Ligado al tren casi por una cuestión de sangre (su padre también fue ferroviario) Paco Naranjo comienza contándonos entre risas que siempre pensó que en su 1946 natal fue el único de sus amigos que no llegó al mundo en el pico de una cigüeña procedente de , sino que lo hizo bajo de la traviesa de un tren en (Extremadura), pero que a los 7 u 8 años de vida supo que sí, que había venido como todos en cigüeña desde París.

El ferroviario eterno que tenemos ante nosotros dice no haber vivido jamás a más de 50 metros de distancia de una estación de ferrocarril (ni siquiera en la mastodóntica capital, ). Una circunstancia que asegura no haber buscado nunca y que precisamente por eso puede que dé alas a quienes confían en la fuerza que tiene el destino. ‘Los carriles de la vida’, de su vida, así lo han querido siempre para Naranjo.

Sesenta relatos de un viaje que continúa

Paco ha venido en tren a Albacete y aprovecha nuestras cámaras para “pedir un buen tren también para Extremadura” con el fin de no tener que seguir decantándose por el coche cada vez que quiera acercarse por su tierra. Este jueves presenta en la esta ciudad manchega este libro que no es más que la primera parte de “un compendio de lo que tenía escrito”; tenía más de cien historias entre las que ha seleccionado sesenta para ‘Los carriles de la vida’, no descartando en absoluto que en futuro el viaje de ese tren de Naranjo continúe para mostrarnos más paisajes de vida y de historia a través de la ventanilla.

De los sesenta relatos de este primer viaje Paco nos cuenta, por ejemplo, que no ha seguido ningún tipo de hilo cronológico para ir contándonoslos. El último de los capítulos lo dedica a la figura de , quien fuera secretario general de Comisiones Obreras entre 1987 y 2000 sucediendo en el cargo a y de quien destaca su valía personal y profesional.

Entre los primeros relatos, historias “normales y corrientes” dice, por ejemplo, de lo que despertaron en él su paso por el Festival de Fuenteguinaldo (Salamanca) o la noticia del abandono de un perro en una gasolinera (y que él comparte con el lector de una forma muy especial).

Considera que quizá informativamente hablando entre lo más impactante que recoge en este libro está “la famosa huelga gran general del 14-D de 1988 en España, donde se consiguió incluso que se apagaran todas las televisiones y donde a nivel social los sindicatos lograron cosas importantes”; de ese momento relata su experiencia en las negociaciones para los servicios mínimos, donde asegura que le tocó negociar los del tanatorio y, por tanto, ver qué hacían aquel 14 de diciembre con los “cien muertos” que había en Madrid cada jornada en aquellos tiempos.

Paco nos cuenta que algunas de esos relatos los fue escribiendo muy próximos a cuando sucedieron, pero que otros han requerido en él ese necesario ‘reposo’ que a veces precisan ciertos hechos que incluso duelen. Así se ha enfrentado, por ejemplo, a los pasajes en los que ha querido hablarnos de personas importantes en su vida que ya no están entre nosotros, como “Elvira Sánchez-Llopis, una gran mujer y una gran maestra para todos (que, además, fue directora de la Fundación 1º de Mayo) y , que estuvo muchos años conmigo trabajando de periodista y que un día me dijo que el médico acababa de comunicarle que tenía escasamente seis meses de vida…” recuerda, casi aún con el impacto pudiéndose notar en su voz al hablar de ello.

De ‘los años del hambre’ al recuerdo a quienes perdieron su vida en el madrileño despacho de Atocha 55

A lo largo de ‘Los carriles de la vida’ de Paco Naranjo se pueden descubrir muchas historias que, de primeras, pueden parecernos simplemente sus experiencias personales pero tras las que, en verdad, se esconden situaciones sociales que en aquellos tiempos afectaban a muchísimas otras familias y que nos muestra, simple y llanamente, de parte de nuestra historia como país.

Es, por ejemplo, lo que encontramos en el capítulo titulado ‘Los años del hambre’ contextualizado en “las cartillas de racionamiento de la época que prosiguió a la ‘Guerra incivil’, durante los años ’50, cuando un simple cocido tenía que dar para las tres comidas, una y otra vez, y hablo de gente que trabajaba, la gente que no trabajaba aún comería peor… en esos tiempos había muchos que comían tortilla de patatas sin huevos y sin patatas” rememora, acordándose de aquella cabra que su padre compró para que la familia dispusiese de leche y que estuvo a punto de vender por no dar leche al punto que Paco y su hermano tuvieron que ‘confesar’ que sí daba, pero que ellos la bebían directamente a escondidas de la ubre la noche anterior cuando decían que iban al servicio pero, en realidad, iban al corral en busca de la susodicha cabra.

Actualmente, Paco Naranjo es el director-gerente de la Fundación Abogados de Atocha de Comisiones Obreras. Acabamos de dejar atrás el año que ha conmemorado el XL aniversario de aquel terrible atentado que costó la vida a los abogados laboralistas y al administrativo que trabajaban aquella noche del 24 de enero del 1977 en el despacho laboralista del número 55 de la madrileña calle Atocha.

“Sinceramente, ahora es cuando más estoy disfrutando de ver desde otra vertiente las cosas que siempre he visto” señala, admitiendo que “en el tema sindical apenas hay tiempo para reflexionar porque un conflicto te lleva a otro y a otro más… y el tema de la Fundación es mucho más tranquilo y, además, reivindica lo que supuso (no sólo para la gente de izquierdas, sino para el conjunto del país) la muerte de aquellos compañeros que para mí fueron héroes de la democracia; el hecho de que nos dediquemos a engrosar la memoria de aquellos compañeros, a intentar que sean lo más conocidos posible mediante distintas fórmulas… supone otra forma de sindicalismo (que, casi siempre, es más en positivo)”.

Preguntado sobre si considera que hemos sido socialmente justos con el recuerdo a esos compañeros suyos muertos en la calle Atocha asesinados a tiros por unos pistoleros fascistas, Paco considera que “los partidos, las instituciones… han hecho muy poco, pero no sólo con los abogados de Atocha sino con lo que supuso la transición; es verdad que a nuestra Fundación se la respeta pero de ahí en adelante no pasa en la mayoría de la gente…”.

Naranjo pone en valor lo histórico y trascendental de aquella transición: “Se lograron muchas cosas en la calle, una Constitución que era la más progresista de Europa y que ahora está dando tanto que hablar… y el problema (bajo mi punto de vista) es el desarrollo posterior que los Gobiernos han hecho de la Constitución”, señala.

“Lo que pasa es que los que viajan en limusina no ven lo que ocurre fuera, y hay una serie de políticos (no todos) que sólo ve el entorno que le rodea y no lo que ocurre en la calle porque cuando van al Congreso o a cualquier sitio lo hacen en limusina y no ven toda la realidad, únicamente ‘trocitos’…” añade, apuntando una realidad a la que también se refiere en el libro que nos presenta.

Un libro con muchos nombres de mujer

‘Los carriles de la vida’ cuentan con una buena presencia de mujeres entre sus páginas, mujeres (algunas de ellas, ‘anónimas’) a las que Paco Naranjo pone en valor ahora que precisamente esta sociedad que nos envuelve parece necesitar especialmente este tipo de reivindicaciones.

“Las mujeres me han enseñado muchísimo (empezando por mi , mi suegra y, lógicamente, por mi esposa) y también dentro de la vida sindical” dice, recordando la figura de Mª , la única mujer de las 24 personas que componían aquella primera comisión negociadora del plano general de representantes. A Mª Jesús precisamente dedica otra de las crónicas de este libro y de su persona cuenta que a partir de entonces hizo que Paco valorase en lo sindical y laboral valorase mucho más a la mujer y que, más adelante, haya comprobado “que muchas de ellas dan sopa con honda a los hombres…”, e incide que ha querido reflejar nítidamente en el libro “que hombres y mujeres somos iguales ante la vida y que somos iguales ante la sociedad”.

También en estas páginas notamos la presencia de dos ‘Josefinas’, “la mujer de Marcelino Camacho y la mujer de ; la notoriedad la tenían sus maridos, pero estoy convencido de que tanto en un caso como en otro esas mujeres tuvieron mucho que ver con el ‘triunfo’ de Miguel y de Marcelino”, subraya Paco.

Numerosas son las personalidades que aparecen en este libro que nos regala momentos ‘de tú a tú’ con referentes como , el propio Marcelino Camacho, o la sublime poesía del poeta del pueblo, Miguel Hernández, o de . Anécdotas que podemos otear mirando por la ventanilla durante este apasionante viaje por ‘Los carriles de la vida’ de Paco Naranjo y que merece la pena disfrutar, y compartir.

Si lo desean, pueden visionar al completo esta entrevista a Paco Naranjo sobre su libro ‘Los carriles de la vida’ a través del vídeo que acompaña a este resumen por escrito de la misma.