Los castellanos del siglo XVI enfermaban como en odas las épocas y ponían los medios posibles a su alcance para vencer los males que les aquejaban. Existía una medicina casera, existían los médicos rurales o de partido, los médicos notables o universitarios y existía la acogida en un hospital, entre otras posibilidades.

Los médicos del siglo XVI toledanos son conocidos por sus obras que dejaron escritas tal como el cirujano Juan Fragoso o por otras razones como el caso que nos ocupa, el doctor , que pasaría a la posteridad por el retrato que de él hiciera El Greco entre el 1584 (según Cossío) y el 1588 (según Camón Aznar), aunque lo que es seguro es que el retratado moriría hacia 1589 con avanzada edad.

El doctor Rodrigo de la Fuente, médico y catedrático de la Universidad de Toledo, nació en esta ciudad alrededor de 1510 de una familia judeo-conversa (Ruy Pérez de la Fuente e Inés Cota serían sus padres). Bachiller en la Universidad de Alcalá de Henares en 1535, catedrático de Medicina en la Universidad de Toledo, casado con Juana de Luna, con la que tuvo cinco hijos, uno de los cuales, Gaspar de la Fuente, sería posteriormente Aposentador Real.

Este médico toledano, de gran prestigio en su tiempo, ha llegado hasta nosotros por el retrato realizado por su contemporáneo y amigo Doménico Teotokopuli “El Greco” quien utilizó una fórmula que se haría consustancial con su manera de entender el retrato: el personaje aparece de busto, ante un fondo neutro oscuro con la cabeza casi de tres cuartos de perfil y los ojos ligeramente desviados mirando hacia el espectador. La luz se concentra sobre la cabeza, que ejerce con una extraordinaria fuerza expresiva sobre la blanca gorguera del cuello. Los formatos son además idénticos y todo ello unido a su procedencia común ha hecho pensar a veces en que podríamos estar ante los restos de un conjunto o galería de personajes concebida unitariamente y representando a escritores y académicos, quizá los asistentes a la Academia del conde de Mora o al palacio de Buenavista del cardenal Sandoval y Rojas. En su retrato, el doctor de la Fuente, tiene un aire distante y distinguido, su mirada es firme y al mismo tiempo ensimismada, su fina barba destaca sobre la gola blanca y ésta sobre el azabache de su traje. El Greco nos muestra a su amigo con el austero traje oscuro de la Corte de los Austrias, con puños y golilla de encaje, portando en su pulgar izquierdo una sortija identificativa de su profesión. Apoya su mano izquierda sobre un libro, quizá una obra de Galeno o el Dioscórides, mientras que con la derecha parece hacer un gesto explicativo. El centro de atención es el rostro que aparece cansado y cetrino, anunciando un pronto final, pero sin dejar de mostrar una recia personalidad y carácter.

El doctor Rodrigo de la Fuente fue considerado en Toledo como un hombre de gran sabiduría, certero juicio y hábil terapeuta, famoso y respetado, y al que no faltaban aficiones literarias habiendo ganado en 1587 un concurso poético. El ilustre médico formaba parte del círculo de amigos que frecuentaba la casa de El Greco, entre los que se encontraban los hermanos Covarrubias y Fray Hortensio Félix de Paravicino, también retratados por el pintor cretense.

En la actualidad, el cuadro se conserva en el Museo del Prado como “Retrato de un médico”. Basándose en su parecido con el retratado en un cuadro de la Biblioteca Nacional, Allende-Salazar y Sánchez Cantón lo identificaron con el doctor Rodrigo de la Fuente, lo cual se ha visto confirmado indirectamente y confirmado durante los últimos años con dos nuevos datos: la demostración de que mantuvo amistad con El Greco ya que éste le cita en sus anotaciones al libro de Vitrubio a propósito de su opinión sobre Covarrubias y la revelación de que su hijo, Gaspar de la Fuente, tuvo el cargo de Aposentador Real y ello explica la llegada de la obra al Alcázar Real.

El doctor de la Fuente moriría, próximo ya a los ochenta años, hacia 1589 habiendo conseguido ser citado por Cervantes en La ilustre fregona como “el médico de más fama de esta ciudad”. La reputación ganada en Toledo le permitió llevar una vida desahogada en lo económico y muy activa en lo social. Pero igual que otros no hubiera llegado a nuestro conocimiento sino hubiese sido inmortalizado por los pinceles de El Greco como consecuencia de su amistad nacida de las reuniones académicas en diversos foros de la ciudad. El médico toledano tuvo dos padrinos artísticos de un nivel insuperable: El Greco y Cervantes. Hoy su imagen preside, junto los retratos de Felipe V y de Santiago Ramón y Cajal, el Salón de Actos de la Real Academia Nacional de Medicina en Madrid.