Un ecosistema privilegiado

Las tablas fluviales son desbordamientos de los ríos en sus tramos medios, que provocan grandes encharcamientos, debido a la escasez de desniveles en el terreno, formando así un ecosistema, en otros tiempos muy extendido en la llanura central de la Península Ibérica, especialmente en La Mancha, y del que lamentablemente sólo queda el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel en la provincia de Ciudad Real.

Las Tablas de Daimiel se formaron por los desbordamientos de los ríos Guadiana y Cigüela en su confluencia. Bajo su superficie, se encuentra una inmensa esponja de piedra, denominada acuífero 23, originada por el fenómeno natural del Karst mediante la descomposición, en primer lugar, de la roca caliza al infiltrarse el agua aportada por la lluvia y la posterior ocupación del agua por los intersticios de la piedra en un proceso de millones de años de duración.

La singularidad de las Tablas de Daimiel, lo que las convierte en un ecosistema privilegiado, responde a que están formadas por las aguas de dos ríos de diferente naturaleza: el agua del río Cigüela, que procede de los páramos de Cabrejas en la serranía conquense, aporta aguas salobres, mientras que el río Guadiana aporta aguas dulces que surgen de sus ojos a unos quince kilómetros al norte del Parque Nacional. Esta característica hace de las Tablas de Daimiel un ecosistema singular, único en su género, proporcionando una gran diversidad ecológica.

En el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel se pueden realizar tres itinerarios.

El itinerario de la Isla de Pan es un circuito que recorre cinco islas, de las más de 30 que existen en el paraje.

El itinerario de La Laguna Permanente conduce a una laguna desde cuyos observatorios se contemplan, según época del año, diversas aves acuáticas.

Finalmente, el itinerario de La Torre del Prado Ancho bordea las tablas centrales, con cuatro observatorios faunísticos a lo largo del recorrido. Al final de la senda nos encontramos en el lugar más elevado del Parque Nacional, donde se goza de la mejor panorámica del corazón de las Tablas y su fauna.

Vegetación de las Tablas

En la parte más superficial de los tablares se asienta la masiega, especie de hojas afiladas, que prefiere las aguas salobres del Cigüela, por lo que es más fácil encontrarla en la zona norte del Parque, donde vierte este río, y en el centro de las Tablas. Destaca por sus cañas altas y plumeros superiores.

Formando manchas de extensión irregular en la superficie del tablar, se encuentran los carrizales en las áreas menos profundas y en casi toda la periferia del Parque. En las zonas más hundidas, comparte espacio con las eneas y, por su facilidad para adaptarse a los cambios ambientales y su gran poder colonizador, en los últimos años ha ido ganando terreno a la masiega.

También pueden observarse, aunque en menor número, zarzales, rosales silvestres y juncales, que junto con la grama común ocupan los suelos húmedos no salinos.

En las zonas más salinas, algunas especies halófilas se han adaptado a las condiciones extremas de la sequía y encharcamiento, según el período. Entre ellas destacan la sosa, planta de hojas carnosas, el limonium y el albardín, gramínea de buena altura que se reconoce fácilmente por las vainas. Todas ellas forman un paisaje característico que se denomina saladar, tipo de hábitat de interés prioritario en la Unión Europea. Sin embargo, el elemento vegetal de mayor interés ecológico es la comunidad acuática, que sirve de alimento a las aves y especies acuáticas, además de proporcionar cobertura a las larvas de los insectos y anfibios.

Las especies vegetales acuáticas son diferentes dependiendo de la composición mineral de las aguas y de la velocidad de la corriente: en las aguas tranquilas y someras es fácil encontrar praderas de chara, la ova más común, mientras que en las aguas del Guadiana, de mayor corriente, hay otras clases de ovas y largas madejas de algas.

La jopozorra enraiza en el fondo de las aguas remansadas, creciendo hasta la superficie, y los ranúnculos forman grandes comunidades que en primavera florecen cubriendo de flores blancas las láminas de agua. La única vegetación arbórea del interior del Parque es el taray, que forma pequeños bosques sobre suelos húmedos, pudiendo soportar algún periodo de inundación y cierto grado de salinidad en el suelo. El taray tiene ramas de corteza rojiza, mimbreñas y tortuosas que enraizan en el suelo; hojas menudas y elípticas; y flores pequeñas y globosas, con cáliz encarnado y pétalos blancos.

Como medida de protección, se declaró en 1973 el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

En 1963, frente a la puesta en marcha, unos años antes, de un proceso de desecación que afectó a más de 30.000 hectáreas de las cuencas de los ríos Guadiana, Záncara y Gigüela, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales (UICN) definió a las Tablas de Daimiel como área húmeda preferente del continente europeo.

Sin embargo, en esa década de los años 60, se aceleraron las obras de canalización de los ríos manchegos desecando la zona y, ya a comienzos de los 70, una extensión indiscriminada de regadíos acabó con los recursos hídricos del subsuelo. En pocos años el río Guadiana quedó definitivamente seco produciéndose un desastre ecológico y geológico de graves consecuencias.

Una de sus expresiones externas fue el de la combustión de la turba constituida por los restos vegetales acumulados durante siglos y que, al dejar de estar encharcados comenzaban a arder, bien de forma espontánea, bien inducidos por incendios en las tierras colindantes, produciendo vapores que salen a través de las grietas del terreno.

Como medida de protección y de finalización de la desecación de este enclave, se declara en 1973 el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y se crea una zona de Reserva Integral de aves acuáticas dentro del mismo y en 1980 se reclasifica el Parque Nacional. Posteriormente, en 1981, se incluye en el Programa MaB (Hombre y Biosfera) al declarar a La Mancha Húmeda como Reserva de la Biosfera, en 1982 se reconoce como Humedal de Importancia Internacional por el Convenio Ramsar y en 1988 se califica como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Zona Integral de Aves Acuáticas

La fama de Las Tablas de Daimiel se debe, en gran parte, a su avifauna. Muchas familias de palmípedas y zancudas habitan el paraje, pasan temporadas o hacen un alto en las Tablas en sus migraciones. La anátida más común es el ánade real, que se reproduce y vive en el parque de modo sedentario. El pato colorado, símbolo del Parque donde nidifica en un significativo número, lo que confiere a esta zona relevancia internacional, se encuentra en lagunas permanentes y profundas, donde puede asegurarse el alimento. Por el contrario, la cerceta común puede encontrarse en cualquier laguna y es, junto al pato cuchara, el más abundante de los patos invernantes. El ánade friso y el porrón común también pueden verse durante todo el año.

Entre las aves ardeiformes, destacan la garza imperial, la garza real, la cigüeñola, el avetorillo y el avetoro, nidificante ocasional en el Parque. También se puede observar en invierno, aunque prefiere las aguas costeras, el ánade silbón.

En las Tablas se pueden divisar especies relativamente escasas en la Península Ibérica como es el tarro blanco , el porrón moñudo o la malvasía.

Otras ánades ligadas al medio acuático son el zampullín cuellinegro, que tiene en la zona manchega el área de cría más importante del oeste de Europa, el zampullín común, el somormujo lavanco, el rascón y el fumarel cariblanco.

También se pueden observar en el Parque aves de zonas esteparias, anfibios y reptiles.

Gran riqueza autóctona desde la Edad Media

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha sabido aprovechar los abundantes recursos que le ofrecía este medio, ya que la presencia humana en las Tablas de Daimiel se remonta a las primeras culturas prehistóricas que las habitaron en la Edad del Bronce (1500 a.C.).

A mediados del siglo XX la fuerza con la que corría el agua de los ríos podía mover piedras de moler. Por ello, proliferaron los molinos, verdaderos núcleos sociales donde se molía el trigo, se vendía la pesca y la caza, se podía comer, dormir e intercambiar productos. En las Tablas y sus alrededores se llegaron a contabilizar hasta 14 molinos, alguno de los cuales se remonta a la Edad Media.

Por otra parte, la mayor parte de la historia de las Tablas de Daimiel y sus virtudes han sido escritas por cazadores, lo que demuestra la importancia de esta actividad desde antiguo. Los patos y jabalíes eran las principales presas, aunque allí, para comer se cazaba de todo.

En el siglo XIV, el infante don Juan Manuel se refiere a ellas en su “Libro de Caza”, describiéndolas como un lugar muy propio para la caza, al igual que en las “Relaciones Topográficas” mandadas realizar por Felipe II.

Gran parte de la fama que las Tablas adquieren como magnífico lugar de caza, sobre todo a partir de mediados del siglo XIX, se debe a la divulgación que de ellas hace el valenciano don Francisco Marti de Veses, que impulsa la Sociedad de Cazadores.

Julián Settier, gran enamorado de las Tablas, dejó en su libro “Caza menor, anécdotas y recuerdos” las mejores páginas que se han escrito sobre las Tablas, en las que plasmó el rico caudal humano que ordenaba su vida entorno a estas lagunas: charqueros o pescadores de las charcas, cazadores, pescadores, cangrejeros, sanguijueleros, masegueros…

En este paraje han cazado todos los personajes de cierta importancia o relevancia nacional que han compartido el gusto por la caza. Sin embargo, en 1959 se dicta la Orden Ministerial por la que se prohíbe definitivamente la caza en las Tablas y en 1966 se convierten en Reserva Nacional de Caza, reconociéndose la necesidad de iniciar un programa de protección y conservación de la fauna.

La pesca con redes también ha sido importante desde la Edad Media pero la fauna psicícola ha sido quizás una de las más afectadas por las desecaciones, ya que de inmediato se redujeron visiblemente la poblaciones de carpas, barbos, lucios, etc. A finales del siglo XIX se introdujo el cangrejo autóctono y pronto hubo más de 300 familias dedicadas a la pesca del cangrejo, especie que desapareció por una plaga de hongos y por los efectos negativos de la canalización de los ríos, por lo que paralelamente se introdujo el cangrejo americano pero la reducción de la superficie encharcada hizo que esta fuente de riqueza disminuyera hace 20 años.

Plan Especial del Alto Guadiana

La ruptura del equilibrio del hombre con el humedal de las Tablas de Daimiel desde hace décadas ha impulsado a las administraciones a poner en marcha medidas para restaurar el funcionamiento natural del ecosistema.

Así, ante la crítica situación en la que se encontraban las Tablas en el verano de 2007, con menos de un 1% de superficie inundada, el Gobierno central autorizó, con carácter prioritario, el envío de diez hectómetros cúbicos desde la cabecera del Tajo al Parque aprovechando el estado de humedad que tras las lluvias de mayo presentaba el cauce del río Cigüela.

El por entonces presidente del Patronato del Parque Nacional, Luis Arroyo Zapatero, resumía en los siguientes términos las medidas adoptadas en el Plan Es pecial del Alto Guadiana (PEAG), aprobado el 14 de enero de 2008 por el Consejo de Ministros, para recuperar el equilibrio ecológico en la Tablas de Daimiel: “Se propone reducir la extracción de agua del acuífero mediante la adquisición de tierras y, sobre todo, de derechos de agua de particulares; sustituir los 20 hectómetros cúbicos que consumen de agua subterránea las poblaciones del territorio por agua potable exterior al acuífero; depurar con calidad los vertidos sucesivos de esta agua para que reviertan en él y controlar más eficazmente los consumos agrícolas”, sintetizó.

Con estas medidas, continuó, poco a poco, bien podrían ahorrarse en un periodo acumulado de 20 años varios cientos de hectómetros cúbicos de agua, de tal modo que “el nivel freático se eleve al punto de volver a poner a disposición de las generaciones futuras unas Tablas dignas de tal nombre”, prevé, invitando a todos -Comunidad Autónoma, Ministerio, Provincia, Municipios, organizaciones agrarias, regantes, organizaciones sociales, económicas y grupos ecologistas- a aplicarse en esa tarea, ya que “aún estamos a tiempo”, concluye Luis Arroyo, presidente del Patronato del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y rector emérito de la Universidad de C-LM.

Las Tablas de Daimiel, Patrimonio de la Humanidad, constituyen el gran humedal de La Mancha

Una de las medidas adoptadas que será especialmente trascendental para la recuperación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel fue la adquisición, el 11 de diciembre de 2007, de 566 hectáreas del entorno del Parque Nacional.

Si bien es cierto que hoy en día todo el mundo sabe que los humedales son un patrimonio fundamental del equilibrio ecológico, Luis Arroyo recuerda que hace tal solo 40 años que la ecología se formula como ciencia, causa por la cual en la década de los 60 se actuó en la zona a favor de la agricultura, explica, haciendo alusión a la desecación de buena parte de las Tablas de Daimiel y a la realización de pozos, con los que “La Mancha, a la que así habían llamado los árabes por ser tierra tan seca, se convirtió en tierra de regadío, de tal modo que el cultivo de especies consumidoras de grandes cantidades de agua se apoderaron de nuestra tierra seca”, señala Luis Arroyo.