Desertificación y desertización

La desertificación constituye una seria amenaza por su incidencia territorial, ambiental, ecológica y socioeconómica. Desde la década de los años setenta se ha activado y emerge en forma de nuevos problemas ligados a los importantes cambios que el hombre está produciendo.

La desertificación provoca que la tierra se haga menos productiva, imponiéndose a las plantas una creciente limitación hídrica y nutricional. La percepción de la desertificación varía mucho según el grado de desarrollo, de conocimiento científico, cultural, económico y social de las poblaciones afectadas.

La Universidad de Castilla-La Mancha comienza a realizar proyectos con financiación europea en 1990. Uno de los primeros fue el proyecto EFEDA, un estudio del proceso de desertización con especial énfasis en la incidencia del hombre en el mismo.

Francisco José Montero Riquelme, catedrático de Producción Vegetal y director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad de Castilla-La Mancha, nos explica la diferencia entre ambos términos: “Existe un matiz entre desertificación y desertización. Cuando el hombre interviene de una manera directa hablamos de desertificación. Esa mano del hombre, como ejemplo, puede actuar orientando el uso del suelo de una manera desafortunada, es el caso del monocultivo, por ser una opción que en grandes superficies genera un riesgo muy grande para la población que vive de ello; en este caso, un cambio social puede generar una ruptura que obligue a la emigración porque ya no sea rentable ese tipo de cultivo”, manifiesta el Catedrático, para añadir que “esos son los cambios estructurales que hacen que se produzcan los procesos de desertificación”.

Es fundamental la tecnificación del sector agrario

Para Francisco Montero, la orientación excesiva de la macroeconomía nacional hacia un sector determinado, como es el turismo, representa un indicador de riqueza y de calidad de vida “pero supone el abandono de una de las opciones más importantes que tenemos en España: el sector agrario”, subraya.

Mientras que otros países de Europa como Holanda o Islandia no pueden generar un sector agrario boyante por limitaciones geográficas, España tiene una ubicación que le permite una actividad agraria muy potente aunque, al mismo tiempo, esta ubicación también favorece el turismo, lo que ha producido un cambio de la orientación agraria a la orientación servicios (turismo, instalaciones deportivas y de ocio…). “El sector agrario es boyante si las condiciones geográficas lo permiten y si la tecnología lo apoya, por lo que en España habría que optar por una agricultura muy tecnificada que permita obtener márgenes económicos notables y, como consecuencia, aun manteniéndola, optar por la potenciación del sector servicios. Esto permitiría seguir teniendo un nivel de vida alto pero sin prescindir de la agricultura”, manifiesta Francisco Montero.

Ante esta situación, argumenta el Dr. Montero Riquelme, “sería importante difundir, desde la enseñanza primaria, la conciencia de la importancia del sector agrario en la juventud, porque podría ser una manera de generalizar la mentalidad empresarial en este sector”; a este respecto el Catedrático matiza que son necesarios los cambios “pero poniendo en valor la importancia del sector agrario y forestal”, apostilla.

En definitiva, continúa Montero, “hay que apostar por una agricultura sostenible de mantenimiento del medio, de protección, de apoyo a la lucha contra la desertificación para potenciar la precipitación porque es necesario un intercambio energético y para ello el suelo no puede estar desnudo, necesitamos convivir con la vegetación. Se trata de participar en un proceso que permita mantener la población, proteger el territorio, desarrollar el turismo rural, la gastronomía, etc.”.

La calidad del vino de Castilla-La Mancha es ya una realidad

En la actualidad, los procesos de elaboración de los vinos castellano-manchegos están generando una calidad notable. En concursos y exposiciones, el vino de Castilla-La Mancha está tomando un nombre que antes no tenía. En este sentido, Francisco Montero sostiene que la prueba más evidente de que estamos en una zona con capacidad y potencial productivo vitícola alta es que numerosas empresas de gran prestigio se están instalando en Castilla-La Mancha, “no sólo para disponer de uva sino también para la elaboración y preparación de vinos con indicaciones geográficas ligadas a Castilla-La Mancha. Este es el caso de Osborne, Martínez Bufanda, entre otras…, empresas de mucho prestigio que han ubicado instalaciones en Castilla-La Mancha”, apunta.

“Todo esto, junto a la concesiones de las Denominaciones de Pago Vitícola en la finca de El Guijoso (de la familia Sánchez Muliterno), en la finca Elez (de Manuel Manzaneque), ambas en El Bonillo (en la provincia de Albacete), o la del Marques de Griñón, en Malpica del Tajo (Toledo) y la recientemente autorizada Dehesa del Carrizal en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real), es una prueba de que nuestra Región es un buen sitio para producir uva y de que el sector está tomando un auge tremendo. Pero no debemos ver esta situación”, matiza Francisco Montero, como una solución sino como “la punta de lanza de un cambio de imagen”, señala.

Proyectos de investigación de la UCLM en materia vitícola

Actualmente la Universidad de Castilla-La Mancha está llevando a cabo algunos proyectos importantes en el sector vitivinícola. Desde el punto de vista científico-tecnológico, los beneficios de estos proyectos se centran, principalmente, en la puesta a punto y desarrollo de metodologías adecuadas para la caracterización del medio, del material vegetal y de la agronomía apropiadas para la obtención de productos vitivinícolas de alto valor comercial. Se trata de aportaciones notables en el ámbito de Castilla-La Mancha que con la gran diversidad agroambiental de su viñedo no dispone de una herramienta adecuada a su potencial vitícola.

La vid: una planta de gran valor medioambiental

El viñedo tiene una gran capacidad de adaptación medioambiental porque el aprovechamiento del agua que realiza una cepa está muy por encima de la que hace una especie forestal en términos de generación de biomasa, según aclara Francisco Montero, “es actividad fotosintética que se traduce en generación de energía”. Según manifiesta el catedrático de Producción Vegetal de la Universidad regional, “el cultivo de las 600.000 hectáreas de viñedo que tenemos en Castilla-La Mancha genera un nivel de producción socioeconómica y medioambiental que ha de abordarse mediante actuaciones en el aumento del consumo diversificado con vino de mesa, vino de calidad, producción de alcohol…”, y por otra parte, añade el Dr. Montero Riquelme, se debe encaminar a una protección medioambiental que aporte intercambio energético, precipitaciones, menos evaporación de los acuíferos, “porque todo ello contribuye al cuidado del paisaje, lo que fomenta el aspecto turístico-cultural”, subraya, para añadir que “para aprovechar este valor medioambiental del viñedo se está financiando el paisaje vitícola”.

Calificación de vendimias y calidad vitivinícola en Castilla-La Mancha

Este proyecto, financiado por la consejería de Educación, es una iniciativa conjunta entre el Instituto de la Vid y el Vino de Castilla-La Mancha (IVICAM) y la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) para modernizar la producción vitivinícola en esta región y establecer un lenguaje agronómico que permita la calificación de las vendimias y la mejora cualitativa de los productos obtenidos.

En palabras del Dr. Montero Riquelme, “pretende establecer un lenguaje vitícola que haga que el agricultor conozca a dónde tiene que llegar: se detectan en el mercado unas exigencias, unas preferencias, un tipo de vino en definitiva; se traslada a la bodega (cómo elaborarlo, trabajarlo, prepararlo e incluso cómo etiquetarlo); se busca el lugar donde se den las condiciones necesarias para conseguir la materia prima que demanda ese mercado, condiciones que no se refieren sólo al manejo sino a la incidencia del medio y el entorno (combinación de temperaturas diurnas, combinación de temperaturas nocturnas en la prevendimia, en la vendimia, en la floración); y, por último, se busca a una persona a la que hay que decirle qué es exactamente lo que tiene que hacer para conseguir ese producto final. Por tanto, estamos hablando de un lenguaje. Le estamos pidiendo al vino un contenido en taninos, una expresión, fenólica, un aroma y un retrogusto determinados. Este lenguaje del vino, que expresa la calidad, hay que traducirlo a una agronomía concreta: fertilización, profundidad de plantación, a una poda determinada…”, pero sobre todo, afirma el catedrático de Producción Vegetal, “debe venir precedido por un estudio de mercado para saber cuál es la demanda.

El proyecto combina la Agronomía, el medio ambiente y el material vegetal”, matiza.

Las cooperativas ante el reto de la comercialización

Una de las grandes asignaturas pendientes dentro del sector vitivinícola es el de la comercialización, apostar por técnicas de marketing que faciliten la venta del producto. De poco sirve tener buenos vinos si el mercado no los conoce.

En cuanto a la organización, gestión, y sobre todo comercialización de las cooperativas vitivinícolas, el catedrático de Producción Vegetal manifiesta que, “hace falta actualizar el concepto, la filosofía y la metodología del cooperativismo. Hoy día hay que servir un producto tal y como lo pide el mercado, ya no es éste el que está a expensas de la producción sino que es la producción la que depende de las pautas que marca el mercado.

En Castilla-La Mancha se puede hablar de un nivel tecnológico excelente y las cooperativas han sabido aprovechar los esquemas de apoyo financiero recibidos pero hace falta un cambio en la mentalidad del sistema cooperativo”.

Desde la Escuela de Ingenieros Agrónomos ven necesario proponer cambios a las cooperativas aunque, según señala Montero, “haría falta apoyo normativo y legislativo por parte de la Administración, que siempre se ha mostrado sensible a este tema, para conseguir una mejora notable de la capacidad productiva y cualitativa de las mismas”.

En cuanto al apoyo institucional, vía subvenciones, que reciben las cooperativas, Montero argumenta que, con independencia de lo que justifica la aportación o el apoyo, está la rentabilidad y la producción: “Hay que ser exigente para que detrás de una ayuda para el desarrollo haya una respuesta comercial y técnica adecuada”. El director de la Escuela de Ingenieros Agrónomos cree que el esquema de la subvención es imprescindible y necesario “pero el usuario de esas subvenciones debe participar en un círculo de actividad, es decir, no es un elemento final sino que ha de tratarse de un mecanismo ágil y eficiente para generar riqueza”, afirma.

Redes de sensores inalámbricas aplicadas a viñedos (Viticultura de precisión)

Ya hay experiencias a nivel mundial de viticultura de precisión.

Las redes de sensores inalámbricas aplicadas a viñedos es una tecnología que se está poniendo a punto para poder organizar las tareas agronómicas de forma selectiva en la plantación de calidad.

El entorno incide mucho sobre la planta, por ejemplo la temperatura baja por la noche en agosto permite que la vendimia se realice con mayores garantías de calidad, es decir, la incidencia del medio es importantísima para la elaboración de vinos selectos. Se trata de realizar mediciones mediante puntos de control para llegar a conocer cuál es el entorno medioambiental -temperatura, humedad, radiaciones, etc.- de cada uno de los órganos de la cepa -sarmientos, hojas, racimos, base del tronco, etc.-. Se consigue así un seguimiento puntual de la vegetación a distancia, continuo e in situ mediante sensores autómatas que derivan la información recogida a Internet.

Esta información permite saber en qué momento se debe realizar un despunte, quitar hojas para disponer de más luz o engruese más el grano, entrar a conocer el contenido de un azúcar y, como consecuencia, poder adelantar o retrasar la vendimia, incluso poder realizar una vendimia selectiva y/o hacer extrapolaciones para homogeneizar la producción.

La zonificación vitícola

Con este proyecto se persigue la determinación de un lenguaje agronómico orientado hacia planteamientos, sistemas y técnicas de cultivo capaces de guiar al agricultor-empresario hacia motivaciones y productividades mayores, en el marco de la obtención de productos vitícolas de calidad. Para ello, se abordan los factores que intervienen directamente: el medio ambiente, el material vegetal y la agronomía del manejo.

La zonificación vitícola trata de representar la variación existente en una zona concreta y a una escala determinada para significar que el comportamiento de todas las viñas no es igual, no todas producen igual, no evolucionan igual en la brotación, en la floración, en el cuajado, en la maduración, y sin embargo, se tratan igual y al mismo tipo en las bodegas. Se pretende buscar las diferencias derivadas de la pendiente, de la orientación de las parcelas, de la profundidad del suelo, del contenido en caliza… Se consigue así detectar manchas de comportamiento similar que permiten establecer unos criterios de selección u orientar a agricultores y empresarios partiendo de un esquema en el que se manifiesta lo que es diferente.

“En definitiva, se trata de orientar mucho más de lo que se venía haciendo hasta ahora la producción”, concluye el Dr. Montero Riquelme, catedrático de Producción Vegetal y director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad de CLM.