Urgencia de políticas económico-energéticas

Partiendo de los datos arrojados por el Informe Stern, según el cual se necesita una inversión equivalente al 1% del PIB mundial para mitigar los efectos del cambio climático o en caso contrario el mundo se expondría a una recesión que podría alcanzar el 20% del PIB global, así como de los contenidos derivados del Consejo Europeo de Primavera de marzo de 2007, que empiezan a cuantificar lo que puede costar a la Unión Europea los efectos del cambio climático, y los últimos datos de la Agencia Internacional de Energía (AIE) que reflejan la amenaza de una grave depresión económica, Javier García Breva, director de Solynova Energía y ex-director del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), iniciaba su intervención advirtiendo de la necesidad del diseño de una política energética desde el punto de vista económico supeditada al clima.

Ante este escenario mundial, para García Breva, el mayor imperativo que exige una planficiación energética, hoy en día inexistente, no viene dado por la rentabilidad que evidentemente tiene que tener cualquier actividad económica, sino que viene originado por el cambio climático y por los movimientos que se están produciendo a nivel global sobre la sociedad de abastecimiento.

Javier García Breva denunciaba así la inexistencia de una ley de energías renovables en España, en contraposición a China, que tiene la ley más ambiciosa de energías renovables, si bien es cierto, que a nivel autonómico, “, Andalucía y Murcía sí tienen leyes de energías renovables”, matizó, para añadir que todos los objetivos de energías renovables y de eficencia energética tienen que pasar a ser vinculantes, y no indicativos, es decir, no voluntarios.

Por todo ello, en su opinión, la medida de política energética más importante que ha tomado el Gobierno es el Plan Nacional de Asignación de Derechos de Emisión.

España precisa más esfuerzo en renovables

Según indicó Javier García Breva, el consumo de energía está creciendo tan deprisa que absorbe el incremento de energías renovables, por lo que para el cumplimiento del 12% de consumo de las mismas en 2010, objetivo actual de la Unión Europea y de España, “tendríamos que triplicar el esfuerzo realizado en 2006, cada año, y para conseguir que en 2020 el 20% del consumo de energía primaria en España sea renovable tendríamos que cuadriplicar los objetivos del actual Plan de Energías Renovables 2005-2010”, calcula.

A pesar de que España es líder indiscutible en energías renovables, bajo el punto de vista de Javier García Breva, si no evolucionamos con las políticas adecuadas, ese liderazgo de España se va a ir desplazando hacia Estados Unidos, a lo que añade que si bien es cierto que España tiene el mejor I+D en tecnologías renovables del mundo, los chinos llevan unos años viniendo a nuestro país a copiar nuestros modelos para vendérselo a Estados Unidos, de manera que China se ha convertido en el líder fabricante en tecnologías renovables.

Ante esta situación, García Breva no duda en presagiar que España puede perder la oportunidad de liderazgo y para evitarlo existen actualmente dos barreras. La primera son las Administraciones, no sólo la central, sino también la autonómica y la local, “si se cree que es necesario que nuestro sistema energético tenga un 12% o un 20% de consumo de energías renovables, la clave es la voluntad política”, asevera.

En segundo lugar, existen prejuicios sobre la carestía de las energías renovables que no tienen en cuenta que cada kilowatio de energía renovable que consumimos supone un ahorro de importaciones energéticas en gastos de petróleo que viene de fuera y emisiones de CO2.

Además, frente a la opinión generalizada de que las energías renovables son caras porque están subvencionadas, Javier García Breva, basándose en los informes de la Agencia Europea de Medio Ambiente, aclaró que todas las fuentes energéticas están subvencionadas: “En toda la Unión Europea, el 43% de las ayudas que se dan a la energía van destinadas al carbón; el 30%, al gas y al petróleo; el 8%, a la energía nuclear; y el 19%, a las energías renovables”, precisó García Breva, para defender que todas las fuentes energéticas son caras y que las más subvencionadas son precisamente los combustibles fósiles.

La se presenta como una importante fuente de energía mediante los cultivos energéticos

Ante las alternativas que se ofrecen a las actividades agrícolas, a parte de la producción de alimentos, se ha acuñado el concepto de agroenergética para designar a la nueva faceta de la agricultura que se dedica a la producción de biomasa a través de cultivos específicos. Jesús Fernández, catedrático de Producción Vegetal en la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid, señaló tres circunstancias que han favorecido el desarrollo de esta nueva actividad: la disponibilidad de gran superficie de tierras agrícolas sin cultivar; la necesidad de buscar fuentes energéticas, especialmente autóctonas y renovables, que ofrezcan una alternativa a los combustibles fósiles; y la lucha por reducir el incremento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, principalmente el dióxido de carbono.

Para Jesús Fernández, el planteamiento de la agroenergética no es el aprovechamiento de residuos, sino el desarrollo de una agroindustria para la cual hay que realizar una planificación de cultivos energéticos mediante una selección de especies que difiere de los planteamientos clásicos sobre los que se asienta la selección de los cultivos alimentarios. Por ello, en su opinión, el empleo de los cultivos agroalimentarios con fines energéticos es coyuntural, hasta que se realice una selección de las especies más idóneas para la producción de biomasa con fines energéticos, que no tiene por qué coincidir con los cultivos tradicionales, seleccionados según unos condicionantes poco significativos en el caso de los cultivos energéticos, para cuyos fines no es relevante que sean tóxicos o malolientes, sino que “lo importante es que tengan un balance energético positivo, es decir, que la energía neta contenida sea superior a la gastada en el cultivo y en la obtención de los biocombustibles”, prioriza, para destacar las características del cardo, y en general las malas hierbas, como cultivos energéticos idóneos.

Apuesta de Iberdrola por las energías renovables

A principios de este nuevo siglo, Iberdrola decidió apostar por las energías renovables y en tan solo seis años, según significó José Antonio Arrieta, director de Proyectos de Biomasa de Iberdrola Energías Renovables, se ha convertido en líder mundial en energías renovables.

A pesar del crecimiento estadounidense y a la posibilidad de un cambio de foco en cuanto a los países que apuestan en energías renovables, José Antonio Arrieta aseveraba que es muy poco posible que Iberdrola pierda ese liderazgo mundial, puesto que su apuesta está consolidada sobre una avanzada tecnología, tanto en conocidas técnicas, como es la energía eólica, como en lo que podríamos llamar energías emergentes y cualquier tipo de energía no consolidada en el mercado, destacando especialmente el Centro Regional de Energías Renovables de Toledo, desde el cual se gestionan y controlan todas las instalaciones de renovables de Iberdrola en el mundo, “una iniciativa que no tiene paragón en nuestros competidores”, comparó José Antonio Arrieta.

Las plantas de biomasa, todavía en investigación

La energía eólica ha crecido en los últimos años exponencialmente, mientras que el resto de energías renovables, entre ellas la biomasa, no han evolucionado de la misma manera “por falta de viabilidad económica en los proyectos, fundamentalmente porque el Real Decreto no contempla adecuadamente estas tecnologías para hacerlas crecer de forma económicamente eficiente”, considera José Antonio Arrieta, estimando que hasta mayo de 2007, fecha en que se aprobó el Real Decreto 661, no se han cumplido las expectativas, llegando a afirmar que no se van a cumplir los objetivos 2005-2010 y, tal como se está gestionando el Plan de Energías Renovables 2010-2020, “difícilmente se conseguirán los objetivos en áreas como la biomasa”, presume.

No obstante, Arrieta insistió en la viabilidad de los proyectos de construcción de plantas de biomasa a pesar de que este tipo de energía plantea unas dificultades que no tiene la energía eólica o la solar. Por ello, cree que hay que estudiar con mucho detalle los tipos de biomasa, sus características, potencial y las distintas soluciones logísticas, a lo que habría que añadir que el mercado de proveedores es incipiente o prácticamente inexistente.

Actualmente, Iberdrola tiene tres proyectos de biomasa: en Archidona, con 15 megavatios, basado en poda de olivar; Somozas, en la provincia de La Coruña, con 7,7 megavatios basado en residuo forestal; y la planta de Cogruete, en Guadalajara, de dos megavatios y también basada en residuo forestal.

En palabras de José Antonio Arrieta, “el objetivo de estos proyectos es aprender, por lo que para sacar adelante un plan estratégico de biomasa, durante el último año, nos hemos dedicado a investigar, con el apoyo externo de empresas y de las Universidades de Castilla-La Mancha y de Vigo, la caracterización de las distintas biomasas, cómo se tienen que tratar, el secado, etc., fundamentalmente buscando esa aproximación al punto punto clave, que es la logística”, expuso José Antonio Arrieta.

Objetivos del PER para biocarburantes

Mediante un trabajo realizado desde Syngenta, empresa multinacional dedicada a la agricultura y bajo el título “Prospectiva sobre las alternativas de cultivos para biocarburantes en el territorio español”, Esteban Alcalde y Pilar Román analizaron la producción de los biocarburantes en España.

En lo que se refiere a los biocarburantes, los objetivos del Plan de Energías Renovables (PER) 2005-2010 son de un 5,75% de biocarburantes para transportes, un objetivo que para Alcalde y Román choca con los intereses de las empresas productoras de carburantes de petróleos, ya que los biocarburantes, de momento, no son económicamente competitivos frente a los derivados del petróleo, por lo que necesitan apoyos públicos que podrían reportar beneficios en el desarrollo rural, pero dependiendo de cómo se trabaje con los biocarburantes “habrá ese beneficio para el mundo rural o, por el contrario, puede que no lo haya”, matizaron.

Si bien es cierto que la producción de biocarburantes abre un nuevo campo en el mundo de la agricultura, no hay que olvidar que es un tema mucho más complejo de lo que parece a primera vista y no es tan fácilmente positivo porque “se han producido tensiones importantes con la cadena agroalimentaria que, de alguna forma, han incidido en los precios”, observaron.

Extensiones necesarias de cultivos energéticos

Existe una clara distinción entre los cultivos para generar bioetanol y biodiésel: para bioetanol se precisan cultivos amilanáceos, que producen almidón y que en el caso de España son, fundamentalmente, trigo, cebada y maíz, o cultivos azucarados como la remolacha, mientras que para biodiésel se necesitan cultivos que produzcan aceite, como el girasol y la colza.

Según la cantidad de biocarburante que se obtiene por kilo de materia prima, variable según los cultivos, el cultivo más adecuado es el maíz, seguido, por este orden, del trigo, la colza y el girasol, la cebada y, por último, la remolacha.

Considerando la productividad de los cultivos por hectárea (un dato muy importante, ya que la superficie dedicada a los cultivos es significativa en el impacto en la cadena agroalimentaria), el cultivo elegido sería la remolacha, con una producción de 6.000 kilos de biocarburante por hectárea, en segundo lugar, el maíz y, en último lugar, el girasol.

En función de estos niveles de rendimiento, Alcalde y Román han calculado cuál sería la extensión de cultivo necesaria para cumplir los objetivos del Plan que el Gobierno ha planteado para 2010 a través del PER: “Si quisiéramos cumplir todos los objetivos con producción local, para la producción de bioetanol necesitaríamos cerca de 600.000 hectáreas de trigo, 700.000 de cebada, 200.000 de maíz y 30.000 de remolacha, mientras que para la producción de biodiesel necesitaríamos tres millones de hectáreas de girasol y un millón y medio de colza.

De estos datos, se deriva que para producir bioetanol sería necesaria la mitad de toda la cosecha de trigo española; del 20 al 30% de la cosecha disponible de cebada; de maíz, entre el 40 y el 50%; y de remolacha se necesitaría más de toda la superficie actual, pero para producir biodiésel se necesitaría entre dos y tres veces la superficie actual de girasol y de colza, es decir, casi cinco veces más entre los dos cultivos. De todo ello, Esteban Alcalde y Pilar Román deducen que en España nos encontramos en una situación difícil para producir biodiésel.

Las investigaciones sobre la remolacha y la colza supondrían un gran avance en biocarburantes

La conclusión a la que han llegado Esteban Alcalde y Pilar Román a través de su estudio es que el sistema agrario español está mucho mejor preparado para la producción de bioetanol que de biodiésel, cuyos objetivos tendrán que ser conseguidos únicamente a través de la importación de aceites de países terceros.

Por otra parte, el empleo de remolacha para producir bioetanol causaría menor impacto sobre la cadena alimentaria, y por tanto menor influencia en los precios, además de poseer un balance energético mucho mayor que los cereales, puesto que las diversas fases por las que deben pasar los cereales antes de ser fermentados precisan de un gran consumo de energía, mientras que en el caso de la remolacha se puede extraer el azúcar para fermentar en el proceso inicial.

A pesar de las ventajas de la remolacha y puesto que los procesos actuales no permiten mezclar distintos tipos de cultivos, las tres industrias españolas que producen bioetanol han pasado a utilizar cebada, cuyos rendimientos por unidad de materia prima son los menos óptimos pero, por cuestiones de precios y logística, actualmente en España resulta más sencillo el empleo de la cebada para la producción de bioetanol.

Como propuestas de investigación a desarrollar, Esteban Alcalde y Pilar Román apuntaron que las inversiones más interesantes son las encaminadas a la adaptación del cultivo de la remolacha y de la colza, puesto que un avance en la investigación de ambos cultivos podría ponernos en otro escalón distinto en lo que se refiere a la producción de biocarburantes.