Hacia un sistema universitario europeo

El mundo universitario se encuentra en proceso de renovación con el fin de llevar a cabo una homogenización del sistema universitario que favorezca la movilidad dentro del Espacio europeo.

Inmersa en este contexto, la Universidad de CLM, tras algo más de 20 años de bagaje docente e investigador, ha logrado su consolidación dentro del sistema educativo español que, para el catedrático de Derecho Penal y ex-rector de la UCLM, Luis Arroyo Zapatero, sufre las consecuencias de un retraso histórico que se remonta a principios del siglo XX: “La formación en España tiene un retraso de más de 100 años que se empezó a corregir en la década de 1920 pero con la Guerra Civil y la política de posguerra se perdió lo que se había recuperado”, reflexiona, apuntando que las consecuencias de este retraso no se pueden corregir en unos años, “sobre todo si se gasta en educación la mitad que la media de los países europeos, por lo que hay que invertir más en el profesorado, que es lo que, por fortuna, se viene haciendo en Castilla-La Mancha en los últimos 20 años”, asegura.

Entre sus contribuciones al desarrollo de la Universidad regional, Luis Arroyo destaca que en su preocupación por el futuro, más que por el presente, puso un gran empeño en que el modelo educativo se adaptase a las necesidades del mercado laboral para evitar la existencia de carreras desajustadas en la UCLM, actualmente totalmente consolidada aunque, lógicamente, haya que seguir asentando la investigación e incrementando los recursos humanos cualificados, lo que permite reorientar los recursos en esa adaptación al mercado laboral.

Por otra parte, para lograr que los universitarios tengan acceso al Espacio europeo es necesario que el conjunto del sistema educativo, no sólo la Universidad, refuerce la enseñanza de idiomas. Luis Arroyo incide en que debería haber una revolución en este punto, mostrando su confianza en el esfuerzo en colegios bilingües que ha anunciado José María Barreda en su programa electoral.

Reforma del Código Penal de 1995

Luis Arroyo fue nombrado miembro de la Comisión General de Codificación para la revisión del Código Penal de 1995, cuya función es lograr una armonización internacional para la protección de intereses del Espacio europeo en ciertos mercados como el mercado de trabajo o el mercado de valores, ya que, por ejemplo “si el abuso de información privilegiada en bolsa en un país está castigado con una pena muy grave y en otro con una pena muy leve, esa diferencia genera privilegios”, precisa Luis Arroyo.

A pesar de ello, existen grandes similitudes en todos los países continentales. En cambio, los países anglosajones, Gran Bretaña e Irlanda, y Noruega, Suecia o Finlandia difieren bastante de los países continentales en su sistema de Justicia. No obstante, el código penal español de 1995 precisaba de una reforma, materializada en el Anteproyecto de Ley aprobado el 14 de julio de 2006. Esa reforma, bajo el punto de vista de Luis Arroyo, se ha retrasado mucho, lo que ha producido que existan en la actualidad condenas escandalosas como que los responsables de múltiples asesinatos terroristas cumplan pequeñas condenas debido a que se les aplican las leyes que estaban vigentes cuando se cometieron los delitos, y no las leyes actuales. Sin embargo, continúa el Catedrático, el incremento de las penas que se produjo en la reforma Aznar de 2003 lo único que ha producido son cumplimientos de penas descomunales para delitos producidos en la actualidad y no ha resuelto, ni podía resolver, que se cumplieran mayores condenas en delitos cometidos con anterioridad.

Con la reforma de 2003, en opinión de Luis Arroyo, hay más gente en la cárcel que nunca, siendo España el país que tiene más presos de Europa, debido a un incremento de penas que pretendía reaccionar contra las leyes que estaban establecidas en el pasado pero que en realidad están pagando personas que han cometido pequeños delitos en la actualidad, “para los que no hay clemencia alguna del Estado porque lo impide la reforma Aznar”, objeta.

Dar respuesta a nuevas formas de delincuencia

La reforma del Código Penal contempla nuevas formas de delincuencia como son los delitos informáticos y la lucha contra la criminalidad organizada.

La cibercriminología ha evolucionado en los últimos diez años al mismo ritmo que ha evolucionado la informática, por lo que las condenas en este ámbito siempre van por detrás, lo cual, según Luis Arroyo es lógico, “primero se inventó la luz eléctrica y luego los delitos por defraudar a la compañía eléctrica”, bromea. Aunque el Código Penal contemplaba la asociación ilícita en su artículo 515, su interpretación jurisprudencial se había concentrado sobre la modalidad de asociación para delinquir vinculada al terrorismo, a la subversión del orden constitucional. En opinión del Catedrático, esta débil estructura jurídica para la lucha contra el crimen organizado hacía que se persiguieran los crímenes cometidos (robos, asesinatos…) pero el hecho de pertenecer a una asociación ilícita no se castigaba con penas graves.

En el Anteproyecto, la colaboración con asociaciones para delinquir, la pertenencia o integración a banda organizada y la jefatura o dirección se contemplan como delitos con penas de cárcel de dos a nueve años, que se sumarán a las penas que tengan que cumplir por los delitos cometidos, de manera que “simplemente el hecho de estar constituido en una asociación u organización ilícita se castiga con pena”, indica el catedrático de Derecho Penal.

Luis Arroyo dejó una importante huella durante los 16 años que estuvo como rector de la UCLM

La notable contribución de Luis Arroyo Zapatero a la consolidación de la Universidad de Castilla-La Mancha durante los 16 años que estuvo como rector de la misma, de 1988 a 2003, es un hecho indudable, aunque el Catedrático estima sobremanera la colaboración de la inmensa mayoría de sus compañeros y la financiación aportada por el Gobierno de Castilla-La Mancha, sin la cual hubiera sido imposible la tarea realizada.

En palabras de Luis Arroyo, “la Universidad ha sido un motor muy importante que posibilitó que pasáramos de luchar aisladamente desde nuestras provincias a tener paulatinamente una política propia que nos ha permitido establecer nuestra actual red sanitaria o una infraestructura de comunicaciones como nunca me la pude imaginar”, significa.

Todo ello, continúa, ha sido posible gracias a la política seguida en la Región, a que los universitarios hemos hecho la Universidad y a la estrecha ligazón de intereses entre los empresarios de todas las provincias, lo que nos ha convertido en “regionalistas, incluso diría nacionalistas castellano-manchegos, aunque no lo somos por fanatismo ni por lengua propia sino porque nos hemos dado cuenta de que Castilla-La Mancha es un buen invento, por lo que somos unos patriotas de los servicios públicos, gente orgullosa de nuestra Región”, defiende.

Delitos contra la seguridad vial

El Anteproyecto de Ley incorpora en el Código Penal delitos contra la seguridad vial desde la convicción de que la conducción temeraria incurre objetivamente en el riesgo de desprecio a la propia vida y, lo que es peor, a la vida de los demás.

Luis Arroyo cree que el problema de la seguridad vial lo han tenido todos los países en momento determinado y guarda una estrecha relación con el espíritu más o menos disciplinado de una sociedad, a lo que se suma la potencia actual de los vehículos que permite la conducción a 250 kilómetros por hora: “Hace falta educar a los ciudadanos pero también hay que establecer sanciones que forman parte de la educación y la justicia porque el que circula a 250 kilómetros por hora no puede decir que no pone en peligro a nadie y el Código Penal puede castigar eso perfectamente”, distingue, añadiendo como conductas peligrosas que ponen en peligro vidas la conducción bajo los efectos del alcohol y circular hablando por el móvil.

Aunque desde que entró en vigor el carné por puntos y la reforma del Código Penal, no se ha reducido el número de muertos, sí se han producido menos accidentes y lesiones, lo que para Luis Arroyo indica que se conduce con más cuidado.

Lucha contra la corrupción

Todos los países tienen su tipo de corrupción que va evolucionando según los tiempos. Así, en España, con el boom inmobiliario se han producido delitos vinculados a ese boom que se han intensificado donde existen problemas de escasez de suelo.

Luis Arroyo no duda en afirmar que hay que luchar contra ello, recordando que el lugar más corrupto era Marbella, cuyo alcalde se amparó en la bandera de la democracia creando un partido político y, además, hizo frente desde un club de fútbol a toda la Fiscalía del Estado. La situación actual del proceso del caso Malaya, prosigue, no es sólo el resultado del juez actual sino de todo el trabajo que hicieron los fiscales durante muchos años en los que no se pudo llevar adelante.

Un tema relacionado con la corrupción es la existencia de paraísos fiscales, contra los que no puede luchar un solo país, manifiesta, señalando que acabar con los paraísos fiscales de Gibraltar, San Marino o Luxemburgo tiene que ser una opción europea, lo que no es fácil porque se trata de acabar con todos los paraísos fiscales, no sólo expulsarlos de la Unión Europea.

Violencia de género y aumento de las penas

Para combatir el grave problema de la violencia de género, Luis Arroyo cree firmemente que sólo existe una opción: “Estoy convencido de que a los que pegan hoy a sus mujeres sólo los pueden detener la policía y los jueces, porque tienen tan enraizado en su interior que pueden hacer de sus mujeres lo que quieran que no aceptan procesos en los que las mujeres pidan el divorcio, por lo que el mayor número de malos tratos se produce en los momentos de crisis, en los que la mujer, convencida de que es autónoma, decide que no quiere ni que le peguen ni que le chillen”, defiende, para matizar que siempre hay que dar una oportunidad a las personas, en este caso mediante tratamientos puesto que, bajo su punto de vista, sólo las nuevas generaciones pueden ser educadas en el respeto a la igualdad.

Además, prosigue Luis Arroyo: ”Antes las penas eran pequeñas porque las conductas se consideraban muy poco graves y, por lo tanto, los jueces no podían hacer nada. El actual incremento de las penas ha hecho que éstas se correspondan con la realidad de los hechos”, asevera, puntualizando que la modificación y el incremento de las penas en el Código Penal no va a poner fin de repente a la violencia de género pero “sí ha acabado con la impunidad de los agresores y la soledad de las mujeres”, asegura el catedrático de Derecho Penal y ex-rector de la Universidad de CLM.

La lucha contra el terrorismo, una guerra de inteligencia

Un gran y complejo problema de nuestro tiempo es la lucha contra el terrorismo, más complicado que las guerras mundiales, manifiesta Luis Arroyo, para quien el tema del terrorismo no tiene ni fronteras ni territorios, por lo que “se convierte en una guerra de inteligencia, que es lo contrario de abuso”, apunta, refiriéndose a la actitud estadounidense y “la utilización de los fines de la llamada lucha contra el terrorismo para quedarse con el petróleo de Irak”, censura.

Por otra parte, añade Luis Arroyo, “el terrorismo dispone hoy de unas tecnologías que distan mucho de la bomba casera y los atentados con pistola, a lo que se suma que a los nuevos terroristas no les importa arriesgar su vida porque consideran que si se matan van al cielo, como antiguamente en las Cruzadas”. Para el Catedrático, estas características del terrorismo sobrepasan la barrera de lo estrictamente jurídico, reconociendo que ante este tipo de locuras los juristas no están preparados pero sí tienen la responsabilidad de proteger los derechos de los ciudadanos que son sometidos a exagerados controles en los aeropuertos, siendo así “víctimas de la paranoia norteamericana, que son los que formaron a los terroristas hace 20 años y ahora nos hacen pagar a todos cercenando la libertad de los ciudadanos”, denuncia, para destacar que “el gran triunfo de los terroristas es alterar la vida de los ciudadanos y en Estados Unidos lo han conseguido porque los han enloquecido, causando daños irreversibles en la historia de la humanidad, con sus cómplices en otros sitios”, concluye Luis Arroyo, catedrático de Derecho Penal.

La inversión en I+D, un factor clave

En el campo de la investigación, la Universidad desempeña una importante labor que posteriormente es transferida al mundo empresarial. Sin embargo, desde el punto de vista de Luis Arroyo, habría que cambiar la cultura de la empresa española que lleva 50 años con una misma dinámica, comprar el I+D hecho, aunque apunta algunas excepciones como la Fundación Campollano.

Por ello, para Luis Arroyo, es fundamental estimular al empresariado y, sobre todo, “ayudarle a descubrir qué es lo que le interesa a cada sector productivo”, subraya, poniendo como ejemplo la colaboración existente entre Universidad y empresa, con la intermediación de la Junta de Comunidades, en el tema del aprovechamiento del agua y el sistema de control de riego, dirigido desde el Centro Regional de Estudios del Agua: “Los agricultores saben que les interesa aprovechar el agua, por lo tanto son ellos mismos los que realizan la demanda”, señala, para incidir en la importancia de las nuevas tecnologías, la cultura digital y el marketing, que es de lo que depende hoy en día el éxito comercial de las empresas.

En opinión del catedrático de Derecho Penal, Luis Arroyo, existen una cooperación notable entre la Universidad y las empresas en el campo de la investigación pero reconoce que queda mucho por hacer, sin obviar ciertas dificultades que complican la colaboración como es la diversificación de las facultades en distintos campus universitarios de cada provincia: “La facultad de Medicina está ubicada en Albacete pero hay hospitales en las cinco provincias y sólo podemos tener una facultad de Medicina porque sería insensato tener más”, ejemplifica, indicando que solventar estos obstáculos requiere paciencia, criterio y mucha cooperación institucional.