Arrancamos una semana importante, a dos jornadas De la celebración del Día Internacional de las Mujeres. En un país que se sobrecoge cada día oyendo historias de mujeres muertas a manos de la violencia machista, o donde aún nos estremecen testimonios como el que la pasada semana proclamaba un eurodiputado polaco (nada más y nada menos que en sede Parlamentaria europea), ¿qué reflexiones debemos lanzar frente a todo esto que está sucediendo?

está convencida de que “el 8 de marzo hay que celebrar la lucha de las mujeres, porque tenemos que seguir luchando (y más cuando oímos referencias como ésa -del eurodiputado polaco- o situaciones de retroceso evidente en avances que hemos tenido en libertad”.

Considera que es “fundamental” tener un día de reflexión tan importante como el 8 de marzo “para que la sociedad entera piense (no sólo ya sobre las mujeres que están matando, sino sobre el propio papel de las mujeres, la brecha salarial, la falta de confianza en nosotras como para estar en los puestos de dirección…); el mensaje para mí de todos los 8 de marzo, es el de la reflexionar para empoderarnos y para tirar más para adelante, sabiendo que un mundo en el que las mujeres tengan mayor presencia y sean consideradas un valor en sí mismas, será un mundo mejor que el que tenemos”.

“Si las mujeres pararan de verdad, el mundo se paralizaría”

España (a través de múltiples organizaciones feministas, sobre todo) ha decidido sumarse a la ‘huelga’ (o ‘parón’ temporal) de mujeres que a nivel mundial ha convocado el movimiento argentino ‘Ni Una Menos’, precisamente para este próximo miércoles.

Asegura que, como gesto, la iniciativa le parece “importante” pero también “muy difícil”. Cristina relata cómo “nuestro trabajo nunca es reconocido, no lo aprecia nadie, y parece que es algo que nos ha tocado en una Lotería en la que no hemos jugado ningún número”.

Asegura que es un dato a tener en cuenta para hacer saber que “si las mujeres pararan de verdad, el mundo se paralizaría” y señala que “ese paro que es simbólico, lo que quiere decir es que el trabajo de las mujeres que no está valorado es un trabajo importantísimo, y que el decir ‘paramos’ es que ‘os quedáis todos parados’… Me parece muy importante el hacer ese paro simbólico” dice, recordando aquel que hubiera en su día en Brasil (“paro de besos y abrazos”) y que considera en cualquier caso “hechos que quieren llevar a tomar conciencia de lo que las mujeres hacemos en el conjunto de la sociedad (muchas no sólo trabajando fuera de casa y, dentro de casa, realizando el 70% de las tareas domésticas)”.

“España no es el país donde matan más mujeres, pero es el país donde más las matan cuando se quieren separar, porque el sentido de la posesión hacia la mujer está mucho más arraigado que en cualquier otro país de Europa”

¿Hasta qué punto diría Cristina Almeida que la política que hoy hay en nuestro país (la de quienes se llaman ‘nueva política’ si es que existe, y la que hemos venido teniendo históricamente en estos años de democracia) está sabiendo estar a la altura de los graves problemas sociales que hoy se sufren en España? ¿Qué debería estar haciéndose a esos niveles?

“El problema es que hay una ley que necesita ser ampliada y cambiada -apunta- porque los tiempos van demostrando la maldad de mucha gente y surgen problemas (como el abandono de los hijos de las mujeres que matan, la falta de pensiones a esos hijos que quedan huérfanos porque las mujeres no han cotizado lo suficiente y tienen que depender de lo del padre asesino… hay muchas cosas); pero, sobre todo, ha habido un recorte presupuestario para ayuda a las víctimas”, explica.

Almeida considera que “una mujer, una mujer que es dependiente económicamente, que es dependiente afectivamente, y que quiere romper la dinámica de la violencia, si no encuentra apoyo (y, por ejemplo, se han cerrado casas de acogida, y se han reducido el presupuesto para ayudarlas, y no hay ofertas de trabajo como en otros momentos cuando se priorizaba su contratación en empresas públicas…), eso redunda en u perjuicio”.

Pone el foco también en la necesidad de “educar de distinta manera” y lamenta que en nuestro país se retirase la asignatura ‘Educación para la ciudadanía’ que considera que era “la que podía educar a la gente de otro modo, basándose en el respeto mutuo, en la igualdad, derribando esa estructura patriarcal que aún está en la mente de ese polaco y de muchísimos otros que no lo son, y que piensan que los hombres son mejores y que nosotras somos ‘la segunda parte’ después de ellos… todo eso nos tiene postergadas en una situación de diferencia”, una diferencia que se ha agravado con la crisis y que ha limitado mucho en estos años complicados “el avance que estábamos teniendo las mujeres”.

Como llamada de atención, subraya también que la violencia es creciente en personas cada vez más jóvenes, lo cual considera “triste” y refuerza su convencimiento de que un refuerzo educativo contra este problema es fundamental a la hora de darle la vuelta a la situación, acompañado de “un esfuerzo económico y un esfuerzo en prevención”.

Destaca como detalle que “España no es el país donde matan más mujeres, pero es el país donde más las matan cuando se quieren separar, porque el sentido de la posesión hacia la mujer está mucho más arraigado que en cualquier otro país de Europa; aquí, cuando se pierde ‘la propiedad’ es cuando se produce el máximo peligro para la situación de las mujeres”.

“La sociedad hemos hecho cesión de muchos de nuestros derechos y, sobre todo, de muchas de nuestras ilusiones”

Todo esto sucede cuando estamos en al año que conmemora el 40º aniversario de los crímenes de Atocha y de todo ese movimiento que, nacido en la calle, supo dar un giro a este país en pro de la democracia y las libertades… ¿Qué pasó con la aquella fuerza de la sociedad hasta el día de hoy?

Almeida subraya que “esa fuerza dio lugar a que el esfuerzo de tanta gente y la vida de tanta gente (no fueron sólo los de Atocha, hubo más víctimas de aquel momento) se convirtiera en un impulso que logró que aquella ‘semana negra’ de enero de 1977 se tornara en una ilusión de libertad”.

Ella siempre dice que el dolor de la muerte de sus compañeros de Atocha no lo ha superado, sino que lo siente cada día en su corazón, pero es plenamente consciente de algo: “Sé que de la muerte de ellos vino la vida democrática para nosotros, creo que aquello impulsó a mucha más gente e impidió que se volviera atrás y obligó a que se reconociera la Democracia, que a los dos meses se reconocieran los Partidos políticos, los sindicatos… todo por lo que ellos habían luchado”.

Asegura que “ahora precisamente, por la tristeza de país que tenemos, con este Gobierno que pese a toda la corrupción tiene todas las posibilidades de ser la lista más votada (aunque eso no vale para nada…)… creo que se ha entristecido la Democracia; la Democracia hay que reanimarla y no que frenarla”.

Considera que ahora estamos viviendo “en un frenazo democrático, de derechos, de gente que antes hacía huelgas y que ahora está procesada por asistir a huelgas… la ‘ley mordaza’ está sancionando como en los tiempos de Franco, y me parece que esa debilidad democrática tiene que ver en dos cosas: el olvido de nuestra historia democrática (de la memoria histórica) y el aprovechamiento que están haciendo del miedo (del miedo al trabajo precario, del miedo al despido, de la no negociación colectiva que hace tener sueldos de miseria…); todo eso no es un país rico en Democracia, es un país rico en penas, y me parece que tenemos que seguir luchando para que no nos roben lo que tanto ha costado”.

Recuerda que “la Transición costó mucho, no fue ‘un papelito’ que firmaron cuatro señores, los padres de la Patria (por cierto, no había señoras ahí); esos señores no fueron los que hicieron la Transición, sino que ésta se hizo con lucha, con detenciones, con gente asesinada y encarcelada; eso es lo que viví cuando comencé a ser abogada (hace cincuenta años) y se está repitiendo, por tanto, algo está pasando: la sociedad hemos hecho cesión de muchos de nuestros derechos y, sobre todo, de muchas de nuestras ilusiones”.

“Lo primero que hay que hacer es devolverle el poder de negociación colectiva a los sindicatos”

En ese anhelo de recuperar lo perdido (incluidos derechos e ilusiones) Almeida reconoce sobre el papel de los sindicatos que “cuando se ha quitado la negociación colectiva, han quitado un arma poderosa para muchísimas empresas pequeñas y se les está impidiendo a los sindicatos que puedan negociar en nombre de todos; ya sólo se puede negociar a través de la empresa, pero es que la empresa pequeña no negocia, sino que tiene directamente al trabajador frente al empresario que negocia a la baja porque tiene veinte más que querrían ese puesto… por eso los salarios son miseria; se está trabajando con una diferencia de salario sobre lo que tendría que haber en los sectores, tremenda”.

Pone en valor que “los sindicatos son los que han garantizado siempre la negociación colectiva de la gente y, en ese sentido, me parece que lo primero que hay que hacer es devolverle el poder de negociación a los sindicatos porque, aunque luego puedas hacer negociaciones individuales, la que más importa es la negociación colectiva que obligue a todos los empresarios ya que el trabajador (con su miedo al paro, con su miedo a que lo haga otro…), en una situación de crisis, solamente pierde derechos; creo que ésa es una de las principales facultades que le han quitado a los sindicatos”.

Además, señala por otra parte que “hay que mantener la lucha” lo que le lleva a manifestar que no entiende “cómo no se han hecho pactos de la izquierda desde las primeras Elecciones, que cada uno se crea que es enemigo del otro (cuando lo que hay que hacer es sumar las fuerzas, que son variadas): ni el PSOE puede decir ‘yo no hablo con Podemos’, ni Ciudadanos puede decir ‘yo no hablo con Podemos’, ni Podemos puede decir ‘yo no hablo con nadie’… Hablamos con los que aseguren que un Gobierno de la izquierda y con proyectos se pueda hacer en este país; me parece que hemos perdido un tiempo precioso y que en la gente eso también produce desilusión; yo creo que el diálogo es fundamental: lo vivimos nosotros, y queremos que lo vuelva a vivir la gente que está”, concluye.

Si lo desean, pueden escuchar al completo esta entrevista telefónica a Cristina Almeida, a través del archivo de audio que acompaña a este texto.