La sede de la Organización es el punto de encuentro. Allí ya espera Vicente, un fijo indispensable en esta importante labor de preparar todo lo que se va a necesitar durante la salida que tienen por delante porque, ante todo, son ‘un equipo’ en el que abundan las sonrisas y en el que cada cual se esmera al detalle en su misión: ser una ayuda (en muchos casos, vital y, sobre todo, humana) para quienes pasan la noche sin un techo bajo el que cobijarse.

Varias son las cualidades de los voluntarios que resultan ‘claves’ en una tarea como ésta, pero una de las fundamentales viene de la mano de la empatía y de saber que se deben enfrentar “eficazmente” a situaciones “muy complicadas”.

La primera tarea es la preparación de los bocadillos (en este miércoles, tocan de tortilla)… “Los bocadillos ‘de madre’, completicos…”, les advierte Mª José en plena faena.

De acuerdo a la ruta actual (que varía en función de los casos que van detectando),en esta ocasión preparan unos 70 (aunque en verano llegan a entregar 300 al día, porque son muchas las personas que vienen a trabajar en diversas campañas agrícolas durante esa época y que se ven en estas situaciones). Café caliente, caldo, piezas de fruta, algún dulce o mantas completan el ‘arsenal solidario’ con el que cargan su furgoneta con una filosofía clave: “A Cruz Roja no volvemos ni con media naranja ni con medio bocadillo; tenemos que repartirlo todo”.

El comienzo del camino hacia la ‘otra cara’ de la ciudad

En torno a las siete de la tarde, el equipo está listo para comenzar su ruta. A las puertas de un céntrico supermercado espera el primer usuario y nos encontramos con esa sensación de la que ya los voluntarios nos habían advertido: al ser un programa financiado en parte vía IRPF a través de nuestras Declaraciones de la Renta, obligada a requerir un mínimo de datos a quienes atienden (nombre y algún documento de identificación), y muchos recelan de esto por miedo a ser expulsados.

Al volante de esta UES hoy está Pedro. Profesor en la e Investigador “siempre atraído por el voluntariado” para el que ésta es “segunda temporada” participando en las Unidades de Energencia Social.

Enseguida llegamos a nuestra segunda parada, en la calle Tesifonte Gallego, pleno corazón de la ciudad. Apenas unos metros más adelante, en otra de las calles más carismáticas de Albacete, cada día otra pareja de usuarios aguarda la vista de Cruz Roja. Ambos son españoles. Muy jóvenes. Ella tiene 23 años. Él, 29. Hace varios meses que llegaron aquí y hoy dan a los voluntarios una gran noticia que demuestra que el primer contacto que supone este Programa con estas personas, puede derivar en oportunidades… El próximo viernes afrontan una entrevista para trabajar como auxiliar administrativo, y también mediante la sección de Empleo de Cruz Roja, les tienen en cuenta para diversos programas de formación.

El protagonista de la siguiente parada (y con el que los voluntarios de Cruz Roja ya han logrado tejer una mayor cercanía), aprovecha para sondear la posibilidad de recibir ayuda en forma de bombona de butano. Espera a las puertas de otro supermercado de la ciudad. Lleva un chaleco en el que se puede leer ‘Me gusta la vida’ y nos cuenta que pasa su tiempo de un modo que seguramente a cualquiera de nosotros nos resultaría complicado en su lugar: pensando en cosas positivas y en el futuro mejor que (está seguro), le espera…

Las ‘historias de vida’ se van sucediendo mientras continúa el reparto en una ciudad en la que sigue cayendo la noche y arreciando el intenso frío. En una ciudad que también tiene otra cara, desconocida para la gran mayoría de nosotros, que estamos a punto de descubrir.

Nos dirigimos a la carretera de Las Peñas donde, de manera aún más evidente si cabe, nos encontramos con el miedo de personas que en muchos casos carecen de papeles, que trabajan en condiciones de explotación y a las que el temor les hace preferir vivir escondidas. Cruzamos las verjas de esa ‘otra ciudad’, junto a la nuestra, pero tan distinta. Fuera ya está helando. Suena el claxon de la furgoneta como señal de que Cruz Roja ha llegado y muchos comienzan a salir… pero otros muchos prefieren seguir entre las sombras…

Un gran equipo

Mª José es ‘referente’ de este programa de Cruz Roja, del que ha formado parte desde su inicio (hace ya unos cinco años). “Recibimos más que damos” dice, animando a todo el mundo a hacernos voluntarios.

Es Trabajadora Social y desempeña su función en los Juzgados, muy cercana a los temas vinculados al área de Mujer y violencia de género. Puede que ella en sí misma sea la encarnación de la fuerza y el espíritu que impregna estas UES y su afán de proporcionar a todo el que lo necesita una ‘atención integral’.

Afrontan situaciones muy complicadas, con personas claramente desestructuradas con las que es muy complicado trabajar: desde el lado del voluntario, porque siempre ha de saber separar, para impedir que lo que ve le afecte demasiado; desde el lado del usuario, porque le es difícil abrirse hasta a quienes llegan para ayudarle… y es casi inevitable al principio la desconfianza.

Adrián lleva seis meses participando como voluntario en las UES. Es militar y trabaja en pero vive en Albacete, donde vuelve en cuanto puede porque aquí tiene su familia y también todo lo que a nivel personal le reporta esta experiencia.

Tanto Mª José como Adrián se preguntan si la mayor parte de la sociedad somos ajena a que esto existe o si, aun sabiéndolo, lo que ocurre es que no lo queremos ver. Pero, sobre todo, coinciden en que lo que hacen cada noche en la que tienen oportunidad de salir a ayudar… ‘les engancha’.

El camino nos lleva de nuevo al centro de la ciudad, en concreto, a la Plaza del Altozano donde se sitúa Panaria, que lleva prácticamente cuatro años colaborando con esta iniciativa donando los dulces y la bollería que les queda cuando el día acaba y cierran las puertas del establecimiento.

Ya con los nuevos ‘víveres’, se reanuda la ruta que nos lleva, ahora, hasta quienes viven en algunas de las naves abandonadas que se encuentran en uno de los caminos que llevan al cementerio. De nuevo comprobamos lo especiales que se han hecho estos voluntarios para quienes reciben su ayuda. Hasta con abrazos reciben a Ascensión, una empleada de hogar que, en apenas unos meses, se ha ganado el cariño de estas personas que la esperan (literalmente). Desde que entró a formar parte de este programa, no ha faltado a ninguna de estas citas, cada lunes, cada miércoles, cada viernes.

Los animales también saben y esperan el cariño que encuentran en cada visita. En este caso, dejan la bolsa en una bandeja que el usuario preparó y que, casi siempre cuando ya Cruz Roja se ha ido, él sale a recoger. Caso por caso, los voluntarios respetan sobremanera la intimidad que desea compartir con ellos cada protagonista al que se acercan.

De todo esto disfruta también (y mucho), Paco. Este abogado que trabaja en la (donde suele encontrarse muchas veces con muchas de estas personas que son atendidas por las noches) apenas lleva un año en este programa, del que se convertirá el ‘referente’ el próximo 15 de marzo, y al que llegó por dos razones: “La primera, el egoísmo de saber que a cualquiera puede cambiarnos la vida de repente y podemos vernos en estas situaciones y querríamos que nos ayudaran; la segunda, una chica a la que conocí en la calle pidiendo hace tiempo y a la que me acerqué diciéndole que si quería un café o algo de comer: me dijo que hacía tres días que nadie la había mirado a los ojos…”, nos cuenta.

La última parada nos lleva hasta la estación de autobuses donde aguardan varios trabajadores temporeros que pasan la noche donde pueden hasta que, al filo del alba, les recogen en furgonetas para llevarlos ‘al tajo’ en el campo.

Allí también nos encontramos con una mujer (usuaria habitual de este programa) y con otro ‘viejo’ conocido al que llevan tiempo sin ver y a quien dicen encontar “más delgado que de costumbre”. Ambos son españoles y se resguardan a la entrada del edificio, de donde se tienen que marchar sobre las 11 de la noche. Duermen al otro lado de la pequeña ‘barrera al frío’ que han levantado con cartones y alguna madera a pocos metros de allí.

Los héroes sí existen: son de carne y hueso y andamos juntos a ellos

Tras esto, un día más, no quedan bocadillos, ni dulces, ni caldo, café o naranjas. Todo se ha repartido: es momento de regresar.

Falta poco para las once de la noche. Es un miércoles cualquiera de invierno en Albacete. La vida ha ido cayendo de manera habitual en la ciudad donde, la gran mayoría, está ya al calor de su hogar. Pero en la sede de Cruz Roja se han vuelto a encender las luces. Toca recoger y anotar todas las incidencias a tener en cuenta para la próxima salida.

Hemos sido testigos de que los héroes sí existen: son de carne y hueso y andamos juntos a ellos (muchas veces, sin saberlo). En las UES hay unos 80. Vicente, Francisco, Ascensión, Adrián, Mª José y Paco, están entre ellos. Usan un abrigo con esa mítica Cruz Roja a la espalda que identifica a quienes son especiales por dentro porque lo demuestran por fuera. Lo guardan con el mismo mimo con el que en un cómic podemos ver hacer a cualquier superhéroe con su uniforme.

Misión cumplida, una noche más. Se despiden hasta la próxima, en pocas horas, y ellos también regresan al hogar.

Mientras, los otros ‘héroes’ de estas ‘historias de vida’ siguen ahí fuera, sin techo, al raso. En esa otra ciudad que existe, y que también es la nuestra.

Si lo desean, les invitamos a visionar al completo el documental sobre el trabajo de estas Unidades de Emergencia Social de Cruz Roja Albacete, atendiendo a las personas sin hogar de la ciudad. Pueden hacerlo mediante el vídeo que acompaña a este resumen por escrito del mismo.