Pocos meses después, el 7 de febrero de 1961 se realizaba el segundo trasplante renal en España efectuado por un equipo multidisciplinar encabezado por los Doctores Carlos Younger de la Peña, Agustín Hidalgo, , Parra y Ramiro Rivera, entre otros especialistas. La intervención se realizó en la madrileña clínica de “La ”. El riñón del donante vivo procedía del padre del receptor quien se trataba de un muchacho de apenas 20 años de edad en situación de Insuficiencia Renal Crónica final al haber nacido con un sólo riñón gravemente malformado y en el que se habían practicado varias intervenciones quirúrgicas sin poder evitar la llegada a su estado final. Aunque ya existían algunos primitivos aparatos técnicos que actuaban como “riñones artificiales” su número era muy escaso y con graves inconvenientes en cuanto a su utilidad en la España de los 60 ( los primitivos riñones artificiales se pusieron en marcha por W. Kolff en la Holanda ocupada por los nazis en los años 40 del siglo XX y sólo posteriormente se mejoraron en Cleveland y en el Hospital Peter Bent Brigham de Boston en los Estados Unidos por John Merril). Parecía evidente que la única alternativa de sobrevivir de este muchacho era intentar el trasplante renal.

Unos pocos meses antes el Dr. J.A. Martínez Piñeiro había intentado el mismo camino trasplantando el riñón de un donante vivo a su hermano gemelo también en grave situación de insuficiencia renal crónica. A pesar del aspecto favorable que suponía una importante identidad inmunológica entre ambos hermanos, el receptor murió pocos días después debido a complicaciones hemorrágicas postoperatorias incontrolables con los medios de soporte vital intensivos del momento.

En este segundo intento en España un artículo de opinión en “ABC,” sábado 11 de febrero de 1961, se encabeza como “¿Triunfará la vida?” Hace unas noches Madrid dormía tranquilamente. La gente y las cosas seguían su marcha normal, sin nada extraordinario que los inquietase. Pero eso sólo era apariencia, porque en un sitio de la ciudad, concretamente en la clínica de la Paloma, un nutrido grupo de personas (clínicos, cirujanos, analistas, radiólogos, enfermeras) se afanaban por abordar un extraordinario e inquietante problema: el salvar la vida a un pobre muchacho, víctima de un capricho de la Naturaleza. Se trataba de resolver el enigma del trasplante de un órgano vivo a otro ser humano.

El periódico “Ya” del 15 de febrero de este mismo año encabeza en su página II “Primera vez en España: trasplante de riñón a un ser vivo”. En el mismo ejemplar se resaltan otras noticias: “Con ayuda del herrero pudo sacar la cabeza entre los barrotes de la reja de su novia (Guadalajara). “Un falso capitán que ejercía la medicina ilegalmente, detenido” María Luisa Coca González (Calzadilla de Coria (Cáceres), es un varón. Estas anomalías-dice el Dr. Garrido Lestache- son poco frecuentes”. “Inminente acuerdo para un Gobierno unido en el Congo. El gobierno de Tshombe ha distribuido una serie de fotos relacionadas con la muerte de Lunumba”. “Venus puede revelar ahora su secreto. Podría ser la réplica tropical de la Tierra ya que a pesar de ser uno de los planetas más próximos a nosotros, es un auténtico desonocido”. Así eran las noticias de prensa en la España de los 60 del siglo XX.

El jueves diez y seis de febrero la misma prensa anunciaba el fallecimiento del enfermo trasplantado y surgía la polémica bajo su triple aspecto del momento: deontológico, conocimiento del fracaso de los intentos quirúrgicos previos en circunstancias similares y la necesidad de unos medios de los que, al parecer, no se disponían en nuestro país.

El diez y ocho de febrero se publican las declaraciones del padre (donante) del enfermo trasplantado y fallecido pocos días antes: “Mi acción no ha sido ningún sacrificio inútil, mi hijo, al entrar en el quirófano, dijo a los médicos - bueno, sea lo que sea, en último término voy a prestar un servicio a la Ciencia; así que no hay nada perdido-. Yo pienso igual que él. Estoy muy contento por haber donado un riñón a mi hijo, aunque haya muerto”. Pero el debate y la polémica se abrieron con vehemencia por parte de unos y de otros.

El profesor Alfonso de la Peña, catedrático de Urología en la Facultad de Medicina de Madrid y a su vez representante de la Junta Deontológica del Consejo Social de Colegios de Médicos, envía una carta a los medios de comunicación expresando su desacuerdo con la actuación médica emprendida. Pero el camino del trasplante renal quedaba abierto y nada ya podría frenarlo desde su infancia en la década de los 60 hasta los resultados felices del presente a través de un largo camino histórico tanto en los aspectos técnicos como inmunológicos.

En palabras en la prensa del padre de muchacho trasplantado se deduce un concepto de beneficio para la ciencia. “Aparentemente, la operación quirúrgica ha sido inútil. Pero, para la experiencia científica, no ha sido así. Del sacrificio de este padre y de la muerte de su hijo los doctores han extraído nuevos conocimientos y es posible que en el futuro, gracias a ellos, otro ser humano- muchos seres humanos - salven la vida”. del tiempo ha demostrado ser así aunque hayan transcurrido 50 años de aquella experiencia pionera.