Desarrollo de la cuchillería a través de los siglos XV, XVI y XVII

A pesar de que se desconoce el origen de la fabricación de las navajas en Albacete, se atribuye su procedencia a los musulmanes. Las primeras noticias se remontan al siglo XV y las pocas referencias conservadas del siglo XVI indican ya cierto desarrollo, ya que de esta época son los ejemplares más antiguos de los que tenemos constancia: unas pinzas realizadas en 1573 por un maestro apellidado Torres y unas tijeras que pertenecieron a la colección Rico y Sinobas. De la segunda mitad de la centuria ya tenemos testimonios documentales con nombres de varios espaderos y cuchilleros albacetenses.

Del siglo XVII hay muchos testimonios y se conservan numerosas piezas fechadas en el último tercio de la centuria. Albacete ya contaba con una destacada y consolidada manufactura de cuchillos, puñales, navajas y tijeras. El emplazamiento y los nombres de muchos maestros y oficiales espaderos y cuchilleros de la villa en el período se conocen, en gran parte, gracias a las investigaciones realizadas por Martínez del Peral; entre los artesanos destacaban algunos que llevaban los apellidos Alcaide, Arias, Benítez, García, Gómez, Martínez, Montero, Torres, Vicén Pérez y Ximénez.

Siglo XX: de la navaja artesana a la producción industrial

A finales del siglo XIX y principios del XX, algunas fábricas ya habían incorporado el motor eléctrico, siendo las más destacadas las de de Justo Arcos Aroca, López y Compañía, Sánchez Hermanos, Joaquín Zafrilla y La Industria.

Un documento de 1908 nos muestra el proceso de transformación que se estaba produciendo en el sector cuchillero de la ya ciudad. En las fábricas se abandonó la producción artesana que abrió paso a la plenamente industrial. En 1925 funcionaban 12 fábricas de navajas y cuchillos, además de numerosos talleres pequeños y familiares. Cerca de 400 operarios producían anualmente más de 30.000 docenas de navajas. La bonanza de la que gozó esta época estuvo favorecida por la II Guerra Mundial. El aislamiento de los años 50 generó una crisis sobre la que incidió, nuevamente, la adversa legislación, ya que en 1945 se publicaba una ley, que prácticamente ha llegado a nuestros días, prohibiendo las navajas cuyas hojas puntiagudas excedieran de once centímetros.

Tanto la Feria Nacional de Cuchillería de 1965 como las que posteriormente se sucedieron dieron impulso a esta industria, que inició la búsqueda de nuevos mercados. En 1975 había 74 empresas cuchilleras con un total de 500 trabajadores, siendo unas 40 de tipo familiar. Durante los años siguientes se fue produciendo la progresiva modernización de muchos de los establecimientos, aunque las piezas que han dado prestigio a Albacete continuaban haciéndose artesanalmente.

Junto al despegue, otra vez las restricciones legales: en septiembre de 1981 nuevas disposiciones prohibían determinados tipos de navajas y oscurecían el horizonte productivo. Como siempre, el sector superó los obstáculos haciendo uso de sus cualidades características: esfuerzo, constancia e imaginación.

El siglo XVIII, esplendor para la cuchillería albacetense

Los testimonios documentales y las obras ya son abundantes en el siglo XVIII, que es, sin duda, una época esplendorosa para la cuchillería albacetense, a pesar de la legislación restrictiva y prohibitiva que afectaba a buena parte de la producción, lo que inició la decadencia del sistema gremial y que poblaciones renombradas en esta actividad, como Toledo, cayeran en aguda crisis.

Solamente los talleres de algunos centros catalanes y los de Albacete mantuvieron un alto nivel productivo y artístico; cuando, hacia 1765, Hermosino Parrilla compara las realizaciones de ambas zonas, escribe que “todas las piezas (las de Albacete) son curiosas, y excelentes, tanto que en lo fume igualan a las barcelonesas, pero en lo grabado las exceden”. A finales de siglo trabajaban unos 18 maestros cuchilleros y, a lo largo de la centuria, encontramos excelentes artífices.

El siglo XIX y el reafianzamiento del sector

En el siglo XIX numerosos testimonios indican que la cuchillería albacetense era conocida en toda España y en diversos lugares de Europa. En los informes económicos, manuales, diccionarios y libros de viajeros de ese tiempo podemos encontrar los primeros datos de la producción, con frecuencia contradictorios.

Las características significativas de este siglo son, por un lado, la indiscutible celebridad y considerable producción que había alcanzado la cuchillería albacetense a pesar del duro enfrentamiento comercial con las producciones extrajeras, francesas especialmente, que invadían el mercado español, y de las restricciones que una rigurosa legislación prohibitiva imponía; por otro lado, la nula referencia que se observa en todas las fuentes con respecto a las tijeras, lo que coincide con la practica inexistencia de piezas conservadas, circunstancia que nos hace pensar que las espléndidas tijeras de escribanía dejaron de fabricarse a partir de principios de la centuria; finalmente, la creciente implantación de los procedimientos de seriación industrial.

A finales del siglo XIX, el sector tenía considerables dificultades para vender sus productos y con esta tendencia comenzó el recién concluido siglo XX.

La prohibición de los monarcas casi acaba son el sector

Hubo un momento en la historia de la cuchillería, no sólo de Albacete sino de toda España, en el que este espléndido arte estuvo a punto de desaparecer.

El agotamiento de los aceros de Mondragón, la desaparición de los gremios de cuchilleros, la competencia de la cuchillería extranjera y las normas de los monarcas que acabaron con la fabricación, venta, uso y tenencia de puñales, navajas, dagas, cuchillos, etc. fueron algunas de las causas de esta profunda crisis.

Una de las prohibiciones fue dictada por Felipe V (Lerma, 21 de diciembre de 1721), en la que se prohibía “el uso de puñales o cuchillos u otras armas blancas”; además, se daba por condenado “por el simple hecho de aprehensión con esas armas”, con la pena de seis años de presidio si era noble o de galera si era plebeyo.

Durante el año siguiente el Consejo de Castilla completó esta orden notificando a los cuchilleros que no fabricasen ese tipo de armas blancas prohibidas y que rompieran las existentes. A causa de estas y otras disposiciones jurídicas, los gremios artesanos albacetenses tuvieron que cerrar sus obradores, lo que no supuso, en absoluto, el abandono de la costumbre de llevar y utilizar navajas y sí produjo el aumento del número de navajas importadas del extranjero, hechos comprobables en el Libro de Comercio de España de 1850 a 1869.

Albacete, tierra de artesanos cuchilleros

En el siglo XVII el 90% de los talleres estaban situados en la calle Zapateros y un pequeño grupo, el 16% de los censados, en la Puerta de Chinchilla.

En siglo XVIII, según los aportes documentales de Martínez del Peral, el emplazamiento de los talleres se diversificó, no localizándose en núcleos tan delimitados y concentrados como antes: la calle Zapateros, con el 32% de las domiciliaciones, seguía siendo el centro del foco más importante, pero perdía peso en el conjunto de la villa; por el contrario, la zona en torno a la Puerta de Chinchilla no sólo mantuvo su importancia, sino que se expandió por algunas calles limítrofes.

En 1847, ya en el siglo XIX, el 65% de los cuchilleros se concentraba en el círculo que tiene como centro la Plaza de las Carretas y en 1887, el barrio de San José, en el que estaba ubicada la zona dominante anteriormente nombrada, reunía el 60% de las fraguas: solamente en la calle de Santa Quiteria vivía más del 20% del total de los profesionales de la cuchillería censados.

En homenaje a todos esos pequeños talleres de cuchilleros que estuvieron establecidos en la Puerta de Chinchilla, la conocida anteriormente como carretera de Ayora, pasó a denominarse el 20 de Mayo de 2000, tras su inauguración por el entonces consejero de Obras Públicas de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Alejandro Gil, Carretera de la Cuchillería.

Actualmente, la producción del sector se concentra en fábricas, casi todas ellas en el Polígono Industrial de Campollano.

APRECU, FUDECU y la Escuela de Cuchillería “Amós Núñez”

Para defender los derechos de los profesionales de la cuchillería y promocionar el sector existen instituciones como la Fundación para el Desarrollo de la Cuchillería (FUDECU) y la Asociación Provincial de Empresarios de Cuchillería y Afines (APRECU) que trabajan conjuntamente para fomentar el desarrollo del sector.

La Escuela de Cuchillería “Amós Núñez”, inaugurada en 2001, se configura como un centro de formación, aprendizaje y cualificación para jóvenes de ambos sexos, parados y con edades comprendidas entre 16 y 18 años, cuyo proceso formativo tiene dos años de duración. La Escuela tiene como objetivo el formar nuevos profesionales en beneficio del sector.

Las empresas pueden solicitar un trabajador cualificado en un aspecto en concreto y la Escuela se lo envía ya formado. Además se ha empezado a impartir un Curso de Matricería, lo que no sólo favorece al sector de la cuchillería sino también a otros sectores.

APRECU convoca todos los años varios concursos en el mes de septiembre. Este año se celebra la XIV Edición del Concurso Literario García Carbonell y la XXVI Edición del Concurso de . Como novedad, se entregará el Trofeo Cuchillero Mayor del Año a un personaje, ajeno al sector, que haya trabajado por la cuchillería. Un trofeo, que Andrés Barbero, presidente de APRECU, espera que se consolide y se mantenga por muchos años.

Mediante la llamada “Declaración de Albacete”, los alcaldes de Albacete, Solinger (Alemania) y Thiers (Francia) se comprometieron para defender conjuntamente el sector productivo europeo y el pasado mes de mayo se celebró en Albacete un Congreso Internacional de la Cuchillería, en el que los representantes del sector de Portugal, Italia, Francia, Suiza y España firmaron un acuerdo para solicitar a la Unión Europea que los productos cuchilleros exportados por terceros países lleven su denominación de origen, ya que actualmente sólo se exige este requisito en el embalaje, pero no en el producto en sí.

El maestro y el aprendiz de cuchillero

En los siglos XVII y XVIII, los cuchilleros de Albacete ya tenían un contrato donde se establecían las condiciones entre el maestro y el aprendiz que deseaba formarse. Estos convenios, contraídos por el maestro, el padre o tutor y el aprendiz, se celebraban todos ante escribano (notario) y con la firma de varios testigos.

El trato consistía en que el maestro cuchillero se hacía cargo del pupilo mientras durase el aprendizaje, comprometiéndose a enseñarle el oficio, darle comida, vestido, calzado, cama y vida honesta. Al final del período de enseñanza debía suministrarle un vestido de paño de la tierra, ferreruelo, ropilla, calzones, medias, zapatos, sombrero, camisa y Valona; todo debía ser nuevo. No podía echarlo de su casa, si no era por causa justa, porque debería pagarle lo que le correspondiera por el tiempo transcurrido.

El aprendiz se obligaba a vivir y servir en casa del maestro cuchillero, no podía irse de su casa y servicio. De no cumplir el trato, el padre se comprometía a hacerle volver, y a que el aprendiz perdiera lo servido y pagase los daños y prejuicios ocasionados.

La marca AB-Cuchillería, distintivo de garantía de origen y de calidad

La Marca de calidad AB-Cuchillería, fruto de la labor desarrollada por el Alcalde de Albacete, Manuel Pérez Castell, con los representantes de los cuchilleros de Albacete para proteger a este sector de la competencia desleal que sufren por parte de productos realizados en países extracomunitarios, especialmente asiáticos, es propiedad municipal, “lo que da prestigio a la marca y más confianza al comprador”, opina Andrés Barbero.

La marca AB-Cuchillería es un sello de garantía de origen que certifica que el producto está fabricado cien por cien en Albacete. Las condiciones que debe reunir el empresario para hacer uso de esta marca es que todas las materias primas sean transformadas dentro de la provincia de Albacete y que la navaja esté montada y terminada en Albacete, “con lo que no sólo se protegen los puestos de trabajo del sector directo sino también los indirectos como los proveedores”, señala Andrés Barbero.

La marca AB-Cuchillería está siendo usada actualmente por 8 empresas. Las primeras han empezado a trabajar desde el mes de febrero. A través de APRECU, las empresas solicitan su uso al Ayuntamiento y un Comité regulador de la marca, encargado también de realizar inspecciones periódicas para comprobar que las empresas cumplen las condiciones, da el visto bueno y la autorización.

Con el apoyo del consejero de Industria y Tecnología, quien ha mostrado ya su interés por promocionar la marca, existe el proyecto de realizar una campaña a nivel nacional en los distintos medios de comunicación.

Según afirma el presidente de la Asociación Provincial de Empresarios de Cuchillería y Afines, “estamos esperando a que la marca esté más introducida en el mercado para que el consumidor pueda encontrarla con facilidad”, alega, advirtiendo que hacerlo ahora podría suponer derrochar el dinero de todos los castellano-manchegos.

Colecciones permanentes de CCM y de APRECU

El Museo Municipal de la Cuchillería exhibe permanentemente la colección de Caja Castilla La Mancha (CCM) y la colección APRECU. La exposición temporal del Museo se cambia cada seis meses. Se empezó en la inauguración con “Cuchillería de Taramundi”, a la que le siguieron “Navajas y Navajeros de Santa Cruz de Mudela” y “El Gaucho y su Cuchillo”, interesante colección de Samuel Setién. Actualmente y hasta el 31 de diciembre de 2006, el Museo muestra la exposición “De Oficio, Afilador”, que ofrece una visión de esta desaparecida profesión a través de 17 ruedas de afilar, cedidas por el coleccionista gallego Florencio de Arboiro.

Puesto que existe el proyecto de intercambiar exposiciones con Solinger y Thiers, ciudades donde también existen museos, Andrés Barbero, presidente de APRECU, anticipa que probablemente la siguiente exposición temporal sea un intercambio con el museo de la ciudad alemana de Solinger.

Además, el Museo cede temporalmente sus colecciones, que ya han visitado lugares como Cerdeña y Brasil, con lo que no sólo se promociona el sector de la cuchillería sino también la ciudad.

Próxima ampliación del Museo de la Cuchillería

El Museo Municipal de la Cuchillería de Albacete, inaugurado el 6 de septiembre de 2004 por el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, se halla ubicado en el edificio denominado Casa de Hortelano, construido en 1912 por el arquitecto Daniel Rubio por encargo de Joaquín Hortelano.

El edificio fue remodelado por última vez para acondicionar las instalaciones del Museo Municipal de la Cuchillería y “está prevista una ampliación del mismo que podría iniciarse en el próximo mes de octubre, que será cuando queden disponibles las dependencias que actualmente ocupa la Policía Local”, indica Andrés Barbero, para anticipar la existencia de un proyecto denominado “Caracol” que lleva un edificio anexo al existente y que además implicaría renovar la plaza totalmente, lo que bajo su punto de vista resultaría bastante más costoso que la ampliación del edificio.

Algunas de las actividades que lleva a cabo el Museo para promocionar el sector son el Concurso de Dibujo Infantil y el Concurso de Fotografía. Además, el Museo y APRECU tienen previsto organizar un concurso de diseño, que será un aliciente para innovar en el sector.

El Museo de la Cuchillería, integrado en la Ruta del Quijote a su paso por Albacete, ha recibido ya a 65.000 visitantes desde su inauguración.