Ángel García Rodríguez, el Padre Ángel

Ángel García Rodríguez, el Padre Ángel, nació el 11 de marzo de 1937 en el barrio mierense (Mieres-Asturias) de La Rebolleda. Estudió en el seminario de Oviedo, donde se ordenó sacerdote en 1961. Un año después fundó, junto al también sacerdote Ángel Silva, la Asociación Cruz de los Ángeles, donde acogían en hogares a niños abandonados. En 1972 se trasladó a Madrid para crear una Asociación de ámbito nacional, Mensajeros de la Paz, que con el paso del tiempo se ha extendido por muchos países de todo el mundo.

Desde el momento que inició esta labor social, la vida del Padre Ángel es su obra. Una vida que responde a un remoto deseo infantil: “Siendo muy niño cayó en mis manos un libro con la historia y la vida de un cura llamado Don Bosco, el apóstol de los chavales abandonados y de los niños de la calle. Cuando nos preguntaban de pequeños qué queríamos ser de mayores, algunos contestaban: torero, futbolista, médico, albañil… Yo siempre decía, ¡como Don Bosco!, relata el Padre Ángel apostillando modestamente: “la verdad es que no soy ni de lejos como él, pero intento seguir sus huellas y, después de tantos años, le sigo admirando”, añade.

El Padre Ángel, mediante la ilusión y el esfuerzo, ha conseguido hacer realidad sus grandes aspiraciones: “Mi única ilusión fue y es ser ‘padre de verdad’. En todas las acepciones posibles del término. Padre espiritual, pero también padre real. Padre de tantos niños abandonados, desechados, sin ternura y sin amor”, confiesa el Padre Ángel.

Actualmente, es presidente de la Asociación que él mismo fundó y director de la revista “Claro Oscuro”. Es también Capellán Mozárabe de Toledo, Capellán Magistral de la Orden de Malta y Caballero de la Orden Constantina de Jerusalén.

La importante labor del Padre Ángel ha sido reconocida en reiteradas ocasiones con la concesión de numerosos premios y condecoraciones, tanto personales –Premio Español Universal 2005- como en nombre de la Asociación Mensajeros de la Paz: Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 1994, Gran Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social 1992, Premio Man 1995 o el Premio de la Fundación Mundial por la Paz 1997, entre otros.

Aquella España de 1962

El Padre Ángel fundó la asociación Cruz de los Ángeles en Oviedo. La España de 1962, recuerda el Padre Ángel, “era muy distinta, gracias a Dios y a los hombres, de la que hoy conocemos”. Era un cura joven que recibió como uno de sus primeros destinos la capellanía del orfanato de Oviedo, hoy Hotel de la Reconquista, un lugar precioso que entre otras cosas acoge cada año la celebración de los Premios Príncipe de Asturias. Pero entonces, continúa rememorando el Padre Ángel, “no era así: se trataba de un edificio frío y húmedo; los niños que allí vivían estaban tristes, sin esperanza porque en aquella época los huérfanos eran seres estigmatizados, que se reconocían por la calle por su vestido, por su corte de pelo y por sus ojos sin brillo y muchas veces eran señalados con el dedo”, describe.

En opinión del Padre Ángel, “cualquier persona con corazón y razón hubiera pensado que ese no era el mejor lugar para que los niños se hicieran hombres y mujeres de bien”. Este fue el motivo que les impulsó a sacarlos de allí, “para que vivieran en casas como los otros niños, fueran al colegio como los otros niños y que, como los demás, supieran que tenían un hogar al que pertenecían”, explica el Padre Ángel evocando a continuación los difíciles comienzos, “nadie nos conocía, apenas contábamos con ayudas, a veces teníamos problemas para llenar la despensa o comprar ropa porque no paraban de crecer”.

Este sacerdote cuenta con un buen número de anécdotas de esta época relacionadas con las dificultades económicas que tuvo que superar, usando a veces la imaginación para seguir adelante e incluso “forzar” de vez en cuando la solidaridad de la gente, “como cuando fui a casar a una pareja y me presenté con 20 monaguillos en la Misa; luego todos entramos en el banquete…, recuerdo cómo devoraban el asado y la tarta de merengue de aquella boda”, revive el Padre Ángel.

Asociación Edad Dorada, una respuesta al colectivo de los mayores

En 1972, el Padre Ángel se trasladó a Madrid y con un pequeño grupo de colaboradores, “al que luego se ha unido tanta gente buena”, apostilla el Padre Ángel, nació Mensajeros de la Paz. “Quizá por querer llegar a más niños o más personas que lo necesitaran, pensé que para hacer más cosas había que moverse. Llegamos al convencimiento de que la Asociación Cruz de los Ángeles seguiría para el ámbito asturiano, pero para encauzar el crecimiento nacional e internacional creamos Mensajeros de la Paz”, puntualiza el Padre Ángel.

La Asociación, que en sus inicios dirigía sus esfuerzos hacia la infancia, fue ampliando su actividad hacia otros sectores sociales también desprotegidos.

Así, ante la realidad social y demográfica de España y otros países, donde la población envejece a ritmo creciente, se ponen de manifiesto las necesidades sociales de las personas mayores: soledad, abandono, exclusión social y escasez de recursos. Es entonces cuando Mensajeros de la Paz crea la Asociación Edad Dorada, en busca de una respuesta adecuada a este colectivo. Desde principios de los años 90, afirma el Padre Ángel, “trabajamos en la atención residencial, centros de día para mayores y otros muchos proyectos dedicados a la integración social, atención y mejora de la calidad de vida de los mayores, paliando la soledad que muchos sienten, que es uno de los peores males que sufren nuestros abuelos”, lamenta el Padre Ángel.

Del mismo modo, a principios del año 2000, Mensajeros de la Paz continúa ampliando su ámbito de actuación con la creación, junto a la Asociación Española de Pediatría, de la Fundación Pequeño Deseo, que se dedica a cumplir sueños de niños con enfermedades terminales.

Además, en muchos de los países en los que trabaja, Mensajeros de la Paz tiene su constitución jurídica y registro legal.

Apuesta por las nuevas tecnologías

Actualmente, la Asociación Mensajeros de la Paz desarrolla muchas actividades para poder cubrir las diferentes necesidades sociales, con una fuerte presencia, no sólo en España sino también en el extranjero. Concretamente en el territorio nacional, mantiene hogares para niños y jóvenes, centros de día, residencias, centros para discapacitados físicos y psíquicos, comunidades terapéuticas para drogodependientes, casas de acogida para mujeres víctimas de violencia de género, etc.

De cara al futuro, el Padre Ángel menciona algunos proyectos dentro del ámbito nacional, como es atender a las personas mayores poniendo a su servicio e intentando hacer parte de su vida diaria las nuevas tecnologías “porque creemos firmemente que van a ser nuestro mejor aliado en los próximos años”, asegura.

Otro de los retos actuales consiste en “redoblar esfuerzos” en ayudar a las madres trabajadoras de modo que puedan conciliar la vida laboral con la familiar, “especialmente a aquellas en situación social más vulnerable, las que no tienen a nadie para compartir el peso de llevar una familia, las inmigrantes que cruzaron un día el océano para alcanzar un sueño que no era tal, etc.”, ejemplifica el padre Ángel.

Campañas de concienciación

Una parte importante del trabajo de Mensajeros de la Paz es mover, o mejor encauzar, la solidaridad de la gente. Cuando ocurre algún desastre natural, la Asociación lanza campañas para obtener apoyo que les permita llevarles ayuda humanitaria y cooperantes que colaboren en curar sus heridas primero y luego en la reconstrucción de sus vidas y su entorno.

Mensajeros de la Paz también ha hecho campañas para fomentar el acogimiento o adopción de niños huérfanos o en abandono con graves enfermedades o discapacidades, “a los que parecía que no quería nadie, pero que gracias a esa campaña que llamamos ‘Le querrás más que a un hijo’ encontraron el hogar y la familia que la vida les negó”, asevera el Padre Ángel para calificar de “especial” la campaña que vienen repitiendo cada año desde hace ocho: se trata de la institucionalización del Día de los Abuelos, el 26 de julio, festividad de San Joaquín y Santa Ana, que fueron los abuelos del Niño Jesús. El Padre Ángel cree que debe haber un día “para homenajear a los Abuelos y demostrarles el cariño que les tenemos”, dogmatiza. El Día de los Abuelos también quiere ser una llamada de atención a la sociedad sobre el importantísimo papel que ellos tienen en nuestras vidas y para las Administraciones y Gobiernos sobre sus necesidades y carencias.

Una Asociación presente en todo el mundo

Mensajeros de la Paz desarrolla actividades en 32 países del mundo, bien trabajando en colaboración con otras ONGs u organizaciones locales, o bien emprendiendo proyectos propios. Sus lugares de actuación son, principalmente, América Latina, África y Oriente Próximo.

Por ejemplo, en Benin, un pequeño país de África Occidental, se ha fundado un centro para acoger, rehabilitar y reintegrar a niños que han sido explotados o que huyen de las guerras o las persecuciones. En El Salvador se ha abierto un hogar para madres adolescentes con sus bebés, muchas de ellas casi niñas, de las que su familia no quiere saber nada, aunque en la mayor parte de los casos los abusos o las violaciones que han sufrido hayan ocurrido en su propio entorno. También la Asociación se hace cargo de niños huérfanos del SIDA que tienen anticuerpos o ya han desarrollado la enfermedad; o de otros con graves enfermedades o discapacidades a los que su familia biológica no quiere o no puede atender.

El Padre Ángel manifiesta que en muchos casos han llegado a un país para llevar ayuda de emergencia, después de una catástrofe, y una vez allí han descubierto necesidades y carencias que han querido aliviar “porque es muy difícil no implicarse ante el sufrimiento humano, especialmente cuando encuentras en esos países personas dispuestas a trabajar por los demás que entienden nuestro modo de hacer y participan de nuestra filosofía de trabajo”, sostiene, para añadir que Mensajeros de la Paz trabaja en cada país “con” y “para” su gente: “Al principio suelen ir cooperantes españoles que buscan a los nacionales adecuados y les muestran la forma de trabajo y organización de la Asociación. Luego todo se adapta a la idiosincrasia de cada lugar, aunque el espíritu sea el mismo. Eso también ocurre con la financiación, aunque al principio viene de España, en cada país se procura la autofinanciación aunque en algunos países muy pobres siguen dependiendo de la solidaridad de los españoles”, matiza.

Mensajeros de la Paz tiene en Castilla-La Mancha una gran presencia

La asociación Mensajeros de la Paz tiene en Castilla-La Mancha una gran presencia. De hecho la presidenta de honor de Mensajeros de la Paz es la castellano-manchega y diputada nacional, Clementina Díez de Baldeón, esposa del presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, José María Barreda.

En colaboración con el Gobierno regional, centra su atención, igual que en el resto de España, en sectores sociales vulnerables: niños, jóvenes y ancianos principalmente, gestionando centros de mayores, sobre todo residencias, así como hogares y programas para niños y jóvenes en riesgo social.

Concretamente, existen varias residencias de ancianos de la Asociación diseminadas por toda la Región. Aunque Toledo es la ciudad de esta Comunidad Autónoma que cuenta con un mayor número de residencias (Nuestra Señora de la Asunción, en Carmena; El salvador, en Lagartera; El Milagro, en Navahermosa; Veracruz, en Mocejón; Oropesa y El Pulgar, en las localidades del mismo nombre), también otras ciudades de Castilla-La Mancha tienen la fortuna de contar con el apoyo de Mensajeros de la Paz, con residencias en Guadalajara (Virgen del Río, en Brihuega; La Concordia, en Sacedón; y Fuentealegre, en Trillo), Cuenca (Abuela Santa Ana, en Pedernoso) y Ciudad Real (Almadén, en la localidad del mismo nombre).

Con la ayuda de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Mensajeros de la Paz desarrolla programas de Cooperación Internacional, por ejemplo, la ayuda humanitaria de emergencia para los niños huérfanos de la ciudad iraní de Bam o la entrega de diverso material para el instituto Al Mansoor de Irak; así también el apoyo y colaboración en el Proyecto Centro de Alegría Infantil, un centro de acogida y protección para la infancia en situación de vulnerabilidad en Benin. Además, Castilla-La Mancha es una de las comunidades encargadas de atender algunos de los niños procedentes de Irak que Mensajeros de la Paz ha traído a España para ser operados o tratados en hospitales.

El fundador de Mensajeros de la Paz subraya la dimensión solidaria de Castilla-La Mancha, ya que en la actualidad “es la primera Comunidad, la única Comunidad de todos los Gobiernos del mundo que está ayudando a algunos de los países en los que estamos trabajando”, manifiesta el Padre Ángel, como es el caso de Irak, uno de los 33 países en los que durante los últimos 40 años ha estado desarrollando su labor Mensajeros de la Paz.

El Padre Ángel halaga la generosidad de este pueblo, subrayando la gran solidaridad de los manchegos, “conozco muchos pueblos y ciudades manchegas y siempre me da gusto ir por esa tierra y hablar con sus gentes: admiro esa mezcla tan especial de pragmatismo e idealismo tan propia vuestra, esas personas con los pies en la tierra pero que al mismo tiempo luchan por cambiar el mundo”, elogia el Padre Ángel.

La globalización, “divina” palabra

La globalización es un término moderno que fue empleado por primera vez en 1985 para describir las transformaciones que venía sufriendo la economía internacional desde mediados de la década de los 60. Su aplicación tiene unos beneficios potenciales –sistema global de protección de derechos humanos, cooperación internacional, acceso universal a la cultura y a la ciencia…-, pero también unos riesgos, especialmente, la concentración de la riqueza, el aumento de la desigualdad social y el incremento del consumismo.

Además, con la globalización ocurre lo mismo que con otras palabras de reciente incorporación a nuestro vocabulario: te la encuentras por todos los lados, perdiendo valor y sentido. “La palabra globalización en sí, la idea, no es mala si lo que se globalizase, lo que se extendiese por todo el mundo fuera la calidad de vida, la atención sanitaria y las coberturas sociales. Pero lo que a veces ocurre es que la integración y la interrelación de las economías y modelos sociales que la globalización conlleva parece que está sustentado en la explotación de los más débiles por los más poderosos, que la riqueza de unos pocos se base en la miseria de los demás. Eso no puede ser: no podemos ir avanzando en un camino en el que los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres, incluso por la propia supervivencia del modelo y de la especie humana”, expone el Padre Ángel para sostener a continuación que los gobiernos y los ciudadanos tienen que convencerse de que el futuro pasa por la redistribución justa de las riquezas del mundo, por un crecimiento sostenible porque, “sin ello, este mundo nuestro está en peligro, incluso de explotar violentamente, y con razón”, medita.

Termina el Padre Ángel esta reflexión sobre la globalización refiriendo, no exento de impotencia, un hecho que le sobrecogió: “Yo he sentido vergüenza cuando he visto en una ‘barriada de favelas’, a la que no llega ni el agua potable pero sí la televisión, los anuncios de yogures desnatados o de tratamientos estéticos”, recapacita.

Mensajeros de la Paz, una gran familia

En la actualidad vivimos en una sociedad en la que se ha producido un importante cambio en la escala de valores, “los niños antes querían ser médicos, ingenieros o astronautas pero ahora quieren ser ‘famosos’, sin más, no por haber descubierto nada o haber construido algo”, lamenta el el Padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, aunque deja una gran puerta abierta a la esperanza al afirmar que no está todo perdido porque junto a eso existe otra realidad: “cada vez hay más voluntarios, especialmente jóvenes que están dispuestos a dar lo mejor de su tiempo y de su corazón a los que necesitan; empresas y familias que dedican una parte de sus ingresos en ayudar a los que menos tienen”, especifica con satisfacción.

“Nuestro mundo es muy contradictorio, por lo que hay que fomentar lo bueno para luchar contra lo malo.

Al final, el amor triunfa, es algo en lo que creo firmemente”, declara el Padre Ángel. Una buena muestra de ello es Mensajeros de la Paz que, aunque jurídicamente es una Asociación sin ánimo de lucro, declarada de Utilidad Pública, en su funcionamiento diario es, en el fondo, una gran familia formada por miles de personas en toda España y en más de 30 países del mundo: una gran familia de más de 4.000 niños y jóvenes que están o han pasado por sus hogares y comedores sociales; más de 7.000 personas mayores atendidos en sus residencias y centros de día; más de 3.000 voluntarios que dan lo mejor de sí a los demás en diferentes proyectos y actividades; casi 3.000 profesionales en plantilla, de los cuales el 92% son mujeres. “En fin, casi 33.000 colaboradores que se implican de una u otra forma en nuestras actividades y proyectos. Como en las familias, cada uno tiene su papel y su contribución, sus obligaciones y sus derechos”, concluye el Padre Ángel, fundador de la asociación Mensajeros de la Paz.