Chinchilla, historia viva de la provincia de Albacete

En época musulmana (s. VII después de Cristo) hay ya referencias históricas de Chinchilla, pero es hacia el 928, bajo el califato cordobés, cuando adquiere notoriedad. Recibió el nombre de Ghenghalet y figuró entre las poblaciones más importantes del reino de Murcia. También bajo el mismo dominio se llamó Yinyalá ó también Sintinyala.

Las tropas de Alfonso X, coaligadas con la Orden de Calatrava y los ejércitos de Jaime I de Aragón al frente de D. Pelayo Pérez de Correa comendador de la Orden de Santiago, la conquistaron a los árabes, en 1242.

En el s. XIV formó parte del marquesado de Villena. Juan II (padre de Enrique IV e Isabel la Católica) la incorporó a la Corona de Castilla. Durante este reinado el infante Enrique de Aragón, maestre de la orden de Santiago, intenta apoderarse del Señorío de Villena, apenas lo consigue durante un año ya que Chinchilla opone una dura resistencia y por esta fidelidad a la monarquía castellana la villa recibe, en 1422, el título de Ciudad, siendo la capital de la Mancha de Aragón. Ésta es entregada como dote por Juan II a su hermana doña Catalina, esposa del Infante Don Enrique.

De los conflictos entre la Corona y los Infantes de Aragón, aliados con el Rey de Navarra, surge un nuevo poder: el de Diego López de Pacheco, que llegará a ser favorito de Enrique IV y marqués de Villena. Él recompone la unidad territorial del Marquesado bajo su dominio, y en el s. XV sus habitantes quedaron divididos ideológicamente: unos se mostraron partidarios de la reina Isabel y otros a favor de Juana la Beltraneja y de don Diego López de Pacheco, marques de Villena. Su poder dura hasta la guerra entre los partidarios de ambos. Derrotados los segundos, Chinchilla se incorporó a Castilla el 1 de marzo de 1480.

A raíz de estos hechos, Los Reyes Católicos juran los Privilegios de esta Ciudad sobre la Cruz de Roca (museo parroquial), en agosto de 1488, otorgándoles los títulos de “Noble y Muy Leal”, que hoy en día todavía perduran (lo podemos leer en su escudo).

Tras estos hechos y durante el reinado de Los Reyes Católicos, Chinchilla sufre una decadencia en favor de su antigua aldea Albacete (con mayor protagonismo político y económico), ya que esta última disfrutaba de la comodidad del llano. Los chinchillanos llegaron a quejarse a su rey Felipe II, al cual le dirigieron una carta que transcribía así: “Esta Ciudad tenía buenos y grandes términos, donde venían y vienen a herbajar los de tierra de Huete. Su Majestad se los dio a la villa de Albacete por no se qué relación siniestra que ellos hicieron, de manera que los ha perdido quien los había ganado y defendido con su propia sangre, y los tiene quien con falsas relaciones los procuró”.

Situada en un enclave fortificado y estratégico, fue escenario de numerosas acciones en 1707. Durante la Guerra de Sucesión las tropas del archiduque se apoderaron de Chinchilla y en la Guerra de la Independencia se adueñaron de su castillo las tropas francesas, las cuales volaron el Torreón del Homenaje.

Después de esta dominación, y bajo mandato de Fernando VII, adquirió el título de Fidelísima, siendo la capital de la efímera provincia de Chinchilla (trienio Grabado de época liberal de 1820) y recobrando el protagonismo de ciudad hasta el 1823. Pero la represión absolutista de Fernando VII acaba con este breve paréntesis liberal. Al final, y sobre 1833, la capitalidad recae sobre Albacete con la división de Javier de Burgos. Sin embargo, y en las Guerras Carlistas, aún siendo capital Albacete, varias instituciones como la Diputación se resguardaron en el cobijo de los muros de Chinchilla.

Chinchilla ciudad monumental

Un recorrido por Chinchilla nos permite admirar una ciudad que da cuenta, a través de sus , de la historia y los aconteceres de que han sido testigos esas piedras a lo largo de tantos siglos. En un paseo por sus calles nos podemos encontrar con muchos lugares, donde reencontrarnos con el pasado, con rincones indescriptibles por su belleza y su esplendor.

La Plaza Mayor, llamada “De La Mancha”, es el núcleo vital de Chinchilla. Forma un valioso conjunto, y en ella se ubican buena parte de sus admirables monumentos. En la Plaza Mayor se encuentran: el Ayuntamiento (siglos XVI/XVIII) con fachadas interesantes como la del siglo XVI que tiene ornamentación escultórica. La fachada que da a la Plaza Mayor se fecha en el siglo XVIII y fue construida por Francisco de León y Ginés de Lario. Está rematada con la efigie de Carlos III; la Iglesia Arciprestal de  Santa María del Salvador (siglos XV/XVI); la Torre del Reloj, etc.

Otros de los muchos monumentos de interés son el Hospital de San Julián, del siglo XIV, edificado sobre la primera iglesia que tuvo Chinchilla, la de San Salvador. La portada es de estilo mudéjar, convertida actualmente en ventana, conserva la antigua portada gótico-mudéjar. La Casa de la Tercia, del siglo XV, contiene en su interior grandes columnas toscanas y arcos de medio punto. El Patio Barroco de la Notaría, en el palacio de la familia López de Haro. El Palacio de la familia Barnuevo que posee una bella fachada barroca del siglo XVIII.

Las iglesias y conventos de Chinchilla dan testimonio de la relevancia que tuvo esta ciudad conquistada a los moros y convertida en bastión católico de la zona. En sus momentos de gloria, llegó a tener hasta 18 iglesias dando culto. Así, la iglesia parroquial de Santa María del Salvador, construida entre 1441 y 1445, donde se pueden admirar la portada occidental y los restos del claustro; la reja de la capilla mayor y la imagen de La Virgen de las Nieves, Patrona de la ciudad.

La ermita de San Antón, proyectada por el alarife Jacinto Lario, tiene planta de cruz latina con cabecera plana. El Convento de Santa Ana, construido sobre una antigua mezquita árabe, pertenece a las monjas dominicas desde el siglo XVI. El Convento de San Juan, hoy conocido como de Santo Domingo.

Son de destacar los Baños Árabes. Son varias las descripciones y crónicas que citan estos baños, sin embargo en nuestro tiempo han permanecido prácticamente desconocidos hasta hace poco años, quizás por el hecho de haber sido englobados en una casa de principios de siglo, situada en el centro del casco urbano, en la calle de la Obra Pía, nº 9. No se aprecia exteriormente nada que pudiera indicar una construcción de tipo musulmán.

Sin embargo, el monumento que más simboliza a esta villa es la impresionante mole del Castillo, de origen árabe, que fue restaurado posteriormente por Juan Pacheco, marqués de Villena, en el año 1446.

“Los de Chinchilla”, una tradición recuperada que goza de gran popularidad

La de “Los Miércoles de Chinchilla” es una tradición que se había perdido por completo y que en sólo unos años ha vuelto con un impulso que no conoció ni en sus mejores tiempos. Es el impulso de la nostalgia, la fuerza con que la memoria nos devuelve las vivencias agradables y nos ayuda a olvidar otros aspectos que las acompañaron y que resultaban menos placenteros. No en vano quienes han rescatado “Los Miércoles” son los mismos niños y adolescentes que vivieron y disfrutaron de las últimas ediciones en la anterior etapa, niños y adolescentes convertidos ahora en adultos emprendedores.

Esta costumbre de despedirse de Los Carnavales para entrar en la Cuaresma dejándose en la puerta el espíritu risueño, la alegría que antes de perderse toma forma en muñecos, son “Los Miércoles”.

Pero ya no bastará con que buena parte de los vecinos aderecen unas figuras, las vistan y las sitúen ante la puerta de sus casas para que reciban con expresión inquietante a las visitas. Los que vengan de fuera podrán admirar la cara oculta de la ciudad y comprender el valor de lo que se conserva, que no sólo es la piedra, sino también esa vibración que dejaron al pasar personajes como Los Reyes Católicos, San Vicente Ferrer, César Borgia o tal vez el propio Cid Campeador.

El Castillo de Chinchilla, historia de la ciudad

Esta importante fortaleza se alza sobre el cerro que domina la población de Chinchilla. Aunque muy restaurado, el edificio que hoy contemplamos fue construido en gran medida en el s. XV por el marqués de Villena, don Juan Pacheco, aunque en este lugar don Juan Manuel dispuso ya de un castillo en el siglo anterior. Destacan sus muros de mampostería y la gran puerta de acceso, protegida por dos grandes torres circulares a las que se llega a través de un puente que salva el foso. Se conservan diversos escudos del marquesado de Villena. En su interior se alzaba la Torre del Homenaje, hoy desaparecida.

Esta impresionante obra arquitectónica está hecha en piedra.

El edificio tiene una impresionante puerta de acceso enmarcada por dos cubos circulares. El castillo se compone de dos recintos. Alrededor del edificio, se sitúa el foso excavado en la roca que se salva a través de un puente levadizo en etapas anteriores, pero fijo en la actualidad. Junto con las torres y el foso, la puerta es la estructura más significativa. También destaca la heráldica que se ubica en los cubos que custodian la entrada. La puerta se remata en dos arcos de medio punto con dovelas. En la parte superior, aparecen dos bandas decorativas; una de ellas es el doble de gruesa que la otra. Entre los múltiples usos que ha tenido el castillo, uno de los más significativos por su duración en el tiempo es el de cárcel, ya que funcionó como penal del siglo XVII al siglo XX. Uno de sus prisioneros más famosos fue César Borgia, quien prácticamente lo inauguró. En el siglo XX se iniciaron las labores de restauración eliminando aquellas dependencias que le daban una clara connotación de prisión. Las últimas obras dotaron de una impresionante iluminación al edificio ya que se colocaron focos en el foso.

Chinchilla, tierra de tradiciones artesanas

La ciudad de Chinchilla es de una grandísima tradición alfarera, gracias a la calidad de la arcilla de sus proximidades. Actualmente, en Chinchilla existe un grupo de personas perteneciente a la “Asociación Juvenil Virgen de las Nieves”, que se dedican a modelar la arcilla y sacar sus piezas de cerámica. Quieren que esta tradición no se pierda.

De los alfares de Chinchilla han salido y siguen saliendo bellísimas piezas, siendo las más representativas las siguientes: La cuervera, que es una especie de lebrillo con unos soportes en sus bordes para dejar las jarritas ó vasos con los que tomar la cuerva. El mortero, es como el tradicional mortero de picar el ajo o perejil pero mucho más grande, se utiliza para hacer el atascaburras; La quesera, es una pieza en forma de campana que se utiliza para conservar el queso; El jarrón de ordeño, que como su nombre indica es un jarrón grande para poner debajo del animal y echar en el la leche del ordeño.

Como artesanía de Chinchilla también hay que destacar el esparto, labor tradicional para crear cestas, cestillos, bolsas, paneras, etc.

Toda esta tradición se refleja en la dedicatoria de la Ciudad a una de sus calles, como es la calle Alfareros, y sobre todo en la existencia de su Museo Nacional de Cerámica. Este museo fue fundado en junio de 1980 por el matrimonio Carmina Useros y Manuel Belmonte y alberga unas 2.000 piezas de todos los alfares de España.

La Semana Santa de Chinchilla

El origen de la Semana Santa Chinchillana se podría fijar en el año 1584, aunque su antigüedad debió ser anterior. En este año, una veintena de cofrades de la Hermandad de la Santa Sangre de Cristo (pía Cofradía) se reunieron, cumpliendo órdenes del Obispo de Cartagena Jerónimo Manrique de Lara, para nombrar alcaldes y escribano, cargos que controlaban lo que se gastaba y se recibía por parte de la Cofradía.

En el año 2002 se declara la Semana Santa “Fiesta de Interés Turístico Regional” por parte de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Festival de Teatro Ciudad de Chinchilla

Con la idea de recuperar el patrimonio cultural de Chinchilla surge el Festival de Teatro Ciudad de Chinchilla, que representa obras medievales y del Siglo de Oro en el Claustro Mudéjar Dominico durante la primera quincena de julio. Para dinamizarlo y convertirlo en una actividad cultural de alcance nacional, las obras teatrales se alternan con teatro de calle y folklore popular, conferencias y conciertos.

Esta muestra de teatro reúne a visitantes, no sólo de la provincia y la Región, sino también del resto de España que vienen atraídos por el encanto de la ciudad y el renombre que ha adquirido el festival.

El Belén de Chinchilla, orgullo de la ciudad

Pero la tradición que más ha popularizado Chinchilla es la de su famoso Belén que todos los años, desde el 25 de diciembre al 16 de enero, se expone para disfrute de propios y ajenos. Todos los años, miles de personas venidas de todos los rincones visitan el Belén sin importarles las colas y el fuerte frío. Desde hace quince años, los chinchillanos, agrupados en la Asociación de Belenistas, crean durante todo el año las piezas artesanales que luego formarán esta grandiosa obra de arte, siempre nueva, y que suele contar con piezas incorporadas de monumentos ajenos a Chinchilla. El Belén de Chinchilla es un reto y un orgullo para sus habitantes que intentar superar año tras año.

Las de Chinchilla, un recuerdo nostálgico del pasado muy apreciadas en la actualidad

El origen de las cuevas-vivienda no está muy claro. Es posible que se empezaran a excavar cuevas durante los primeros siglos de dominación árabe sobre la Península. Sin embargo, las cuevas-vivienda debieron construirse de forma masiva a partir del s. XVI cuando la población musulmana y judía fue expulsada de sus viviendas tras la conquista del Reino de Granada por Los Reyes Católicos en la comarca de Guadix.

Por tanto, las cuevas surgen para los marginados, ajenas a los pueblos y ciudades, por lo que implicaba estar fuera del control administrativo y orden eclesiástico. Así, en cada pueblo de nuestra comarca rodeado por estos cerros, las cuevas han tenido una evolución desigual, según las necesidades y caracteres sociales de sus habitantes, hasta llegar a convertirse en nuestros días en un hábitat sano, ecológico y totalmente integrado en el entorno paisajístico. La temperatura en el interior de las cuevas es constante durante todo el año (18 grados centígrados), por lo que no es necesaria calefacción, no siendo preciso variar las mantas de cama durante todo el año.

Su originalidad arquitectónica, su ideal temperatura y su gran ambiente acogedor, íntimo y rústico, las han convertido en un hábitat muy apreciado.