El agua, patrimonio de todos los ciudadanos

El agua es patrimonio de todos los ciudadanos y debe contribuir al desarrollo sostenible de todos y cada uno de los territorios.

El agua potable, un elemento esencial para la vida, es un bien inaccesible para millones de personas en todo el mundo. Se calcula que cada ocho segundos muere un niño debido a alguna enfermedad transmitida por el agua insalubre. Además, la carestía de este recurso obliga a millones de ciudadanos, normalmente mujeres y niñas, a trasladarse diariamente hasta lugares muy lejanos para abastecerse de agua que después transportan hasta sus casas.

Se calcula que los 6.600 millones de habitantes de la Tierra consumen más de la mitad del agua dulce disponible. Si la situación no cambia, esta cuota aumentará al 70% en el año 2025 debido al crecimiento demográfico. Además, de los 26 países de África y Asia que sufren en la actualidad una situación de escasez de agua, se calcula que en los próximos cincuenta años naciones como Argelia, Egipto, Libia, Marruecos y Tunicia tendrán grandes problemas de desabastecimiento. Como consecuencia de estas expectativas, el agua ha comenzado a tener un valor comercial. Los recursos hídricos empiezan a tener dueños, un hecho que se quiere evitar a toda costa para que no genere en el futuro una crisis mundial.

La paradoja del agua embotellada

Mientras el Tercer Mundo no conoce el agua potable, los restaurantes de lujo de las grandes ciudades de los países más desarrollados ofrecen junto con su carta de vinos una selección de aguas minerales de distintos orígenes. En Europa el consumo de agua embotellada crece a un ritmo anual del 12%. En la mayoría de los casos se trata de agua mineral o de manantial (es decir, procedente solo de naturales), pero en los últimos años ya han llegado a los mercados las denominadas aguas potabilizadas, tratadas o purificadas. Estas no son más que agua obtenida de la red de suministro público y filtrada para eliminar algunos residuos inocuos (tal como hacen los filtros que se pueden colocar en los grifos de las casas). En otros casos este agua se obtiene de acuíferos subterráneos, por lo que tiene que ser también tratada microbiológicamente.

Según el informe elaborado en 2003 por la UNESCO, este tipo de aguas “solo se diferencia del agua del grifo en la manera en que se distribuye (en botellas en lugar de a través de tuberías) y en su precio”, mucho más caro.

Tanto los grupos ecologistas como las asociaciones de consumidores han alertado de la salida al mercado de estas marcas. Los primeros denuncian el daño ecológico que suponen embotellar en plástico millones de litros de agua cuya calidad no es superior a la del grifo.

Las asociaciones de consumidores se quejan de la estafa que supone para el bolsillo de los ciudadanos, que hasta ahora siempre habían tenido la certeza de que el agua embotellada era mineral, y reclaman un etiquetado diferente para que el consumidor no se sienta engañado.

Resulta paradójico que mientras en los países más avanzados muchos ciudadanos renuncian a beber agua del grifo, en más de cincuenta países subdesarrollados la población no puede disponer de agua corriente en sus casas.

La privatización de los recursos hídricos

En los últimos años varios países han iniciado una política de privatización del agua mediante la concesión de los servicios de distribución a empresas particulares. Este hecho puede convertirse en un problema para los ciudadanos, pues si el agua se considera como un servicio y no como un derecho las compañías privadas pueden tener un control absoluto sobre las tarifas. En lugares muy distanciados, como Cochabamba (Bolivia), Soweto (Sudáfrica) y Yakarta (Indonesia), se han producido grandes manifestaciones en contra de la privatización de las redes de abastecimiento de agua. En algunas ciudades el incremento del precio de agua debido a la privatización alcanza ya el 10% del sueldo de un trabajador.

Las regiones agrícolas como Cochabamba, considerada el granero de Bolivia, son las más susceptibles a sufrir los problemas económicos que podrían derivarse de la privatización de los recursos hídricos. La privatización de los recursos hídricos preocupa a los países y en la Expo de Zaragoza ya han surgido voces contrarias que reclaman que el agua sea considerada un derecho y no un producto comercial. La guatemalteca Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, aseguró que “el agua es el corazón de los problemas de la Tierra” y pidió “cambios legislativos tanto a nivel nacional como internacional, para que quede consagrado que el agua es un bien universal”. Del mismo modo reclamó que las leyes eviten “la privatización de las fuentes y cuencas de agua, origen de las desigualdades”. La mayoría de los especialistas congregados en la Tribuna del Agua de la Exposición de Zaragoza abogaron por la necesidad de que el agua fuera considerada un derecho de todos los ciudadanos de la Tierra.

Según la Organización Mundial de la Salud, 1.500 millones de personas no tienen acceso al agua potable y más de cinco millones mueren al año debido a enfermedades derivadas de la deshidratación y del consumo de agua insalubre. En ciudades como Yakarta la contaminación del Ciliwung, un río totalmente cubierto de basura de cuyas aguas se abastecen ocho millones de ciudadanos, provoca a menudo graves problemas gastrointestinales a la población. La falta de agua potable no solo afecta a la salud, sino que impide el desarrollo agrícola y limita la producción de alimentos básicos como el arroz y otros cereales. Sin agua el Planeta no solo pasa sed, sino también hambre.

El cambio climático está provocando tanto desertizaciones como grandes inundaciones

La cantidad de agua en la Tierra no ha variado en millones de años. Siempre es la misma y según los científicos siempre será así. El ciclo natural del agua hace que nunca aumente ni disminuya. Sin embargo, el incremento del consumo a escala mundial y la contaminación de los principales ríos y acuíferos han provocado que este líquido necesario para la vida comience a escasear incluso en las regiones más desarrolladas del Planeta. Los dilatados períodos de sequía que sufren algunas regiones agrícolas han acentuado el problema de distribución del agua en el mundo. El cambio climático ha radicalizado los fenómenos naturales y cada vez es más frecuente que mientras unas zonas del Planeta se desertizan otras sufran los mayores desastres por inundaciones de su historia.

El 97% del agua de la Tierra es salada. Solo el 3% es agua dulce, pero esto no quiere decir que toda sea accesible ni potable. De esa cantidad de agua dulce, un 2,15% corresponde al hielo de los casquetes polares, lo que deja un 0,85%, que se reparte entre los acuíferos (0,61%), los lagos (0,009%), los mares interiores (0,008%), la humedad del suelo (0,005%) y de la atmósfera (0,001%), y los ríos (0,0001%). El agua es por tanto uno de los recursos más escasos con los que cuenta el hombre. Y a la vez es el más necesario.

El agua y los conflictos entre países

La situación de “estrés hídrico” aumentará conforme avance el siglo XXI. La ONU calcula que en 2025 más de 3.000 millones de personas vivirán bajo el umbral de la pobreza hidrológica. En 2050 será aún peor, pues la cifra aumentará hasta los 5.300 millones de personas.

Los países pobres de África y Asia serán los más afectados, aunque también sufrirán la escasez las naciones árabes en vías de desarrollo. Si esto llegara a ocurrir, podrían producirse grandes conflictos territoriales, sobre todo en las denominadas cuencas compartidas.

Son muy pocos los países que disponen de recursos hídricos exclusivos. En la actualidad el 47% de la población mundial vive en alguna de las 215 cuencas hidrológicas compartidas por varias naciones. Así, dos millones de personas dependen de la cooperación entre su país y sus vecinos para tener garantizado el suministro de agua. La construcción de una presa, un pantano o el desvío del caudal de un río en un país pueden afectar gravemente a la economía de los países colindantes.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) se esfuerza por recordar que la política hidrológica de cada país tiene que respetar el acceso al agua a las naciones vecinas, por lo que insta a que estas sigan planes comunes.

No existen tratados internacionales que regulen el reparto de agua de los ríos que cruzan varias naciones, por lo que si un Gobierno decide cerrar el grifo (construyendo una presa o desviando los cauces fluviales, por ejemplo) puede dejar desabastecido a millones de ciudadanos de otros países vecinos.

La Carta de Zazagoza y la gestión correcta del agua

La escasez de agua potable en el Planeta azul exige una mayor moderación en el consumo y un mayor ahorro. En la Exposición Internacional sobre Agua y Desarrollo Sostenible celebrada en Zaragoza durante este año 2008 el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, abogó por que todas las naciones lleguen en un futuro a firmar grandes acuerdos sobre el agua. Zapatero aseguró que “el reparto de agua necesita una solidaridad imperiosa y responsable con quienes no tienen ni lo mínimo”.

La Exposición de Zaragoza, a través del foro Agua Compartida, que reunió a expertos y especialistas de todo el mundo, propuso utilizar el término cuenca hidrográfica “para sustituir las fronteras trazadas con tiralíneas por la historia y la política”. También mostró técnicas novedosas para obtener agua, como la desarrollada por Roger Stone, responsable del National Task Group for Precipitation Enhancement Research, en Australia. Este ingeniero ha desarrollado un sistema basado en la denominada “siembra de nubes” que permite provocar la lluvia y que puede suponer una gran iniciativa para hacer frente a las sequías provocadas por el cambio climático.

La Exposición Internacional sobre Agua y Desarrollo Sostenible se clausuró con la firma de la Carta de Zaragoza, un código ético que permitirá la cooperación de los países para la correcta gestión del agua en el siglo XXI.

Observatorio Nacional de la Sequía

La sequía es un fenómeno extremo cuyos límites geográficos y temporales son difíciles de determinar, pudiendo convertirse en un desastre natural cuando no existe capacidad de gestión de los recursos hídricos.

El Observatorio Nacional de la Sequía (ONS) es una iniciativa del Ministerio de Medio Ambiente y del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación que pretende aglutinar a todas las administraciones hidráulicas españolas con competencias en materia de aguas, para constituir un Centro de conocimiento, anticipación, mitigación y seguimiento de los efectos de la sequía en el territorio nacional.

Pueden formar parte de este Observatorio: los ocho Organismos de cuenca intercomunitarios dependientes de la Administración General del Estado; las siete Administraciones Hidráulicas intracomunitarias (Galicia Costa, País Vasco, Cuencas Internas de Cataluña, Cuenca Mediterránea Andaluza, Cuenca Atlántica Andaluza, Islas Baleares e Islas Canarias); las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla; las diecisiete Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales. Se trata, por lo tanto, de un verdadero Observatorio Nacional donde todos los actores con responsabilidades e intereses tienen cabida y donde cada uno debe aportar la información que le corresponda para poder realizar una gestión que permita anticiparse a los efectos de la sequía y mitigar sus consecuencias en los ámbitos medioambientales, sociales y económicos.

Esta iniciativa se enmarca dentro de la nueva política de refuerzo del control público del uso y la calidad del agua y de potenciación de la participación y la corresponsabilidad de los ciudadanos para combatir el despilfarro, la especulación, la insuficiencia y la contaminación del agua.

El ONS es un claro exponente de esta política de participación, no sólo de las administraciones hidráulicas competentes, sino de todos los ciudadanos que quieren y demandan transparencia informativa y calidad de la información. Por ello, el ONS nace con la premisa de ser un centro de referencia para el seguimiento y análisis de la sequía en España y no sólo un lugar de contenidos mediáticos. Para esto es imprescindible la participación ciudadana, ya sea a través de las Comisiones con Usuarios y Expertos o mediante las campañas de educación ambiental promovidas por las diferentes administraciones.

Los problemas de desabastecimiento de agua provocan tensiones entre los países

Se habla ya de pobreza hidrológica para denominar la situación de aquellos países que, aunque poseen otro tipo de riquezas, pronto carecerán de agua para cubrir las necesidades de su población.

La ONU establece que una población está en una situación de “estrés hídrico” cuando su país no puede garantizar un índice de 1.700 metros cúbicos de agua por individuo al año. En este caso los problemas de desabastecimiento provocan tensiones entre las regiones del propio país que pronto traspasan fronteras.

Según la ONU, más de cincuenta países (el 30% de la población mundial) no cuentan con los recursos e infraestructuras suficientes para asegurar el abastecimiento de agua potable a todos sus habitantes. En la actualidad, en algunas regiones como Palestina los ciudadanos no alcanzan los 300 metros cúbicos por persona al año y los acuerdos sobre el acceso al agua constituyen uno de los puntos clave para sus negociaciones de paz con Israel. El Gobierno israelí ha utilizado el control del agua para presionar a Palestina y ha prohibido las perforaciones de nuevos pozos en los territorios palestinos ocupados en 1967, mientras que no ha tenido inconveniente en autorizarlas en los nuevos asentamientos judíos. El agua se ha convertido así en un arma política y en un sistema de presión muy efectivo que también se encuentra entre las causas del conflicto africano de Darfur (Sudán).

El Programa A.G.U.A. en España

El viernes 3 de septiembre de 2004, la entonces ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, presentó el Programa A.G.U.A. (Actuaciones para la Gestión y Utilización del Agua) como alternativa al Trasvase del Ebro, contemplado en el PHN y derogado el mes de junio de 2004 (RD Ley 2/2004, de 18 de Junio, BOE de 19 de junio). Según la ministra, el Programa A.G.U.A. está dirigido a lograr una “mejora en la gestión y en la reutilización del agua, contribuyendo a una mejor calidad de ésta, así como de los ecosistemas asociados, incrementando la oferta de recursos hídricos obtenidos de forma sostenible y garantizando la disponibilidad del agua racionalmente necesaria”.

“Más agua y más barata”

Con este Programa, el Gobierno confía en poder garantizar “más agua y más barata” de la que inicialmente ofrecía el proyecto del trasvase del Ebro. Para ello, el Programa se centra en lograr un buena optimización de los recursos existentes y en aprovechar las tecnologías nuevas que hasta ahora se han utilizado poco.

El Programa contempla 105 actuaciones divididas en 3 grupos dirigidos a lograr: un incremento de la disponibilidad de los recursos hídricos; una mejora en la gestión de los recursos hídricos; y una mejora de la calidad del agua, prevención de inundaciones y restauración ambiental.

La provincia de Albacete, en el Programa A.G.U.A.

El Programa A.G.U.A. destina 14 millones de euros a la mejora de la gestión de los recursos hídricos y a la mejora de la calidad del agua a la provincia de Albacete (la práctica totalidad de estas ayudas están dedicadas a mejoras en la comarca de Hellín), la única provincia castellano-manchega beneficiada con este Programa.

Mejorar la calidad y la disponibilidad del agua

El Gobierno español está muy comprometido con la gestión y reparto del agua y fija los objetivos perseguidos por las actuaciones contempladas en el Programa A.G.U.A. que tienen como finalidad resolver de forma gradual las carencias en la gestión, en la disponibilidad y en la calidad del agua que afectan a amplias zonas de nuestro país, especialmente a las regiones deficitarias del área mediterránea.

Las prioridades del Ministerio de Medio Ambiente se centran principalmente en la mejora de la calidad del agua y en menor medida en un aumento de este recurso natural.

Agua y desarrollo sostenible

En muchos lugares de España, en pleno siglo XXI, existen deficiencias de abastecimiento de agua potable o problemas de contaminación del agua que perjudican las posibilidades de desarrollo económico y suponen un riesgo para la salud y para el mantenimiento de los ecosistemas. La prioridad del actual Gobierno es eliminar tal situación, inadmisible en nuestro país.

El deseable incremento de la disponibilidad y calidad del agua debe contribuir a un modelo de desarrollo económico más sostenible: es decir, más duradero y más saludable. Un desarrollo más inteligente y más responsable, bien diferente del “desarrollismo” que tiende a degradar y a agotar los recursos naturales en pos de un crecimiento económico de corta duración, que acrecienta las desigualdades sociales y compromete seriamente las posibilidades del futuro.

El Programa A.G.U.A. pretende también que los ciudadanos tomen conciencia de que el agua dulce de calidad es un recurso natural, cada vez más escaso a nivel superficial y subterráneo, necesario no sólo para el crecimiento económico, sino imprescindible como soporte de cualquier forma de vida en la naturaleza.

El Programa A.G.U.A. tiene en cuenta la vulnerabilidad de los ecosistemas acuáticos situados cerca de las costas y los estuarios, o en golfos o mares relativamente cerrados, puesto que el equilibrio de todas estas zonas depende en buena medida de la calidad de las aguas continentales que fluyen hacia ellas. Así mismo, tiene en cuenta que la preservación del estado de las aguas en las cuencas hidrográficas proporciona beneficios económicos, al contribuir a la protección de las poblaciones piscícolas, incluidas aquellas que tienen su hábitat cerca de las costas.

Por ello, el Programa A.G.U.A. desarrolla actuaciones ligadas a la gestión, reutilización y al ahorro de agua, con perjuicio mínimo para la estructura y condiciones de los ríos, sus desembocaduras o el litoral costero, y contribuye a la regeneración ambiental del dominio público hidráulico y marítimo y de los ecosistemas asociados a los mismos.

De las opciones estudiadas para dar solución a cada problema del agua en cada cuenca hidrográfica, se han seleccionado aquellas que, en conjunto, presentan el menor impacto ambiental posible.

El aumento de la temperatura está provocando el deshielo de los casquetes polares

Uno de los factores que más influye en la situación hídrica actual del Planeta es el cambio climático.

Mientras medio Planeta sufre la sequía y la desertización, la otra mitad se ve afectada por grandes inundaciones y desastres naturales provocados por el agua, como los tsunamis o los ciclones. La radicalización del clima supone una amenaza para la agricultura y para la configuración del Planeta. El aumento de la temperatura de la Tierra está provocando el deshielo de los casquetes polares y la desertización del norte de África y del sur de Europa. El Planeta azul vive amenazado por un calentamiento que puede modificar el mapa de la distribución del agua.

Además, en las zonas con más riesgo de desertización los acuíferos de agua dulce se encuentran sobreexplotados y corren el peligro de quedar agotados debido al aumento de su salinidad, que hace que el líquido deje de ser apto para el consumo humano y para la agricultura. El agotamiento de las reservas hídricas subterráneas supone una grave amenaza para la seguridad alimentaria tanto de los países desarrollados como de los que se encuentran en vías de desarrollo, pues gran parte del agua que se utiliza para regar los campos procede a menudo de estos pozos.

La tecnología ha comenzado a mirar hacia los océanos y en la actualidad se tienen grandes esperanzas en las plantas desalinizadoras, capaces de convertir el agua del mar en agua apta para el consumo tras un sencillo, aunque costoso, proceso industrial. En la actualidad se desalinizan más de 24 millones de metros cúbicos diarios de agua. En la práctica esta cantidad permite el abastecimiento de más de cien millones de personas.