Conjunto Histórico Artístico

Los orígenes de Chinchilla de Montearagón se desconocen, así como los de su topónimo. De antiguo llevó el nombre de Cincilia, voz celta que significa “ciudad de muros cortos”, también recibió el nombre de Teichea y los de Saltigis (que proviene del latín saltus y significa salto, ya que Chinchilla es como un salto sobre la llanura manchega), Saltici, Cinxella o Sintila.

Algunos autores afirman que estos nombres derivan de los reyes Suintila o Chintila, a uno de los cuales debió Chinchilla su repoblación.

El sobrenombre de Montearagón (o Monte Aragón), que ya figura en el siglo XVI, se debe a que se encuentra en el territorio denominado durante años “Mancha de Aragón” o de Arrago, vocablo griego que designaba el esparto, muy abundante en aquella comarca.

La tradición, sin embargo, atribuye la fundación de Chinchilla a Hércules, sobre el siglo VII antes de Cristo, al ser quien puso las primeras piedras sobre el lugar.

Resulta incuestionable su origen remoto como demuestran diversos yacimientos arqueológicos de la zona, como los encontrados de la Vía Augusta (época romana), que confirman que Chinchilla fue un importante cruce de caminos. Declarada Conjunto Histórico Artístico, fue además durante mucho tiempo capital de la provincia de Albacete.

Un espectacular viaje al pasado

A tan sólo 13 kilómetros de Albacete capital, Chinchilla nos invita a realizar un viaje hasta el pasado a través de sus calles y sus monumentos. Las huellas de la historia de Chinchilla han quedado grabadas en cada uno de los rincones de esta localidad albaceteña.

De gran interés es su Plaza Mayor, llamada “De La Mancha”, formada por un conjunto valioso donde se ubican gran parte de sus monumentos. Entre ellos, el edificio del Ayuntamiento. Una construcción de los siglos XVI y XVIII en la que destacan sus dos magníficas fachadas.

La fachada principal, de estilo barroco, da a la Plaza Mayor y data del siglo XVIII. Fue construida por Francisco de León y Ginés de Lario y está rematada con una efigie de Carlos III. La otra fachada, que da a la calle Núñez Robres, es del siglo XVI y tiene ornamentación escultórica.

En el interior, el salón de plenos esta situado sobre una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad, la llamada Puerta Herrada, por la que accedieron los Reyes Católicos en 1488, año en el que juraron los Fueros de la Ciudad.

En la Plaza de La Mancha encontramos además la Torre del Reloj, así como la Iglesia Arciprestal de Santa María del Salvador (siglo XV).

Se trata de una edificación construida sobre un templo del siglo XIII alzado al finalizar la Reconquista. La fábrica actual, obra del Marques de Villena, don Juan Pacheco, muestra una portada gótica, una cabecera renacentista y un interior barroco. La portada occidental (siglo XV) tiene tímpano liso con decoración escultórica sobrepuesta.

En el interior destaca la reja (siglo XVI) de la capilla mayor, una de las mejores obras góticas de la región, del maestro Antón de Viveros, y una imagen de alabastro de la (s. XIV), patrona de la ciudad, con restos de policromía.

En la sacristía hay un pequeño Museo Parroquial con objetos de arte sacro de orfebrería, escultura y pintura. Entre ellos encontramos la Cruz de Roca sobre la que los Reyes Católicos juraron los privilegios de Chinchilla en agosto de 1488, otorgándole los títulos de Noble y Muy Leal, que en la actualidad todavía conserva. Este Museo cuenta con una colección de vestimentas eclesiásticas, joyas, libros parroquiales y cantorales, así como mantos del siglo XIX que pertenecían a la antigua imagen de Santa María Magdalena. Las piezas escultóricas más interesantes son un pequeño San José de Salzillo, la imagen de alabastro con resto de policromía de la Virgen de las Nieves, patrona de Chinchilla, del siglo XIV, y la muestra a María con el niño en sus brazos.

Es aconsejable visitar en la Iglesia la gran reja de Antón de Viveros de 1503 y la gran tabla del Noli me Tangere (aparición de Cristo a la Magdalena al amanecer), del siglo XVI, de gran colorido y composición en la que dominan los caracteres flamencos.

Las iglesias y conventos de Chinchilla dan testimonio de la relevancia que tuvo esta ciudad conquistada a los moros y convertida en bastión católico de la zona. En su momento de mayor apogeo incluso llego a contar con 18 iglesias dando culto. Mención especial merece la ermita de San Antón, de planta de cruz latina con cabecera plana, el Convento de Santa Ana, construido sobre una antigua mezquita árabe y el Convento de San Juan, hoy conocido como de Santo Domingo.

Las cuevas-vivienda, integradas en el paisaje de Chinchilla, albergan grandes alojamientos de lujo

El origen de las cuevas-vivienda no está perfectamente definido. Probablemente se empezaran a excavar durante los primeros siglos de dominación árabe sobre la Península, sin embargo, debieron construirse de forma masiva a partir del s. XVI cuando la población musulmana y judía fue expulsada de sus viviendas tras la conquista del Reino de Granada por Los Reyes Católicos en la comarca de Guadix.

De este modo, las cuevas surgen para los marginados, ajenas a los pueblos y ciudades, fuera del control administrativo y orden eclesiástico.

Así, en cada pueblo de nuestra comarca rodeado por estos cerros, las cuevas han tenido una evolución desigual, según las necesidades y caracteres sociales de sus habitantes, hasta llegar a convertirse en nuestros días en un hábitat sano, ecológico y totalmente integrado en el entorno paisajístico de Chinchilla.

Uno de los atractivos de las cuevas reside en la simbiosis que presenta entre obra humana y naturaleza pura. Un hábitat muy apreciado como vivienda y alojamiento de lujo, que representa una alternativa novedosa a la hora de entrar en contacto con la naturaleza. Su originalidad arquitectónica, en la que todo son formas curvilíneas o abovedadas, modeladas como cerámicas en el vientre de la tierra, su ideal temperatura y su gran ambiente acogedor, íntimo y rústico, las han convertido en uno de los mayores reclamos del turismo rural de esta zona.

La temperatura en el interior de las cuevas es constante durante todo el año (entre los 20 grados del invierno y los 18 del verano), por lo que no es necesaria calefacción. En definitiva, se trata de un lugar ideal para alejarse de los ruidos mundanos, gracias a que su insonorización es completa, que cobra mayor protagonismo gracias a la tranquilidad que presenta el entorno.

Símbolo y seña de identidad de Chinchilla

El Castillo de Chinchilla se alza sobre una montaña desde la que domina la población y sus alrededores. Una fortaleza de enormes dimensiones que se adapta a la morfología del terreno y cuyos orígenes se remontan a la etapa musulmana.

Aunque con importantes restauraciones, el edificio que hoy contemplamos fue construido en gran medida en el siglo XV por el Marqués de Villena, don Juan Pacheco.

Fue escenario de numerosas acciones en la Guerra de Sucesión y en la de la Independencia. Entre los múltiples usos que ha tenido el Castillo destaca, por su duración, el de cárcel, ya que funcionó como penal desde el siglo XVII al XX. Entre sus prisioneros más famosos se encuentra César Borgia, quien prácticamente lo inauguró.

En el siglo XX se iniciaron las labores de restauración para eliminar aquellas dependencias que le otorgaban una clara connotación de prisión.

Las últimas obras realizadas en el Castillo de Chinchilla dotaron de una gran iluminación al edificio con la colocación de focos en el foso, pudiéndose ver la silueta del edificio desde la carretera.

Del Castillo de Chinchilla destacan sus muros de mampostería y la gran puerta de acceso, protegida por dos grandes torres circulares a las que se llega a través de un puente que salva el foso. En la actualidad, se conservan diversos escudos del marquesado de Villena. En su interior, se alzaba la Torre del Homenaje, hoy desaparecida.

Se trata de una impresionante obra arquitectónica hecha en piedra y excavada en la roca. Las técnicas utilizadas a lo largo de todo el conjunto arquitectónico son la mampostería, en los muros y zonas menos destacadas del edificio, y el sillar para las partes más representativas e importantes de Castillo.

El edificio es de planta ovalada, con estructuras cúbicas en las esquinas y una impresionante puerta de acceso enmarcada por dos cubos circulares y rematada en dos arcos de medio punto con dovelas. En la parte superior aparecen dos bandas decorativas, una de ellas el doble de gruesa que la otra, así como la heráldica, ubicada en los cubos de la entrada.

Las torres, situadas en las esquinas del recinto, son de planta circular y no cuentan con almenas ni vanos. El foso, de seis metros de alto por diez de ancho, se extiende a lo largo de la construcción.

Gracias al convenio firmado entre el Ayuntamiento de Chinchilla y el Gobierno regional en 2009, se llevará a cabo la tercera fase de recuperación de esta fortaleza medieval para que pueda ser visitable. Entre las actuaciones previstas se incluye una nueva fase de estudio arqueológico, la recuperación de muros y almenas, estabilización de paredes erosionadas del foso y cambios en la iluminación.

Alfares de Chinchilla

Además de por su Castillo, Chinchilla de Montearagón destaca por su tradición alfarera, gracias a la calidad de la arcilla de sus proximidades.

De los alfares de Chinchilla salen bellísimas piezas. Entre las más representativas encontramos la cuervera: una especie de lebrillo con soportes en sus bordes para dejar las jarritas o vasos con los que se toma la cuerva. El mortero es otra de las piezas típicas elaboradas en esta localidad albaceteña. Es como el tradicional mortero de picar ajo o perejil pero mucho más grande. Principalmente se utiliza para hacer uno de los platos más típicos de Albacete como es el atascaburras. La quesera y el jarrón de ordeño son otras de las piezas de cerámica elaboradas en Chinchilla.

Una tradición que queda patente en el nombre de una de sus calles, “Alfareros”, así como en su Museo Nacional de Cerámica, donde se exponen piezas de los alfares de toda España.

Este Museo fue fundado en 1980 por el matrimonio formado por Manuel Belmonte y Carmina Useros, actual directora de mismo, y se puede visitar en la calle Peñuela, número 3 de Chinchilla.

Desde 1973 recorrieron toda la geografía española buscando los alfares que en esos momentos estaban en activo y las piezas más representativas de cada pueblo para poder abrir con éxito este Museo Nacional de Cerámica.

En la actualidad cuenta con más de 2.000 piezas de cerámica que representan 576 alfarerías, situadas en poblaciones de 47 provincias españolas, muchas de ellas hoy cerradas.

El Museo se distribuye en seis salas, agrupadas por provincias, en las que se puede apreciar la variedad y riqueza de las piezas, tanto en las formas como en los colores de los diferentes barros, así como en las técnicas y tipos de decoración existentes en España.

La mayoría de los cacharros están cocidos con horno de leña. Además de las piezas de cerámica, en el Museo encontramos una exposición de fotografías de los artesanos de la arcilla en pleno proceso de creación.

Historia de Chinchilla

En época musulmana hay ya referencias históricas de Chinchilla, pero es hacia el año 928, bajo el califato cordobés, cuando adquiere notoriedad. Recibió el nombre de Ghenghalet y figuró entre las poblaciones más importantes del reino de Murcia. Bajo el mismo dominio se conoció también como Yinyalá o Sintinyala.

Las tropas de Alfonso X, coaligadas con la Orden de Calatrava y los ejércitos de Jaime I de Aragón, la conquistaron a los árabes en 1242.

En el siglo XIV formó parte del marquesado de Villena. Juan II (padre de Enrique IV e Isabel la Católica) la incorporó a la Corona de Castilla. Durante este reinado el Infante Enrique de Aragón, maestre de la orden de Santiago, intenta apoderarse del Señorío de Villena.

Chinchilla opone una dura resistencia y por esta fidelidad a la monarquía castellana la villa recibe, en 1422, el título de Ciudad, siendo la capital de la Mancha de Aragón.

Posteriormente es entregada como dote por Juan II a su hermana doña Catalina, esposa del Infante Don Enrique.

De los conflictos entre la Corona y los Infantes de Aragón, aliados con el Rey de Navarra, surge un nuevo poder: el de Diego López de Pacheco, que llegará a ser favorito de Enrique IV y Marqués de Villena. Él recompone la unidad territorial del marquesado bajo su dominio. Sin embargo, en el siglo XV sus habitantes quedan divididos ideológicamente: unos se mostraron partidarios de la reina Isabel y otros a favor de Juana la Beltraneja y de don Diego López de Pacheco, Marqués de Villena. Su poder dura hasta la guerra entre los partidarios de ambos.

Derrotados los segundos, Chinchilla se incorporó a Castilla el 1 de marzo de 1480.

A raíz de estos hechos, Los Reyes Católicos juran los Privilegios de esta Ciudad sobre la Cruz de Roca, (que se encuentra en el Museo Parroquial de la Iglesia de Santa María del Salvador), en agosto de 1488, otorgándoles los títulos de Noble y Muy Leal, que hoy en día todavía perduran y que se pueden leer en su escudo.

Tras estos hechos y durante el reinado de Los Reyes Católicos, Chinchilla sufre una decadencia en favor de su antigua aldea Albacete (con mayor protagonismo político y económico), ya que esta última disfrutaba de la comodidad del llano.

Los chinchillanos llegaron a quejarse incluso a su rey Felipe II, a través de una carta en donde se señalaba “esta Ciudad tenía buenos y grandes términos. Su Majestad se los dio a la villa de Albacete por no se qué relación siniestra que ellos hicieron, de manera que los ha perdido quien los había ganado y defendido con su propia sangre”.

Situada en un enclave fortificado y estratégico, fue escenario de numerosas acciones en 1707. Durante la Guerra de Sucesión las tropas del archiduque se apoderaron de Chinchilla y en la Guerra de la Independencia se adueñaron de su castillo las tropas francesas, las cuales volaron el Torreón del Homenaje.

Después de esta dominación, y bajo mandato de Fernando VII, adquirió el título de Fidelísima, siendo la capital de la efímera provincia de Chinchilla y recobrando el protagonismo de ciudad hasta 1823. La represión absolutista de Fernando VII acaba con este breve paréntesis liberal. Al final, y sobre 1833, la capitalidad recae sobre Albacete con la división de Javier de Burgos. Sin embargo, y en las Guerras Carlistas, aún siendo capital Albacete, varias instituciones como la Diputación se resguardaron en el cobijo de los muros de Chinchilla. Prueba testimonial de los antiguos hidalgos que habitaron en Chinchilla en otros siglos son los escudos que podemos encontrar en las casas blasonadas de esta ciudad, sobre sus fachadas de piedra.

La Virgen de las Nieves es la Patrona de la ciudad de Chinchilla de Montearagón desde el siglo XVIII

En el siglo XVIII la ciudad de Chinchilla de Montearagón estableció por patrona a Nuestra Señora de las Nieves, una vieja imagen gótica de alabastro, que al menos desde el siglo anterior empezó a tener culto en la antigua ermita de San Pedro de Matilla, en los Llanos de Albacete.

En el Barroco fue cuando a esta imagen se le añadió un “sotobanquillo” de plata para darle mayor esbeltez, así como una especie de cápsula semicilíndrica, del mismo metal, permitiendo vestir a la escultura con túnicas y mantos y darle un aspecto más real y acorde a la moda.

Se trata de una representación de la Virgen María en pie y con el Niño en su brazo izquierdo.

Una bella escultura, de poco más de 25 centímetros de altura, labrada en alabastro y parcialmente policromada. La imagen de la Virgen está velada con el propio manto y coronada con una pequeña corona gótica, labrada en la propia pieza. En su mano derecha porta un fruto, granada o flor de gran tamaño, que actúa como cetro. El manto se ve salpicado por flores de Lis doradas. También es dorado el cabello y el cetro, y de un color azul oscuro el pliegue del manto.

Existen ciertas dudas sobre el origen de la imagen de la Virgen de la Nieves. A pesar de que en un principio se pensó que procedía de los talleres de la Corona de Aragón, últimamente existe la teoría de que podría venir desde los talleres ingleses de Nottingham por el tamaño, el material y el propio estilo que presenta, un tanto ajeno a lo peninsular.

Riqueza monumental

Para poder disfrutar de la impresionante riqueza monumental que alberga esta localidad albaceteña, tan sólo tenemos que ponernos un calzado cómodo y aventurarnos a dar un largo paseo por sus calles. Además de los reclamos turísticos y patrimoniales mencionados anteriormente, es necesario destacar el edificio del Hospital de San Julián.

Correspondiente al siglo XIV, está edificado sobre la primera iglesia que tuvo Chinchilla, la de San Salvador. La portada es de estilo mudéjar, convertida actualmente en ventana y conserva la antigua portada gótico-mudéjar.

La Casa de la Tercia, del siglo XV, contiene en su interior grandes columnas toscanas y arcos de medio punto.

Interesante resulta también contemplar el Patio Barroco de la Notaría, en el palacio de la familia López de Haro, y el Palacio de la familia Barnuevo que posee una bella fachada barroca del siglo XVIII.

Baños árabes

Son varias las crónicas que citan estos baños árabes, sin embargo han permanecido prácticamente desconocidos hasta hace pocos años, seguramente por el hecho de haber sido englobados en una casa de principios de siglo, situada en el centro del casco urbano, en la calle de la Obra Pía, nº 9, de esta histórica ciudad manchega, y no apreciarse en el exterior del edificio ningún rasgo de construcción musulmana.