debieron ser decisivas en su definitivo afincamiento romano, como médico al servicio de cardenales, inquisidores españoles y hospitales romanos, que fueron los medios en los que socialmente parece haberse desenvuelto. Quizá fuese ésta una de las razones, junto a su posible origen judío, lo que puede explicar su definitivo distanciamiento de su nativa tierra castellana.
Durante estos años de plena actividad profesional y científica, así como de sus profundos conocimientos anatómicos, dio a la luz un libro titulado “Historia de la composición del cuerpo humano”, texto que en un principio pensó dedicar al Pontífice Paulo IV, pero que en su definitiva impresión lo hizo a su protector, el cardenal Juan Álvarez de Toledo, como reza en fecha de 13 de noviembre de 1554 en su dedicatoria. De la obra se hicieron varias ediciones en español, italiano y latín. La primera, en lengua romance, en 1556; la segunda y tercera, en italiano, en 1560 y 1586; la cuarta y la quinta, en latín, en 1589 y 1607, respectivamente. Todavía en fechas tan tardías como 1657 se seguía editando la “Anatomía del cuerpo humano”, que conocerá en 1682 una última y definitiva impresión veneciana. Estas referencias explican que el texto de Valverde fuese el más leído en toda Europa, igualando, y en ocasiones superando, entre los cirujanos el círculo de lectores reales.
Enorme difusión alcanzó la obra de Valverde tratándose de uno de los libros de Anatomía más leídos en el siglo XVI. Por esta amplia difusión aparecieron ediciones misceláneas y las impresiones de los grabados que acompañan al texto. Hay un aspecto en la obra comentada que es preciso destacar: las ilustraciones anatómicas.
Estas tablas anatómicas, cuarenta y una en total, fueron reproducidas con fines docentes y de divulgación en multitud de ocasiones. Valverde siente la necesidad de introducir en su “Historia” figuras anatómicas, pero aspira y consigue superarlas, tanto en cuanto a la ejecución originaria meramente artística se refiere, cuanto a la impresión de las mismas, y, lo que es más importante, la rectificación gráfica de los errores de Vesalio. Encargará de su ejecución al pintor español Gaspar Becerra, de la escuela de Alonso Berruguete primero y de la de Miguel Ángel después. Las figuras anatómicas del Renacimiento carecen de la fría impersonalidad de las ilustraciones de los modernos tratados de Anatomía. La representación cuidadosa de la realidad de la forma se compagina perfectamente con una interpretación personal abandonada a la inspiración del artista. Esta congruencia entre la ciencia pura y el arte es característica de la época renacentista.
¿Qué representa la obra de Valverde en la historia de la Anatomía? ¿Qué podía hacer Valverde? Nuestro autor no se plegó a las concepciones galénicas del prestigioso catedrático parisino Jacobo Silvio y ni siquiera se amoldó totalmente a las innovaciones de Vesalio. Por el contrario, cogería la obra de Vesalio y la sometería a una reelaboración inteligente, verificando por sí mismo, en disecciones apenas interrumpidas, los conocimientos, las adquisiciones y los hallazgos de que daba cuenta Vesalio en su “Fábrica”.
Finalmente, otra circunstancia de la obra de Valverde le vincula plenamente al Renacimiento español y ella es el hecho de haber redactado su Anatomía en romance para los lectores españoles de la centuria, muy particularmente para aquellos profesionales que desconocían el latín como los cirujanos y los barberos. Sus mismas palabras así lo atestiguan: “Apréciame cosa muy conveniente escribir esta historia en nuestra lengua, porque aquellos para quien yo escribo pudiesen mejor gozar de mi fatiga”. El deseo que manifiesta era dirigirse a los cirujanos romancistas, quienes, desconocedores de la lengua latina, no podían adquirir suficientes conocimientos anatómicos en su formación y ejercicio profesional.
Nunca renunció Valverde a sus orígenes de nacimiento cuando su obra circulaba no solo entre los profesionales, médicos y cirujanos, sino entre artistas y pintores, interesados en los temas de morfología humana como cabía esperar. Todavía las ediciones más tardías de su obra en italiano le llamarán “hispano”, hecho lógico si tenemos en cuenta que Valverde en Roma siguió hasta su muerte siendo considerado como español.







Estimado Santiago, desde Chile te estoy tratando de ubicar, valor mandame un mail lalburquenque@gmail.com
Querido amigo. Te escribí en Junio de este año y quedaste que me enviarías cosas de Juan de Amusco, cuando volvieras de tu viaje sanitario en América y sigo esperando.
Cuando puedas me facilitas documentación