Almudena nos saluda asegurándonos que está “muy contenta, muy orgullosa, incluso un poco ‘sobrecogida’ porque recibir un premio que lleva por nombre ‘Abogados de Atocha’ no es cualquier cosa… Aparte de un reconocimiento, lo considero un compromiso, y así lo asumo”.

“La ferocidad del crimen y aquellas muertes de los (tremendamente injustas y atroces) sirvieron para trazar una línea muy clara en este país (en el que nada está nunca claro) sobre quiénes eran las víctimas y quiénes los culpables”

Recuerda de aquel 24 de enero de 1977 (ella tenía entonces 16 años) el miedo de su “ante aquella especie de ‘zarpazo’ violentísimo y brutal”. Relata cómo “en dos días, en murieron siete personas a manos de la extrema derecha; no fueron sólo los abogados: el día anterior había muerto un chico y, esa misma mañana, una manifestante en la Universitaria”.

Rememora “la ferocidad de aquel crimen y cómo aquellas muertes (tremendamente injustas y atroces) sirvieron para trazar una línea muy clara en este país (en el que nada está nunca claro) sobre quiénes eran las víctimas y quiénes los culpables”, algo que le lleva a asegurar que “la herencia de los abogados de Atocha ha sido múltiple y se va enriqueciendo con el tiempo pero, en aquel momento, supuso un impulso muy fuerte de la voluntad democrática de los españoles”.

“Recuerdo sobre todo la demostración de fuerza que fue aquel entierro”

Nos cuenta que esta tarde, cuando recoja este premio, quiere transmitir algo especialmente: “Ahora, con el paso del tiempo, siempre se hace mucho hincapié en la madurez de los comunistas españoles y en su sentido de la responsabilidad (y eso es indudable), esa disciplina y esa dignidad con la que respondieron a lo que era una provocación sangrienta y evidente; pero, aunque ahora se aluda menos a eso, yo recuerdo sobre todo la demostración de fuerza que fue aquel entierro”. Habla de esa “fuerza extraordinaria que estaba en la calle” y que asegura que tanto la sobrecogió.

Esto nos lleva a profundizar, de su mano, cómo esa ‘fuerza de la calle’ se ha ido perdiendo “absolutamente”, cómo cada vez como sociedad somos menos conscientes de nuestro poder transformador de las cosas.

“Se ha perdido esa fuerza en dos sentidos -incide-: por un lado, porque la izquierda en general (no sólo en España, sino en toda Europa) está atravesando una crisis muy profunda de identidad y de constatación de fórmulas agotadas, y eso tampoco es casual porque a finales del siglo XX nos contaron que la historia se había terminado, que ya no había izquierdas ni derechas, que habíamos superado esa situación; y a principios del siglo XXI, hubo una ofensiva brutal contra los sindicatos porque nos contaban que íbamos a vivir en el mundo feliz del autoempleo, del emprendimiento y del trabajo desde casa, que todos íbamos a trabajar cuatro horas en pijama, que ya no tenía sentido asociarse ni que hubiera sindicatos ni nada…”.

Prosigue señalando que “esta deriva ideológica que fue calando poco a poco en la sociedad, desorientó profundamente a la izquierda y eso hizo posible, además, que el ‘zarpazo’ de esta crisis (que no ha sido tal, que ha sido ‘una guerra’ de los poderes financieros contra la soberanía de las democracias) haya sido tan implacable porque, cuando los ciudadanos han pensado ‘volvamos a las trincheras para defendernos’, pues ya no había trincheras; por lo tanto, esa ‘fuerza’ se ha perdido en la propia izquierda, y también en la sociedad, esa capacidad de resistencia y de oposición de la gente a los acontecimientos adversos… Vivimos en tiempos en los que sobra resignación”.

“Los abogados de Atocha formaron parte de un proceso en el que murieron más de cien personas a manos de la extrema derecha; esas víctimas están absolutamente olvidadas”

Sobre si el ‘miedo’ o la reticencia a La Memoria que parece que tenemos (y que se constata cada día) es justo con todo aquello que sucedió en esos momentos, Almudena es rotunda al afirmar “claro que no”.

Se detiene en “un detalle muy significativo de cómo son las cosas”, y explica que “ahora nadie habla de las víctimas de la Transición (y hubo muchas); en aquellos años, los abogados de Atocha no fueron una excepción sino que formaron parte de un proceso en el que murieron más de cien personas a manos de la extrema derecha; esas víctimas están absolutamente olvidadas: la no las quiere, no acepta a esos familiares en su seno”.

Cree firmemente que “hay una desmemoria culpable y una desmemoria muy antidemocrática y peligrosa respecto a toda esa violencia; los abogados de Atocha durante años (aunque nadie discutió nunca su condición de víctimas) han estado como ‘relegados’… y a mí me parece fundamental esta ofensiva de Comisiones Obreras de devolverles al primer plano, que es donde tienen que estar”.

Y por eso está completamente segura de que “la desmemoria que afectó al relato del pasado reciente en España durante la Transición ha afectado también a las víctimas de esa Transición”.

“Yo creo que los lectores son unos ‘resistentes’ en esta sociedad y que por eso hay que tomárselos tan en serio y respetarlos tanto”

Usualmente, este premio que hoy recibirá Almudena Grandes se concedía desde la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Así fue hasta 2011, cuando el Gobierno regional de Mª lo suspendió; desde 2013, retomó su entrega la Unión Regional de Comisiones Obreras C-LM.

Siempre se ha entregado a personas vinculadas al ámbito jurídico pero, en esta ocasión, desde el sindicato han querido salir de esa ‘esfera’ y han concluido que Almudena reunía todos los requisitos para recibirlo. Y es que ella es el vivo ejemplo de que también a través de la literatura se defienden las libertades y se defiende a los más desfavorecidos pero, como sociedad, ¿somos plenamente conscientes de este ‘poder’ de la literatura?

“Hace poco han salido unas encuestas muy desalentadoras sobre los hábitos de lectura en España y, sin embargo, yo creo que los lectores españoles (y los lectores en general) son muy conscientes de ese poder; yo creo que los lectores son unos ‘resistentes’ en esta sociedad y que por eso hay que tomárselos tan en serio y respetarlos tanto”, señala.

Asegura que ella nunca se desprende de ese pensamiento cuando escribe, de “lo admirables que son las personas que siguen leyendo en este momento”, y defiende que “la literatura tiene un poder muy grande porque el terreno de la literatura es la emoción: cuando un libro te gusta, te emociona, te convence… te acaba contando tu propia vida; los libros que nos gustan siempre nos llaman ‘de tú’, nos cuentan nuestra vida, de modo que la identificación que se puede llegar a producir entre el lector y el personaje, entre el lector y el argumento del libro, es mucho más intensa que la puede inspirar otro tipo de textos… en ese sentido, los libros pueden cambiar la vida de las personas pero también pueden cambiar su manera de pensar”.

Recuerda, por ejemplo, que cuando era adolescente, “hubo un amigo que decidió que tenía el perfil ideal para hacerme ‘roja’ para siempre y me regaló un libro de Gorki que se llama ‘La Madre’, y a mí aquel libro me afectó muchísimo más que todos los discursos que había oído hasta entonces”.

“La Historia reciente de España es ‘un chollo’ para un narrador porque los españoles vivimos encima de una mina de oro; debajo de nuestros pies hay un montón de historias fabulosas, de héroes, de villanos, de tragedias…”

Nos ha hablado de aquel 24 de enero de 1977 (y lo que vino después), nos ha hecho ver que la democracia nació en la calle, con la gente que estaba ‘despertando’ alrededor de movimientos sindicales y sociales en defensa de las libertades… ¿Qué compromiso tiene o ha de tener con aquello la literatura y las obras de quienes lo vivieron para que, quienes no lo vivimos, sepamos de dónde y cómo surgió lo que hoy es nuestro país y luchemos contra esa ‘desmemoria’…?

Nos cuenta sin vacilar que ella (que, de hecho, está escribiendo ahora una serie de novelas sobre la posguerra) cree firmemente que “la Historia reciente de España es ‘un chollo’ para un narrador porque los españoles vivimos encima de una mina de oro; debajo de nuestros pies hay un montón de historias fabulosas, de héroes, de villanos, de tragedias… un montón inmenso de historias que no se han contado y que, de alguna forma, representan nuestra épica”.

Por eso reivindica que “la literatura española debería explotar más ese filón y debería ser más consciente de su responsabilidad para dar a conocer la esencia de este país (o eso pienso yo); pero bueno, la visión políticamente correcta de la equidistancia y del ‘todos fueron iguales’ surge también de la literatura…”, lo que hace de la literatura al fin y al cabo “un arma muy eficaz en una dirección y en la otra”.

Hasta aquí, la versión por escrito de esta entrevista telefónica a la escritora Almudena Grandes (distinguida con el Premio ‘Abogados de Atocha’ 2017 que entrega CC.OO. C-LM) y que pueden escuchar al completo, si lo desean, a través del archivo de audio que acompaña a este texto.