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Emilio Ontiveros Baeza, nacido en Ciudad Real y catedrático de Economía de la Empresa en la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue vicerrector durante cuatro años, es fundador y consejero delegado de Analistas Financieros Internacionales y presidente de Tecnología Información y Finanzas, Escuela de Finanzas Aplicadas y Afinet Global, todas del grupo Analistas. Además, es miembro de la Comisión Asesora para la Sociedad de la Información y Comunicación del ministerio de Industria, Turismo y Comercio y del Consejo Asesor de Innovación del Parque Científico de Madrid (Universidad Autónoma de Madrid). El 22 de febrero de 2005, fue nombrado por el ministro de Industria presidente de la Ponencia sobre convergencia con la UE en la Sociedad de la Información; en marzo de 2006, por el ministerio de Administraciones Públicas, miembro del Consejo Asesor para la Administración Electrónica; y en junio de 2006 fue nombrado miembro de la Junta Directiva del Club Español de la Energía.
Es autor de varios libros y numerosos artículos sobre economía y finanzas y dirige la Revista Economistas (Colegio de Economistas de Madrid) y el Anuario de Economía y Finanzas de “El País”, desde la fundación de ambas. Ha sido reconocido con diversos galardones como la Placa de Reconocimiento al Mérito Regional, concedida por la Junta de Castilla-La Mancha; el Premio de Comunicación de la Cadena Ser en Ciudad Real; y el IX Premio Círculo de Empresarios de Investigación Económica, entre otros. Emilio Ontiveros, recientemente nombrado por el alcalde de Madrid miembro del Consejo Director de la Ciudad, en diciembre de 2006, ha concedido en exclusiva, a la revista La Cerca, la siguiente entrevista.
Emilio Ontiveros, catedrático de Economía de la Empresa, califica de excepcional la expansión de la economía española, en la que concurren distintas circunstancias, señalando entre las más importantes la orientación de la política macroeconómica hacia la estabilidad; unos tipos de interés históricamente bajos, tanto en términos nominales como en términos reales, que junto a un sistema financiero tremendamente competitivo y eficiente, está determinando un incremento del endeudamiento de todos los agentes privados y, por tanto, el incremento de la inversión y de las decisiones de consumo.
Como consecuencia de este último factor, la economía española está teniendo dos grandes tracciones: “Desde hace ya bastantes años, el sector de la construcción civil, y muy especialmente la construcción residencial, está teniendo un protagonismo diferenciado respecto a otros sectores de la economía española y al resto del mundo. La otra es el consumo privado, consecuente con un aumento del empleo sin precedentes y, sobre todo, consecuente con un nivel de tipo de interés bajo”, apunta.
A pesar de que llevamos seis devaluaciones de los tipos de interés en este año, continúa Ontiveros, siguen bajos en términos comparativos con la historia, por lo que “el nivel de los tipos de interés no disuade a quien tenga una idea de gastos de inversión de llevarlo a cabo”, opina, matizando que la subida de los tipos de interés puede atemperar, aunque en menor medida que en otros países, algunas decisiones de gasto, sobre todo la inversión en vivienda, la financiación hipotecaria, etc.
Desde el punto de vista de Emilio Ontiveros, dependemos demasiado del excesivo protagonismo que ha tenido la construcción residencial: “Aunque no cabe culpabilizar completamente al sector de la construcción, el hecho de que haya dado rentabilidades tan extraordinarias ha sacrificado la atención a otros sectores y ha desplazado una cantidad importante de recursos financieros que podrían haberse compaginado en otros sectores de capital y, desde luego, de capital humano”, enfatiza, para incidir en que ese atractivo que viene ofreciendo la construcción residencial ha sacrificado la inserción de España en sectores más modernos, más intensivos en conocimiento y más competitivos internacionalmente.
Por otra parte, el ajuste del mercado inmobiliario, aunque quizá no tiene por qué precipitarse, lo que se conoce técnicamente como una recesión, sí acentuaría una desaceleración en otros sectores y tendría un impacto más severo que en otros países, ya que, según Emilio Ontiveros, una parte significativa del endeudamiento, sobre todo el endeudamiento de las familias, está respaldado por garantías que proceden del sector inmobiliario.
Emilio Ontiveros no duda en afirmar la existencia de una manifiesta asimetría entre la dimensión de la economía española y su limitada capacidad competitiva, lo que se aprecia por varios indicadores. En primer lugar, el déficit exterior de nuestra economía es de los dos o tres más elevados del mundo; en segundo lugar, la cuota de exportaciones que tiene la economía española en el conjunto mundial ha retrocedido en los tres últimos años; y en tercer lugar, en esos ranking de competitividad que maneja el Banco Mundial, la economía española no termina de alzarse por encima de las posiciones 26 ó 27.
Para Ontiveros, el hecho de que la competitividad internacional de nuestra economía no sea grande pero los beneficios empresariales sean excepcionales “puede estar significando que nuestras empresas son demasiado introspectivas, están demasiado volcadas al mercado interior o están en sectores con bienes poco comercializables internacionalmente o, incluso, podría significar que algunas de ellas disfrutan de un poder de mercado que se vería de alguna forma amenazado si hubiera más competidores”, analiza, para añadir que no sólo llama la atención esa combinación de beneficios creciendo a ritmos importantes y déficit exterior o carencias competitivas internacionales importantes, sino también un comportamiento de los salarios en términos reales más bien moderados.
A diferencia de lo que ocurría cuando teníamos moneda propia, el déficit de nuestra Balanza de Pagos no provoca convulsiones cambiarias ni inestabilidad, ya que nos podemos financiar en euros sin problemas. Por ello, la significación de ese déficit exterior no es tan grave como hace 10 años pero lo que sí revela ese déficit interior es que “nos hemos especializado en exceso en sectores poco intensivos sin ventajas competitivas internacionalmente, de ahí ese gran contraste entre la economía española y las del norte de Europa o, incluso, Alemania”, estima.
A pesar de los esfuerzos que se han hecho en los dos últimos años, España sigue concediendo una asignación en I+D+i, y en general al conocimiento, muy inferior a la media de los países avanzados. En opinión de Ontiveros, “carecemos de un rodaje y de métodos de trabajo que permitan explotar y transferir el conocimiento y la tecnología desde los centros donde se produce, las Universidades, etc., a las empresas”, destaca, atribuyéndolo a “la falta de tradición y de incentivos suficientes para preocuparse de crear o, por lo menos, para asumir, adoptar y asimilar conocimiento, aunque sea creado fuera porque hemos estado muy centrados en sectores poco inversivos en conocimiento”, argumenta, simplificando el problema en una falta de asignación de recursos.
Emilio Ontiveros señala algunos sectores, como el sector primario - transformados agrícolas, tecnologías de alimentos, etc.-, que bajo su punto de vista no hay que desdeñar, sino aplicar unos conocimientos, ya que en el sector agropecuario hay aplicaciones generadas en torno a la Universidad que nos permiten crear valor en un sector todavía importante en España y, desde luego, en Castilla-La Mancha.
En el sector servicios en general -servicios a empresas, en sector turístico-, según Ontiveros, hay un recorrido significativo en términos de productividad, que también se tiene que hacer crecer en las manufacturas y en la fabricación de bienes de productos, estableciendo dos grandes retos: extender, en primer lugar, la alfabetización tecnológica de los que trabajan y aguantar esas infraestructuras tecnológicas.
Ontiveros confía en la rentabilidad de la inversión de la toma de decisiones de endeudamiento de las grandes empresas, muy vinculadas a operaciones singulares de estructuración empresarial y de adquisición de otras empresas: “En la medida en que una empresa eléctrica se endeuda mucho para comprar otra empresa energética o que una empresa constructora se endeuda para comprar trozos de una empresa energética, etc., son decisiones de endeudamiento que a mí, hoy por hoy, no me inquietan particularmente.
Me preocuparía mucho más el endeudamiento de las familias que el endeudamiento de algunas empresas porque los tipos de interés son relativamente bajos y muchas de esas operaciones de endeudamiento que han tenido lugar en grandísima escala en los últimos meses han sido para adquirir empresas que son rentables”, defiende.
Para Emilio Ontiveros es más significativa la productividad de un país que el número de horas trabajadas: “Lo relevante no es cuántas horas trabajamos sino qué partido le sacamos a una de ellas. Ahí tenemos un problema desde hace casi 10 años porque la productividad, tanto del trabajo como la productividad total de los factores, es en España muy inferior a la del resto de los países europeos”, revela, indicando que la productividad se consigue con educación y con capital tecnológico, es decir, con herramientas. Al final, la persona que trabaja, continúa, lo hace “con sus propias habilidades conseguidas a través de la formación, formación reglada y formación en la empresa, y a través de las herramientas, de los medios con los que trabaja”, resalta Ontiveros, para poner de manifiesto que tanto el capital tecnológico en España como la educación es significativamente inferior a la media de Europa.
Por lo tanto, en opinión del Catedrático lo que tiene que hacer la economía española y los agentes económicos, no sólo los públicos sino también los agentes privados, es aprovechar esta bonanza e “invertir en lo más rentable de cara al futuro, que es en conocimiento, tecnologías y educación”, sugiere.
Emilio Ontiveros cree que el secreto del modelo económico de los países del norte de Europa reside en la calidad de las instituciones públicas: “En esos países europeos existen complicidades inteligentes entre el sector público y el sector privado, así como una larguísima tradición de educación, no basada en la apariencia sino en las habilidades efectivas”, significa.
Conseguir ese modelo, advierte Ontiveros, exige tiempo y un sentimiento comunitario de unos “valores basados en la solidaridad y la convivencia inteligente en el medio plazo, lo que significa también pensar, no sólo en los términos de tres o cuatro años que son los ciclos electorales, sino en claves más largas. Esa es la cultura que tienen esos países, un interés comunitario, que transciende el cortísimo plazo, y una calidad, honestidad y eficiencia de las administraciones públicas que es envidiable”, valora el Catedrático.
Para llegar a la altura de los países nórdicos, Ontiveros señala tres componentes básicos del conocimiento: educación, tecnologías de la información y capacidad para emprender, eligiendo este último como elemento fundamental, “fomentar que talentos entre nuestros jóvenes, universitarios o no, puedan asumir riesgos, puedan emprender y puedan presionar para regenerar la clase empresarial”, prioriza Emilio Ontiveros.
Según Emilio Ontiveros, el despertar económico que viene experimentando China es un fenómeno económico sin precedentes que compara metafóricamente con un gran trasatlántico que va acercándose hacia las aguas del conocimiento, ya que su economía “está creciendo durante mucho tiempo, más de 11 años, con gran intensidad”, observa.
De manera que China, prosigue, ha pasado de ser un país competitivo en productos baratos o intensivos en mano de obra a ser un país atractivo para empresas multinacionales, no sólo para poner factorías sino para poner departamentos de investigación y desarrollo, porque “la inversión de China en conocimiento, en I+D y en educación técnica no deja de crecer”, asegura Ontiveros, definiendo a este país como una amenaza competitiva pero al mismo tiempo como un gran desafío que invita a que los países avanzados no nos durmamos, “sería paradójico que una economía como la española asigne a educación o a I+D, en términos relativos al tamaño de su economía, menos que los chinos, cuando éstos acaban de despertar”, advierte el catedrático de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Madrid, Emilio Ontiveros.
Desde el punto de vista del Catedrático, “cada vez más podemos afirmar que estamos cerca de un mercado único mundial, no solamente en un mercado único europeo sino mundial, donde las barreras al comercio, aunque existen, son menores que las del pasado”, asevera.
Para Ontiveros, en la liberalización hay que distinguir entre una liberalización de movimientos financieros, que es casi total entre los países avanzados y menor en algunos países en desarrollo, y la liberalización comercial, en la que se ha avanzado mucho, a pesar de la resistencia que hay en algunos países avanzados para liberalizar la agricultura.
La apreciación del euro frente al dólar está produciendo un efecto equivalente a una subida de tipo de interés, puesto que supone el endurecimiento de las condiciones de financiación media de la eurozona y limita las posibilidades de crecimiento de aquellos países muy basados en las exportaciones, por ejemplo, Alemania, que vende mucho fuera.
Por ello, Ontiveros considera que si se siguiera apreciando el euro frente al dólar, el Banco Central Europeo debería reconsiderar elevaciones adicionales a los tipos de interés porque, de alguna forma, “el efecto de contención de la inflación de la demanda ya lo estaría haciendo a través del tipo de cambio”, defiende Emilio Ontiveros, catedrático de Economía de la Empresa.
Emilio Ontiveros, partidario de afianzar la diversificación energética, invita a una reflexión a cerca de la vigencia de las condiciones que nos llevaron a descartar la energía nuclear hace años: “Europa, y España más acusadamente, tienen una dependencia energética muy grande, de tal forma que el bienestar puede quedar hipotecado como consecuencia de la dependencia que tenemos del exterior de esa energía. Además, la energía que consumimos es poco respetuosa con el medio ambiente. Por ello, España no debería peder la posición destacada que ha alcanzado en los últimos tiempos en energías renovables, aunque representa un porcentaje relativamente reducido en la capacidad de generación de España”, opina, matizando que habría que ver en qué condiciones se puede asumir la capacidad de generación de energía.
Para Emilio Ontiveros, lo más sensato es buscar la diversificación y, concretamente, la alternativa de las energías renovables le parece una buena apuesta, siempre y cuando se tenga presente que no puede confiarse en que eso vaya a dotar de autonomía a la economía española, manifestando su apoyo a las subvenciones a las energías renovables, incluso con incentivos fiscales, si compensan los pagos de Kyoto y reducen la dependencia de hidrocarburos y de combustibles fósiles.
En cuanto al cumplimiento del protocolo de Kyoto por parte de España, Ontiveros cree que debemos empezar a plantearnos “cómo reducir esa dependencia energética y cómo mejorar la eficiencia energética, ya que nos queda un largo recorrido por hacer en ese sentido”, plantea el Catedrático, reflexionando a continuación sobre los derechos de emisión, que bajo su punto de vista puede ser una manera de ayudar a los países en desarrollo, que antes no existía, es decir, “existía esa contaminación mayor pero no había un beneficio ni siquiera indirecto por parte de las economías en desarrollo”, apunta, para añadir que le parece importante que el que contamine pague, aunque compre esos derechos porque antes ni siquiera existía la obligación de pagar.
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Grupo de Comunicación La Cerca
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