La Cerca ha dedicado una parte de su programación de estas semanas a análisis que tienen como punto de encuentro la celebración del 40 aniversario de la creación de las Comisiones Obreras en Castilla-La Mancha (el 9 de enero de 1977), y nadie mejor que Antonio Gutiérrez para matizar que el sindicato (ni de manera autonómica ni estatal) tiene una fecha de creación concreta: si bien algunas (como la de aquel 9 de enero) han sido empleadas como referencia, la acción sindical de CC.OO. surge tiempo atrás.

“Las Comisiones Obreras son una experiencia muy peculiar y muy importante y valiosa en el movimiento sindical europeo”

Recuerda cómo en julio del ’76 se vieron “obligados a hacer una asamblea en casi desafiando al entonces Gobierno de Arias Navarro y de Fraga Iribarne (que en abril de aquel año, y aquí en , habían tolerado un congreso a la UGT mientras que a nosotros se nos prohibía hacer el nuestro)”; a partir de ahí, llegaron actos similares por toda España (caso del de aquel 9 de enero de 1977 para Castilla-La Mancha) pero, “más que de ‘fundación’ de Comisiones Obreras’, fueron de cristalización de todo un proceso de lucha que venía de muchos años atrás y que nos permitía, en esta recta final de la Transición democrática, dotarnos de una estructura ya más regular como una organización más consolidada y, sobre todo, acceder al registro legal que se abriría pocos meses después (a los sindicatos se nos legalizó de manera posterior a los Partidos políticos); de modo que Comisiones Obreras no tiene una fecha fundacional como otros sindicatos españoles o europeos”.

Quizá eso contribuya a reforzar su afirmación de que “las Comisiones Obreras son una experiencia muy peculiar y muy importante y valiosa en el movimiento sindical europeo”. Explica cómo en España, “las personas después de la Guerra Civil se encuentran no solamente con que se reprime el ejercicio de la libertad por la fuerza, sino con que aquí el régimen de Franco incorpora el matiz que aportan los fascismos europeos al autoritarismo que, además de impedirte la libertad, la niegan doctrinariamente como si fuese (como decían) ‘la perversión de la Patria’; esto origina un ‘Estado corporativo’ que se erige en supremo intérprete de los intereses, los anhelos (y la solución al conflicto de intereses) que hay en la sociedad (en este caso, entre el capital y el trabajo)”.

Explica que “en ese ‘clima’ se habían creado los sindicatos fascistas (los Sindicatos Verticales), donde mezclaban trabajadores y empresarios (los primeros siempre, claro está, subordinados a los segundos) y donde el Estado intervenía como le convenía en cada momento (sobre todo) al empresario y (lo fundamental) negando la más elemental libertad sindical”.

Condiciones, por tanto, “de extrema dureza” que, tal y como relata Antonio, llevaron a personas que habían vivido la Guerra Civil y que en tales situaciones no podían defender los intereses de los trabajadores, a ir creando “comisiones de obreros en distintos lugares desde finales de los años ‘50”.

Más allá del ‘simpático’ debate entre quienes ‘rivalizan’ sobre dónde y cuándo surgió la primera de esas comisiones de obreros, Gutiérrez señala lo verdaderamente importante: “Todas esas personas tenían varias cosas en común: primero, una experiencia que las llevaba a haber aprendido muy amargamente que por encima del carnet político que uno tengan en el bolsillo, lo que une a los trabajadores es su condición de asalariados (y que, cuando hay que defender el salario, da igual a qué Partido prefieras… hay que unirse); eran pluralistas (porque solamente desde el respeto a las distintas opiniones se podía construir esa unidad; e independientes, porque si de dependía de un Partido político se antepondrían los intereses de ese Partido a los de trabajadores que pensaran de distinta manera”, reseña.

Y esos fueron los ‘ingredientes’ que favorecieron que las Comisiones Obreras se fueran expandiendo por toda España, y lo que “hizo que en los albores de la Democracia, precisamente fuera a nosotros a quienes se nos negó ‘el pan y la sal’ para podernos reconocer como sindicato”.

Matanza de los abogados laboralistas de Atocha 55, el 24 de enero de 1977: “¿Qué habría ocurrido si esos pistoleros hubieran sabido que en Atocha 92 (que está en la acera de enfrente y casi a la misma altura que el despacho de aquellos abogados) estábamos reunidos quienes formábamos la dirección confederal de Comisiones Obreras, desde (que era nuestro secretario general) hasta el más irrelevante de todos (que seguramente era yo)?”

Fue durante esos momentos tan duros cuando se producía uno de esos ‘golpes’ cuya cicatriz jamás se borra: la matanza de cuatro abogados laboralistas y un auxiliar administrativo en un despacho del número 55 de la madrileña calle Atocha, el fatídico 24 de enero de 1977, a manos de unos fascistas.

“Aquel 24 de enero del 77 ha quedado muy asociado, sobre todo, a la inmediata legalización del que estaba siendo negada hasta ese momento; se dice que la respuesta tan serena, madura y pacífica (y, al mismo tiempo, tan masiva) que se hizo durante el entierro de nuestros compañeros, le valió para esa legalización porque quitó todo tipo de pretextos a quienes se oponían a una Democracia plena; sin embargo, yo creo que 40 años después hay que equilibrar un poco más las cosas”, introduce.

Siendo todo lo que acaba de exponer “cierto y muy importante”, Antonio Gutiérrez recalca, sobre todo, que “aquellos pistoleros fascistas iban contra Comisiones Obreras”, y nos desvela algo que no se sabe: “La costumbre de la dirección confederal de Comisiones Obreras (desde la primera que se elige en julio del 76 en Barcelona) era reunirnos los martes (y tengo entendido que así se sigue haciendo); sin embargo, aquel 24 de enero (era un lunes) nos reunimos, precisamente para analizar el movimiento huelguístico que se daba en toda España (no sólo en Madrid, donde había una huelga de transporte que es la concitó las iras de estos fascistas azuzados por el sindicato de transporte del Vertical); ¿qué habría ocurrido si esos pistoleros hubieran sabido que en Atocha 92 (que está en la acera de enfrente y casi a la misma altura que el despacho de aquellos abogados) estábamos reunidos desde Marcelino Camacho (que era nuestro secretario general) hasta el más irrelevante de todos (que seguramente era yo)?”, relata.

Considera que, de haberse conocido ese dato aquel día, las circunstancias “hubiesen sido todavía más trágicas porque, de haberse sumado a las muertes de esos cinco compañeros el asesinato de toda la dirección nacional de Comisiones Obreras… habría sido una hecatombe”; pero no habría cambiado (dice) “lo sustantivo, porque todos teníamos muy claro que lo que pedíamos era Democracia y libertad (lo que nos hacía conducirnos con muchísima firmeza y también con gran responsabilidad)”.

Pone en valor que jamás se respondiera con violencia a estos ataques y recuerda que no fue el único aquél de Atocha: “Ya en febrero del ’76 en (y siendo Fraga Iribarne ministro de la Gobernación) durante una asamblea que concentraba diversas fábricas en huelga, hubo una intervención tan brutal que mataron también a cinco trabajadores (varios de ellos, afiliados a Comisiones Obreras)… tuvimos muchos episodios trágicos, con violencia y asesinatos de la policía de entonces y de bandas fascistas, y nunca entramos en el juego de las provocaciones”.

Convencidos de que “la Democracia era lo mejor para que este país pudiera vivir con más progreso social y económico y con más equidad y justicia social”, ésa era en todo momento “la idea con la que nos conducíamos, y era precisamente la que ellos (que decían que habían ganado una guerra justamente para lo contrario) querían matar”.

“Los avances sociales, o se revalidan defendiéndolos y luchándolos en Democracia y se es consciente de que hay que hacerlo todos los días, o se pierden”

De vuelta a esta actualidad, cuando se habla tanto de ‘casta’ y de la necesidad de gestar casi una nueva ‘Transición’ en nuestro país, ¿se está siendo justo con quienes protagonizaron (hasta dejarse en ello la vida) aquella lucha pacífica por la Democracia y la libertad en nuestro país?

“Para empezar, quienes lucharon o luchamos en otro momento (y seguimos luchando), nunca lo hicimos pensando en que se haga ningún reconocimiento para la historia… al contrario; hemos entendido el compromiso político antes como palos que como cargos, y sabíamos que íbamos a recibir palos y nunca cargos o ese tipo de cosas…”, aclara.

“Cuando en España, con sólo soñar la libertad te convertías en un delincuente, muchos decidimos (libremente) ser delincuentes” dice y, reiterando que no se queja de esa ausencia de reconocimiento, sí admite que “siempre es de agradecer que se haga, como es de justicia, a personas que han dado su vida o lo mejor de sus trabajos para que en España hoy podamos tener libertad y Democracia”.

Partiendo de ahí, asegura que lo que más le inquieta es que “los derechos, los avances sociales… o se revalidan defendiéndolos y luchándolos en Democracia y se es consciente de que hay que hacerlo todos los días, o se pierden (que es lo que está ocurriendo ahora)”.

Antonio Gutiérrez considera que “se demuestra que las políticas de injusticia social como las que encarna el (con la última reforma laboral, con los ‘destrozos’ que están haciendo en la ley de Dependencia y en derechos sociales como la Sanidad y la Educación públicas, etc.) vienen acompañadas también de un retroceso en la Democracia: no es casual que, para que no se proteste por estas injusticias sociales, paralelamente hayan legislado la ‘Ley Mordaza’ destinada a perseguir a aquellos que protestan contra esas injusticias y quieren defender otro modelo de desarrollo social y económico para nuestro país (y que deberían tenerse más en cuenta)”.

“No comparto que se haya acabado cediendo gratuitamente el Gobierno del país a un Partido que se ha caracterizado por infringir los mayores retrocesos (en materia social, de libertades, de equidad, etc.) y por haber aumentado la desigualdad hasta unos niveles que yo creo que solamente pueden dejar impasible a un cínico”

Sobre la lo que muchos califican como ‘nueva pluralidad’ en el arco parlamentario español tras las últimas convocatorias electorales y las posibilidades que esto puede abrir, Gutiérrez aclara: “Para no confundirnos con falsos optimismos, yo creo que el panorama político actual es inquietante y sombrío”. No comparte que, basándonos en las que considera “deformaciones democráticas” (como los argumentos de quienes exponen que ha de gobernar quien tiene más votos), se haya acabado cediendo “gratuitamente” el Gobierno del país “a un Partido que se ha caracterizado por infringir los mayores retrocesos (en materia social, de libertades, de equidad, etc.) y por haber aumentado la desigualdad hasta unos niveles que yo creo que solamente pueden dejar impasible a un cínico” e incide en lo nefasto de que “en España tengamos que volver a hablar de pobreza infantil, de hambre… y no es demagogia, porque demagogia es tergiversar la realidad como hace el Gobierno para decir que estamos saliendo de la crisis o que se está creando empleo y que esto es lo que indica que sus políticas son muy correctas… Esto es lo que oculta la auténtica realidad de nuestro país, y esto sí es demagogia”.

Antonio no considera que “a la sociedad le haya pasado desapercibido este ataque a sus derechos” pero sí que “está saliéndole demasiado barato a este Gobierno aplicar estas políticas”, lo que le lleva a apuntar que “se requeriría una respuesta social más continuada, más contundente, más unitaria -hace especial énfasis en esta palabra- entre todos aquellos Partidos que se reclaman de la izquierda”, y va un paso más allá añadiendo a esa necesidad de ‘unidad’ “a todos los Partidos con una vocación democrática y de mayor equidad social que no pueden permanecer impasibles ni cómplices (como hace este nuevo ) con estas políticas del PP”.

Y apunta que “también se necesitarían una mayor confluencia y una mayor coincidencia entre el movimiento sindical, porque la herramienta o la palanca de cambio más alentadora con la que pueden contar los trabajadores es ésa”.

“Lamentablemente, el Obrero Español lleva desde con este ‘divorcio’ entre los ideales que proclama y las políticas que practica”

Una especialmente complicada situación de la izquierda que, tal y como explica Gutiérrez, ha llevado al país a esta situación porque “a fin de cuentas, se cosecha lo que se ha sembrado”.

Analiza esa ‘siembra’ comenzando por el PSOE: “Lamentablemente, el Partido Socialista Obrero Español lleva demasiado tiempo (en mi opinión, desde Felipe González que fue quien lo inicia) con este ‘divorcio’ entre los ideales que proclama y las políticas que practica (siendo éstas a veces completamente contrapuestas a los ideales de la socialdemocracia)”.

Recuerda que fue González quien comenzó “las políticas de ajuste contra los derechos laborales y con las reformas laborales que, lejos de conseguir más competitividad, sí permitieron recuperar los beneficios empresariales pero a costa de degradar el empleo para, al final, encontrarnos con una estructura productiva que, en lugar de ser más eficiente, es (en mi opinión) más precaria, porque detrás de empleos precarios suele haber proyectos empresariales precarios alejados de la ‘economía del conocimiento’ que supone el verdadero impulso de países que se precien”.

, por tanto, que ha sido esa dinámica errática la que ha llevado al Partido Socialista a su situación actual: “Esa incongruencia entre sus ideales del socialismo democrático y sus políticas (que bastantes veces se identificaban como políticas propias de la derecha), han terminado llevándole al estado que todos conocemos de pérdida de electorado y de confianza”.

“A Podemos hay que indicarle que un Partido que aspira a Gobernar (como proclaman), no puede elegir el ‘dar miedo a…’ como una manera de ser identificado; lo importante es que una sociedad democrática te tenga respeto y que te lo ganes porque hayas conseguido su confianza”

De otra parte, prosigue explicando sobre Podemos que “hay que agradecerle, por un lado, que haya sabido encauzar inquietudes sociales (a las que otros que tenían la obligación de haberles puesto cabeza, no pusieron); a partir del 15-M Podemos las ha encauzado dentro del sistema democrático representativo”.

Pero dicho esto, Antonio Gutiérrez sí señala que “hay que hacerles una crítica (constructiva pero, en todo caso, crítica): un Partido que aspira a transformar las cosas, a cambiar este país a mejor… en definitiva, un Partido que aspira a Gobernar (como proclaman), no puede elegir el ‘dar miedo a…’ como una manera de ser identificado –advierte-; considerar que uno es muy de izquierdas porque te tengan miedo los poderosos (como acaba de proclamar el máximo dirigente de Podemos) creo que es algo banal y una manera muy superficial de entender la política; lo importante es que una sociedad democrática (poderosos y no poderosos) te tenga respeto y que te ganes el respeto porque hayas conseguido la confianza de la mayoría de esa sociedad”.

‘Sindicalista’ más allá de “un cargo o un carnet”

Antonio Gutiérrez dejó Comisiones Obreras hace años pero preguntado por si alguna vez se deja de ser ‘sindicalista’ y por si es capaz de visionar un informativo completo en televisión (o de leer cualquier periódico) sin indignarse, responde con un claro “francamente… no”.

Sobre lo de dejar de ser ‘sindicalista’, explica que no asocia el término “a tener un cargo o un carnet” sino, sobre todo, “al compromiso con la defensa de los intereses, de los derechos y de las aspiraciones de los trabajadores incluso más allá de las paredes de una fábrica”. Añade, no obstante, que “aunque no sea ‘sindicalista’ una persona con inquietudes y que aspire a una sociedad en la que se pueda convivir en paz, o es muy cínico o no puede dejar de indignarse viendo estos niveles de desigualdad, de pobreza, de precarización de los empleos y de deterioro de los servicios esenciales”, concluye.

Si lo desean, pueden escuchar al completo las impresiones de Antonio Gutiérrez mediante el archivo de audio que acompaña a este texto.