La capacidad de crear conocimiento en España se nos va por los desagües. Se va de una forma imparable, sin que parezca que nada se puede hacer más que observar cómo de forma continua el sistema de ciencia y tecnología desaparece en un sumidero. Sin hacer ruido, o mejor, por recordar algunas movilizaciones de investigadores y un pacto parlamentario por la ciencia, sin hacer ruido ya.

Porque no se trata sólo de reivindicaciones corporativas o de élites científicas, si no porque nos va en ello la capacidad de país para crear riqueza, el ruido debería ser constante. Ruido o rumor, o pedagogías, o discursos, o propuestas o todo aquello que la capacidad del colectivo científico español, que es mucha, pueda idear para poner el tapón al desagüe.

Mi entorno geográfico, un territorio sin más tradición en la innovación científica que algunas iniciativas individuales como la de (Piedrabuena, 1880) desarrollando y patentando un aparato portátil de Rayos X, o la de (Calzada de Calatrava, 1916) creando el conocido pegamento transparente y la fábrica en su pueblo, permite ejemplificar cómo el esfuerzo coordinado de las administraciones, o de eso que se denomina “los políticos”, respondiendo a una estrategia y con una acción sistemática, permitió crear un sistema de I+D+i, pequeño pero en expansión, y que hoy va desapareciendo por la asfixia económica que se traduce en ausencia de doctorandos, en cierre de laboratorios, en equilibrios financieros para mantener equipos y, finalmente, en ausencia de capacidad investigadora, pese a algunos maquillajes de última hora.

Algunos grupos, muy pocos, consiguen notables ayudas en lo que queda de recursos estatales o en la tabla de salvación que representa hasta ahora el 7º Programa Marco y a continuación el Horizonte 2020. Este hecho evidencia que la calidad no se asocia en exclusiva a territorios. Por eso aún sorprende más el abandono que algunos gobiernos regionales hacen de las capacidades de su sistema universitario y científico.

Castilla-La Mancha no es una excepción en el trato que está recibiendo la ciencia en España, puede acaso notarse más por su juventud, y cualquiera puede hacer análisis de situación similares en su entorno. Hemos hecho ya muchos análisis, mucha búsqueda de antecedentes, conviene formular un proyecto. El objetivo final es participar en la primera división de la ciencia porque, en el mundo actual, el acceso al conocimiento marca la diferencia y la desigualdad en él abre las brechas sociales y económicas más profundas. El objetivo inmediato, cerrar el desagüe.

Dos propuestas para evitar el vaciamiento del sistema: La primera pasa por aumentar el número de becas/contratos para realizar tesis doctorales; no puede ser que alumnos brillantes y con ilusión no puedan tener su formación doctoral porque estamos distribuyendo la escasez. Y la segunda, llevar la tasa de reposición al 100% en investigadores y docentes.

Confío que con la antedicha capacidad los científicos vayamos poniendo sobre la mesa propuestas para parar la sangría y para reconstruir las capacidades y los instrumentos del sistema científico-tecnológico español. Propuestas que, claro está, deberán dar forma las personas que la sociedad elija para dirigirla.

Artículo original publicado en Revista Anales de Química (Real Sociedad Española de Química).