El próximo 7 de Junio los españoles y europeos tenemos la oportunidad de hacer oír nuestra voz en las urnas para decidir sobre el modelo de sociedad Europea que deseamos y sobre las políticas más adecuadas para conseguir un mundo mejor. Las próximas elecciones europeas son fundamentales, porque, indudablemente, el futuro de España se juega en Europa. Y quizá la parte más sustancial de ese futuro se decida en el capítulo de la investigación científica y la innovación. Para entender por qué, le agradecería que reflexionara un momento sobre la influencia que la ciencia y la tecnología ejercen en su vida. Nos levantamos por la mañana con un ligero dolor de cabeza. Tras prepararnos unas tostadas en el tostador eléctrico, y un café en nuestra cafetera automática, nos tomamos una aspirina. Escuchamos las noticias en la televisión digital. Hablan de Internet, de energías renovables, de una operación de transplante de rostro, de la selección de embriones para curar a un niño enfermo… Tras el desayuno y la aspirina nos sentimos mejor. Nos dirigimos, pues, al trabajo en nuestro vehículo, maravilla de la ingeniería, con múltiples bolsas de aire, frenos antibloqueo, dirección asistida, MP3 y motor ecológico.

Lo anterior es cercano, cotidiano y normal. Pero la normalidad de nuestro día a día sería imposible sin siglos de progreso científico. Siglos de progreso realizado dentro, y también, sobre todo, fuera de nuestras fronteras, en países aún más desarrollados, aún más científicos y tecnológicos que el nuestro: en países, principalmente, de nuestra vieja, pero siempre joven, Europa. Y es que cuando hoy se habla del desarrollo de los países, hablamos, en realidad y sobre todo, del desarrollo de la ciencia, de la tecnología y de su impacto beneficioso en nuestras vidas.

La ciencia y la tecnología, en mi opinión, no han sido tradicionalmente valores muy apreciados por la ideología progresista, cercana al pueblo trabajador. Y es que los conservadores han intentado apropiarse del progreso científico difundiendo una visión exclusivamente económica y utilitaria de la ciencia y la tecnología. La ciencia y la tecnología son, para los conservadores, un instrumento de poder, quizá por su papel determinante a la hora de perder o ganar guerras, lamentablemente aún no olvidadas. La ciencia “conservadora” es utilizada para el desarrollo de la tecnología por grandes corporaciones privadas, que adquieren así poder económico, el cual, a su vez, se traduce en poder político y militar. En apoyo de esta idea está el hecho de que muchos de los políticos estadounidenses conservadores más influyentes han sido, o son, presidentes de grandes corporaciones. Estas grandes corporaciones, cuyo objetivo es obtener grandes beneficios, no se preocupan del impacto de su actividad sobre el medio ambiente, y bloquean o retrasan desarrollos tecnológicos alternativos que puedan suponer una amenaza para sus objetivos de ganar dinero y adquirir poder. En suma, no se han caracterizado hasta el momento por su responsabilidad social.

Frente a esta idea “conservadora” de la ciencia y la tecnología, se encuentra la idea progresista de la misma. Se encuentra no el científico corporativista, sino el científico comprometido con la sociedad. Los progresistas mantenemos que la ciencia no es solo una herramienta de progreso económico, sino principalmente una herramienta de progreso social. La ciencia mejora no solo las condiciones en las que vive el ser humano, sino que mejora al propio ser humano. Lo educa, incrementa su racionalidad, su comprensión del mundo y de sí mismo, y por ello lo hace más tolerante, más libre, más igual a los demás, además de prepararlo mejor para afrontar los retos de un presente siempre cambiante.

A diferencia de las políticas conservadoras, las políticas progresistas en I+D+i, y también las políticas en educación, sin la cual la I+D+i no es posible, persiguen conseguir no solo dar un impulso definitivo hacia la salida de la crisis económica y hacia un cambio de modelo productivo basado en el conocimiento y la innovación, sino alcanzar estos objetivos con el mayor respeto al medio ambiente y a la potenciación del estado del bienestar para todos. Los valores progresistas, trasladados a la ciencia, prometen difundir pronto al ciudadano, sin discriminación alguna, los beneficios de los avances científicos en áreas como la salud y las nuevas tecnologías. La ciencia debe ser para los ciudadanos, y los científicos, personas comprometidas con el progreso y la justicia social. Es necesario crear y potenciar las condiciones e implementar las políticas que permitan conseguir esta visión del progreso científico y tecnológico.

El 7 de Junio tenemos la oportunidad de decidir qué modelo de investigación científica, sanitaria, y tecnológica deseamos para Europa. En nuestras manos está.