El vino en los comienzos del cristianismo

Con la implantación del cristianismo el vino adquirió un valor central en este culto. Según la Biblia, el descubridor de esta bebida y primer ‘borracho’ de la humanidad fue Noe: “Y Noe, que era labrador, comenzó a labrar la tierra, y plantó una viña. Y bebiendo de su vino, quedó embriagado” (Génesis IX, 20-21). Por su parte Jesús postuló: “Yo soy la verdadera vid”; y el comienzo de su vida pública y manifestación divina fue convertir el agua en vino en las Bodas de Caná. La trasformación del vino en sangre en la misa, es uno de los dogmas del cristianismo. Durante la Edad Media, en la fiesta de la Transfiguración del Señor, en las iglesias que ya contaban con vino nuevo, lo utilizaban para convertirlo en Sangre de Cristo, y bendecían las uvas que después comían los fieles en medio de una fiesta.

Fueron los eclesiásticos quienes configuraron un paisaje de viñas por toda España, incluso en zonas no muy favorables. Especialmente impulsores fueron los benedictinos, por las tradiciones agrarias y ritos que imponían la regla de San Benito.

Como consecuencia de las políticas represoras, que prohibían las fiestas en la vendimia relacionadas con ritos paganos, se suplantaron los personajes. Así, la fiesta campestre al término de la vendimia en la que los romanos honraban a Baco (conocido entre otros como Eleutherio y Demetrio), fue transformada en honor a santos cristianos del mismo nombre.

El Islam se opuso al consumo alcohólico, quizás en busca de señas de identidad que lo diferenciasen del cristianismo, pero en Al-Andalus existió una relativa tolerancia para tomarlo en bodas y acontecimientos familiares. Con la conquista de Granada por los Reyes Católicos, se reguló el comercio del vino, así, en las actas capitulares del Ayuntamiento de la ciudad consta el pregón de 1498: “Que ningún cristiano ni cristiana venda vino a moros ni a moras”; y en 1515: “Que los domingos no se abran las tabernas ni se venda vino antes de la misa mayor”.

Castilla-La Mancha, el mayor del mundo

Castilla-La Mancha con una superficie de 600.000 hectáreas de viñedo, que suponen un 7,7 por ciento del viñedo mundial, un 17 por ciento del europeo y el 50 por ciento de los españoles, es el mayor viñedo del mundo.

Gracias a su potencial para producir vinos de excelente calidad, nuestra región ha sido durante muchos años la despensa de los vinos a granel españoles, pero este panorama está cambiando, ya que el viñedo se está renovando progresivamente con el apoyo del Gobierno regional y de la Unión Europea. Con el fin de adaptarse a las demandas del mercado, la proliferación de uvas blancas ha ido dejando paso a nuevas cepas de uvas tintas, que cada vez tienen más presencia en nuestro campo y nuestras mesas.

Los vinos manchegos, entre los mejores

La crisis de la filoxera que sufrió el viñedo francés y la llegada del ferrocarril propiciaron la expansión de los vinos de Castilla-La Mancha por todo el mundo. Sin embargo, el desarrollo de nuestros viñedos no se produjo hasta los años 40-50, cuando se empieza a cultivar de forma masiva y según las reglas del sistema industrial. Por aquel entonces surgen las cooperativas vinícolas, que todavía hoy tienen un enorme peso social y económico en Castilla-La Mancha y que han permitido la modernización de los procesos de producción y comercialización, poniendo el acento en la calidad de los caldos. De esta forma hemos dejado de abastecer a otras regiones, cuyos vinos eran más famosos, y estamos poniendo en valor los vinos de la Región a través de continuos procesos de mejora de los viñedos, propiciando el cultivo de “variedades mejoranes”, modernizando con las últimas tecnologías las bodegas, así como fomentando la promoción y comercialización de nuestros caldos en el mercado, tanto nacional como internacional, a través de las distintas ferias que se organizan a lo largo del año.

Un sector muy importante para Castilla-La Mancha

La vid en Castilla-La Mancha es el cultivo más importante en cuanto a extensión se refiere y la principal actividad económica de los municipios que componen las diferentes denominaciones de origen. Cada una de ellas genera un vino con propiedades y sabores únicos, por lo que no podemos decir que en la Comunidad se produce un solo tipo de caldo. Aquí confluyen diversas formas de concebir el mercado del vino, por lo que encontramos en La Mancha numerosas cooperativas que aglutinan el 80 por ciento de la producción, famosas bodegas llegadas de otras zonas, y prestigiosos enólogos y productores dedicados al cultivo ecológico de la vid a los que une el mismo fin: dar al vino de la Región el reconocimiento que se merece en el mercado por sus excelentes cualidades.

La producción de vino al año en nuestra Comunidad Autónoma alcanza de media entre los 20 y 25 millones de hectolitros de vino y de mosto, datos que avalan por sí solos el protagonismo de la región de Castilla-La Mancha dentro del sector del vino y la familiar.

Actualmente, un total de 70.000 familias castellano-manchegas viven directamente de los ingresos que les aportan la y el vino. Anualmente este mercado genera 9 millones de jornales, lo que en cifras laborales equivale a 38.000 puestos de trabajo.

FIVIN ha subrayado el valor del vino como protagonista principal de la Dieta Mediterránea

El vino siempre ha formado parte de la Dieta Mediterránea que se caracteriza por una sabia combinación de alimentos frescos, locales y de temporada como el aceite de oliva como grasa principal, verduras, hortalizas y frutas en abundancia, leguminosas, frutos secos, quesos y yogur, pescado, pan, pasta, cereales y sus derivados y un consumo moderado de vino y carnes.

FIVIN (Fundación para la Investigación del Vino y Nutrición) ha subrayado, sobre todo, el valor del vino como protagonista principal de la Dieta Mediterránea.

Según han demostrado diversos estudios, los países mediterráneos presentan la incidencia de mortalidad por enfermedades cardiovasculares más baja y una de las esperanzas de vida más altas. La ingesta moderada y regular de vino se asocia con una reducción de la mortalidad general de entre el 24 y el 30%, consecuencia de un menor número de fallecimientos por enfermedades cardiovasculares y por cáncer.

Con el fin de preservar este modelo alimentario, en 1996 se creó la Fundación para el Desarrollo de la Dieta Mediterránea (FDDM) que, ese mismo año suscribió con la Food and Agriculture Organization (FAO), el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España (MAPA) y el Ayuntamiento de Barcelona, la Declaración de Barcelona sobre la Dieta Mediterránea, documento que aconseja que las instituciones públicas y privadas se aseguren de que las características de la saludable Dieta Mediterránea tradicional se incluyan en todas las recomendaciones dietéticas dirigidas a la población.

Efectos beneficiosos en el sistema cardiovascular

Las bondades del vino sobre el sistema cardiovascular han sido puestas de relieve en varias ocasiones pero, por primera vez, un estudio europeo prospectivo realizado en humanos “aporta la confirmación empírica y científica que faltaba” a lo que hasta ahora eran hipótesis respecto a las propiedades saludables de esta bebida. Así se expresó la ex-ministra de Agricultura, Elena Espinosa, durante la presentación, en marzo de 2005, del trabajo ‘Vino y enfermedades cardiovasculares’, que revelaba que el consumo moderado de vino (unos 20 o 30 gramos al día) reduce hasta un 96% la capacidad de adhesión al endotelio vascular de las células que provocan la aterosclerosis -enfermedad inflamatoria de las arterias- , con lo que consigue una reducción de esta cardiopatía isquémica de entre el 10 y el 30% en sujetos sanos y del 30 ó 40% en pacientes con enfermedad coronaria.

Estos resultados procedían de un proyecto europeo de investigación que duró tres años y en el que, bajo la coordinación del hospital Clínic de Barcelona, participaron instituciones de Francia, Gran Bretaña e Italia. Además, contó con la colaboración de la Fundación para la Investigación del Vino y la Nutrición (FIVIN).

El proyecto, que contiene dos estudios publicados en ‘Atherosclerosis’ y ‘American Journal of Clinical Nutrition’, concluía que beber vino con moderación reduce la mortalidad por infarto y las enfermedades cardiovasculares en general. Pero además, añadía que el vino es un poderoso antioxidante y antiinflamatorio y previene lesiones arteriales y la trombosis arterial. El trabajo se llevó a cabo de forma prospectiva con personas y no de manera epidemiológica -basado en encuestas-, como hacían los estudios anteriores.

Según los doctores Álvaro Urbano Márquez, Jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona, y Ramón Estruch Riba, miembro del mismo departamento, “el alcohol en dosis moderadas tiene unos efectos positivos sobre la enfermedad coronaria, pero estos beneficios son todavía mayores en el caso del vino por su poder antiinflamatorio”. En palabras del doctor Estruch “los datos de esta investigación son irrefutables”.

Sin embargo, ambos expertos inciden en que “a pesar de sus bondades, no hay que olvidar que el vino es una bebida alcohólica que si se toma en dosis elevadas y permanentes puede tener efectos perjudiciales”. En marzo de 2004 se publicó un estudio de un equipo de investigadores del Worcester Medical Center, de Massachussets, EEUU. En el mismo se afirma que los hombres con hipertensión, en edad comprendida entre 40 y 84 años, y que habitualmente consumen vino de manera moderada, muestran un 44% menos de riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Este estudio fue publicado después de verificar durante varios años el comportamiento de 14.125 hombres, todos ellos con un diagnóstico de hipertensión y a los cuales se les hizo un seguimiento continuado, analizando hábitos de consumo de bebidas alcohólicas, de ejercicio físico y si eran fumadores o no.

El consumo moderado ayuda a prevenir catarros

Dos copas de vino al día es la dosis que recomiendan los expertos del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago como medida para prevenir los catarros comunes. Un remedio que resulta mucho más eficaz que un aporte suplementario de vitamina C en nuestra dieta alimentaría, según se desprende del estudio epidemiológico realizado por los expertos compostelanos.

Efectos beneficiosos para la visión

Un nuevo estudio realizado en los Estados Unidos sugiere que el vino consumido con moderación puede reducir el riesgo de degeneración macular. Este daño se ha convertido en la causa más frecuente de ceguera en personas mayores de 65 años, según un informe publicado en el Journal of the American Geriatrics Society.

Este grupo de investigadores norteamericanos descubrió que las personas que consumen cantidades moderadas de vino tienen un riesgo menor de sufrir una pérdida de la visión central que puede dejar ciego al individuo, aunque sea capaz de detectar colores y conservar la visión periférica.

El vino aumenta los ácidos grasos Omega 3

A los ya conocidos efectos protectores del vino, se añade ahora la elevación de los ácidos grasos Omega-3, ácidos grasos esenciales indispensables para el buen funcionamiento cardiovascular. Así lo confirma la reciente investigación realizada en el marco del Proyecto “Ciencia, Vino y Salud”, iniciado en 1997 en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Pontificia de Chile. El estudio demuestra que el consumo moderado de vino, unido a la dieta mediterránea, conlleva un aumento de los ácidos grasos Omega-3 en sangre. Aunque el vino no contiene estos ácidos grasos esenciales, sus antioxidantes actúan sobre los ácidos grasos presentes en el tubo digestivo y en los tejidos, (debido a que los ácidos grasos Omega-3 tienden a oxidarse con facilidad).

Los diversos estudios científicos han demostrado que consumiendo ácidos grasos Omega-3 en cantidades adecuadas se disminuye el número de muertes por infarto de miocardio en prevención secundaria. La ingesta de ácidos grasos Omega-3 tiene, por tanto, efectos cardioprotectores. Estos estudios revelan que el vino consumido con moderación disminuye la agregación plaquetaria y la coagulación de sangre, regula los niveles sanguíneos de triglicéridos y colesterol, aumenta la respuesta vasodilatadora de las arterias, reduce el riesgo de trombosis y tiene acción antiinflamatoria, antialérgica y anticancerígena.

La “Paradoja Francesa” y el efecto beneficioso del vino consumido con moderación

Las propiedades saludables que posee el vino son conocidas desde muy antiguo, ya Hipócrates afirmó: “El vino es cosa admirablemente apropiado al hombre, tanto en el estado de salud como en el de enfermedad, si se le administra oportunamente y con justa medida, según la constitución individual”, las propiedades terapéuticas del mismo también fueron descubiertas por otros pensadores como Platón, Galeno y Aristóteles, quienes atribuyeron a un consumo moderado del vino unas virtudes curativas (analgésicas, ansiolíticas, etc.).

Pero es en los últimos años del pasado siglo cuando a partir de la “Paradoja Francesa” se han incrementado los estudios sobre las propiedades beneficiosas de este producto. Fueron los estudios de los franceses Reanud, De Lorgeril y Ruf, en 1992 y 1994, y de Ellison y otros en Estados Unidos, los que llamaron la atención sobre la denominada Paradoja Francesa. En este país, el consumo de grasa saturada -aquella que favorece el depósito de colesterol en las arterias- es similar al de otros países industrializados como Estados Unidos e Inglaterra y también son similares los niveles de colesterol plasmático. Sin embargo, la tasa de mortalidad cardiovascular es notablemente más baja en Francia que en otros países analizados. Lo que atribuyeron al consumo moderado de vino que los franceses incluyen en su alimentación.