Comercio internacional y

La aceleración del proceso de globalización y de liberalización económica experimentado desde la última década del siglo XX, y la deslocalización de la actividad productiva hacia países con salarios más bajos y legislaciones sociales y medioambientales más permisivas, posibilitó una notable expansión del comercio internacional, que creció en los primeros años del siglo XXI a un ritmo del 6% anual en los países en vías de desarrollo, y del 2% en los países industrializados. En términos globales, el intercambio internacional de bienes y servicios se incrementó en un 4% en 2002, un 5% en 2003 y hasta un 8% en 2004. Sin embargo, la actividad comercial de los países más pobres tendió a disminuir desde 1990.

En 2005, los ingresos de un total de 80 países en vías de desarrollo dependían todavía en más de un 50% de sus exportaciones de materias primas, y de forma especial de los productos agrícolas. Sus ganancias comerciales se resintieron de la caída generalizada de los precios del sector primario en el mercado internacional. Además, la demanda de los países ricos había variado: muchas materias primas de gran consumo en el pasado han sido sustituidas por productos sintéticos (por ejemplo, el cobre por la fibra óptica o el azúcar por los edulcorantes). Por otra parte, las subvenciones que Estados Unidos y la Unión Europea (UE) concedían a su sector agrario actuaban como un dumping de consecuencias desastrosas para las exportaciones de los países pobres.

Finalmente, la situación se agravó por la acción de las grandes compañías transnacionales que controlaban la comercialización de la mayor parte de las materias primas del Tercer Mundo, a las cuales imponían precios ventajosos para sus intereses empresariales, sin consideración hacia el interés legítimo del productor.

Comercio justo y concienciación social

Un sector creciente de la opinión pública internacional ha tomado conciencia de las situaciones de injusticia y pobreza que se derivan de esta coyuntura internacional. Como alternativa a ella ha sido impulsado el movimiento ciudadano en pro de un comercio justo.

El comercio justo puede definirse como una asociación entre productores, importadores, comerciantes y consumidores, destinada a evitar la intervención de intermediarios y especuladores en la cadena de producción, comercialización y consumo de los bienes exportados desde los países pobres hacia el mundo rico. De este modo se garantiza a los productores un precio justo que les permita cubrir sus costes de producción y atender dignamente sus necesidades familiares, y además, generar los recursos suficientes para poder invertir en la maquinaria y las herramientas precisas para la producción, de modo que ésta no se interrumpa por falta de medios o de liquidez.

Al mismo tiempo, el comercio justo pretende concienciar al consumidor de las condiciones de vida de los productores en sus países de origen, que son muy deficientes. Las transacciones justas persiguen una mayor equidad, transparencia y humanidad en los intercambios de bienes, para contribuir al desarrollo sostenible de los países pobres. Se trata de crear un sistema comercial más igualitario, en el cual debe concienciarse a los consumidores de que el precio final abonado por los productos no es el resultado de las oscilaciones producidas por la “mano invisible” del mercado, sino que obedece a unos objetivos sociales de lucha contra la pobreza y la injusticia mediante un acceso directo a los mercados de los países ricos, sin intermediarios que reduzcan los precios en origen de sus productos hasta niveles ínfimos.

Los productores que trabajan para una cadena de comercio justo deben comprometerse a agruparse en cooperativas que se rijan por principios democráticos; a cambio, las organizaciones no gubernamentales dedicadas a esta actividad les garantizan el acceso directo al mercado europeo, el pago de un precio justo, el abono por adelantado de entre un 40 y un 50% del valor de los productos –para que puedan invertir esa cantidad, sin peligro de arruinarse, en la adquisición de las materias primas y herramientas necesarias para su trabajo– y el mantenimiento de relaciones contractuales a largo plazo. Además, la actividad objeto de comercio justo debe ser sostenible a escala económica, medioambiental y social. Así se configura la dimensión pedagógica del comercio justo, cuya práctica implica la instrucción de los productores en los valores del civismo, la democracia y el respeto al medio ambiente.

Al mismo tiempo, las organizaciones promotoras facilitan la transformación del producto en origen, para aumentar su valor añadido, y ofrecen a los productores formación y asistencia técnica, así como control de calidad. En los países consumidores del primer mundo, tales organizaciones promueven campañas de sensibilización de la opinión pública, así como la creación y expansión de redes de distribución de los productos importados, contribuyendo a la creación de empleos en los lugares de destino.

El azúcar y el cacao, dos productos de muy difícil comercialización en el comercio justo

Un ejemplo significativo de comercio justo atañe al mercado del azúcar, que a mediados de la década de 2000 registraba una producción mundial aproximada de 110 millones de toneladas anuales, de las cuales el 65% era azúcar de caña. De esta cantidad, tan sólo se dedicaban 27 millones al comercio internacional. El principal exportador mundial de azúcar, la Unión Europea (UE), producía un 40% del total mundial, y practicaba el dumping con sus ventas de azúcar de remolacha subvencionado por los fondos destinados a la Política Agraria Común (PAC). Se estima que las subvenciones de la PAC han hecho bajar los precios del azúcar en los mercados internacionales entre un 17% y un 30%.

El comercio justo del azúcar resulta difícil, ya que al considerarse un producto estratégico es un bien muy protegido por las barreras arancelarias. Las organizaciones de comercio justo pagan a los productores de azúcar del Tercer Mundo el doble del precio fijado en el mercado internacional; una vez añadido el arancel, el precio de venta al público en las tiendas de comercio justo es superior al doble de lo que costaría en una tienda convencional la misma cantidad de azúcar subvencionado.

En el caso del cacao, los países ricos lo importan en un nivel bajo de transformación para realizar ellos el producto elaborado, ahorrándose costes arancelarios. Además, los fabricantes europeos utilizan cada vez más sucedáneos del chocolate, mucho más baratos, tendencia que también se registra en EEUU. En el comercio del cacao, la industria chocolatera recibe alrededor del 70% de las ganancias, y los productores, el 5%. En este caso, las organizaciones de comercio justo pagan el cacao a los productores de origen entre un 50% y un 100% más que el precio fijado por el mercado internacional.

La expansión del comercio justo en el mundo

El precedente del movimiento en pro de un comercio justo se remonta a la década de 1950 y surgió de una iniciativa caritativa, destinada a socorrer a los exiliados chinos en Londres. La organización humanitaria Oxfam Internacional incorporó a la oferta de sus tiendas los artículos de artesanía producidos por tales refugiados, que hallaron así un medio de subsistencia.

Como antecedente directo de la actividad debe señalarse la fundación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (en su sigla inglesa, UNCTAD), en 1964. En la reunión inaugural, algunos delegados de los países del Tercer Mundo pidieron facilidades para la venta de sus productos en vez de ayuda internacional en forma de créditos y fondos para el desarrollo procedentes de los países del Primer Mundo. De aquella exigencia surgió la iniciativa de crear una línea de comercio internacional que librase de trabas aduaneras y de las actuaciones especulativas a los productos exportados por los países pobres. Siguiendo el ejemplo de Oxfam se crearon las primeras tiendas UNCTAD para vender productos artesanales del Tercer Mundo, embrión de la primera organización de comercio alternativo. En 1969 se abrió en los Países Bajos la primera tienda de comercio justo denominada como tal. La actividad sumó pronto 120 establecimientos, distribuidos tanto en territorio neerlandés como en otros países europeos (Alemania, Suiza, Austria, Francia, Suecia, Reino Unido y Bélgica).

A partir de la década de 1970 se registró una gran expansión de este tipo de tiendas, de las cuales había en 2005 más de 2.740 establecimientos repartidos por 18 países europeos y agrupados en redes comerciales; en esa fecha, los productos de comercio justo ya se vendían en 64.800 establecimientos en Europa, con una facturación cercana a los 260 millones de euros.

En 1990 se creó la Asociación Europea de Comercio Justo (en su sigla inglesa, EFTA), integrada por 12 asociaciones de diez países europeos (Alemania, Austria, Bélgica, España, Italia, Noruega, Países Bajos, Reino Unido, Francia y Suiza). A mediados de la década de 2000 existían alrededor de un centenar de asociaciones de comercio justo en 18 países europeos, Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón.

Desde mediados de la década de 1980 el comercio justo empezó a trabajar con cadenas de distribución comercial tradicionales. En 1998 se creó en los Países Bajos la primera marca de productos de comercio justo, Max Havelaar, cuyo ejemplo proliferó rápidamente.

En 2005, pese al enorme crecimiento experimentado por el comercio justo, éste sólo representaba el 0,01% de los intercambios comerciales a escala mundial. Sin embargo, en algunos países europeos sus productos han alcanzado cuotas de mercado significativas: un 15% de las ventas de plátanos en Suiza están encauzadas por este movimiento, así como un 70% del consumo de café en Austria y un 30% del mismo en Bélgica. En el ámbito de esta actividad comercial, los productos alimenticios acaparan el 56% de las ventas y la artesanía el 40%.

Financiación de proyectos de ámbito global

Los fondos recaudados con el comercio justo también sirven para financiar proyectos de desarrollo de ámbito global que benefician a comunidades y regiones enteras.

Para socorrer a las víctimas del tsunami de diciembre de 2004 en la India, la ONG Intermón Oxfam instaló en Duraipakam un campo de refugiados habitado por 1.300 familias de la casta dálit, proyecto cuyos objetivos principales eran la reintegración de sus beneficiarios al mercado laboral: la organización de campañas de concienciación para la prevención del sida; la paternidad responsable y la igualdad de géneros; y la mejora de las condiciones higiénicas y de salud. Este programa, en el que también colabora la ONG local Don Bosco, está financiado por el fondo común de Oxfam Internacional y tiene un presupuesto superior al medio millón de euros.

Otro proyecto destacado consiste en la prestación de ayuda a los campesinos de África, sumidos en la más absoluta pobreza a causa del hundimiento de los precios del algodón. Las ONG occidentales aúnan sus esfuerzos con organizaciones locales como la Asociación Wouol de Bérégadoudou, en el sur de Burkina Faso. Juntas promueven una producción agrícola diversificada y apuestan por la industria agroalimentaria como motor de desarrollo.

En Etiopía, Intermón Oxfam mantiene un programa de provisión de agua potable entre la población más humilde. Más del 80% de los etíopes camina durante horas todos los días para obtener unos litros de agua. Para remediarlo, Intermón Oxfam colabora en la excavación de pozos (en ocasiones se alcanzan más de 100 m de profundidad para hallar el esencial líquido) y en la instalación de bombas de agua. De este modo, las pequeñas comunidades agrarias beneficiadas por el programa pueden disponer de agua potable de propiedad colectiva, no sujeta a manos privadas.

En Castilla-La Mancha hay una gran concienciación social en pro del comercio justo

La Red de Comercio Justo y Consumo Responsable de Castilla-La Mancha nace a mediados de 2001 con la intención de crear una conciencia solidaria que promueva la aplicación de varemos y actitudes más justas y equitativas, en el desarrollo de las actividades comerciales que unen al Norte con el Sur en nuestros días.

La Red en Castillla-La Mancha la componen diversas entidades y organizaciones de la Comunidad Autónoma que han aunado esfuerzos para cohesionar y organizar el desarrollo de una apuesta comercial basada en la justicia y la igualdad.

En estos años, la Red ha estado trabajando con el apoyo firme de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y en colaboración con sus diversos departamentos sociales y de consumo, realizando una serie de proyectos que han pretendido el intercambio, la coordinación y el trabajo en equipo de las organizaciones y grupos que vienen realizando actividades referentes al comercio justo, fomentando así la implantación paulatina de métodos éticos más equitativos.

En Castilla-La Mancha existen un número importante de ONG que promocionan activamente el comercio justo, lo que ha permitido crear una red regional de este tipo de recursos, con nueve tiendas abiertas, dos de ellas en Toledo y una en Azuqueca de Henares (Guadalajara), Albacete, Ciudad Real, Daimiel (Ciudad Real), Tomelloso (Ciudad Real), Cuenca y Talavera de la Reina (Toledo).

La Coordinadora Estatal de Comercio Justo

Conscientes de la necesidad de unir esfuerzos y canalizar el debate incipiente, 17 organizaciones de comercio justo españolas firmaron en 1995 un acta fundacional que se haría oficial en 1996, creando la Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CECJ). En la actualidad está constituida por 35 organizaciones.

En la Coordinadora están integradas tanto las organizaciones que importan los productos, como las tiendas que los venden. Apoyadas por los consumidores, están implicadas activamente en ayudar a los productores y sensibilizar y desarrollar campañas para conseguir cambios en las reglas y prácticas del comercio internacional convencional.

La Coordinadora Estatal de Comercio Justo en España canaliza las iniciativas de los distintos miembros y sirve de plataforma para realizar actividades conjuntas.

Los productos de comercio justo son productos con historia. Detrás de ellos se encuentran las manos de los productores que los han trabajado y las organizaciones que han apoyado su producción y distribución, y facilitado su venta en el mercado.

El Gobierno regional fomenta el consumo solidario

Castilla-La Mancha ha sido la cuna de la protección al consumidor en España, es la única Comunidad autónoma con una línea específica de subvenciones para proyectos y actividades de comercio justo.

Castilla-La Mancha dispone de una línea de subvenciones específica para el desarrollo de proyectos y actividades encaminadas a concienciar a los consumidores y usuarios en la búsqueda de la calidad social de los productos y servicios, de manera que incorporen a sus decisiones de compra tales criterios.

El 24 de octubre se inauguró en Albacete la IV Feria de Comercio Justo y Consumo Responsable en la que han participado 30 entidades que han expuesto sus productos con el objetivo de sensibilizar, formar e informar sobre el impacto que tiene en los países empobrecidos la posibilidad de comercializar productos elaborados bajo principios de solidaridad, justicia, igualdad y dignidad en el trabajo.

Durante la inauguración, el consejero de Salud y Bienestar Social, Fernando Lamata, reiteró el compromiso del Presidente José María Barreda con la promoción del comercio justo y el gobierno responsable “a través de subvenciones y ayudas para las actividades de esta iniciativa solidaria” y seguir formando y poniendo a disposición del ciudadano los principales temas de consumo “para inculcar a los más jóvenes las pautas necesarias que les lleve a ser consumidores conscientes, críticos, solidarios y responsables”.

En este sentido, Lamata recordó que la Región es la comunidad con más centros de formación al consumidor de toda España, con 8 centros en funcionamiento a los que se suma el centro móvil de consumo que conforman la red de formación al consumidor que ha sido visitado por más de 25.000 niños y niñas de la región participantes en 2.100 talleres de actividades. Así, aseguró el Consejero, “nuestra gran apuesta de futuro está en la introducción en la escuela de los valores del comercio justo a través de actividades de aprendizaje lúdico que en el marco de un mundo globalizado contribuirán a conseguir una sociedad más justa”.

Las Administraciones Públicas de Castilla La Mancha, tanto municipales como autonómicas, han sido pioneras en implantar programas de información y sensibilización de los consumidores acerca de los sistemas alternativos de producción y distribución basados en relaciones comerciales de equidad. Desde el año 2002 en Castilla-La Mancha se han destinado 1.320.000 euros para realizar Programas de Comercio Justo y economía solidaria. Y sólo este año 2008 se han destinado 291.000 euros que se han repartido entre 13 entidades distintas, 5 de ámbito provincial y 8 de ámbito regional.

La creación de la Red de Comercio Justo de Castilla-La Mancha, la edición de una guía de consumo responsable o la próxima puesta en marcha de la Red de compra pública ética en colaboración con la Federación de Municipios y Provincias, son algunas de las iniciativas emprendidas por el Gobierno regional que desde hace seis años organiza la Feria de Comercio Justo conjuntamente con la ONG IDEAS.